El día que los Byrds se saltaron el guión del Opry

Sábado 15 de marzo de 1968. Como cada fin de semana, desde hace más de cuarenta años, el Auditorio Ryman de Nashville acoge una nueva grabación en directo del programa radiofónico Grand Ole Opry. El patio de butacas del teatro -convertido en el templo de la facción country más conservadora- acoge a sus fieles. Entre los invitados de la noche se encuentran viejos conocidos como Tompall & The Glasser Brothers o Skeeter Davis. En esta ocasión, y con no pocas suspicacias, también ha logrado colarse en el cartel una banda de melenudos procedentes de la Costa Oeste y que se encuentra en la ciudad grabando un nuevo y experimental álbum, The Byrds. Se trata de la primera ocasión en la que un conjunto rock actuará sobre las tablas del Ryman y en el aire se respira cierta tensión. Tan sólo una canción, «Hickory wind», será suficiente para desatar la ira de los sumos sacerdotes del country, quienes vetarán de por vida al conjunto en su querida iglesia.

Corre 1968. El Verano del Amor ya es historia y la reciente explosión psicodélica comienza a perder fuelle. Algo está cambiando. Hace apenas unos meses, en diciembre de 1967, Bob Dylan ha propuesto un retorno a las raíces de la música popular americana con su nuevo álbum, John Wesley Harding (CS 9604). Desde principios de los sesenta se ha venido fraguando poco a poco en California una nueva vertiente musical, el country rock. Músicos como Buck Owens & The Buckaroos o Merle Haggard se han convertido en los nuevos ídolos de una nueva generación que halla su fuente de inspiración en el Bakersfield Sound, un country de forajidos que no sólo bebe del western swing tejano de los años cuarenta sino que también ha tomado prestadas características propias de la música mexicana y centroeuropea. A mediados de la década, este nuevo movimiento confluye en lugares como los clubes Palomino y Trobadour (Hollywood) o en Topanga Canyon dando lugar a formaciones locales como Buffalo Springfield o The Byrds y acogiendo en su seno a otras foráneas como The International Submarine Band, procedente de Nueva York. El country, vilipendiado por los hippies y asociado a lo más reaccionario de la sociedad estadounidense, ha encontrado un nuevo nicho. Jóvenes como Chris Hillman o Gram Parsons serán los encargados de darle una nueva vuelta de tuerca como reacción al acid rock. A lo largo de ese año alrededor de media docena de discos darán buena cuenta de este fenómeno. Entre ellos se encuentra el seminal Sweetheart of the rodeo (CS 9670), el magnífico álbum de The Byrds cuya grabación les conduce a Nashville.

En el seno de la banda se habían producido numerosos choques de egos a lo largo de su breve trayectoria, de apenas tres años por aquel entonces. El primero en abandonar el barco fue Gene Clark, en 1966. Meses después, durante la grabación del álbum The Notorious Byrd Brothers (CS 9575) David Crosby hace lo propio, dejando al conjunto en chasis antes de que Clark decida regresar durante apenas tres semanas. La situación tampoco convence al batería, Michael Clarke, que también abandona dejando al grupo en manos de tan sólo dos de sus miembros fundadores, Roger McGuinn y Chris Hillman. Kevin Kelley, primo de Hillman, sustituye a Clarke. No obstante, el mayor cambio de todos está aún pendiente de producirse. Gram Parsons, que en aquellos momentos acababa de grabar el primer y único álbum de The International Submarine Band, Safe at home (LHI-S-12001), se encuentra con Hillman en un banco. Tras ese encuentro Hillman propone a Parsons unirse a los Byrds durante seis meses como músico de acompañamiento. Lo que en un principio se preveía como un simple refuerzo acaba propiciando un giro radical en el devenir de los Byrds.

byrds_opry 2Las aportaciones de Hillman a la banda habían comenzado a cobrar un marcado protagonismo tras la marcha de Gene Clark. En Younger than yesterday (CS 9442) firma en solitario cuatro canciones entre las que se incluyen «Time between» o «The girl with no name», cortes en los que comienzan a aflorar sus raíces country, las cuales se hunden en su infancia en el sur de California bajo el influjo de programas televisivos como el conducido por Spade Cooley. Por lo que respecta a Parsons, éste llegó al country de la mano del guitarrista John Nuese tras varios devaneos por la escena folk del Village neoyorkino y antes de lanzarse a su aventura en la Costa Oeste. La inclusión de Parsons en The Byrds vino como anillo al dedo para las pretensiones creativas de Hillman, que halló en él al aliado perfecto para defender ante McGuinn la idea de grabar un disco de country. «Hasta que Chris Hillman y yo nos reunimos y cantamos un puñado de canciones country McGuinn no se convenció de que sería mejor hacer una excursión country», explicaba Parsons. Cabe señalar que entre los planes que McGuinn barajaba para el sexto trabajo del grupo se encontraba grabar un álbum doble que trazara la evolución de la música contemporánea norteamericana desde el hillbilly de los Apalaches hasta el rock espacial reforzado con sintetizadores. «[…] Gracias a Dios que no hicimos eso. Encontré a un aliado en Gram y pensé, “Este chico sabe como hacer toda esta música country. Conoce a Buck Owens”», explica Hillman. «Hillman y Parsons me comentaron lo de hacer un álbum country. No lo rechace. Gram pensaba que podríamos ganarnos al público country. Él pensaba, “una vez que les gustas, ya no te dejan irte”», comenta McGuinn.

El autor John Einarson sostiene que el radical giro adoptado por la banda tras la llegada de Gram Parsons entrañaba sus riesgos de cara a un posible fracaso de ventas. La nueva formación debutó a principios de marzo en el club Ciro’s durante una fiesta organizada por el publicista Derek Taylor. Cabe señalar que este mismo local había acogido el debut de la banda tres años atrás. La actuación contó con dos espontáneos. Por una parte, Jay Dee Maness, que se sumó con su pedal steel guitar a los Byrds tras ser invitado por Parsons. Por otra, Gene Clark que, en medio de la espiral de excesos en la que se hallaba sumido, subió al escenario para acto seguido desplomarse hacia atrás contra un amplificador. Parsons siempre defendió la necesidad de contar con una pedal steel guitar en el conjunto y, a pesar de que fueron barajados varios nombres para cubrir este puesto, acabó prevaleciendo la decisión de McGuinn, quien consideraba que se escapaba del presupuesto que manejaban.

El 9 de marzo de 1968 los Byrds llegaron a los estudios de Columbia en Nashville para comenzar la grabación de su nuevo álbum, Sweetheart of the rodeo, con dos temas: una versión del «You ain’t going nowhere» de Dylan y «Hickory wind», de Parsons. Para ello contaron con el apoyo de numerosos músicos de sesión locales entre los que se encontraban John Hartford, Lloyd Green o Roy Huskey así como con la supervisión del productor Gary Usher. Por primera vez, un trabajo de los Byrds no incluiría ninguna composición original de McGuinn o de Hillman. «Estábamos tratando de hacer un álbum de country tradicional. […] Tratábamos de imitar al country pero no muy bien. Simplemente hicimos lo que queríamos», explica el propio Hillman.

Apenas seis días después, los Byrds hicieron su debut en el Auditorio Ryman gracias a la intermediación de su sello, Columbia Records. En su escenario se grababa semanalmente desde hacía más de cuarenta años el programa radiofónico Grand Ole Opry, cuyas estrictas reglas iban a misa, como quien dice. Saltárselas suponía decir adiós a labrarse un porvenir dentro del circuito country más puro, si esa es la palabra. Es por eso que los Byrds, atendiendo a las peticiones de la dirección del programa, llegaron incluso a cambiar su aspecto para ser del agrado del respetable, realmente reacio por aquel entonces a todo lo que incluyera un mínimo atisbo contracultural. Con todo los Byrds se subieron al escenario ataviados con pantalones vaqueros, camisas y con el pelo más corto de lo habitual. Antes de seguir adelante es preciso señalar que, a pesar de que ellos fueron el primer conjunto rock en actuar en el Ryman, Elvis ya había hecho lo propio en octubre de 1954. En 1973, Jerry Lee Lewis, tras años en lo más alto de las listas country, también se subiría al afamado escenario de Nashville con la condición de no interpretar un solo tema rock’n’roll, algo que incumpliría en venganza por el supuesto desprecio hacia su figura a su llegada a Nashville en 1955.

byrds_opryArropados por un tímido aplauso y envueltos por un clima de hostilidad y desconfianza, los Byrds se subieron al escenario durante la sección del programa conducida por Tompall Glaser, quien años más tarde sería uno de los principales representantes del movimiento rebelde de Nashville junto a figuras como Waylon Jennings o Willy Nelson. «Estaba un poco frío en el escenario aquella noche», recuerda McGuinn. Por su parte, Hillman comenta que «todo el mundo fue agradable y educado». «[…] Creo que todos estaban recelosos de nosotros, pero nadie decía nada», puntualiza. Lo que sucedió forma parte de la leyenda de Gram Parsons. La banda había previamente acordado interpretar dos canciones de Merle Haggard, «Sing me back home» y «Life in prison». El conjunto interpretó el primero de los temas ganándose la confianza de los presentes. Los chicos de California podían hacerlo. Pero, de repente, Parsons acabó con el breve idilio. Se acercó al micrófono, tosió y e introdujo un cambio de última hora. En lugar de interpretar «Life in prison» decidió que tocarían «Hickory wind», una canción compuesta por él. «La próxima canción es para mi abuela, quien solía escuchar el Grand Ole Opry conmigo cuando era pequeño», enfatizó. El resto de Byrds intercambiaron miradas y comenzaron a tocar como nunca el tema de Parsons. «Pensé que esto era interesante pero su decisión enfureció a Tompall», explica Hillman. Además, Parsons invitó a Lloyd Green –el guitarrista de pedal steel más destacado de aquel momento en Nashville– a subir junto a ellos al escenario. Green, a pesar de que esa decisión podría ponerle las cosas difíciles en su ciudad, le echó agallas y subió a la palestra. «Fue interesante. Tocamos y cantamos bien y Gram conectó con el publico al dedicar su canción a su abuela, lo cual dio en el clavo para el Opry», matiza Hillman. Sin embargo, y a pesar de todo, los Byrds no volvieron a actuar allí.

«Teníamos un aspecto bastante conservador en el momento en el que actuamos en el Grand Ole Opry, pero para sus estándares procedíamos de un trasfondo hippie, así que éramos sospechosos de ser simpatizantes comunistas o yo qué sé. Era incómodo», explicó McGuinn al periodista Walter Tunis en 2011 con motivo de su regreso al Opry cuarenta y tres años después. No todo fueron reproches. La cantante Skeeter Davis aprobó la osadía de Parsons. «Se nos acercó más tarde y nos comentó: “No os preocupéis por esa gente, no lo entienden”», subraya Hillman. McGuinn también recordaba en 2010 el apoyo de Davis. «[…] No parecían apreciar nuestra sinceridad haciendo música country. Tienen que recordar que [la actuación en el Grand Ole Opry] fue durante la Guerra de Vietnam y éramos percibidos como hippies. Pero entre bastidores fue diferente. Skeeter Davis nos puso bajo su protección, fue muy amable», explicaba.

La polémica no se quedaría tan sólo ahí. A continuación los Byrds fueron invitados al programa nocturno que el disc jockey Ralph Emery conducía en la emisora WSM de Nashville. Emery se mostró bronco con sus invitados, llegando a parodiar su intento por popularizar el country rock en el Grand Ole Opry e incluso llegó a negarse a pinchar el acetato de «You ain’t going nowhere». Si bien luego accedió, comentó en directo que se trataba de un corte mediocre lo cual no gustó a los Byrds, y en especial a Parsons y McGuinn, quienes semanas después compusieron «Drug Store Truck Drivin’ Man» en su honor, incluido en su álbum Dr. Byrds & Mr. Hyde (CS 9755) y cuyo estribillo reza: «He’s a drug store truck drivin man/ He’s the head of the Ku Klux Klan/ When summer rolls around/ He’ll be lucky if he’s not in town».

De nuevo en Los Angeles, los Byrds retomaron el trabajo de grabación de Sweetheart of the rodeo con la colaboración de Maness, del guitarrista Clarence White, del pianista Earl Ball y del batería Jon Corneal. El 2 de abril, coincidiendo con el inicio de una gira por el Este de los EEUU, la Columbia lanzó al mercado el single You ain’t going nowhere/ Artificial energy (CBS 3411) que fracasó en el mercado, alcanzando tan sólo un tímido puesto 75 en las listas. En mayo la banda viajó a Inglaterra, donde entró en contacto con los Rolling Stones. Apenas dos meses después, Parsons abandonó el grupo en la víspera de una gira por Sudáfrica para manifestar su repulsa por el apartheid, actitud ésta que fue puesta en duda por el resto de los miembros de The Byrds, quienes sostenían que había preferido quedarse en Londres en compañía de Mick Jagger y de Keith Richards. A esto cabe sumar la batalla legal iniciada por Lee Hazlewood, productor de The International Submarine Band, y que había puesto a Parsons en el ojo del huracán. Hazlewood, que aseguraba que Parsons se encontraba aún bajo contrato con su sello, LHI, obligó a los Byrds a retirar la voz de Parsons en tres canciones, «The christian life», «One hundred years from now» y «You don’t miss your water».

A finales de agosto de 1968 Sweetheart of the rodeo llegó a las tiendas de discos. Tan sólo fue capaz de alcanzar el número 77 en la lista de LP’s de EEUU. En Inglanterra ni siquiera entró entre los cien primeros. «Si quieres encontrar una razón psicológica detrás de todo esto, es un tipo de reacción negativa desde la escena psicodélica, de la cual estoy cansado. Fuimos influyentes iniciando este material antes de que fuera realmente apreciado y un año más tarde otros grupos consiguieron un gran éxito con ello», explicó McGuinn. Sweetheart of the rodeo sentó un precedente sin parangón. Fue la base del siguiente proyecto en común de Hillman y Parsons en común, The Flying Burrito Brothers y también sirvió como piedra de toque para el resto de grupos que a finales de los sesenta y, en especial, a principios de los setenta, surgieron al calor de la explosión del country rock así como para los siguientes proyectos de McGuinn al frente de los Byrds, acompañado entre otros por Clarence White y Gene Parsons. La actuación de los Byrds en el Grand Ole Opry se ha convertido en una de esas fechas marcadas en el calendario de la breve pero intensa historia del rock. Un auténtico crossover con el que los Byrds, y en especial Parsons, pretendían demostrar que la música no entiende de etiquetas ni de fronteras, tan sólo entiende de buenos o malos músicos.

Bibliografía

Libros

  • EINARSON, John. Desperados. The roots of country rock, Cooper Square Books, 2001.
  • ESCOTT, Colin. The Grand Ole Opry: The making of an American icon, Center Street, 1 de marzo de 2006.
  • PARSONS, Polly, HUNDLEY, Jessica. Grievous Angel: An intimate biography of Gram Parsons, Da Capo Press, 27 de octubre de 2005.
  • ROGAN, Johnny. The Byrds: Timeless flight revisited. The sequel, Rogan House, 1 de enero de 1998.
  • WOLFF, Kurt; DUANE, Orla. The rough guide to country music, Rough Guide Music, 29 de junio de 2000.

Artículos de periódicos y revistas

  • HOPKINS, Jerry. Inside the new Byrds, Rolling Stone, 11 de mayo de 1968.
  • L. BETTS, Stephen. Flashback: The Byrds flip de Opry script, Rolling Stone, 15 de marzo de 2016.
  • TUNIS, Walter. Out of the limelight, Roger McGuinn is happy with his life, music, www.kentucky.com, 22 de septiembre de 2011.
  • WYNN, Ron. How Miles Davis helped The Byrds, and why guitarist Roger McGuinn likes the internet, Nashville Scene, 27 de mayo de 2010.
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