La noche que el blues llegó a España

La noche del 11 de mayo de 1953 aconteció algo insólito en el Teatro C.A.P.S.A. de Barcelona. Las localidades de su auditorio ni siquiera habían sido agotadas. Sin embargo, los allí presentes habían acudido con el firme propósito de ser cómplices de un acontecimiento que se antojaba histórico y emocionante. Una asociación local de entusiastas de la música afroamericana había seleccionado este lugar para dar la bienvenida al primer bluesman que pisaba suelo español. Éste no era otro más que el mismísimo Big Bill «Broonzy», quien provisto tan sólo de su guitarra acústica y su voz protagonizó una actuación que logró permanecer indeleble en la memoria del conjunto de privilegiados allí presente.

El Hot Club de Barcelona

Gérard Herzhaft sostiene que la historia del blues en España comienza a escribirse a partir de la actuación de Big Bill «Broonzy» en Barcelona. Con anterioridad, tal y como sostiene el periodista musical Vicente Zúmel, el público español tan sólo había tenido a su disposición un disco de 78 rpm del pianista Jimmy Yancey. El disco en cuestión fue editado en 1952 por La Voz de su Amo dentro de su categoría de bailables con la referencia AA 651 e incluye las canciones «Five o’clock blues» y «Yancey stomp». El Hot Club de Barcelona jugó un papel decisivo en la paulatina introducción del blues en el país.

Durante la década de los treinta el jazz había experimentado un fuerte boom en España. Comenzaron a publicarse revistas especializadas en música negra y en 1934 se creó el Hot Club Barcelona, una asociación creada a imagen y semejanza de otros clubes de aficionados al jazz -como es el caso del Hot Club de France– entre cuyos propósitos se encontraba una labor divulgativa mediante la organización de eventos, la proyección de películas, la realización de audiciones comentadas y la edición de la revista Jazz Magazine, su órgano oficial. El Hot Club barcelonés mantuvo una intensa actividad desde su creación hasta el estallido de la Guerra Civil, llegando incluso a organizar en enero de 1936 dos conciertos con el saxofonista Benny Carter y el Quintette du Hot Club de France, cuyas principales atracciones eran el guitarrista Django Reinhardt y el violinista Stéphane Grappelli.

Portada del número 5 de Jazz Magazine./ ARCA

La cruenta contienda y la consiguiente posguerra sumieron al Hot Club de Barcelona en un profundo estado de hibernación del que logró emerger en 1950, retomando su frenética actividad en medio de un contexto político-social absolutamente diferente al de sus orígenes. Esta asociación, integrada por miembros de la clase pudiente barcelonesa, fue la responsable de organizar una serie de actuaciones, sin precedentes en España, con artistas afroamericanos de primer orden que habían encontrado en Europa a un público, por lo general, más respetuoso, tanto en lo artístico como en lo social, que el de la sociedad estadounidense regida por las leyes Jim Crow. El jazz, el boogie-woogie y el blues coexistieron en las programaciones de esta entidad catalana.

El 7 de febrero el Hot Club en colaboración con la asociación Club 49 presentó en la Casa del Médico, situada en el número 31 de la Vía Layetana, al pianista Willie «The Lion» Smith. Su actuación en la Ciudad Condal puso punto y final a su gira de regreso a Europa tras la Primera Guerra Mundial. Asimismo, supuso el primer gran evento musical a escala nacional de la década de los cincuenta. En 1951 ambas entidades colaboraron de nuevo para acercar a los barceloneses, en esta ocasión, a la música del clarinetista Mezz Mezzrow con un concierto el 17 de diciembre. Casi un año después, el 19 de noviembre de 1952, harían lo propio con una audición del trompetista Bill Coleman en el cine Astoria que logró agotar todas las entradas.

Llegados a este punto, el Hot Club de Barcelona y la asociación Club 49 iniciaron por todo lo alto el año 1953 con un concierto de Dizzy Gillespie la noche del 10 de febrero en el Windsor Palace. Está claro que, para esas fechas, este colectivo de entusiastas del jazz ya había cogido de nuevo carrerilla tras el parón impuesto por la guerra y se había embarcado en la ardua tarea de ofrecer festivales de innegable calidad. Cuando Gillespie llegó a la ciudad con su trepidante bebop, el Hot Club ya negociaba con Big Bill «Broonzy» las condiciones del contrato de la que sería su primera y única actuación en España.

El blues versátil de Big Bill

Big Bill «Broonzy» es considerado uno de los bluesman más versátiles e influyentes que ha dado la historia. Su carrera musical se inició en Chicago en los años veinte durante los primerísimos días del blues grabado y finalizó con su fallecimiento en agosto de 1958 coincidiendo con el revival de la música folk. «Brooonzy», autor de unas 360 canciones -entre ellas estándares como «Key to the highway» o «I feel so good»- fue capaz de adaptarse una y otra vez a los cambios tanto musicales como de gusto que experimentó el blues a lo largo de las casi cuatro décadas que duró su trayectoria profesional. El musicólogo Josep Pedro señala en la obra Jazz and totalitarianism que Big Bill encarna la evolución del blues rural del Delta del Mississippi al blues eléctrico de Chicago y el subsecuente regreso a las raíces. A finales de los años cuarenta comenzó a actuar en colegios y clubes como fruto de una estrecha colaboración con el periodista Studs Terkel en su intento por recuperar el folk mediante el programa I come for to sing. Coincidiendo con ese periodo se reinventó como solista acompañado en sus actuaciones tan sólo por su guitarra acústica.

Su firme compromiso con Studs Terkel proyectó su trabajo hasta un mayor público e hizo posible que, durante el otoño de 1951, se embarcase en su primer gira europea siguiendo los mismos pasos que ya habían dado con anterioridad Leadbelly y Josh White en 1949 y 1950, respectivamente. El Viejo Continente le abrió las puertas de par en par. Le permitió sanear sus cuentas alcanzando la estabilidad económica que nunca había tenido. Incluso encontró el amor junto a una ciudadana holandesa, Pim van Isveldt. Big Bill «Broonzy» se convirtió en una especie de embajador del blues a este lado del charco y contribuyó a que floreciese el revival folk y la escena blues en las islas británicas, ejerciendo una temprana influencia en artistas como John Lennon, los Rolling Stones o Eric Clapton.

La noche que el blues llegó a España

Cuando Big Bill «Broonzy» llegó a Barcelona su carrera musical se encontraba en su punto más dulce. El periodista musical Alfredo Papo, uno de los promotores del concierto, recordaba en un artículo publicado en 1985 que a mediados de 1953, Hugues Panassié, miembro fundador del Hot Club de France, se puso en contacto con sus homólogos catalanes para proponerles la actuación de «Broonzy». «Inmediatamente decidimos aceptar la oferta. El oír en carne y hueso a uno de los más grandes cantantes y guitarristas de blues que jamás hayan existido no era ocasión para desdeñar», enfatizaba. Papo y sus colegas se mostraron cautos a la hora de alquilar un local por temor a que el músico norteamericano fuese incapaz de congregar a un gran número de asistentes dado el escaso conocimiento que había en España en referencia a su figura. El lugar elegido fue el Teatro C.A.P.S.A., sito en el número 134 de la Vía Layetana, haciendo esquina con la calle Aragón.

Big Bill «Broonzy» llegó en tren a Barcelona procedente de Francia. «Le fui a recoger a la estación. Su aspecto de payés noble, su paso acompasado, su sutil humor atraían de inmediato. Llevaba muy poco equipaje: un maletín pequeño y su guitarra», describió Papo. A las diez y media de la noche del día 11 de mayo, el propio Papo fue el encargado de presentar al músico ante un auditorio «que estaba razonablemente lleno». En el programa del concierto Papo suscribió unas palabras en las que hacía referencia a la pureza y la autenticidad rural del country blues: «Gracias a Big Bill “Broonzy”, podrán oír esta noche, en su forma más auténtica a algunos de los más bellos cantos folklóricos de los negros del Sur de los Estados Unidos. Aquí no hay ninguna mixtificación de tipo comercial, Big Bill nos restituye la atmósfera del blues en su total pureza, tal como lo cantaban los errantes trovadores negros que recorrían los pueblos y las pequeñas ciudades del Sur, parándose para cantar en un cafetín al borde del Mississippi o en la plaza de una aldea». Por otra parte, también establecía un vínculo intercultural entre el flamenco y el blues: «El arte de Big Bill “Broonzy” se aparenta en muchos aspectos al “cante jondo” porque como éste, el blues auténtico es fruto de una tradición ancestral y de un profundo sentimiento racial».

Cartel promocional del concierto de Big Bill Broonzy en Barcelona/ Foto de Robert Doisneau

«Broonzy» subió al escenario ataviado con un traje oscuro, una camisa blanca y una corbata estampada. Bebió un trago de coñac de una botella que guardaba en el estuche de su guitarra y se encaminó hacia el micrófono para pronunciar unas palabras de agradecimiento a su público. A continuación, hizo sonar los primeros acordes de su canción «John Henry». «Ya en los primeros compases cautivó por completo al auditorio que desde el primer número aplaudió intensa y prolongadamente al artista al final de cada número», precisó el periodista Pedro Crusellas en una crónica publicada en el número 85 de la revista Club de Ritmo.

En sus actuaciones Big Bill «Broonzy» combinaba sus habilidades como narrador e intérprete con un rico repertorio al que añadió en los años cincuenta espirituales y canciones populares. «Bill tenía un repertorio muy extenso. Blues de su primera cosecha y blues tradicionales; folk songs y negro spirituals. En aquella noche nos ofreció una selección extraordinaria. Cantó “John Henry”, “Bill Bailey won’t you come home”, “Black, brown and white, “Just a dream”, “Guitar rag”, “Down by the riverside” y no sé cuántos temas más», comentó Papo. El público, entusiasmado, arropó al músico durante toda su actuación. «Simpático, agradable y con el don de cautivar, ésta es la persona que vimos por el poco rato que estuvimos junto a él», aseguró Crusellas, quien también entrevistó a «Broonzy».

Algunas canciones como «John Henry», sobre un legendario trabajador afroamericano de la industria del acero; «Just a dream», una irónica historia sobre los sueños y la cruda realidad; o «Black, brown and white», que denuncia sin tapujos la discriminación racial, expusieron al público español las implicaciones políticas del blues en el contexto del surgimiento del movimiento por los derechos civiles.

Big Bill Broonzy en el Teatro C.A.P.S.A./ Dalmau

Una vez finalizado el concierto la fiesta prosiguió en el domicilio de Paul Gotch, colaborador del Hot Club de Barcelona y profesor del Instituto Británico. «Allí fuimos con Big Bill y unos cuantos “fans”. Después de unas cuantas libaciones, Bill cogió de nuevo su guitarra y nos regaló otro concierto privado que duró más de una hora», rememoraba Papo, que se encargó de acompañar a «Broonzy» hasta su hotel cuando la juerga tocó a su fin. «Al llegar al hotel, le di cita para las once de la mañana, para llevarle otra vez a la estación. Cuando fui a recogerle estaba ya esperándome en un banco del Paseo de Gracia, frente al hotel, con su maletín y su guitarra», precisó.

Juntos caminaron hasta la estación. Allí se despidieron. Nunca más volvieron a verse. Sin embargo, el recuerdo de Big Bill «Broonzy» permaneció imborrable en la memoria de Alfredo Papo hasta su fallecimiento en julio de 2013 a los 91 años de edad. Mientras, el bluesman vivió poco más de cinco años después de su memorable concierto en Barcelona. Dos semanas después de su breve estancia en España tomó un vuelo de regreso a los EEUU. El 15 de agosto de 1958 falleció en Chicago como consecuencia de un cáncer. Se sostiene que tenía 65 años de edad -cabe señalar que su fecha de nacimiento siempre ha sido motivo de diversas especulaciones- y llevaba un año alejado de los escenarios después de haber perdido su voz a raíz de una operación de garganta.

Tras la visita de Big Bill «Broonzy» ningún otro bluesman actuó en España hasta 1956, año en el que Josh White ofreció un concierto en Barcelona. En enero y febrero de 1958 Sister Rosetta Tharpe siguió su estela con sendos conciertos en la Ciudad Condal, siendo ofrecido el segundo de ellos en el Colegio de Abogados. Estos recitales pusieron el broche a una década en la que el público español asistió a la arribada del blues. Con la década de los sesenta, la apertura del club Jamboree y la llegada de algunas giras del American Folk Blues Festival acabaron por romper el aislamiento que había lastrado la introducción en tierras españolas del blues y lo acercaron a un mayor espectro de seguidores.

Bibliografía

Libros

  • HERZHAFT, Gérard. “La gran enciclopedia del blues“, MA NON TROPPO, 2003.
  • PEDRO, Josep. “The Purest Essence of Jazz’: The Appropriation of Blues in Spain during Franco’s Dictatorship“. En “Jazz and totalitarianism“. JOHNSON, Bruce (Ed.), Routledge, 2017, p. 179.
  • ZÚMEL, Vicente. “Spain“. En “Encyclopedia of the blues“, Routledge, 2006, p. 914.
  • RIESMAN, Bob. “Big Bill Broonzy“. En “Encyclopedia of the blues“, Routledge, 2006, pp. 150-153.
  • RIESMAN, Bob. “I feel so good: The life and times of Big Bill Broonzy“, University of Chicago Press, 2011, p. 197.

Artículos de periódicos y revistas

  • BAGET-GARRIGA, “Sister Rosetta Tharpe”, Club de Ritmo, nº 142, Granollers, febrero de 1958, p. 1.
  • CALLEJÓN, Luis. “Dizzy Gillespie en Barcelona”, Club de Ritmo, nº 81, Granollers, enero de 1953, pp. 1-7.
  • CRUSELLAS, Pedro. “Mezzrow triunfa en Barcelona”, Club de Ritmo, nº 69, Granollers, enero de 1952, p. 1.
  • CRUSELLAS, Pedro. “William Big Bill Broonzy en Barcelona”, Club de Ritmo, nº 85, Granollers, mayo de 1953, pp. 3-5.
  • FONOLLOSA, José María. “La estancia de Willie Smith en Barcelona”, Club de Ritmo, nº 46, Granollers, febrero de 1950, pp. 1-7.
  • PAPO, Alfredo. “Big Bill en Barcelona”, Solo Blues, nº 2, otoño de 1985, pp. 18-19.
  • TERRÉ, Laura. “Alfredo Papo, impulsor del jazz”, El País, 16 de julio de 2013.

Internet

Filmografía

  • MARTÍN, José Luis. “Barna Blues. La història del blues a Barcelona”, Bad Music Blues, Barcelona, 2012.
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