Steel guitar, las raíces hawaianas del country

Si usted se detiene a pensar en el melancólico y envolvente sonido de la pedal steel guitar es probable que de inmediato lo asocie con la música country. Sin duda, tendrá toda la razón del mundo. Este instrumento fue determinante en el desarrollo del western swing así como del country de Nashville o Bakersfield antes de dar el salto a otros géneros como el rock. Lo que probablemente desconozca es que sus orígenes poco o nada tienen que ver con los hillbillies de los Apalaches o con los rudos honky tonks de Texas u Oklahoma. Lo cierto es que sus raíces se hunden en un lugar mucho más exótico y alejado del continente americano: el archipiélago de Hawái.

La forma de tocar la guitarra hawaiana o steel guitar es quizá la primera técnica foránea en acaparar una gran presencia en la música popular norteamericana. Su influencia es aún palpable en varios géneros alejados por completo de sus raíces.

El origen de la steel guitar

La invención de la steel guitar es uno de los intentos más tempranos y ambiciosos por alterar las cualidades intrínsecas de la guitarra española de seis cuerdas así como por obtener vibratos sostenidos que hoy en día son posibles gracias a las guitarras eléctricas. Su desarrollo se debe en gran parte a la experimentación de los guitarristas hawaianos que durante la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a emplear afinaciones de acordes abiertos conocidas como slack-keys, consistentes en afinar determinadas cuerdas por debajo de su tono de concierto. Los pioneros de esta técnica eran en su mayoría braceros que habían comenzado a tocar la guitarra atraídos por los vaqueros españoles y mejicanos que llegaron al archipiélago durante la década de los años treinta de esa centuria.

Alrededor de 1889 un joven de la localidad de Lā’ie llamado Joseph Kekuku inventó la primera steel guitar de la historia, a la que bautizó como kīkā kila. A él se le atribuye la técnica de deslizar un cilindro de acero sobre las cuerdas mientras que el instrumento reposa colocado horizontalmente sobre el regazo (lap) del músico. Kekuku comenzó utilizando una navaja y con posterioridad un peine antes de perfeccionar su arte con un cilindro metálico pulimentado. Pretendía emular los tonos fluidos de un violín. Para compensar el zumbido que producían las cuerdas, las guitarras hawaianas –en origen construidas con madera de koa- fueron dotadas con una cejuela metálica más alta que elevaba las cuerdas media pulgada sobre el diapasón, lo que a su vez incrementaba el volumen, algo que resultaba de gran ayuda en una época en la que aún no existían instrumentos eléctricos. La steel guitar sustituyó al violín y a la flauta como principal instrumento en las orquestas hawaianas. Con el paso del tiempo la técnica de fabricación evolucionó. Las guitarras hawaianas comenzaron a ser fabricadas en metal, lo que les aportaba una mayor resonancia.

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Los pioneros

En 1898 el archipiélago de Hawái fue anexionado a los Estados Unidos después de que fuese abolida la monarquía hawaiana y de que fuese promulgada una nueva constitución al estilo estadounidense. Este acontecimiento permitió que los guitarristas locales comenzasen a disfrutar de una mayor difusión en el continente. La presencia de las primeras troupes hawaianas en los EEUU coincide con el cambio de siglo, si bien la auténtica locura por su música tardaría aún varios años en desatarse.

Resulta aventurado hablar de quiénes fueron los primeros en dar el salto al continente. Se tiene constancia de que July Paka y Tom Hennessey hicieron lo propio en 1899 de la mano de William Kuali’i, uno de los precursores de las grabaciones musicales en el archipiélago. Acompañados por Tony Zablan, Tommy Silva y David Makuakāne, Paka y Hennessey viajaron ese año a San Francisco con el objeto de grabar para Edison unos cilindros de cera que no han llegado hasta nuestros días. Paka contrajo matrimonio con Toots, una acrtiz de Broadway cuya carrera se había ido al traste después de sufrir una lesión de tobillo. Consciente del potencial de su marido y de los músicos que le acompañaban, la joven aprendió a bailar el hula y a chapurrear hawaiano para atender a los medios de prensa estadounidenses. Bajo el nombre artístico de Toots Paka Hawaiian Troupe actuaron en los vodevil más exclusivos de Chicago, Baltimore, Boston y Nueva York, llegando a cosechar un gran éxito.

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July Paka fue una figura clave. Mostró el camino a otros músicos hawaianos como Pale K. Lua, Frank Ferera, Joseph Kekuku, Ernest Ka’ai, Ben Hokea y Walter Kolomoku. Muchos de ellos nunca jamás regresaron a las islas que los habían visto crecer.

Tal es el caso de Joseph Kekuku. En 1904, cuando contaba con treinta años de edad, abandonó Hawái. Durante varios años estuvo al frente del Kekuku’s Hawaiian Quintet, conjunto con el que recorrió los Estados Unidos. En 1912 el musical Bird of Paradise se convirtió en el primer espectáculo hawaiano ofrecido por Broadway. Para muchos espectadores neoyorkinos ésta fue la toma de contacto con la música hawaiana. Su principal atractivo era Walter Kolomoku, que al frente del citado show demostró sus dotes con la steel guitar a lo largo y ancho de Norteamérica antes de ser remplazado por Kekuku. Tras el final de la Primera Guerra Mundial el musical saltó el charco y recorrió Europa durante ocho años. A su paso por Inglaterra, Kekuku grabó en Londres «Tell me more», «I’ll see you in my dreams» y «When you and I were seventeen». La historiadora Lorene Ruyman señala que gran parte de la vida de Kekuku continúa siendo un misterio. El 18 de enero de 1932 falleció en Dover (Nueva Jersey) después de toda una vida dedicada a los escenarios y a la docencia.

Frank Ferera desembarcó en los Estados Unidos en 1902. Descendiente de una familia portuguesa que había emigrado a Hawái, fue el primer guitarrista del archipiélago en alcanzar la categoría de estrella. La gran oportunidad para Ferera llegó en 1915. Ese año San Francisco acogió la celebración de la Panama-Pacific International Exposition, una feria en la que Hawái contaba con un pabellón donde, además de mostrar a los norteamericanos todo su potencial turístico, les daba a conocer su folclore y música. El edificio contaba con un escenario en el que a diario actuaba para centenares de personas el Royal Hawaiian Quartet, dirigido por Keoki E. Awa’i, quien tuvo la deferencia de invitar, entre otros, a Ferera para que le acompañase. Durante los siete meses que la exposición permaneció abierta al público el cuarteto y sus músicos invitados actuaron ante unos diecisiete millones de espectadores. Este hecho supuso el impulso definitivo para los grupos hawaianos.

Tras la exposición internacional Ferera formó un dúo artístico con su esposa, Helen Louise Greenus, la hija de un magnate de Seattle que fascinada por el exotismo de la música hawaiana aprendió a tocar el ukelele y la steel guitar. Juntos recorrieron durante los siguientes cuatro años el circuito nacional de vodevil y grabaron numerosos discos para varios sellos discográficos. Su hit «Drowsy waters» vendió unas 300.000 copias, veinte veces más de lo habitual en aquella época. Sin embargo, su sociedad artística se truncó de un modo trágico. Durante la madrugada del 12 de diciembre de 1919, Helen Lousie desapareció en el océano mientras el matrimonio navegaba entre Los Angeles y Seattle a bordo del vapor SS President. El guitarrista continuó con su carrera acompañado por otros músicos como Anthony Franchini, Annette Hanshaw o Vernon Dalhart. Con este último grabó en 1924 para el sello Victor la balada «Wreck of the old 97», considerada la primera canción country en vender un millón de copias. Ferera abandonó la música durante la década de los años treinta y falleció en 1951.

La locura hawaiana se desata

La Panama-Pacific International Exposition desató una auténtica locura por la música hawaiana. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial el mercado pop se había saturado con sones inspirados en las islas. Ejemplo de ello fue la publicación en 1915 en Tin Pan Alley de trabajos como «On the beach of Waikiki» o «Hello, Hawaii, how are you?». Los guitarristas nativos supieron sacar partido de este boom. Por su parte, el impacto entre los norteamericanos fue considerable. Almacenes como Sears pusieron a disposición de sus clientes el nuevo instrumento y las steel bars. Ambos productos podían ser adquiridos por correo. Asimismo, el público comenzó a solicitar clases de ukelele y steel guitar, lo que amplió el espectro laboral de los músicos recién llegados desde el archipiélago.

La steel guitar se extendió con gran rapidez por todo el mundo. Los marineros mercantes hawaianos llevaron el instrumento a sitios tan dispares como China, Japón, Australia, América del Sur o Indonesia. La introducción de la steel guitar en los EEUU estuvo marcada en origen por el desconocimiento. Atendiendo al modo de tocarla, los habitantes del continente la rebautizaron como lap steel. Los músicos de blues, bluegrass y folk se apropiaron de la steel guitar y la modificaron para que se adaptase al banjo. En los años veinte del siglo pasado era ya común que las bandas convencionales de baile contasen entre sus miembros con un guitarrista de estilo hawaiano.

En el sur de los Estados Unidos los bluesmen comenzaron a emplear afinaciones de acordes abiertos en sus guitarras acústicas de cuerdas de acero y desarrollaron la técnica del slide o bottleneck. Coincidiendo con la ingente demanda, el luthier alemán Hermann Weissenborn comenzó a fabricar en Los Angeles guitarras hawaianas de madera de koa y con el mástil hueco en la mayoría de los casos. Durante toda la década de los veinte manufacturó unos 5.000 instrumentos antes de que la llegada de las guitarras resonadoras y eléctricas llevasen su negocio al traste. Weissenborn falleció en 1937 ahogado por las deudas. Por su parte, los conjuntos hillbilly empezaron a utilizar una versión primigenia del dobro, que empezaría a ser comercializado en 1928 por los hermanos John y Emil Dopyera al añadirle un resonador a la tapa anterior de una guitarra acústica.

La segunda oleada

La atracción generada por la steel guitar propició la llegada a los EEUU de una nueva generación de músicos hawaianos durante la década de los años veinte. En esta segunda oleada se enmarcan guitarristas tales como Lani McIntyre, «King» Bennie Nawahi, Sam Ku West o Sol Ho’opi’i, quien es considerado el mejor intérprete que ha dado la steel guitar. En 1927 la Columbia construyó en Honolulu un estudio con el objeto de explotar el nuevo nicho de mercado. Apenas un año después la Brunswick también desembarcó en el archipiélago. La mayoría de las grabaciones hawaianas posteriores a la Primera Guerra Mundial son valses lentos y hulas carentes de un intrincado trabajo de guitarra. Los guitarristas nativos de este periodo destacan por un majestuoso empleo del single-string, técnica que se asocia a otros músicos más afamados, como es el caso de Lonnie Johnson o del mismísimo Django Reinhardt.

Sol Ho’opi’i nació en 1902 en el seno de una familia numerosa afincada en Honolulu. Autodidacta, debutó con apenas diecisiete años de edad junto a Johnny Noble y su orquesta. En 1919 Ho’opi’i se trasladó a San Francisco y cinco años después a Los Angeles, donde constituyó un trío junto a Lani McIntyre y Gleenwood Leslie. Su nombre no tardó en sonar con fuerza en los clubes nocturnos de la ciudad y llegó a los oídos del actor Hoot Gibson, toda una autoridad en el género western. Éste le introdujo en Hollywood, donde puso música a numerosos films y donde actuó junto a una banda de country. Sus años más prolíficos fueron los comprendidos entre 1933 y 1938, época en la que grabó para sellos como Decca o Brunswick cortes como «Hula girl» o «Ten tiny toes».

En 1931 el tejano George Beauchamp diseñó la primera guitarra eléctrica de la historia, la A22 «Frying Pan». Un año después la compañía RoPat-In -más tarde Rickenbacker– comenzó a comercializarla revolucionando por completo al mundo de la música. Se sostiene que Sol Ho’opi’i fue el primer guitarrista en tocar el novedoso instrumento ante un público. El hecho tuvo lugar durante un acto benéfico para recaudar fondos con el objeto de iniciar la producción industrial de la «Frying Pan». En 1938 abandonó la música pop, se convirtió al cristianismo y se unió a la causa de Aimee Semple McPherson, fundadora de la evangelista Foursquare Church, a quien acompañó en sus viajes predicadores por los EEUU. Falleció en 1953.

Ho’opi’i, además de destacar por un depurado virtuosismo, fue indispensable en el trasvase que tuvo lugar entre la música hawaiana y el country. Su peculiar estilo prendado de un sonido envolvente y melancólico supuso una fuente de inspiración para muchos artistas country. A todo esto cabe sumar el hecho de que Lani McIntyre inició una suculenta carrera en el country and western después de abandonar su sociedad con Ho’opi’i. McIntyre grabó durante los años treinta numerosos temas junto a Jimmie Rodgers. Entre ellos cabe citar «Moonlight and skies», «I’m lonesome too» o «The one rose (That’s left in my heart)». Su colaboración con la primera gran estrella del country fue determinante para que la steel guitar pasase a ser considerada un instrumento estándar dentro del género.

Ho’opi’i también inspiró a otro brillante guitarrista, Roy Smeck, conocido popularmente como «El Hechicero de las Cuerdas». Smeck adoptó la guitarra hawaiana tras los pasos de Ho’opi’i y se convirtió en el guitarrista country de vodevil más popular de los años veinte, con hits como «My little grass shack» o «Limehouse blues». A título de curiosidad, Smeck fue junto a Sam Moore el único guitarrista que empleó la octacorda -una steel guitar de ocho cuerdas- en el circuito vodevil. Falleció en 1994. El documental «The Wizard of the Strings», nominado a los Oscar en 1985, da testimonio de su talento.

Este artículo estaría incompleto sin una mención a «King» Bennie Nawahi, quien fue capaz de hacer sombra a Sol Ho’opi’i. Nawahi aprendió a tocar la steel guitar en las calles de Honolulu, donde actuaba a cambio de un puñado de peniques. En 1919 cruzó el océano junto a Ho’opi’i y otros músicos para establecerse en EEUU. Allí fue proclamado «El Rey del Ukelele». Décadas antes de que Jimi Hendrix sorprendiese a propios y extraños tocando la guitarra con sus dientes o colocada sobre su espalda, Nawahi ya se pavoneaba con auténticas extravaganzas como tocar el ukelele con sus pies. En 1928 comenzó a grabar para numerosos sellos formando parte de bandas como King Nawahi & The International Cowboys y compartiendo estudio con los futuros Sons of the Pioneers, los encargados de popularizar la magnífica «Tumbling tumbleweeds». Nawahi se encontraba en la cresta de la ola cuando, una noche de 1935, se quedó ciego de repente mientras conducía su auto camino de una actuación. A pesar de que la ceguera fue permanente, no impidió que siguiese tocando hasta los años setenta ni que en 1946 batiese un récord de nado para invidentes tras cubrir veintidós millas náuticas entre San Pedro y la Isla de Santa Catalina. Ahí es nada.

El western swing

La música hawaiana y el country estrecharon lazos a mediados de los años treinta. En 1935, el trombonista y guitarrista de jazz Bob Dunn se convirtió en el primer steel guitarist del western swing. Este estilo nacido en los años veinte en el Suroeste de los EEUU es una amalgama de música cowboy, swing, dixieland jazz, polka, folk y blues que tuvo gran éxito en los clubes de Texas, Oklahoma y California hasta que el impuesto con el que eran gravados los locales nocturnos durante la Segunda Guerra Mundial propició su declive. Dunn adquirió el carácter de pionero al registrar el 27 de enero de 1935 junto a Milton Brown & His Musical Brownies la primera grabación comercial con un instrumento amplificado eléctricamente. A lo largo de ese mes el conjunto grabó veintiséis cortes entre los que se incluye el instrumental «Taking off», que causó gran impacto entre el resto de músicos del country and western.

El western swing fue el campo ideal para la experimentación con la steel guitar. Los modelos acústicos cayeron en desuso debido a que generaban problemas de acoplamiento. Se le incorporaron patas, pasando a ser llamada console steel guitar. Asimismo, se le añadió un mástil adicional para poder disponer de diferentes afinaciones al momento y pasó de seis a ocho cuerdas por mástil. En 1939 el músico Alvino Rey, que ya había colaborado en el desarrollo de la primera guitarra eléctrica de Gibson, la ES-150, contribuyó en el diseño de la primera pedal steel guitar, que cuenta con pedales para permitir que el intérprete presione una o más cuerdas en combinación, y con ello, pueda cambiar la afinación del instrumento durante la ejecución.

Noel Boggs es, sin lugar a dudas, uno de los grandes virtuosos de este estilo. Tocó junto al truculento Spade Cooley y al legendario Bob Wills & His Texas Playboys. Boggs se apoyó en la amistad que profesaba a Charlie Christian -uno de los primeros guitarristas electrificados del jazz- para transcribir sus solos a canciones como «Flying home» o «Good enough to keep» con el fin de crear arreglos para tres guitarras diferentes. Boggs, cuya agilidad le permitía pasar de un mástil a otro durante un solo, comenzó tocando una «Frying Pan» antes de que en 1946 Fender le agasajase con su primer steel guitar.

Leon McAuliffe es otro de los guitarristas más afamados del western swing. Fue integrante de la banda seminal Light Crust Doughboys y también formó parte de los conjuntos de Bob Wills y de Milton Brown antes de tener su propio grupo. Versado en el empleo de la steel guitar de varios mástiles, se hizo famoso por sus solos, dejando constancia de su inmenso talento en canciones como «Steel guitar rag».

Un periodo de innovación

Como fenómeno pop, la música hawaiana y sus derivados no lograron sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la steel guitar, ya plenamente integrada dentro del country, continuó siendo desarrollada hasta alcanzar en los cincuenta su mayor grado de perfección.

El ex motociclista y fabricante de las motos Crocker, Paul Bigsby, fue una figura clave durante este periodo. Su pasión por el motor y por la música country hizo que en la década de los cuarenta entrase en contacto con el cantante Merle Travis. Pionero en la fabricación de guitarras eléctricas de cuerpo sólido, sirvió como fuente de inspiración para otros fabricantes, como es el caso de Leo Fender. En 1946 el guitarrista Joaquin Murphey requirió sus servicios para que le construyese una steel guitar personalizada. La calidad del instrumento manufacturado por Bigsby llamó la atención de otras estrellas del momento, que pronto acudieron a él. Es el caso de Speedy West, quien a principios de 1948 recibió de manos de Bigsby una pedal steel guitar de triple mástil y cuatro pedales, toda una joya del diseño. La marca Bigsby se convirtió pronto en sinónimo de calidad y su creciente fama acabó por convertirse en un arma de doble filo. Y es que, la ingente demanda y su método de trabajo, completamente artesanal, acabaron por saturar su negocio, viéndose obligado a aceptar los encargos con una lista de espera de unos dos años y a trabajar a destajo para construir una guitarra al mes hasta que, debido a problemas de salud, se retiró a mediados de los sesenta.

No obstante, los diseños de Bigsby tan sólo fueron un paso más hacia modelos cada vez más complejos. En 1952 Zane Beck añadió palancas de rodilla a la console steel guitar, lo que incrementó aún más la dificultad de su empleo. Este nuevo mecanismo permite bajar el tono de las cuerdas en lugar de subirlo. Tan sólo unos meses después Bud Isaacs añadió un pedal a uno de los mástiles de su steel guitar y lo configuró para que fuese posible cambiar el tono de dos cuerdas a la vez. En la canción «Slowly» de Webb Pierce, un auténtico éxito, Issacs da luz al sonido actual de la pedal steel guitar.

El modelo de Bud Isaacs continuaba siendo demasiado rígido para las nuevas exigencias musicales. En 1956 Buddy Emmons realizó una revolucionaria aportación a la pedal steel guitar al dividir la función de los pedales que cambiaban el tono de varias cuerdas. Emmons utilizó este modelo por primera vez en la canción «Half a mind (To leave you)», de Ernest Tubb. Ese mismo año fundó junto a «Shot» Jackson la compañía Sho-Bud y comenzó a diseñar nuevas guitarras a la par que ejercía como músico de sesión en Nashville. Coincidiendo con esta contribución, el guitarrista Jimmy Day solicitó a Bigsby otro formato que, aunque tiene el mismo efecto que el de Emmons, invierte el cometido de los pedales. Desde entonces, los fabricantes de pedal steel guitars ofrecen a sus clientes la posibilidad de estructurar sus instrumentos con una de las dos configuraciones: Emmons o Day.

El nuevo sonido

La evolución mecánica llevada a cabo a lo largo de los años cincuenta convirtió a la pedal steel guitar en un instrumento de suma complejidad que requiere el empleo simultáneo de ambas manos, ambos pies y, en ocasiones, las dos rodillas. Asimismo, abrió las puertas a un nuevo sonido presente en campos tan dispares como el jazz moderno o el country rock.

A finales de los sesenta, la música popular norteamericana experimentó un regreso a sus raíces después de un periodo marcado por la experimentación durante la explosión psiquedélica. En California prosperó una fructífera escena country rock profundamente influenciada por el Bakersfield Sound y entre cuyos precursores cabe citar a The Flying Burrito Brothers. En sus filas militó «Sneaky» Pete Kleinow, quien exploró los límites sonoros de la pedal steel guitar. Su labor influyó a otros guitarristas contemporáneos como Al Perkins, Rusty Young, Jay Dee Maness, Buddy Cage, Paul Franklin o Jerry García.

A partir de los setenta la pedal steel guitar permeó otros estilos como el pop, la música electrónica o el rock alternativo dejando constancia de sus innumerables posibilidades. Paralelamente, su presencia en el country fue a menos. Esta situación se ha ido revertiendo poco a poco durante los últimos años gracias a músicos como Sonny Garrish o Russ Pahl, legatarios de la larga tradición iniciada por los guitarristas hawaianos.

BIBLIOGRAFIA

Libros

  • EINARSON, John. Desperados. The roots of country rock, Cooper Square Books, 2001.

  • KANAHELE, George S. “Hawaiian music and musicians”. University of Hawaii Press, 1979.

  • PHILIPS, Stacey. “The art of Hawaiian steel guitar”. Mel Bay Publications, 1991.

  • RUYMAN, Lorene. “The Hawaiian steel guitar and its great Hawaiian musicians”. Centerstream Publishing, 1996.

Artículos de periódicos y revistas

Anotaciones de álbum

  • Hawaiian guitar. Hot shots”. Yazoo, L-1055.

Internet

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