Vinyl: los volátiles y salvajes setenta

La música popular mantiene una estrecha relación con el cine de Martin Scorsese. Ni que decir tiene que muchas de sus grandes obras establecen una perfecta simbiosis con géneros musicales como el blues, el soul o el rock. ¿Quién no recuerda, por poner un par de ejemplos, esos cuidados travellings de «Malas Calles» (Mean streets, 1973) o de «Uno de los nuestros» (Godfellas, 1990) en las que tanto el movimiento de la cámara como los personajes forjaban una perfecta comunión con la música de los Rolling Stones o de Cream, respectivamente? El director neoyorkino es -además de ser uno de los pioneros en introducir, sin cortapisas, el rock en las bandas sonoras- autor de documentales inolvidables como «El Último Vals» (The Last Waltz, 1978), en el que recoge el concierto de despedida de los legendarios The Band o como «No direction home» (íd., 2005), en el que traza la vida de Bob Dylan.

Su último trabajo vuelve por estos derroteros, en esta ocasión en forma de una serie de televisión, Vinyl, en la que se describe la cambiante industria discográfica de los salvajes años setenta. Scorsese ha sido el encargado de dirigir el episodio piloto –de dos horas de duración- y de ejercer como productor ejecutivo junto a Mick Jagger y Terence Winter, entre otros. La emisión de su primera temporada finalizó hace apenas unos días en la HBO. Si bien adolece de ciertos altibajos, Vinyl posee numerosos puntos a su favor entre los que cabe citar a un espectacular elenco de actores encabezado por Bobby Cannavale, una banda sonora capaz de despegar a cualquiera del sofá y una recreación del Nueva York de la primera mitad de los setenta rica en detalles.

Scorsese, al igual que Mick Jagger, son profundos conocedores de esa época. Como protagonistas de esos tiempos salvajes –y por qué no decirlo, de sus excesos- ofrecen un retrato tanto musical como social profusamente sustentado por un sinfín de detalles, personajes y lugares presentes en la crónica de unos años que no sólo cambiaron a la industria musical, sino que también cambiaron al arte en general. La serie -creada conjuntamente con Rich Cohen, editor de Rolling Stone, y con Terence Winter, guionista en Los Soprano o de Boardwalk Empire– destila grandes dosis de nostalgia y encumbra al rock a la categoría de sagrado. No podría ser de otro modo siempre y cuando tanto Scorsese como Jagger son los encargados de mover los hilos. No obstante, dejando atrás ese ejercicio según el cual todo tiempo pasado siempre fue mejor, Vinyl tiene la capacidad para atraer la atención tanto del fan musical más ducho como del iniciado.

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Vinyl cuenta la historia de Richie Finestra (Bobby Cannavale), el presidente de una compañía discográfica ficticia llamada American Century a la que el final de los sesenta pilla con el pie cambiado. Tras rechazar una suculenta oferta de compra hecha por Polygram, Finestra conduce a su sello y a sus sufridos socios directos hacia el abismo de la bancarrota. Sin embargo, en los sótanos más underground y en las calles más desfavorecidas de Nueva York se está cuajando una nueva revolución musical. Finestra se jugará todo a una carta en busca de ese nuevo sonido.

Acompañan a Cannavale en esta aventura de tintes épicos, a la par que grotescos, actores como Ray Romano, Jack Quaid, Olivia Wilde, Juno Temple o el hijo de Mick Jagger, James Jagger, quien encarna al líder de una banda protopunk ficticia, los Nasty Bits. Sus personajes confluyen en las electrizantes calles del Nueva York más desquiciado, por las que pululan sujetos como Andy Warhol, John Lennon, Patti Smith o Lou Reed. Todos ellos se citan en rincones emblemáticos como The Factory, el Chelsea Hotel o el Mercer Arts Center que, entre 1971 y 1973 ejerció como punto de encuentro para la escena neoyokina más underground y rompedora antes de venirse abajo, episodio que, por cierto, se recrea en el primer episodio en uno de los pasajes más extravagantes de toda la serie.

Desde las chicas Warhol a las estrellas más fulgurantes de la época pasando por toda una suerte de cazatalentos, pinchadiscos o propietarios de radios Vinyl no sólo se queda en lo superficial. Se introduce de lleno en las cloacas de una industria musical que no escapa a los tentáculos de la mafia y en la que todo vale. Matones a sueldo, pagos ilegales –payola- a dueños de radios, falsificación de datos fiscales e incluso el asesinato campan a sus anchas en una serie que, en determinados momentos, recuerda a títulos como la ya mencionada «Uno de los nuestros» o «Casino» (íd., 1995).

El personaje de Cannavale, excesivo donde los haya, hace equilibrios en la cuerda floja jugando a ser un gurú de esta industria corrompida al mismo tiempo que se empolva la nariz con más asiduidad que Tony Montana. Finestra, en continua lucha consigo mismo, compite en la pantalla con la imponente presencia de Olivia Wilde, encargada de meterse en la piel de su esposa, Devon, una antigua musa de Warhol y groupie de músicos como Jimi Hendrix reconvertida en una madre de familia frustrada por los nada discretos excesos de su marido. Ambos acaparan el mayor peso interpretativo en Vinyl con una tensa relación a punto de explotar, al igual que sucede con la escena musical descrita.

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Y es que, si hay algo que realmente destaca en Vinyl es su música. Recrea un periodo marcado por profundos cambios. En esa época, el principal eje de atención pasó de la Costa Oeste a Nueva York. La era hippie había tocado a su fin, algo a lo que sin que apenas hubiese trascendido ya se había adelantado The Velvet Underground. Ese fue el germen de una escena, con repercusiones aún en la actualidad, que Vinyl explota en cada uno de sus capítulos. Lo que acontece en los despachos y estudios de grabación de la American Century se puede extrapolar a cada una de las grandes compañías a las que el precipitado cambio de gustos de los primeros setenta cogió desprevenidas. Obcecadas en apostar por el virtuosismo propio de la música hippie o el rock progresivo que tantos éxitos les había dado, permanecían ajenas a la rebeldía y a la hiriente sinceridad del incipiente punk así como a ese nicho de mercado por explotar, la música de baile, que hacía las delicias de las apasionadas fiestas en las block parties de Harlem o de los clubs gays. Esta primera temporada describe ese momento exacto, ese lapso temporal en el que se dieron las condiciones precisas para el nacimiento del punk, la música disco o el hip-hop, en este caso de la mano de visionarios disc jockeys como Kool Herc.

Vinyl rinde tributo a esta explosión musical y a todos sus predecesores. No sólo es habitual la introducción de cortes perfectamente sincronizados con las escenas. La narración también se detiene para intercalar escenas en las que actores interpretan actuaciones de una nutrida lista de leyendas musicales de los cincuenta así como sesenta y que dejan constancia de cuales fueron las raíces y los pasos dados hasta llegar allí. Aquí se pone realmente de manifiesto ese ritual melómano y nostálgico oficiado por Scorsese y Jagger.

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