Festival Express, el Woodstock sobre ruedas

El Festival Express -también conocido como Transcontinental Pop Festival– ocupa una de las páginas más alocadas de la historia del rock and roll. Durante el verano de 1970 un grupo de chicos de clase alta canadiense reunió a la crème de la crème rockera en un espectáculo musical sin precedentes que atravesó Canadá de Este a Oeste a bordo de un tren. La aventura, a pesar de ser un fiasco comercial, supuso un hito al congregar durante varios días de convivencia y bajo un mismo cartel a artistas de la talla de Grateful Dead, Buddy Guy, The Flying Burrito Brothers, Mountain, The Band, Ian & Sylvia Tyson o Janis Joplin quien, apenas tres meses antes de su trágico fallecimiento, se encontraba en el culmen de su carrera musical.

De Woodstock al Festival Express

La época dorada de los grandes festivales de música al aire libre fue inaugurada en junio de 1967 en Monterey. En agosto de 1969 alcanzó su cenit con Woodstock. Allí se condensaron todos los anhelos de una generación que en diciembre de ese mismo año fue arrancada de su sueño de un modo brusco en Altamont. Los luctuosos sucesos protagonizados por los Hell’s Angels sumados a la mala prensa de la que era objeto el movimiento hippie -en especial tras los asesinatos de Tate-La Bianca- propiciaron una oleada de rechazo en cada una de las localidades en las que, con posterioridad, se pretendió oficiar alguna celebración de semejante naturaleza. Una vez más, la conservadora sociedad norteamericana se oponía a las propuestas de una juventud rebelde, tal y como había ya sucedido en los albores del rock and roll.

Sin embargo, Woodstock fue considerado un éxito desde el punto de vista cultural. No puede decirse lo mismo en lo que respecta a sus finanzas. El festival fue un desastre en términos económicos y las pérdidas sufridas por sus promotores tan sólo fueron atenuadas por el dinero recaudado gracias a la proyección del legendario documental dirigido por Michael Wadleigh. El film aún se encontraba en las carteleras de Toronto cuando el 27 de junio de 1970 el Festival Express arrancó.

En plena resaca post-Woodstock, la empresa Eaton-Walker Associates se propuso revivir en Canadá su espíritu con una desmadrada apuesta. Mientras que el resto de festivales tenían lugar en una sola ubicación, ellos pretendían viajar a través del país haciendo parada en las principales ciudades y los artistas se trasladarían en tren en lugar de en avión. Tras esta idea se encontraban tres jóvenes emprendedores de unos veinticinco años de edad: Ken Walker y los hermanos George y Thor Eaton. El primero era el hijo de un joyero ruso inmigrante cuya familia había trabajado para los zares. Los otros dos pertenecían al círculo social que representa al arcaico concepto de la monarquía canadiense. Durante el verano previo, Walker y los hermanos Eaton habían organizado en Toronto con la ayuda de Maclean-Hunter Publishing, LTD varios shows, destacando sobre todos los demás el Toronto Rock and Roll Revival, que en septiembre reunió en el estadio Varsity -para deleite de unos 20.000 espectadores- a veteranos del rock como Jerry Lee Lewis, Bo Didley, Little Richard, Gene Vincent o Chuck Berry y a artistas en pleno auge como The Doors, Alice Cooper o John Lennon & The Plastic Ono Band.

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El evento, así como el Toronto Pop Festival en junio de 1969, reportaron jugosos beneficios a los promotores, que decidieron lanzarse a la piscina con su nuevo y arriesgado reto en un intento por ocupar un lugar privilegiado en la escena rock y, cómo no, por enriquecer sus cuentas corrientes. Ken Walker y los Eaton contaron con un presupuesto de unos 900.000 dólares de los cuales 500.000 fueron puestos a disposición de Dave Williams, un hombre de la Apple Records de Nueva York y que como coordinador de producción fue el encargado de contratar a un plantel de casi treinta artistas entre los que se contaban Ten Years After, Traffic, Janis Joplin, The Band, The Flying Burrito Brothers, The Great Speckled Bird, Mountain, The New Riders of the Purple Sage, Robert Charlebois, Buddy Guy, Sha Na Na, Eric Andersen, Mashmakhan o Grateful Dead.

La alocada idea de Frank Duckworth

Frank Duckworth, el encargado de la publicidad del festival, fue también su ideólogo, si bien Walker y sus socios ejercieron como padres de la criatura. Duckworth, que durante los años de la Gran Depresión había trabajado en la construcción de la línea ferroviaria que une a Nueva Escocia con el Pacífico, se refería al ferrocarril desde un punto de vista romántico. «El tren era el único medio de comunicación que tenía este país. Conectaba todos los puestos de avanzada, todas las estaciones de tramperos y los pueblos mineros con los centros [urbanos]. Incluso el telégrafo seguía a las líneas del ferrocarril. Cuando estábamos planeando originalmente el [Festival] Express, pensé que quizá podríamos recuperar a algunos de los viejos telegrafistas que solían trabajar en el CNR para que enviasen todos nuestros mensajes mediante el código Morse. Los organizadores dijeron, “¿Qué sentido tiene cuando podemos usar el telex?” Pero esa era exactamente la gracia, revivir la experiencia de toda una nación. Yo quería una de esas viejas locomotoras de vapor -cosa guapa- pero cedimos a la conveniencia y nos decidimos por una diesel», explicó Duckworth a la revista Rolling Stone y añadió que «la idea era recordar a la gente el romanticismo de viajar en tren en el pasado cuando todavía era vital para la comunicación y combinarlo con el rock and roll, que es la forma de comunicación más vital de nuestros días: uniendo cosas».

Cuando Ken Walker acudió a las oficinas de Toronto de la Canadian National Railways (CNR) para alquilar un tren se encontró con la negativa de sus directivos. «Casi se atragantan cuando les formulé mi petición: cinco coches cama, dos coches salón con instalación de 110 voltios para poder hacer jam sessions, un coche restaurante -querían darme un coche cafetería- tres plataformas y dos locomotoras diesel de 150 toneladas», explicó el promotor a la prensa en 1970. De todos modos, los ejecutivos de la compañía acabaron cediendo ante la suculenta oferta de 100.000 dólares que también incluía el sueldo de los maquinistas y de nueve camareros.

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Surgen los problemas

La hoja de ruta inicial contemplaba cuatro paradas: Montreal, Toronto, Winnipeg y Vancouver. Pronto surgió una serie de problemas que acabó por lastrar las finanzas de los organizadores, quienes esperaban obtener unos beneficios de al menos 250.000 dólares. Estaba previsto que el Festival Express hiciese su debut el día de San Juan en Montreal. Pero unas semanas antes de la fecha señalada, Lucien Saulnier, presidente del comité ejecutivo de la ciudad, prohibió la celebración del evento al considerar que era incompatible con los festejos en honor al santo al carecer de las suficientes unidades de policía para hacer frente a posibles disturbios. Del mismo modo, fue cancelado el concierto de clausura en el Empire Stadium de Vancouver por miedo a que fuese dañado el césped artificial recién instalado. Walker propuso otra ubicación que también fue rechazada por motivos de sanidad, seguridad y organización. Finalmente optó por añadir Calgary a la programación para paliar las ya irreparables pérdidas económicas y siguió adelante sin miramientos.

La repercusión del festival de Altamont, celebrado seis meses atrás, aún coleaba y las comunidades canadienses acogieron con muchas reservas al festival dado que este tipo de eventos solía ir asociado a la llegada de miles jóvenes con ganas de desmadre. Ken Walker optó por cubrirse las espaldas ante futuribles problemas e invirtió 27.000 dólares en contratar a policías en horas fuera de servicio para velar por la seguridad de los ciudadanos y del público asistente. En concreto, se establecieron varios turnos de vigilancia en los que tomaron parte cuatrocientos agentes. Del mismo modo, los organizadores entraron en contacto con instituciones sanitarias locales para lidiar con las previsibles intoxicaciones por LSD y otras drogas.

El M4M y el precio de las entradas

Con todo, aún quedaba un cabo suelto. La Eaton-Walker Associates se tropezó con un hueso duro de roer que acabó por precipitar la debacle del Festival Express. En ocasiones anteriores, como sucedió en Woodstock o en Altamont, diversos grupos radicales habían solicitado que la entrada a los conciertos fuese gratuita. Esta protesta fue capitalizada en Canadá por el May 4th Movement, bautizado así en recuerdo de las víctimas de la masacre de la Universidad de Kent State. Se trataba de un grupo de estudiantes y ciudadanos cuya base de operaciones se encontraba en el Rochdale College, una residencia de estudiantes experimental financiada con dinero público y que se había convertido en un edificio de apartamentos de alquiler en el que se daba cabida a actividades políticas y culturales. El M4M había nacido en oposición a la guerra de Vietnam, la represión policial, el desempleo y el autoritarismo en las aulas, entre otras cuestiones. Eaton-Walker Associates se convirtió en uno de sus objetivos tras la celebración del Toronto Rock and Roll Revival y del Toronto Pop Festival.

El 19 de junio el M4M hizo pública una carta en la que exigía que las entradas fuesen gratuitas y que se repartiese comida así como marihuana gratuita entre los asistentes además de suprimir la presencia policial. En caso de que estas demandas fuesen ignoradas, el colectivo ordenaba que el veinte[1] por ciento de los beneficios fuesen destinados a centros de día, equipamientos para parques y a un fondo para hacer frente a las fianzas de los detenidos del grupo. Durante los días previos a la inauguración de la gira el M4M captó la atención de los medios de prensa y distribuyó centenares de folletos en los que se animaba a asaltar las puertas del estadio CNE Grandstand de Toronto para colarse en los conciertos sin pagar y condenaba a los organizadores así como a los músicos de cobrar los precios más caros de un concierto rock en la historia de la ciudad. Cabe precisar, antes de continuar, que el precio del ticket para los dos días que el festival permanecería en Toronto era de 14 dólares con compra anticipada y de 10 para una sola jornada. «Me gustaría que viniese muchísima gente para que presenciaran este derroche de talento. Se quejaron del precio de las entradas pero haciendo cuentas era menos de un dólar por artista», matizó el músico Ian Tyson.

El diario Toronto Globe and Mail estimó que unas 2.500 personas lograron colarse en el estadio. El día 27 los partidarios del M4M se dieron cita en el exterior del recinto y provocaron disturbios que tuvieron que ser sofocados por la policía. Los artífices de la protesta lanzaron piedras, petardos y pimienta a los agentes. Un joven neoyorkino de diecisiete años fue condenado a treinta días de prisión por derribar a un policía montado de su caballo. Algunos de los chicos que lograron acceder sin entrada subieron al escenario, arrebataron el micrófono a los artistas y proclamaron sus exigencias. En un intento por apaciguar los ánimos Jerry García se ofreció a actuar gratis en el Coronation Park, sito en las inmediaciones del estadio. Estuvo acompañado por los demás miembros de Grateful Dead así como por The New Riders of the Purple Sage, Ian & Sylvia, James and The Good Brothers y la People’s Revolutionary Concert Band, un grupo afín al M4M.

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Los disturbios de Toronto provocaron un grave daño a la imagen del festival a pesar de que los conciertos cumplieron con todas las expectativas. El periodista local Bill Dampier hizo especial hincapié en la actuación de Janis Joplin y señaló que «merecía la pena el coste y más aún para ver y escuchar a Janis Joplin cantar con la insistencia y el poder de un martillo hidráulico y de generar suficiente electricidad para encender todo un estadio sólo por si misma».

La siguiente parada, en Winnipeg, tampoco estuvo exenta de polémica. El musicólogo John Einarson señala que en esta localidad tan sólo fueron vendidas unas 4.600 entradas de las 20.000 previstas. Las protestas del M4M hicieron que mucha gente se echase atrás. «Los padres estaban diciendo: “Espera. Tú no vas a ir a un sitio donde hay marihuana, revueltas y muerte”», subrayó Ken Walker. Un grupo de manifestantes pertenecientes a la New Democratic Youth trató de asaltar el recinto sin éxito. Por su parte, el University of Winnipeg Libertarian Club se opuso a la gratuidad del festival con la siguiente consigna: «Hacerlo gratis significa realmente que otros paguen por él».

El Festival Express alcanzó su destino final el 4 de julio hundido ya por completo. Por si esto fuera poco, Rod Sykes, el alcalde de Calgary en aquel momento, hizo gala de un chirriante oportunismo al pretender granjearse el apoyo de los jóvenes manifestantes sumándose a sus peticiones. «Los chicos se han comportado extremadamente bien a lo largo de todo el fin de semana y creo que sería un buen gesto por parte de Mr. Walker que les concediera la entrada gratuita», manifestó a la prensa. El regidor se presentó en el backstage del estadio McMahon donde protagonizó un encontronazo con Ken Walker, a quien llamó «basura del este» e «hijo de perra». La respuesta del promotor fue un puñetazo directo a los dientes del político. Mientras, en los alrededores una multitud arremolinada tuvo que ser disuelta de nuevo por la policía, cuya actuación se saldó con dos detenciones, por una agresión física y por amenazas verbales. La gira tocó a su fin con un concierto notable.

El batacazo del medio millón de dólares

Se sostiene que los promotores perdieron alrededor de 500.000 dólares a pesar de que tanto en Toronto como en Calgary la asistencia fue aceptable, con 37.000 y 20.000 entradas vendidas, respectivamente. Einarson afirma que el festival pasó a ser conocido popularmente como «El Batacazo del Medio Millón de Dólares». En todo momento los músicos se pusieron del lado de los promotores y criticaron con vehemencia el carácter violento de las protestas. «Fue ridículo porque era un precio de billete barato para los mejores actos de música en aquel momento», subrayó Sylvia Tyson. A parte de los disturbios generados por las protestas se respiró un ambiente de paz y concordia en el interior de los recintos. La policía adoptó una postura relajada con el consumo de drogas y tan sólo fue practicado un puñado de detenciones en casos flagrantes de tráfico de estupefacientes. Sirva como ejemplo de la distendida atmósfera la siguiente anécdota. Su protagonista, el actor canadiense Terry David Mulligan, encargado de presentar los actos en Calgary, solicitó en tono de broma «algo de hierba para el escenario» y fue respondido con un aluvión de porros ante los ojos impasibles de los agentes. Por su parte, las autoridades sanitarias, alertadas con carácter previo, tan sólo tuvieron que actuar en casos aislados y con motivo de algún que otro mal viaje.

Aunque las protestas de M4M fracasaron en sus pretensiones, lograron acaparar casi la totalidad de las crónicas periodísticas del momento, las cuales dedicaron un espacio que rayaba lo anecdótico al inconmensurable talento musical que había sido desplegado sobre los tres escenarios y a bordo del tren. Precisamente fue durante los cinco días de viaje en ferrocarril cuando acontecieron los episodios más interesantes del Festival Express. El carácter visionario de Frank Duckworth cobró forma en un viaje a la antigua usanza que se convirtió en un deleite para los músicos, acostumbrados a apenas relacionarse con otros compañeros de profesión debido a sus vertiginosas giras y apretadas agendas. Todo lo acontecido fue registrado por un equipo de rodaje. El metraje permaneció durante años acumulando polvo hasta que en 2003 se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto el documental Festival Express (ídem, 2003), dirigido por Bob Smeaton.

Un deleite para los artistas

Bob Shuster, de la oficina del manager Albert Grossman, dijo: «Woodstock fue un deleite para el público; el tren fue un deleite para los músicos». Ken Walker procuró que no faltase de nada a los artistas que decidieron sumarse al viaje en tren. Los dos coches salón fueron provistos con amplificadores y pronto se convirtieron en la principal atracción para todos los presentes. En cada uno de los dos vagones se instauró una jam casi perpetua que reunía a los músicos en función de su estilo. La música tan sólo se detuvo durante la parada de Winnipeg. «Un coche salón era para el blues y el rock y el otro para el country y el folk», comentó Sylvia Tyson. «Eran realmente salvajes. Casi consiguen contagiarme con su locura pero algo dentro de mí me decía, “No, Buddy, no puedes seguir a esta gente en lo que a eso respecta”. Me acostaba y ellos no. Acudía a mi pequeño compartimento privado a echar una siesta y regresaba y la banda aún seguía tocando, me tapaba y tocaba de nuevo hasta que volvía a caer dormido. Tomaba un pequeño trago de cerveza o whisky, pero era incapaz de mantenerme en pie con aquellos chicos. Todos fumaban porros o lo que fuera que usaban para colocarse», rememoraba Buddy Guy.

La marihuana escaseaba en el interior del tren. Los músicos procedentes de los Estados Unidos habían optado por cruzar la frontera exentos de sustancias estupefacientes. El mismo día en que habían viajado a Canadá una joven había sido detenida al intentar pasar por la aduana mil cápsulas de LSD. Ninguno de ellos quería acabar con sus huesos entre rejas. A varios roadies de la organización se les encomendó la tarea de proveer de drogas a los insignes viajeros. Sin embargo, la cantidad de hierba fue insuficiente. Apenas duró unas horas antes de que fuese consumida por completo y músicos como los Grateful Dead, que nunca bebían alcohol, asaltaron el bar diezmando las existencias. «Grateful Dead se quedó sin otras sustancias alrededor de Winnipeg y empezó a beber. No era un espectáculo muy bonito», comentó entre risas la abstemia Sylvia Tyson. «Recuerdo verme envuelto en un concurso de bebida con Janis Joplin y ser seriamente superado. Me emborraché como una cuba. Recuerdo que yo y Jerry escalamos hasta el techo de uno de esos vagones y aullamos como coyotes», rememoraba Ian Tyson. «Prometo no volver a beber nunca más, su señoría. ¿Cómo está mi cabeza? Necesito una lobotomía», enfatizó Jerry García durante una de las horribles resacas post-fiesta.

Janis Joplin actuó como una auténtica maestra de ceremonias en el tren. Se movía de un vagón a otro como un torbellino, exultante. Resulta conmovedor presenciar la escena en la que se la ve flanqueada en plena jam session por Rick Danko, Marmaduke, Jerry García y Bob Weir mientras cantan al alimón «Ain’t no more cane». La cantante de Port Arthur se encontraba en el cúspide de su carrera tras formar un nuevo conjunto, The Full Tilt Boogie Band. Sus impresionantes aportaciones durante el Festival Express, en las que desató todo su poderío -para muestra sus magníficas interpretaciones de «Tell mama» o «Cry baby»- poco o nada hacían presagiar el oscuro destino que se cernía sobre ella. Durante el viaje, estableció un estrecho vínculo con Bonnie Bramlett con quien compartía experiencias vitales similares que las habían llevado por un camino lleno de obstáculos además de un talento innato.

Mientras todo esto sucedía el tren se internaba cada vez más en las grandes praderas canadienses. A través de las ventanillas se podía observar un paisaje vasto, abrumador e inundado de tonos verdes hasta donde alcanza la vista. En el interior, la música no cesó ni un instante. «Recuerdo estar sentado en el coche bar con Joplin, ella se reía, decía que íbamos a mover el esqueleto a través del país. García se unió a nosotros. En ese punto, yo llevaba despierto unos cuatro días. Un miembro de mi equipo me preguntó si necesitaba algún estimulante, algo de speed. Así que García nos observó y dijo, “El speed mata. Y, además de eso, quiero ir a la locomotora. Quiero conducir este tren”. Así que llamó a uno de sus roadies, que hizo unas rayas de cocaína en la mesa, y nos las metimos. Le llevé a la locomotora y le dije al maquinista que quería sentarse en el asiento del conductor y accionar el pito. El maquinista dijo, “No sé si estoy autorizado para dejar que tome el asiento”. Y le dije, “Es mi tren, !hágalo! Así que Jerry tomó asiento y, a medida que atravesábamos Manitoba, tocó el pito”», narró Ken Walker.

John Einarson señala que la parada en Winnipeg después de dos días sobre ruedas fue memorable. Delaney y Bonnie Bramlett optaron por hospedarse en el hotel Sheraton y disfrutar de un tour a través de los sitios más pintorescos de la ciudad. El musicólogo sostiene que la decisión de alejarse por unas horas del tren fue tomada por Bonnie con el objeto de alejar a Delaney de los excesos. Janis Joplin, Marmaduke y Eric Andersen fueron acompañados por el periodista local Ken ingle hasta el lugar donde se reunían los hippies de la ciudad y al bar Tiny Tim. «Fuimos a un parque y allí había un grupo de gente maravillosa recostada en los alrededores y tocando la guitarra. Había hippies en una fuente y nadie los arrestaba. Quiero decir, si tú te metes dentro de una fuente en Nueva York, estarás en la cárcel en cinco minutos. Pero allí había cuarenta hippies avanzando a trompicones dentro de la fuente y permaneciendo bajo el rocío», explicó. La artista se sumó al grupo ataviada con sus abalorios y tan sólo un puñado de ellos se percató de quién les acompañaba. Los músicos fueron trasladados en autobuses hasta la piscina municipal. Allí los miembros de Grateful Dead organizaron una carrera de relevos en la que compitieron con el resto de artistas. Buddy Guy y los suyos se animaron con el water polo. «Es la primera vez que nado desde 1955», afirmó el músico afroamericano.

De vuelta en el tren las existencias de alcohol se agotaron en algún punto entre Winnipeg y la localidad de Saskatoon, donde pararon a reabastecerse. Todo el mundo se bajó del tren y acudió en tropel a una pequeña tienda de souvenirs localizada en las instalaciones de la estación. A la par, varios de los miembros de la organización fundieron 800 dólares en una licorería cercana. «!Vaya que si nos reabastecieron! El camino [a Calgary] fue toda una fiesta», enfatizó Eric Andersen. Días antes ya había sido preciso efectuar otra parada de aprovisionamiento no programada en Chapleau, donde los músicos acabaron con todo el stock de una pequeña tienda.

Un viaje memorable

Ninguno de ellos quería que se acabase el viaje. «Pasó algo curioso con respecto al tiempo. Un artista, por lo general, quiere hacer su trabajo e irse a casa. En este caso queríamos que fuese eterno», señaló el músico canadiense John Till. Su compatriota Sylvia Tyson consideraba que el trayecto había sido una locura. «Creo que fue un esfuerzo heroico. Le doy a Kenny y a Thor notas muy altas por pensar en ello y haberle dado forma juntos y permanecer al pie del cañón. Sé que Kenny y Thor son una pareja de niños ricos a los que realmente les gusta ser parte de la escena musical, pero esto va mucho más allá en términos de sólo querer pasar el rato», expresó.

Para Jerry García fue el momento más dulce de su dilatada carrera. Meses después de la vibrante experiencia pronunció las siguientes palabras para la revista Jazz & Pop: «Fue la mejor temporada que he tenido en el rock and roll. Era nuestro tren, el tren de los músicos. No había gente convencional. No había ninguna mierda del negocio del espectáculo. No había fans, tan sólo había músicos en el tren». Y continuaba comentando: «Duró unos cinco días, seis quizás, pero fue jodidamente divertido. Todo el mundo llegó a trabar una gran amistad en ese pequeño mundo. Era como una convención de músicos sin público autorizado…». Durante esta entrevista García hacía mención a la increíble fusión de talentos que tuvo lugar en el tren. Esta amalgama se hizo palpable durante los conciertos de clausura, que se convirtieron en auténticas jams. «Definitivamente, lo que empezó en el tren siguió en el escenario porque la gente se percató de las posibilidades. En Calgary terminamos, digamos, cantando todos con todos. Fue algo extraordinario», preciso Sylvia Tyson.

Ninguno de los 20.000 espectadores que asistieron al cierre del festival sabía que era testigo de un acontecimiento irrepetible. Nunca más sería posible ver a Janis Joplin compartir escenario con el resto de músicos. En el Festival Express aconteció algo asombroso. Corrían tiempos de cambio en el rock, dividido en dos corrientes: una más dura y otra que apostaba por un retorno a las raíces. «Creo que estamos en un periodo donde el arte de las actuaciones más íntimas está en declive. Nosotros somos especialmente sensibles a ello porque nuestro sonido es sutil y escurridizo, y resulta muy difícil comunicar eso en un festival donde existen numerosas variables. Cuando estás tocando al aire libre es muy difícil escuchar que están tocando los otros miembros de la banda, el sonido va y viene, y lo que es peor es que solemos estar encajonados entre grupos como Ten Years After y Led Zeppelin», comentó Robbie Robertson, de The Band.

El tren, asociado desde antaño a la figura totémica del músico errante, permitió a los partícipes revivir la experiencia de sus ídolos, de esos trovadores sobre los que recae el honor de haber sentado las bases de la música popular norteamericana. Ken Walker derrochó sus cuartos para que esto fuera así. «La cuestión no era cuánto iba a ganar, sino cuánto iba a perder. Si quisiera impresionar a alguien, hubiese grapado mi extracto financiero a mi espalda», matizó el empresario que años más tarde se vería envuelto en diversos escándalos de tráfico de armas, posesión de narcóticos e incluso un intento de suicidio a finales de los noventa. Justo antes de empezar su actuación final dentro del Festival Express Janis Joplin y Walker se intercambiaron regalos y agradecimientos. Janis, inmensamente complacida dijo: «Vuélvanme a invitar para la próxima».

Bibliografía

Libros

  • EINARSON, John. “Desperados. The roots of country rock“, Cooper Square Books, 2001.

Artículos de periódicos y revistas

  • ADAMS, James. “The tracks of his tears“, The Globe & Mail, 24 de julio de 2004.
  • CULLINGHAM, James. “Woodstock on wheels“, The Globe & Mail, 25 de mayo de 2000.
  • BENNETT, Michael. “Festival Express, a financial loss for promoter who was in it for the money“, Vancouver Sun, 24 de octubre de 1970.
  • BILLBOARD. “Festival Express marred by protest, poor attendance“, 25 de julio de 1970.
  • DALTON, David y COTT, Jonathan. “The Festival Express“, Rolling Stone, septiembre de 1970.
  • DAMPIER, Bill. “$16 ticket rock festival expects to lure 30.000“, Toronto Daily Star, 24 de junio de 1970.
  • DAMPIER, Bill. “Janis Joplin lit up the stadium by herself“, Toronto Daily Star, 29 de junio de 1970.
  • EINARSON, John. “The Festival Express“, Winnipeg Boomer Magazine, agosto de 2012.
  • GIBBS, John. “Threat of gate crashers produced limited action“, Calgary Herald, 6 de julio de 1970.
  • HAMILTON, Jacques. “Festival termed success, City police win praise“, Calgary Herald, 6 de julio de 1970.
  • SASKATOON STAR PHOENIX. “Rock financial disaster“, 3 de julio de 1970.
  • TORONTO GLOBE AND MAIL. “Called scum by mayor, promoter says“, 11 de noviembre de 1970.

Internet

Filmografía

  • SMEATON, Bob. “Festival Express“, THINKfilm, Reino Unido, 2003, 90 minutos.

[1] Algunas fuentes hablan incluso de un sesenta por ciento.

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