Gonzáles: el Altamont de la música country

El 4 de Julio se celebra con notoria solemnidad en todos los Estados Unidos. El Día de la Independencia es una buena excusa para enfatizar los valores más tradicionales de la nación norteamericana. Una jornada ideal para reunirse con los amigos y la familia, preparar una buena barbacoa, hartarse de beber cerveza, asistir a un desfile o celebración comunitaria y, cómo no, poner el broche a la festividad con un espectáculo de fuegos artificiales. También puede ser un día excepcional para asistir a un festival de música. Al menos así lo cree Willie Nelson. Desde 1972 el músico tejano organiza con carácter intermitente un pícnic que coincide con tan señalada fecha. El acto suele reunir a lo mejor de la escena musical country. Se trata de un evento donde el buen rollo y el patriotismo se dan la mano. Sin embargo, no siempre fue así. En 1976 el pícnic de Willie, celebrado a las afueras de la pequeña localidad tejana de Gonzáles, se acabó convirtiendo en un absoluto desmadre que se saldó con más de un centenar de detenciones y una muerte.

En los albores de la década de los setenta, Austin era junto a Nashville el principal polo de atracción de la música country. Aprovechando este tirón, cuatro promotores de Dallas comenzaron a hacer planes para materializar un ambicioso proyecto inspirado en el festival de Woodstock aunque sin toda su parafernalia hippie. Su intención era reunir durante tres jornadas de música al aire libre a lo más granado del country. Las fechas fijadas fueron los días 17, 18 y 19 de marzo de 1972. El lugar, un rancho localizado en una pequeña localidad próxima a Austin y llamada Dripping Springs. Durante meses, se trabajó sin descanso para dotar al lugar –un erial en medio de la nada- de electricidad y de todos los servicios precisos para acoger al evento. Incluso se llegó a sembrar césped que nunca llegó a germinar. Bajo el nombre de Dripping Springs Reunion se pretendía ofrecer un espectáculo en el que tuviesen cabida tanto hippies como rednecks. Para ello se contaba con un granado cartel que incluía a artistas de la vieja escuela como Roy Acuff, Bill Monroe, Hank Snow o Loretta Lynn y a nuevos talentos como Kris Kristofferson, Willie Nelson o Waylon Jennings.

Sobre el papel todo encajaba de maravilla. Sin embargo, los promotores pronto se quedaron sin pasta. Tan sólo Coca-Cola realizó una campaña efectiva de publicidad. El resultado fue que apenas se logró llegar a un pequeño porcentaje del público potencial. Mientras que las expectativas hablaban de unos 50.000 espectadores la asistencia real se limitó tan sólo a unas 17.000 personas. Bajo un sol de justicia y en medio de una polvorienta vaguada los asistentes disfrutaron del festival pertrechados con neveras portátiles repletas de cerveza y provistos con sillas de playa, en el mejor de los casos.

Si bien el ambiente musical fue excepcional, los organizadores fueron incapaces de alcanzar unas cifras de recaudación beneficiosas. Sin embargo, un año más tarde Willie Nelson tomó el testigo del festival promoviendo un pícnic multitudinario. El cantante y compositor tejano optó por celebrar en Dripping Springs un concierto coincidiendo con el Día de la Independencia. A él asistieron unas 40.000 personas. En vistas del éxito cosechado Nelson decidió organizar un evento itinerante y de carácter anual que ha tenido lugar de forma intermitente cada 4 de julio durante las últimas décadas.

Los primeros pícnics de Willie Nelson se caracterizaron por dar cabida a un público heterogéneo. En pleno auge del country progresivo y de la escena de Austin se apostó por reunir de un modo un tanto artificial a hippies y rednecks bajo un referente común: el arquetipo del cosmic cowboy. Entre el público era posible encontrarse con individuos de edad madura, con jóvenes hippies drogados que mostraban sus cuerpos desnudos o con cowboys adscritos al country más puntero del momento. Los intentos de Nelson para organizar las primeras ediciones de sus populares pícnics chocaron de frente con la oposición de las autoridades locales, que pretendían evitar a toda costa reuniones masivas de jóvenes en sus jurisdicciones. A todo esto cabe sumar el hecho de que los festivales se habían convertido en una fuente de acontecimientos extravagantes, como el incendio de doce automóviles durante el pícnic celebrado en 1974 en el Texas World Speedway de College Station.

La edición de 1976, que conmemoraba el bicentenario de la independencia, fue la más multitudinaria de todas. Congregó a 85.000 personas en el rancho Sterling Kelley. Este enclave se encuentra a unos once kilómetros al este de Gonzáles, que por aquel entonces contaba con una población de apenas 5.800 habitantes. Durante el otoño de 1975 el abogado local Houston Munson se había puesto en contacto con Willie Nelson para que el músico actuase en su fiesta de cumpleaños. El letrado nunca obtuvo respuesta. Meses más tarde Nelson requirió sus servicios para llevar a buen puerto un nuevo pícnic.

En aquella época la Ley de Festivales de Música de Texas regía aquellos eventos musicales cuya duración se prolongase durante más de veinticuatro horas. Willie Nelson fue requerido a cursar por escrito una solicitud de permiso ante la Corte de Comisionados del Condado de Gonzáles. Antes de que esta institución pública se pronunciase al respecto floreció en la ciudad un fuerte movimiento de repulsa orquestado por la asociación Ciudadanos por la Ley, Orden y Decencia (CLOD) y encabezado por el pastor James Darnell, de la Daystar Church. Consideraban que el pícnic suponía una amenaza para los valores de su conservadora comunidad y lo interpretaban como un asalto por parte de unos músicos forasteros y sus seguidores.

La CLOD y Darnell lograron recoger las firmas de 2.150 conciudadanos cuyo discurso, tal y como recogía en abril el periódico Gonzáles Inquirer, era el siguiente: «Permitir esta invasión es invitar a nuestros hogares a la antiamericana y anticristiana subcultura hippie. El alcoholismo y la embriaguez crónica (ya un problema terrible en nuestras escuelas), la venta o consumo ilegal de marihuana o drogas duras, la desnudez o inmoralidad, la anarquía y la falta total de respeto por los agentes de la ley, el antipatriotismo y la música grosera que suscita la vileza de la psique humana caracterizarán este “evento bicentenario”».

A todo esto cabe sumar los testimonios de varios vecinos que argüían disparatados argumentos según los cuales permitir el pícnic de Gonzáles era un auténtico disparate. Tales son los casos de un granjero que aseguró que sus gallinas dejarían de poner o el de un criador de cerdos que subrayó que sus animales podrían enfermar y no recibir a tiempo las atenciones de un veterinario como consecuencia del tráfico. Asimismo Tom Lee, un diácono de la iglesia baptista, se preguntaba qué sucedería si su padre, de cien años de edad, necesitaba atención médica el día en que las carreteras estuviesen colapsadas debido a la llegada de los fans.

Estaba claro que los chicos y chicas que asistiesen al pícnic de Gonzáles diferían en gran medida del prototipo de hippie de la Costa Oeste. Los segundos habían alcanzado años atrás su punto de inflexión y ni siquiera suponían ya una amenaza para el establishment californiano. Los primeros en cambio respiraban por primera vez -con varios años de retraso- esos aires de cambio en medio de la conservadora sociedad tejana, que una vez más se oponía a las novedades como ya había hecho durante los años cincuenta con el rock and roll.

A pesar de que Willie Nelson representaba a la cara más afable de la escena musical de Austin, la presión social fue suficiente para que el juez del condado, Henry Vollentine, decidiese negar el permiso a los organizadores. Como respuesta, fue creada una contra-organización llamada Friends of Willie y liderada por Fred Scheske. Constituida por seguidores locales y por los promotores del evento logró recoger 2.000 firmas en poco más de una semana. Asimismo, el 4 de junio el abogado Houston Munson hospedó en su rancho un acto benéfico para recaudar fondos que serían destinados a un hospital de Moulton y en el que Nelson actuó. Respaldado por este apoyo tramitó una nueva solicitud bajo la Ley de Reuniones de Masas de Texas, que regulaba los conciertos de hasta doce horas de duración y que tan sólo necesitaba la aprobación del juez del condado.

La petición fue admitida a mediados de junio y tanto la CLOD como Darnell acataron la decisión judicial. «Aunque todavía nos oponemos a la llegada de este mal a nuestra comunidad…respetaremos a la oficina del juez del condado y a su decisión», subrayó el pastor. El periodista Dave Thomas señala que, a pesar de que estaba obligado a concentrar todos los actos en una sola jornada, «Willie dijo que iba a organizar de todos modos un show de tres días, que empezaría durante la tarde del 3 de julio». El cartel que incluía a dieciocho artistas entre los que se encontraban Waylon Jennings, Leon Russell, Kris Kristofferson, Jerry Jeff Walker, David Allan Coe, B.W. Stevenson, Rita Coolidge, Jessi Colter, George Jones, Bobby Bare o Billy Joe Shaver.

Los seguidores comenzaron a llegar al rancho Sterling Kelley –entre Gonzáles y Moulton- el jueves 1 de julio. Se calcula que el sábado el número de asistentes ya ascendía a unos 85.000. «Tardamos una hora y media en llegar a Moulton y yo vivo en su carretera. Todo estaba embotellado», rememoraba en el Gonzáles Inquirer John Liford, uno de los millares de fans que acudieron al pícnic de 1976. El colapso de las carreteras de acceso también fue debido a los centenares de curiosos que se acercaron al lugar para ver lo que sucedía en el interior del recinto festivo. Los promotores anunciaron que habían vendido 135.000 entradas en las taquillas. De todos modos, una parte del público se logró colar sin pagar los diez dólares de entrada después de derribar unas vallas de seguridad.

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El calor era abrasador y, a medida que se iban acumulando horas de espectáculo, la masa de asistentes se fue descontrolando poco a poco. El número de aseos portátiles instalados resultó ser insuficiente. Frente al escenario unos seguidores comenzaron a lanzarse bengalas unos a otros. Asimismo, durante la noche del sábado se desató una pelea entre tres jóvenes karatekas y un puñado de cowboys. El consumo de alcohol y de drogas hizo el resto, propiciando no pocos incidentes. El fotógrafo Scott Newton, especializado en conciertos, fue testigo de excepción de lo acontecido y dejó constancia de ello. «El pícnic de Gonzáles fue la congregación de humanos más salvaje que he presenciado», señaló al diario local y añadió que «el calor era brutal, la multitud era brutal…No he visto nada peor. No sé por qué se torno tan salvaje. El resto de pícnics fueron fascinantes y pacíficos».

Tan sólo la lluvia logró calmar los ánimos. Durante la madrugada del lunes se desató un intenso aguacero que derribó la cubierta de lona del escenario en el que Waylon Jennings y Willie Nelson debían poner punto y final al festival. A su conclusión, el pícnic de Gonzáles se saldó con dieciocho sobredosis, quince apuñalamientos, siete violaciones, varias personas mordidas por serpientes, ciento cuarenta y siete arrestados de los cuales cuatro fueron acusados de rapto y el fallecimiento de Paul Lenden, un joven natural de Pasadena de veintiséis años de edad que se ahogó mientras nadaba en un depósito de agua. Asimismo, Dave Thomas, reportero del Austin American-Statesman, señaló que Willie Nelson fue denunciado por dos asistentes que resultaron heridos, por el propietario del servicio de ambulancias y por el dueño del rancho.

Lo sucedido tuvo amplio eco en la prensa. En mayo de 1977 el periodista Mike Reynolds comparó en la revista Crawdaddy al pícnic de Gonzáles con el festival de Altamont, donde en diciembre de 1969 uno de los Ángeles del Infierno contratados como seguridad por los Rolling Stone asesinó a Meredith Hunter, un joven afroamericano de dieciocho años de edad. Asimismo, también fue escenario de tres muertes accidentales y de numerosos robos de vehículos.

Los tristes acontecimientos acaecidos durante el pícnic de Gonzáles ofrecieron a sus detractores los argumentos ideales para reafirmarse en sus posturas con más fuerza aún si cabe. El festival orquestado por Willie Nelson se había convertido en una amenaza tangible. A pesar del chaparrón el músico optó por promover el carácter pacífico de la celebración. En un intento por lavar la imagen del evento financió la realización del film Willie Nelson’s 4th of July Picnic (ídem., 1977) en el que se ponía de relieve el lado más afable de este festejo. De este modo se retomaba un proyecto que ya había sido cancelado en 1972 debido a problemas financieros y logísticos durante el festival Dripping Springs Reunion. El director Yabo Yablonksy recurrió a metraje obtenido durante el 4 de julio de 1974 en el que la frontera entre el público y los artistas se difumina ofreciendo un interesante retrato de la era del country progresivo.

En 1977 Willie Nelson trasladó su pícnic a Tulsa (Oklahoma), donde actuó junto a Lynyrd Skynyrd y a Jerry Jeff Walker. Un año después regresó a su Texas natal, estado en el que aún sigue acogiendo su celebración en la actualidad. Tras casi una veintena de ediciones Gonzáles continúa siendo la más multitudinaria y polémica de todas.

BIBLIOGRAFIA

Libros

  • STIMELING D., Travis. “Cosmic cowboys and new hicks. The countercultural sounds of Austin’s progressive country music scene”. Oxford University Press, 2011.
  • STREISSGUTH, Michael. “Outlaw. Waylon, Willie, Kris, and the renegades of Nashville”. Itbooks, 2013.

Artículos de periódicos y revistas

  • CURTIN, Kevin. “Payback: Willie’s picnic come home”. The Austin Chronicle, 3 de Julio de 2015.
  • FORD, Rob y MCCOWAN, Erik. “Willie Nelson’s 4th of July picnic”. Gonzales Inquirer, 3 de Julio de 2014.
  • THOMAS, Dave. “40 years ago, Dripping Springs reunion helped create Austin’s musical identity”, Austin 360, 16 de marzo de 2012.

Internet

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