El viaje mágico de Ken Kesey

Los sesenta arrancaron con retraso. La desbordante y fantasiosa felicidad de los cincuenta parecía querer quedarse para siempre con sus suntuosas luces de neón, sus despreocupados adolescentes y su exacerbado consumismo. Sin embargo, algo estaba cambiando. En octubre de 1962 la crisis de los misiles en Cuba puso al mundo al borde de la guerra nuclear. Mientras, la participación de los EEUU en el conflicto intestino de un pequeño país del Sudeste Asiático llamado Vietnam iba en aumento. La sociedad estadounidense había comenzado a desperezarse de un placentero sueño que pronto se tornaría en pesadilla. El 22 de noviembre de 1963 todo acabó por precipitarse. Ese día tres disparos liquidaron para siempre a la inocencia de toda una generación. JFK fue su mártir.

El novelista Ken Kesey se encontraba en una estación de servicio cuando recibió la noticia del magnicidio. Acaba de asistir en Nueva York a la premier en Broadway de la adaptación de su primera novela, Alguien voló sobre el nido del cuco, y regresaba a su casa en La Honda (California). Días atrás había quedado fascinado por los preparativos de la que sería la Feria Mundial de 1964, que estaban siendo llevados a cabo en Queens. Impactado por los acontecimientos, se propuso lanzarse a la carretera junto a un grupo de amigos en un viaje de costa a costa con el objeto de empaparse con el paisaje y el paisanaje estadounidense y cuya meta sería la citada feria. Su aventura acabó convirtiéndose en una odisea de tintes legendarios que lo catapultó al estatus de gurú de la psicodelia. Kesey cambió la máquina de escribir por una cámara de 16 mm y documentó todo su periplo. Sin embargo, un abultado metraje y unos problemas de sincronización con el audio impidieron que estas cintas vieran la luz hasta 2011, año en el que Alex Gibney y Alison Ellwood estrenaron el documental Magic trip: Ken Kesey’s search for a kool place (íd., 2011), que abre una ventana a la prehistoria de la psicodelia.

Ken Kesey puede ser considerado el eslabón entre la Generación Beat y los hippies. Él mismo afirmaba ser «demasiado joven para ser un beatnick y demasiado viejo para ser un hippie». Nacido en 1931 en el seno de una familia de ganaderos, Kesey era el arquetipo de la juventud estadounidense de clase media en la posguerra. Nada presagiaba su posterior fama como profeta de las sustancias psicoactivas. Encajaba a la perfección con el perfil del chico sanote norteamericano. Jugador de fútbol americano en la universidad y aspirante a las olimpiadas como luchador, contrajo matrimonio en 1956 con su novia del instituto, Norma Faye Haxby. Su talento para la escritura afloró durante esos años. A finales de esa década ya había escrito dos novelas, End of Autumn y Zoo, que nunca llegaron a ser publicadas.

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Su confirmación definitiva como autor llegó en 1962 con la publicación de Alguien voló sobre el nido del cuco. No obstante, es preciso retroceder dos años en el tiempo. En 1960 sucedió algo que marcó al resto de su carrera. Por aquel entonces Kesey trabajaba como ayudante en el turno de noche en el hospital de veteranos Menlo Park. Su experiencia allí fue la fuente de inspiración para su conocida novela. Kesey consideraba a los internos como cautivos de una sociedad que los había apartado simplemente por actuar de un modo diferente al convencional. Los residentes de Menlo Park no sólo vivían en estado de reclusión sino que también estaban siendo objeto de un experimento basado en el empleo de drogas psicoactivas. El objeto de las pruebas era supuestamente el tratamiento de diferentes enfermedades psiquiátricas. No obstante, años más tarde se descubrió que los fines eran militares y que la CIA se encontraba detrás de todo. Kesey también formó parte de estas investigaciones como voluntario, lo que cambiaría para siempre su vida. En 1960 le fue suministrado LSD por primera vez. El documental de Gibney y Ellwood recoge en una grabación la voz de un Kesey bajo los efectos de su primer viaje de ácido, testimonio sonoro que durante décadas permaneció -junto al resto de la documentación del proyecto MKULTRA– alejado de la opinión pública. «Sentí como que estaba descubriendo un agujero que conducía al centro de la Tierra y podía ver joyas allí abajo y querías que tu gente bajase y se divirtiera», diría tiempo después.

Su novela resultó ser un gran éxito que, como ya se ha mencionado, apenas un año después fue llevada a Broadway. Años más tarde, en 1975, Milos Forman la adaptaría a la gran pantalla siendo galardonado con cinco estatuillas de la academia. En la cima de su carrera Kesey se trasladó a La Honda, punto de partida de su viaje, que tuvo lugar poco después de la publicación de su segundo libro, A veces un gran impulso. El escritor se rodeó de un heterogéneo grupo de amigos compuesto por John Babbs y su hermano Ken Babbs, un veterano que acababa de regresar de Vietnam tras prestar servicio como uno de los primeros asesores enviados allí; Paula Sundstend, una estudiante de arte de la Universidad de Oregón cuyo objetivo era encontrar trabajo en la feria de Nueva York; Mike Hagen, antiguo compañero de la universidad y cámara aficionado; Sandy Lehmann, ingeniero de sonido y ex compañero en Menlo Park; Jane Burton, profesora de filosofía en Stanford; Steve Lambrecht; Cathy Casamo, una camarera de Sausalito; George Walker; sus hermanos Chuck y Dale Kesey; el fotógrafo Ron Bevirt; y el conocido como Dr. Jimmy, un amigo de Santa Clara. Nacían de este modo los Merry Pranksters –en castellano, Los Alegres Bromistas-, grupo que a la postrer serían los encargados de plantar la semilla de la escena ácida de San Francisco.

El grupo se hizo con un autobús escolar International Harvester de 1939 al que bautizaron como FurtherMás Lejos, interpretado en el sentido más metafórico de la palabra- y se lanzaron a la carretera vestidos con los colores de la bandera estadounidense a través de los estados del Sur no sin antes sumar a sus filas a un hiperactivo Neal Cassady, el Dean Moriarty que Jack Kerouac había inmortalizado en las páginas de En el camino. Todos habían fantaseado con la idea del viaje a través de los EEUU y de sus paisajes, tal y como habían sido descritos por Kerouac. Cassady, que ya contaba con treinta y ocho años, era una suerte de leyenda viva para los Merry Pranksters, un desbordante torrente de locuacidad capaz de conducir sin descanso durante días enteros gracias al consumo de speed.

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Más allá del viaje propiamente dicho, la aventura de los Merry Pranksters se convirtió en un experimento social que sentaría las bases del posterior movimiento hippie. La visita a la Feria Mundial, motivo por el cual había sido planeado el viaje, resultó ser una decepción para los integrantes del grupo. Y es que, la futura sociedad que aventuraba se había quedado anticuada antes incluso de existir. Por el contrario, Ken Kesey poseía unas aspiraciones aún más ambiciosas: devolver a los estadounidenses el ánimo que les había sido arrebatado. Años más tarde, Hunter S. Thompson emprendería su particular viaje a Las Vegas para certificar la defunción de ese sueño del que también había llegado a ser partícipe a mediados de los sesenta en San Francisco.

La feria no fue la única decepción del viaje. El documental pone de manifiesto el abismo existente entre los Merry Pranksters y el profesor Timothy Leary, teórico del consumo del LSD con fines espirituales y terapéuticos. Leary -que tan sólo se reunió con Neal Cassady– criticó el carácter frívolo de Kesey y los suyos. También se pone de relieve ese salto existente entre los beatniks y los Pranksters al que el novelista hacía referencia. Mientras que Allen Gingsberg los recibió con entusiasmo, Jack Kerouac apenas manifestó interés en el grupo de jóvenes. Magic Trip muestra una fiesta celebrada en el apartamento que la bailarina Chloe Scott poseía en la Madison Avenue de Nueva York y en la que un ebrio Kerouac parece ajeno por completo a la celebración mientras sostiene una lata de cerveza.

Lejos de encontrar el rechazo de la población, los Merry Pranksters –y en particular su colorido autobús- despertaron la curiosidad de todos cuántos se cruzaron en su camino. En aquellos momentos la experimentación psicodélica aún no era perseguida con rotundidad y el grupo de Kesey ni siquiera era catalogado como hippie, tan sólo como unos fiesteros excéntricos. Del mismo modo, Further atraviesa un Sur aún dividido por la segregación racial. Resulta cuando menos anecdótico el episodio en el que los Pranksters se bañan por confusión en una playa para negros. En palabras de Kesey, deciden abandonarla por temor a desatar una revuelta. Si bien a lo largo del documental apenas trascienden referencias al posicionamiento político de los Pranksters, sí es cierto que se muestra un episodio en el que en clave de sátira piden el voto por las calles Houston para el conservador Barry Goldwater. Asimismo, el documental es un preciado testimonio sobre las relaciones sentimentales que se establecieron entre los participantes en la odisea de Kesey.

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Con cuarenta horas de metraje en sus manos y unas cintas con el audio grabadas sin tener en cuenta ninguna sincronización, Ken Babbs y Ken Kesey se vieron incapaces de llevar a buen puerto el trabajo de edición, motivo por el cual su película nunca llegó a ver la luz más allá de pequeñas proyecciones en La Honda aderezadas a ritmo de música, luces estroboscópicas y ácido. El creciente interés por estas celebraciones en el domicilio de Kesey -bautizadas como Acid Tests– obligó a los Merry Pranksters a trasladar las fiestas a Santa Cruz, a la casa de Babbs. Luego vendría San José y una larga lista de lugares que establecieron lo que Kesey bautizó como Renacimiento de Neón y que era una especie de circo electrónico en el que músicos underground, técnicos de iluminación así como de sonido, pintores y poetas confluían para dar lugar a un espectáculo sensorial en el que se servían helados o naranjadas «condimentadas» con LSD. Entre sus habituales se encontraban The Warlocks, unos primigenios Grateful Dead que acabarían convirtiéndose en la banda de cabecera de los Merry Pranksters y por ende del rock ácido. El Renacimiento de Neón alcanzó sus más altas cotas de popularidad con el Trips Festival, celebrado en San Francisco en enero de 1966 en el Longshore. En ese momento, el autobús de Kesey ya era un símbolo de la nueva escena de San Francisco, al igual que sus fiestas, en las que eran habituales todo tipo de freaks, artistas o incluso Los Ángeles del Infierno, tal y como describe Tom Wolfe en su libro Ponche de ácido lisérgico o Hunter S. Thompson en Los Ángeles del Infierno: Una Extraña y Terrible Saga.

Atendiendo a un formato basado en viejas entrevistas realizadas a los miembros de los Merry Pranksters y puestas en voz de actores, Gibney y Ellwood vierten luz sobre los albores del movimiento psicodélico. Además de narrar las peripecias del mitificado viaje de Kesey y de exponer sus consecuencias más directas con todas sus luces y sus sombras, trazan un relato inédito sobre la primerísima experimentación con los alucinógenos qué más tarde sería santo y seña de la comunidad hippie y dejan entrever los devastadores efectos del camino del exceso.

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