Doctor Clayton, una vida en el filo de la navaja

El invierno de 1947 fue de una crudeza inusitada en Chicago. Una ola de frío sacudió a la Ciudad del Viento durante la Navidad. En sus calles, los sin techo buscaban cobijo en callejones, portales y en cualquier rincón que pudiese protegerles de las gélidas temperaturas. La suerte de Peter Joe «Doctor» Clayton, un cantante de blues de vida disoluta y callejera, se agotó apenas un día después de la epifanía. Tras una década de excesos y penurias una tuberculosis se lo llevó al otro barrio dejando tras de si apenas un puñado de grabaciones, las suficientes para ser considerado una de la figuras más influyentes entre aquellos bluesmen que tuvieron el placer de conocerle en vida.

Durante décadas, los orígenes del «Doctor» Clayton fueron un misterio. La mayor parte de los datos biográficos referentes a su persona fueron contados por Big Bill Broonzy. Según éste, Clayton afirmaba haber nacido en Etiopía y ser enviado a Saint Louis (EEUU) –lo que le sirvió para ser apodado como «The Ethiopean»- para completar sus estudios. Hoy en día se sabe que esta aseveración tan sólo era una entelequia de su propia cosecha. El autor Tony Burke asegura que sus padres procedían de Sudáfrica y que el pequeño Peter Joe vino al mundo en Georgia (EEUU) el 19 de abril de 1898. Apenas existen datos referentes a su infancia. El pianista así como cantante de blues y jazz Blind John Davis aportó alguna pincelada. «Asistió a segundo grado en la escuela y podía cantar ópera, semi-clásicos, blues y todo», subrayaba.

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A principios de los años treinta, en plena Gran Depresión, Peter Joe conoció a una mujer con la que contrajo matrimonio y tuvo a cuatro hijos, según Big Bill Broonzy. Consiguió un trabajo en una factoría, lo que le reportaba el dinero suficiente para sacar adelante a sus retoños. No obstante, en una fecha indeterminada de 1937 algo cambió para siempre su vida. Broonzy afirma en su autobiografía Big Bill Blues que ese año un incendio calcinó su hogar, pereciendo en el siniestro su esposa y todos sus vástagos. Otros autores, sin embargo, sostienen que su mujer y dos de sus pequeños fueron arrollados por un tren. Sea como sea, ese suceso sumió a Clayton en la más absoluta de las miserias. Dejó atrás todo su pasado y se asentó en Chicago, donde comenzó a beber, a apostar y a merodear por los juke joints así como por los rincones más sórdidos de la ciudad. «Era un buen chico. Él no obtendría una habitación, calzaba zapatillas de tenis en invierno y dormía en mesas de billar, en callejones o en sótanos, en cualquier lugar donde pudiese, porque todo el dinero que conseguía cantando se lo bebía o lo perdía en cualquier tipo de juego», describía Broonzy.

Clayton comenzó su carrera musical en Saint Louis bajo varios nombres artísticos entre los que cabe citar Peter J. Cleighton, Joe Cleighton o Peter Cleighton. Durante sus años en Saint Louis comenzó a actuar como cantante de blues, baladas y espirituales llegando incluso a tocar en ocasiones el piano o el ukelele. Se desconoce cuando comenzó a grabar. Algunas publicaciones especializadas especulan con la posibilidad de que Clayton grabase por primera vez el 9 de septiembre de 1930 dos cortes -«Station-house-blues» y «Neckbone blues»- para el sello Vocalion de Chicago bajo el pseudónimo de Jesse Clayton. Aunque la voz registrada se asemeja bastante a la de Clayton, nunca ha sido probado tal extremo y, del mismo modo, son barajados también como posibles intérpretes Jennie Clayton y Jessie «Kaiser» Clifton.

La primera grabación atribuida a Clayton tuvo lugar el 27 de julio de 1935 para la Bluebird de Chicago. Acompañado al piano por Beatrice «Toots» Willis, Peter Joe registró seis cortes de los cuales tan sólo dos fueron publicados, «Peter’s blues» y «Yo Yo jive». La sesión para Bluebird fue un fracaso. Durante los siguientes seis años, Peter Joe permaneció alejado de los estudios. El historiador Chris Smith cree que este lapso de inactividad puede estar justificado, en parte, por el gran varapalo que supuso para Clayton la pérdida de su familia. Por su parte, Neil Slaven señala que este periodo pudo estar marcado por la desesperación. «Merodeaba por los clubs bebiendo y apostando sin pretensión alguna de conseguir un empleo», sostiene.

Su suerte cambió de nuevo en 1941. Surgió la oportunidad de grabar para la Decca. Jim O’Neals, en las notas que acompañan al magnífico recopilatorio Okeh Chicago Blues (EG 37318), afirma que Clayton acudió a Chicago acompañado de Robert Junior Lockwood para grabar con el productor afro americano Jay Mayo Williams con los arreglos del guitarrista Charley Jordan, natural de Saint Louis. El viaje en compañía de Lockwood nunca pudo ser corroborado. Lo que sí es cierto es que a su regreso a la Ciudad del Viento, Williams se encontraba en New York. El también productor Lester Melrose, de Bluebird, aprovechó su ausencia para ofrecer una audición al bueno de Clayton, quien dejó impresionados a los presentes con su peculiar voz, caracterizada por el empleo del falsete para enfatizar determinadas sílabas, el uso de la melisma heredado de las cantantes de vodevil así como con su apasionado modo de actuar y su humor. Melrose se apresuró a grabar con él antes de que regresase Williams.

El 1 de julio grabó para Okeh, Columbia y Conqueror diez canciones de su propia cosecha y de tintes autobiográficos en los que aborda temas como el alcoholismo, el proxenetismo o el juego, como es el caso de «Moonshine man blues», «Sick man blues» o «Roaming Gambler», respectivamente. En estos cortes Clayton describe con todo lujo de detalles y mediante una jerga propia de los barrios bajos a la gran tragedia americana, a la miseria a la que se ve abocada una gran parte de la sociedad afro americana que, por aquel entonces, se trasladaba en masa a las urbes del Norte y el Oeste de los EEUU para buscar empleo en las grandes factorías y, en especial, en la industria armamentística como consecuencia del estallido de la Segunda Guerra Mundial, conflicto aún ajeno para los estadounidenses y al que Clayton hace referencia en «’41 blues», corte en el que se hace pasar por un agente secreto: «This whole war would soon be over, if Uncle Sam would use my plan/ Whoo let me sneak in Hitler’s bedroom, with a razor in my hand» (Toda esta guerra terminaría pronto si el Tío Sam usase mi plan/ Whoo, déjame entrar a hurtadillas en la habitación de Hitler con una cuchilla en mi mano).

Apenas un mes y medio después de esta sesión, Clayton grabó un par de canciones más para la Okeh, una versión del «Confessin’ the blues» de Walter Brown y «Streamline love». Tras estas grabaciones Melrose sumó a Clayton a su cartera de artistas en el sello Bluebird, cuyo particular estilo ha sido menospreciado por numerosos autores. Chris Smith, autor de uno de los estudios más extensos sobre Clayton, señala que a esta compañía se le debe la creación de un sonido genuino y reconocible que reportó gran popularidad y éxito a las producciones de Lester Melrose, entre cuyos artistas se podía contar a Big Bill Broonzy, Tampa Red, Washboard Sam o Jazz Gillum. Bajo el sello de la Bluebird, Clayton grabó a lo largo de dos sesiones –el 11 de noviembre de 1941 y el 27 de marzo de 1942-sus mejores o, al menos, más conocidas canciones. Fruto de este periodo son cortes como «Doctor’s Clayton Blues», «Cheatin’ and lying blues» o el famoso «Pearl Harbour Blues».

El 7 de diciembre de 1941 la Armada Imperial Japonesa atacó por sorpresa a la base naval de los EEUU en Pearl Harbour. Este acontecimiento precipitó la intervención de los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. Casi cuatro meses después Clayton relató su peculiar versión de los hechos con «Pearl Harbour blues», una canción en la que el cantante se despacha a gusto con los japoneses y que está salpicada de estereotipos. Compuesta en un delicado momento para la sociedad estadounidense, que no dudó en internar en campos de concentración a todos sus ciudadanos de origen nipón, «Pearl Harbour blues» es una pieza única en la historia del blues con la que Clayton pretendía canalizar toda la rabia de una nación y, por qué no decirlo, de paso, conseguir un hit: «Some say the Japanese is hard fighters, but any dummy ought to know (x2)/ Even a rattlesnake won’t bite you in the back, she will warn you before he strikes his blow» (Muchos dicen que los japoneses son duros combatientes, pero cualquier tonto debería saber que (x2)/ Incluso una serpiente de cascabel no te mordería por la espalda, te advertiría antes de lanzar su ataque). Lightnin’ Hopkins se inspiraría en esta canción para su tema «December 7, 1941», referente a los mismos acontecimientos.

El principal grueso de las grabaciones conservadas de Clayton se concentra en los ocho meses comprendidos entre julio de 1941 y marzo de 1942. Tras esta última sesión, volvió a las andadas. El alcoholismo y la dejadez comenzaron a dinamitar no sólo su carrera musical sino que también su estado de salud. Su compañero, Robert Lockwood, recordaba que incluso había llegado a vagar descalzo por las calles nevadas de Chicago. Sunnyland Slim poseía recuerdos similares llegando a comentar que Clayton había sido incluso hallado durmiendo en la nieve mientras lucía sus mejores galas. A pesar de todo, Clayton llegó a gozar de gran fama. Sus excesos eran pasados por alto por los dueños de los clubes en los que actuaba dado su gran poder de convocatoria a pesar de que en más de una ocasión dejó a los promotores tirados. Slim comentaba que era tal la atracción que despertaba que habían llegado a girar juntos a bordo de un autobús en cuyos laterales había sido pintado un enorme retrato de Clayton ataviado con sus inmensas gafas y su sombrero, apariencia ésta que, según parece ser, había adoptado tras el accidente que se había cobrado la vida de su mujer y sus hijos.

Las condiciones legales en las que los músicos grababan por aquel entonces eran denigrantes, en especial para los afro americanos. Ni siquiera veían un céntimo en concepto de royalties y tan sólo cobraban por grabación. Agraviado por esta situación, James Petrillo, presidente de la Federación Americana de Músicos, declaró el 1 de agosto de 1942 una huelga contra los grandes sellos mediante la cual se prohibía grabar a los artistas afiliados al sindicato. Tan sólo estaban exentos de la prohibición los conciertos, las actuaciones en vivo en la radio y la grabación de los V-Discs, distribuidos entre las tropas. El pulso de Petrillo a la industria discográfica se prolongó hasta el 11 de noviembre de 1944. Entre sus consecuencias directas se produjo el surgimiento de pequeños sellos como Savoy o Apollo, el fin de la era dorada de las big bands y la ausencia de grabaciones del bebop más incipiente.

Peter Joe «Doctor» Clayton no volvió a pisar un estudio hasta febrero de 1946. Su regreso resultó ser un fiasco. Ninguno de los cuatro números que grabó fueron publicados. Meses después, el 7 de agosto de 1946 gozó de una nueva oportunidad, en esta ocasión para la Victor. Recuperó dos de los cortes rechazos en la sesión previa, «Angels in Harlem» y «Root Doctor Blues». En canciones como «I need my baby» trasciende la figura de un Clayton más sosegado y positivo que a principios de los cuarenta. Este optimismo se pone de relieve en «Ain’t gonna drink no more»: «I swear I’m gonn’ stop drinkin’, before liquor ruin my life,/ I swear I’m gonn’ stop drinkin’, before liquor completely ruin my life,/ I done lost all the money I ever had, I done even lost my wife» (Juro que pararé de beber antes de que el licor arruine mi vida,/ Juro que pararé de beber antes de que el licor arruine por completo mi vida,/ Perdí todo el dinero que tuve, incluso perdí a mi esposa).

Irónicamente, esa fue su última sesión. El 7 de enero de 1947 Peter Joe Clayton falleció. Tan sólo diez personas acudieron a su funeral. Big Bill Broonzy, la esposa de éste, Frances, y Tampa Red fueron los únicos que acompañaron al féretro hasta su tumba. En junio de ese mismo año Willie «Long Time» Smith grabó en su memoria la canción «My buddy Doctor Clayton», escrita por Lester Melrose y compuesta por Roosevelt Sykes. En ella se describe al difunto como «un hombre entre los hombres». Memphis Minnie también grabó ese mismo año «Day break blues», una canción en la que imitaba a Clayton. Sin embargo, el tributo más destacado fue el protagonizado por su ex compañero Sunnyland Slim quien días apenas tres semanas antes de la muerte del «Doctor» hizo su debut en solitario con una grabación bajo el nombre artístico de «Doctor Clayton’s Buddy».

Smith afirma que parte del efímero éxito de Clayton recae en los prodigiosos acompañantes de los que siempre se rodeo desde sus primeros días como músico. A nombres como los ya citados Sunnyland Slim, Big Bill Broonzy, Beatrice «Toots» Willis, Blind John Davis o Robert Junior Lockwood cabe añadir otros como Baby Doo Caston, Willie Lacey o Ollie Crawford. Denostado durante décadas por el público blanco, su gran nicho de seguidores se halla entre aquellos músicos afro americanos que tuvieron la fortuna de llegar a conocerle durante la década de los cuarenta y entre los cuales destaca B. B. King. «Bueno, el Doctor Clayton era el hombre al que solía idolatrar; casi todo lo que hacía, solía cantar con ello durante horas», enfatizaba King.

Escritor de letras memorables, cronista de los bajos fondos, bebedor empedernido, estrella musical golpeada por la tragedia, jugador sin remedio y demasiado joven para fallecer. Clayton condensa todos los ingredientes propios de una vida de leyenda. De una vida envuelta por el humo y regada con alcohol del perrero. Una vida en el filo de la navaja.

Bibliografía

Libros

  • BAS-RABERIN, Philippe. “Blues moderno”. Júcar. 1976
  • BROONZY, Big Bill; BRUYNOGHE, Yannick. Big Bill Blues, Da Capo Press, 1 de noviembre de 2000.
  • O’NEAL, Jim. Okeh Chicago Blues liner notes, Epic, EG 37318, 1982.
  • ROWE, Mike. Chicago breakdown, Eddison, 1973.

Artículos de periódicos y revistas

  • BURKE, Tony. Ain’t gonna drink no more. The story of Doctor Clayton, Blues & Rhythm, The Gospel Truth, número 24, 1986.
  • SMITH, Chris. I’m a first class root doctor, Talking Blues, números 5, 6 y 7, 1977.
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