Cable Hogue, balada crepuscular

«Saldré, saldré. No os preocupéis por eso». Y así fue. Cable Hogue le echó un par de narices, apeló a la providencia y logró salir adelante de la encerrona orquestada por sus deleznables compañeros, Bowen y Taggart. Al menos, en esa ocasión, el viejo ermitaño esquivó la muerte. Cable Hogue, aferrado a sus convicciones y marginado por voluntad propia, personifica al héroe tipo del imaginario de Sam Peckinpah, quien calificó a esta película como su obra favorita. La_balada_de_Cable_Hogue-328272838-large

«Grupo Salvaje» (The Wild Bunch, 1969) encumbró a Sam Peckinpah como uno de los directores más importantes del género western, que a finales de los sesenta se había anquilosado repitiendo continuamente a las pautas marcadas a mediados de la década por Sergio Leone. El propio Peckinpah llegó a reconocer que su trabajo había sido influido por la obra del realizador italiano. El uso de la cámara lenta para dotar a las escenas de más acción con un marcado dramatismo, el empleo simultáneo de varias cámaras y un moderno montaje -con el sello del editor Lou Lombardo- permitieron a Peckinpah insuflar una bocanada de aire fresco y cosechar un gran éxito. Una parte de la crítica tildó a «Grupo Salvaje» como «la película más violenta jamás filmada». Peckinpah, por su parte, se estrenó en el papel de «Bloody Sam» en medio de un Hollywood que nunca llegó a entender y con el que siempre mantuvo una tensa relación.

Precisamente, la productora Warner forzó al director a evitar una nueva orgía de violencia en su siguiente película, «La Balada de Cable Hogue» (The Ballade of Cable Hogue, 1970). Peckinpah comenzó a rodar su nuevo trabajo en el momento cumbre de su carrera. Su reciente éxito le permitió encontrar financiación sin problema e incluso ejercer como productor bajo supervisión de Phil Fieldman, de la Warner. La suma de estos factores desembocaron en el largometraje más íntimo y personal de Peckinpah.

La Balada de Cable Hogue Sam Peckinpah 1970 (2)

«La Balada de Cable Hogue» es una obra cumbre del western crepuscular. Peckinpah le aportó un tono de comicidad que arranca al espectador alguna que otra sonrisa en determinadas escenas, cierta dosis de erotismo y un lirismo remarcado por la música de Jerry Goldsmith y de Richard Gillis. Pero sobre todas las cosas, «La Balada de Cable Hogue» es precisamente eso, una balada. Un canto triste sobre el fin de una época y la llegada de la modernidad con sus valores, que enterrarán para siempre al viejo Oeste. Ese patetismo impregna a la película y a sus personajes que, finalmente, constatan el sepelio.

Peckinpah contó con la colaboración de Lou Lombardo. Ambos siguieron experimentando con los cambios de velocidad en la acción. No obstante, no lograron alcanzar el mismo impacto que con «Grupo Salvaje». En su montaje trataron de acentuar el carácter cómico acelerando los movimientos de los personajes, un recurso ya superado por aquel entonces. Esta treta no fue acogida por un igual. Denostada por unos al considerar que rompía con el ritmo, fue aplaudida por otros que sostienen que entronca con la mirada de Peckinpah. Y es que, ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos. «La Balada de Cable Hogue» sería el último trabajo conjunto del binomio Peckinpah-Lombardo. Del mismo modo, cabe destacar la labor del director de fotografía, Lucien Ballard, quien realizó un exquisito trabajo.

Por lo que respecta a los personajes, «La Balada de Cable Hogue» gira en torno a tres individuos: el explorador Cable Hogue, la prostituta, Hildy, y el falso predicador, Joshua.

Jason Robards inició con su papel como Cable Hogue su periodo más prolífico como actor. En «La Balada de Cable Hogue» se mete en la piel de un hombre traicionado por sus compinches y que, por casualidad, encuentra una fuente de ingresos que le permiten medrar. Mientras, espera el momento preciso para ejecutar su venganza. Cable Hogue es un hombre apartado de la sociedad por voluntad propia. Un individuo curtido que opta por el desierto como lugar donde refugiarse tras encontrar un manantial. Tras la fachada de tipo duro se encuentra un hombre capaz de amar incondicionalmente, de respetar e incluso de perdonar a sus enemigos. Precisamente, cuando finalmente decide abandonar por amor su estilo de vida, el «progreso» lo arrollará acabando con cualquier pretensión de abandonar su existencia aferrada al pasado.La Balada de Cable Hogue Sam Peckinpah 1970 (10)

Por su parte, Stella Stevens interpreta en «La Balada de Cable Hogue» el mejor papel de su carrera. Stevens encarna a una prostituta, Hildy, cuyo deseo es pertenecer a la sociedad que la señala por su condición. Hildy encuentra en Cable Hogue a un hombre que la respeta a pesar de su pasado y que le brinda un hogar cuando es expulsada de su pueblo por unos moralistas. Ambos se enamoran pero ella prefiere seguir su camino vital en San Francisco, aunque ya ha encontrado la dicha junto al bueno de Hogue.

El actor británico David Warner da vida a un falso predicador, Joshua, ensimismado en los asuntos de la carne. David Warner colaboraría de nuevo con Peckinpah en «Perros de Paja» (Straw Dogs, 1971) y en «La Cruz de Hierro» (The Iron Cross, 1977). Su personaje es un solitario con facilidad de palabra que va de pueblo en pueblo involucrándose en líos de faldas. Tras cruzarse en su camino con Cable Hogue, le indica los pasos a seguir para sentar la base de su nueva vida. Una nueva bronca le empujará a abandonar a su amigo, con el que se reencontrará un tiempo después, ocasión en la que pronunciará un monólogo digno de enmarcar.

Cable Hogue articula su existencia en torno al deseo de vengarse de sus viejos compañeros: Bowen, interpretado por Strother Martin; y Taggart, a quien L. Q. Jones –habitual en la filmografía de Peckinpah- interpreta. Amigos en la vida real, ambos se meten en la piel de dos rastreros que, sin manifestar ningún tipo de compasión, condenan a una muerte casi segura a su colega tras abandonarlo en el desierto. El destino quiere que los tres se encuentren de nuevo para ajustar cuentas. Taggart, haciendo gala de su falta de escrúpulos tentará a su propia suerte. Por su parte, Bowen, sumiso por excelencia, acabará «bajándose los pantalones» con el propósito de salvar su pellejo.

La suerte no acompañó a «La Balada de Cable Hogue». Apenas promocionada, el público ansiaba un nuevo baño de sangre propio del realizador californiano. Sin embargo, se encontró con algo situado en el polo opuesto. La acogida fue un fracaso. De todos modos, el paso del tiempo ha contribuido a otorgarle un puesto más destacado. Rodada a caballo de dos épocas -la del Hollywood caduco de los grandes estudios y la del nuevo cine- la película quedó en el limbo de las obras imposibles de clasificar. A pesar de su regusto «setentero», sería un error negarle a Peckinpah las virtudes de esta obra, en el que se abandonó el Oeste de tiros, vaqueros e indios para dar vida a un profundo retrato de sus personajes y sus relaciones.La Balada de Cable Hogue Sam Peckinpah 1970 (4)

Tras este viaje a su faceta más íntima, Peckinpah se embarcaría en el drama «Perros de Paja» (Straw Dogs, 1971), a la que seguiría otro fracaso de taquilla, «El Rey del Rodeo» (Junior Bonner, 1972), y «La Huída» (The Getaway, 1972). Finalmente, un año después, Peckinpah regresaría al western con «Patt Garrett y Billy the Kid» (Patt Garrett and Billy the Kid, 1973).

-Crítica publicada íntegramente en Ultramundo.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. plared dice:

    Una película totalmente atípica, de belleza extraña ya que cabalga entre el humor absurdo y negro junto a una belleza casi poética . Combinación quizás bizarra, pero que crea un clima extraño.

    Una película sin duda de culto, con lo que todo eso conlleva y donde el final es toda una alegoría al progreso y como literalmente puede aplastarte. . Genial película de un director que era mucho mas que violencia desatada. Cuidate

  2. Totalmente de acuerdo Plared. El publico solicitaba otro baño de sangre al estilo de “Grupo salvaje” pero Peckinpah sorprendió con la que pasa por ser su obra más peculiar. Un canto al fin de una época y de un código. Saludos.

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