Lubbock Calling: El romance texano de The Clash

Los ufólogos cuentan que en agosto y septiembre de 1951 una extraña formación de luces en V surcó los cielos de Lubbock, en el Oeste de Texas. Eran los años de la fiebre por los OVNIs, del temor a una guerra nuclear y de la vertiginosa carrera espacial. Mientras, a ras de suelo, las noches texanas pertenecían a los honky tonks, auténticos puntos fulgentes que en su conjunto creaban una suerte de mapa estelar de la desolada geografía del estado de la Estrella Solitaria. Lubbock era un polo de atracción dentro de esta particular cartografía. En las décadas de los 30 y los 40 había sido una parada obligatoria para las bandas de western swing que se dirigían hacia California. Años más tarde, astros como Buddy Holly o Mac Davis comenzarían a brillar con luz propia después de que un atrevido joven de Tupelo llamado Elvis les abriese los ojos allá por 1955 durante su visita a la localidad. La fuerza gravitatoria de este enclave ejerció un gran poder de atracción sobre otros artistas de su entorno, como son los casos de Waylon Jennings o de Joe Ely. Este último ejerció en 1979 de anfitrión de la banda punk londinense The Clash, lo más parecido a unos extraterrestres que había pisado Lubbock hasta aquel entonces.

Resulta premonitorio que Joe Ely viniese a este mundo en Amarillo, un lugar de paso atravesado por la legendaria Ruta 66. Por ella vagaron rumbo al Oeste los millares de okies que empujados por las tormentas de arena y polvo se vieron obligados a abandonar sus granjas en Oklahoma. La madre de todas las carreteras también fue escenario de las andanzas de Jack Kerouac y su inseparable Neal Cassady. Su novela En el camino insufló en toda una generación de jóvenes estadounidenses el deseo de lanzarse con lo puesto hacia lo desconocido, de encarnar la mitificada vida del hobo. Ely también cayó rendido ante el romanticismo del pope de la Generación Beat. Abandonó Lubbock -donde residía desde los doce años- justo antes de graduarse en el instituto y vagabundeó por todo el país acumulando a sus espaldas experiencias que más tarde plasmaría en sus canciones, trufadas por el poso del que ha vivido en el arroyo. La música había sido su primera opción desde tierna edad y siempre había manifestado una profunda admiración por Buddy Holly. «Lubbock era un área muy creativa musicalmente. No se por qué, quizás porque no hay nada mejor que hacer allí», señaló.

Se ganó la vida tocando en clubes de mala muerte o incluso como cuidador de los caballos de un circo ambulante. Viajó a Nueva York, donde unos chorizos lo dejaron sin nada -excepto su guitarra Gibson- y cruzó el charco junto a una compañía de teatro justo antes de regresar a Lubbock. Allí sus dos amigos Butch Hancock y Jimmie Dale Gilmore -el pacífico Smokey al que Walter Sobchak amenaza con una pistola en la bolera de El Gran Lebowski- habían formado un dúo country folk. Ely unió fuerzas junto a ellos bajo el nombre de The Flatlanders. No obstante, el éxito fue esquivo con el grupo, que apenas tuvo repercusión en su corta trayectoria, comprendida entre 1972 y 1973.

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A mediados de esa década, el nombre de Joe Ely comenzó a sonar con fuerza. Tras su efímera experiencia junto a Hancock y Gilmore se rodeó de un grupo de músicos que contribuyeron a que adoptase un peculiar sonido más próximo al western que al country. Su banda se afianzó con un show habitual en el Cotton Club, uno de esos lugares icónicos donde las músicas negra y blanca acabaron por confluir. «Aquellos que contribuyeron a darle forma incluyen a Buddy Holly, Elvis Presley (cuando todavía estaba en el sello Sun), Bob Wills, Hank Williams (dos semanas antes de morir), Little Richard, Fats Domino y Waylon Jennings, entre muchos otros», comentó Ely en 1977. A principios de 1977 fue publicado su primer álbum, un LP homónimo con el que introdujo en Austin un country más crudo y próximo a los bluesmen de la ciudad. Su música se alejaba del lirismo del progressive country, un estilo lastrado por sus contradicciones. Para el musicólogo Jason Mellard se trataba de una especie de eslabón a medio camino entre el rhythm and blues de Doug Sham o Delbert McClinton y el country áspero de Alvin Crow.

El álbum de debut fue aclamado por la crítica pero las ventas flaquearon. Su siguiente trabajo, Honky Tonk Masquerade, fue publicado al año siguiente y reafirmó a la Joe Ely Band como uno de los principales conjuntos del panorama musical texano. Traspasó incluso las fronteras del estado y durante la primavera de 1978 la William Morris Agency les contrató como teloneros de Merle Haggard en una gira por el Reino Unido, a donde regresarían justo un año después. El movimiento punk se encontraba en ese momento en la cresta de la ola . Un año atrás, los Sex Pistols habían protagonizado una surrealista y controvertida gira por los Estados Unidos. Su manager, Malcolm McLaren, había ignorado en su programación lugares como Nueva York o Los Angeles y, en su lugar, había optado por ciudades del Deep South como Alexandria, Atlanta, Memphis, San Antonio, Dallas o Tulsa con el objeto de desatar las hostilidades de un público más conservador. Ni que decir tiene que lo consiguió. La violencia y la falta de planificación caracterizaron a la segunda gran incursión del punk en Texas. La primera había sido desempeñada por los Ramones en julio de 1977.

El estado había sido uno de los principales escenarios donde conjuntos como Sam The Sham & The Pharoahs o The 13th Floor Elevators habían sembrado la semilla del punk a mediados de los sesenta. Ciudades como Austin o Houston estaban familiarizadas con el nuevo género musical. Sin embargo, la América más profunda y recóndita vivía ajena por completo a él. Joe Ely no era la excepción. El 5 de mayo de 1979, mientras él y su banda se encontraban entre bambalinas en The Venue (Londres) unos jóvenes punkies se dirigieron a ellos. «Estábamos tocando en ese lugar llamado The Venue, y unos chicos desaliñados estaban entre bastidores conversando con nosotros. Ellos nos dijeron, “Tenemos una banda aquí en Londres” y que realmente les gustaba el disco que habíamos sacado. Creo que era Honky Tonk Masquerade, habíamos tenido un gran éxito allí con nuestros tres primeros álbumes. Así que les dijimos, “Oh, es estupendo. Gracias” y nos dijeron el nombre de su banda», explicó Ely en el año 2000. Aquellos jóvenes de aspecto descuidado resultaron ser The Clash. «Nunca habíamos escuchado hablar de The Clash. No sabíamos nada respecto a lo que estaba pasando en Londres. Demonios, ni siquiera ninguno de nosotros tenía un teléfono», añadió.

 Roger Ressmeyer/CORBIS

Aunque procedían de trasfondos dispares conectaron desde el principio. La banda de Joe Ely fue invitada a visitar a los Clash en su estudio de grabación. Luego, todos se dirigieron al East End londinense para disfrutar de una noche memorable. A lo largo de toda una semana Joe Strummer y los suyos ejercieron como cicerone de los texanos, trabando una estrecha amistad. «Era como si los alborotadores del Oeste de Texas encontrasen a los alborotadores de Londres. Procedíamos de mundos diferentes pero era como, “!Está bien! !Quedemos más! Tocamos tres noches consecutivas en The Venue y nos juntábamos todo el tiempo», subrayó el músico norteamericano, quien sugirió a los británicos verse en Texas. «Bien, si algún día cruzáis el océano, visitadnos. Os llevaremos a sitios estupendos de Texas», les dijo.

La banda The Clash estaba fascinada por Texas y en especial por ciudades como Laredo, San Antonio o El Paso. Para ellos este estado estaba prendado de connotaciones que rozaban lo mitológico. Su peculiar visión había sido modelada por el cine western y por las baladas de forajidos. Además, Joe Strummer había cultivado un profundo amor por la música de raíz, interés que continuaría creciendo durante su carrera en solitario con su colaboración con el conjunto irlandés The Pogues a finales de los ochenta y, posteriormente, con su propia banda, The Mescaleros. Las raíces rockeras de The Clash eran innegables y a esto cabía sumar su flirteo con otros géneros musicales como el reggae, el dub o el rap primigenio. Esto les convertía en un rara avis dentro de la escena punk e incluso acabó por granjearles el reproche de sus seguidores más radicales con la publicación de discos como Sandinista!

Meses después, el manager de Joe Ely recibió una llamada de Londres. «Una banda que nunca había escuchado venía a América y quería hacer varios conciertos con nosotros. Iban a venir a Texas. Entonces dije, “De acuerdo, son The Clash. Tráelos a Lubbock”», afirmó Ely. Al igual que previamente habían hecho los Sex Pistols, The Clash quería actuar en pequeñas ciudades de Texas. La prensa local había vertido ríos de tinta condenando al punk tras la gira de Sex Pistols y se temía que se produjesen nuevos altercados. No obstante, las semejanzas entre un grupo y otro eran escasas. The Clash hacía gala de una marcada conciencia política y canalizaba toda su ira de un modo coherente frente al nihilismo de los Pistols.

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Joe Ely y The Clash se reencontraron el 8 de septiembre de 1979 en el Tribal Stomp Festival de Monterey, donde también coincidieron con Peter Tosh. A lo largo de la primera quincena de octubre los británicos recorrieron Texas acompañados por The Joe Ely Band. Actuaron en Austin, Houston, Dallas y en Lubbock antes de continuar con su gira estadounidense por la Costa Oeste. El concierto de Lubbock tuvo lugar el día 7 del citado mes en el auditorio Rocks Club. «Permanecieron durante varios días en Lubbock y les mostré la tumba de Buddy Holly. No creo que nadie en Lubbock hubiese oído hablar de The Clash pero nuestra banda tenía un gran poder de convocatoria, así que abarrotamos el local. Tocamos en primer lugar y The Clash cerró [el show]. Todo el mundo estaba aterrado al principio pero al final la pista de baile estaba atestada. Al final del set tocamos varias cosas juntos, “Not fade away” y quizá “Peggy Sue”. Ellos tocaban “I fought the law”, que era una canción de Sonny Curtis. Eran unos grandes admiradores del [Cricket] Sonny Curtis y sabíamos que también era de Lubbock…», matizó Ely. The Clash, lejos de acobardarse, barrió el escenario como una auténtica estampida.

The Joe Ely Band también acompañó a The Clash fuera de los contornos de Texas en un concierto en el Hollywood Palladium de Los Angeles. Unos cinco mil espectadores les recibieron con una lluvia de objetos y de escupitajos que a punto estuvo por hacer que el conjunto texano mandase todo al carajo. Incluso Joe Strummer, curtido en mil batallas semejantes, estaba en shock por la excesiva efusividad los asistentes. Esto no fue óbice para que Joe Ely tirase por tierra su extravagante aventura por los derroteros del punk. «The Clash es la mejor banda de rock and roll que he visto. No estaba obligado a hacerlo pero quería sentir esa energía», recalcó Ely al periodista musical Max Bell en 1980.

A pesar de encajar algún que otro lapo, la experiencia fue muy edificante para ambos grupos. Tocar como telonero de The Clash fue el espaldarazo definitivo a la carrera de Joe Ely, que en febrero de 1980 regresó a Inglaterra para acompañar a los londinenses en su gira de presentación del álbum London Calling. «[Ser teloneros de The Clash] Fue un gran impulso para nosotros, así que cuando nos invitaron al año siguiente para los conciertos del London Calling en Londres fue una verdadera revelación. Estábamos tocando junto a ellos en sus auditorios -The Electric Ballroom, Hammersmith Odeon- se trataba de shows salvajes, húmedos y locos que eran increíbles», enfatizó. El primero de los conciertos tuvo lugar en el Electric Ballroom de Camden Town. La sala estaba abarrotada y, según Ely, apenas se podía ver a la banda. «Era una noche fría y se formó dentro del local una nube que se elevó sobre las cabezas de las personas. La gente estaba observando a través de la niebla y era asombroso. Nunca vi nada semejante», aseveró.

El London Calling Tour fue cancelado el 20 de febrero de un modo abrupto después de que Topper Headon, batería de los Clash, se viese obligado a abandonar la gira tras romperse un dedo. Joe Ely regresó a los Estados Unidos y poco después se tropezó casualmente con los británicos en Nueva York. Habían acudido allí para grabar unas canciones que serían incluidas en su nuevo LP, Combat rock. Entre ellas se encontraba «Should I stay or should I go», en la que Ely contribuyó con las letras en castellano. «Me crucé con ellos accidentalmente en Nueva York cuando estaban grabando “Should I stay or should I go” y Strummer dijo, “Hey, ayúdame con mi español”. Así que yo y Strummer y el ingeniero puertorriqueño nos sentamos y traducimos las letras al castellano más extraño que se haya oído jamás», recordó Ely.

The Clash regresó a Texas en 1982 con motivo de una nueva gira por tierras estadounidenses. Los días 8 y 9 de junio grabaron en una explotación petrolífera sita a las afueras de Austin el videoclip de «Rock the casbah», canción que llegó a alcanzar el número ocho en el Hot 100 de Billboard. Por aquel entonces la formación con la que se habían hecho famosos comenzaba a hacerse añicos. El 10 de mayo de ese mismo año el batería Topper Headon abandonó el grupo a consecuencia de las asperezas surgidas entre él y el resto de miembros a raíz de su adicción a la heroína. Las cosas tampoco iban bien entre Mick Jones y el binomio Strummer-Simonon. El escritor Pat Gilbert sostiene que durante el rodaje del video Jones optó por cubrir su rostro con un velo de camuflaje porque se encontraba de mal humor. Un simple enfado que ni siquiera representaba a la punta del iceberg. Lo cierto es que tenía los días contados en la banda. En 1983 fue despedido por sus compañeros, quienes consideraban que la convivencia con él se había tornado imposible.

El 25 de mayo de 1984 Joe Ely compartió cartel con The Clash por última vez con motivo de un concierto en el anfiteatro Red Rocks de Denver. Ely, que gozó de una gran publicidad gracias a su nexo con los ingleses, sigue en la brecha con más de dos decenas de álbumes a sus espaldas e incluso recuperó a principios del presente siglo a su primera banda, The Flatlanders. En sus repetidos viajes a tierras estadounidenses The Clash halló un manantial de inspiración. «Si te interesa la música como me interesa a mí, ir allí es un auténtico viaje», diría Strummer. En 1986 la banda británica se disolvió definitivamente y en 2002 la muerte repentina de Strummer puso fin a cualquier posibilidad de que todos los miembros del grupo se reuniesen de nuevo. Mientras, en Lubbock, las luces del rock siguen tintineando.

Bibliografía

Libros

  • GILBERT, Pat. “Passion is a fashion. The real story of The Clash“, Da Capo Press, 2004.
  • SHANK, Barry. “Dissonant Identities: The Rock ‘n’ Roll Scene in Austin, Texas”. Hanover, NH: Wesleyan University Press, 1994.

Artículos de periódicos y revistas

  • BELL, Max. “Joe Ely: A man who thought he was a loner“, New Musical Express, 1 de marzo de 1980.
  • BULL, Bart. “Lubbock Calling“, Spin, abril de 1987.
  • DELANEY, Kelly. “Joe Ely. Furit pickin’ to finger pickin’“, Shmoozin, julio de 1977.
  • ENSMINGER, David. “The Clash in Houston, 1979: A case of Legionaire’s Disease“, Houston Press, 12 de septiembre de 2012.
  • M. YOUNG, Charles. “The Sex Pistols in Texas“, Rolling Stone, 23 de febrero de 1978.
  • MOSER, Margaret. “Lubbock calling: Joe Ely remembers the Clash“, The Austin Chronicle, 19 de mayo de 2000.
  • VVAA. “Revolution rock“, The Austin Chronicle, 17 de enero de 2003.

Internet

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