Chris Bell, power pop atormentado

Para muchos, la figura de Chris Bell está profundamente marcada por la tragedia. En cierto modo, razón no les falta. Bell supo como nadie poner voz y música a la alienación de los adolescentes, al amor no correspondido. Fundador de la legendaria banda de power pop Big Star, vagó durante años en busca de una puerta abierta que le diese acceso al reconocimiento que apenas logró en vida. Dicen los que le conocieron que, bajo la apariencia de un joven melancólico, introvertido y débil, se encontraba un artista dotado de una gran espiritualidad y una creatividad desmesurada que en los últimos compases de su breve existencia por fin había logrado hallar ese lugar que tanto anhelaba. Ésta es su historia.

Christopher Bradford Bell fue uno de los millones de vástagos del baby boom posterior a la Segunda Guerra Mundial. Su padre, Vernon Bell, había conocido a su madre, la inglesa Joan Bradford, cuando se encontraba prestando servicio en Inglaterra como tripulante de un bombardero de la Air Force. A su regreso a Tennessee se convirtió en un prominente hombre de negocios, primero al cargo de un salón de té y, con posterioridad, como dueño de una cadena de comida rápida llamada Danver’s. Chris Bell, el penúltimo de seis hermanos, nació en enero de 1951 y se crió en el acaudalado vecindario de Germantown, en Memphis.

Arrastrado por la ola británica

Al igual que muchos otros jóvenes de su generación recibió su bautismo musical de la mano de The Beatles, con su actuación en el Show de Ed Sullivan allá por febrero de 1964. «Ese fue, sin lugar a dudas, el gran momento para Chris», explica su hermano David Bell. Los cuatro de Liverpool acababan de encender la mecha de su apoteósica invasión de las listas estadounidenses, abriendo brecha al resto de las bandas británicas del momento y despertando en centenares de adolescentes el irrefrenable deseo de formar su propio conjunto musical. La época dorada del garage rock estallaba con todo su esplendor en todas las ciudades de la geografía estadounidense y tanto Bell como sus amigos se dejaron arrastrar por esa ola de rabia musical.

La escena garage de Memphis se encontraba en plena ebullición a mediados de los sesenta. Las fiestas con música en directo eran habituales. Cada semana había una, dos o tres de esas juergas en las que se solía contratar a una banda de músicos adolescentes. Una de esas noches, los pasos de Chris Bell se cruzaron con los de Alex Chilton, que a la postrer se convertiría en un ídolo pop al frente del conjunto The Box Tops y en uno de sus compañeros de andanzas. Por aquel entonces Bell se hallaba inmerso junto a su amigo, el bajista Bill Cunninghan, en la creación del grupo The Jynx. Inspirados por The Kinks, interpretaban versiones de los británicos así como de los Beatles. Poco después, durante una de esas veladas, Chilton se unió al conjunto y, tras varias semanas de ensayos, fue invitado a grabar unos cortes con sonido profesional en el Sonic Studio de Roland Jane, a donde nunca acudió. Las cintas fueron presentadas sin mayores repercusiones en el show Talent Party que el disc jockey George Klein conducía en la televisión local. En 1966 el grupo de deshizo y Cunninghan se unió a Chilton en The Box Tops. Mientras, Bell militó temporalmente en la banda psicodélica Christmas Future.

Durante el resto de la década Chris Bell continuó ensayando en Memphis, en la antigua casa de su familia, habilitada ahora como estudio. Sus compañeros de ensayo eran Andy Hummel -hijo de Miss America 1947 y de un ginecólogo-, Steve Rhea y Terry Manning, quien por aquel entonces ya trabajaba como ingeniero de sonido en los Ardent Recording Studios de John Fry. Manning actuó como cicerone y en 1969 le invitó a conocer las instalaciones de Ardent. Fry, al igual que él, era un fan acérrimo de los Beatles que, tras años regentando una tienda de discos instalada en la sala de costura de su abuela, acababa de dar un salto profesional abriendo un nuevo estudio en la National Street de Memphis. «La primera vez que vi a Chris, entré en la oficina y estaba sentado en mi silla, con sus pies sobre mi mesa, fumando un cigarro», recordaba John Fry en el aclamado documental Big Star: Nothing can hurt me (íd., 2013). En torno a Fry se configuró una especie de familia musical. Por su parte, Bell se encargó de introducir en ese círculo a su amigo, el batería Richard Rosebrough.

La familia de Ardent Recording Studios

Este periodo se vio interrumpido por el ingreso de Chris Bell y de su amigo Andy Hummel en la Universidad de Tennessee en Knoxville, adonde apenas permanecerían un año para regresar al Memphis con el objeto de estudiar fotografía y cine. A su vuelta a los Ardent Studios, John Fry decidió darles a conocer todos los secretos de la grabación. Del mismo modo, Chris Bell comenzó a trabajar junto a Andy Hummel, Steve Rhea y Terry Manning en un nuevo proyecto musical llamado Icewater, que ya incluía composiciones propias como «All I see is you» o «Feeling high». El grupo acudió en diciembre de 1970 a New York con una demo de tres cortes y con la esperanza de obtener un contrato comercial con Elektra, el cual nunca llegó a materializarse. Allí fueron hospedados por Alex Chilton, quien ofreció a Chris Bell la posibilidad de formar un dúo folk, propuesta que fue rechazada ya que los planes de Bell eran otros bien distintos: tocar en una banda a semejanza de los Beatles. A pesar del fracaso, Bell regresó a Memphis con la promesa de que cuando Chilton volviese a Tennessee les haría una visita. Rhea se trasladó a Dallas y su vacante en la batería fue ocupada por Jody Stephens, un viejo conocido de Andy.

Icewater fue sucedida por Rock City, una banda cuyo vocalista, Tom Eubanks, era ex miembro de Chessmen, conjunto en que también había tocado tanto Andy como Jimmy Stephens, hermano de Jody. Rock City estaba completaba por el bajista Randy Copeland y su registro abarcaba desde el hard rock de Led Zeppelin hasta el rock progresivo pasando por el glam claramente inspirado en Marc Bolan y sus T-Rex. Rock City comenzó a grabar a finales de 1970 composiciones escritas en su mayoría por Eubanks y alguna aportación de Bell.

Alex Chilton regresó a Memphis en 1971. Tras comprobar los progresos de Bell y los suyos decidió unirse a ellos. Un buen día se presentó en los Ardent Recording Studios con su guitarra de doce cuerdas y tocó la canción «Watch the sunrise». Impresionado Chris le invitó a instalarse definitivamente en Memphis y unirse a Andy, Jody y él en una nueva banda que compondría sus propios temas. En su libro A man called destruction, la biógrafa de Alex Chilton, Holly George-Warren, señala: «Ellos podrían ser como Lennon y McCartney, con la producción de John Fry en el papel de George Martin». Chilton aceptó unirse en calidad de cantante, guitarrista y compositor.

George-Warren comenta que la primera prueba de la recién nacida sociedad Bell-Chilton fue componer mano a mano una canción en la casa de Chilton. «Recuerdo que él…tenía esta canción que más tarde se convirtió en “Feel. Tenía la sección A – había planeado toda la música, pero sólo tenía la letra “Woman what have you been doin’/ The love that you’ve been stealin’ is giving me a feeling”, y eso era todo lo que tenía», recordaba Alex Chilton. Ambos lograron completar «Feel» y «Try again». Acudieron con ambas a los Ardent Recording Studios para grabarlas e incluirlas con el resto del trabajo de Rock City en el álbum en ciernes See Seven States. Chilton regresó a New York y pasado un tiempo Bell le informó de que había sido incapaz de alcanzar un acuerdo para distribuir el disco. La nueva aventura de Bell estaba una vez más condenada a desaparecer. En este caso fueron los dispares estilos de vida de Eubanks y Bell los que desencadenaron su fin. El primero, era un padre de familia con un trabajo remunerado. El segundo, por su parte, tan sólo tenía que preocuparse de actuar de vez en cuando. Eubanks acabó rompiendo su relación con la banda.

Coincidiendo con ese momento John Fry inició conversaciones con Al Bell, del sello soul Stax Records, para convertir a Ardent en su subsidiaria rock. «Él nos permitiría contratar a cualquier artista que quisiéramos y encargarnos de toda la creatividad. Ellos harían lo propio con el marketing, la promoción y la distribución», explicó Fry. La nueva banda formada por Bell, Chilton, Hummel y Stephens firmaría el primer contrato.

Big Star

Alrededor del verano de 1971 comenzaron a tocar juntos con el objeto de dar forma al que sería su primer disco. «Me había encontrado con Andy una vez o dos, y nunca había visto a Jody antes. Simplemente nos reunimos y empezamos a tocar, y yo tenía “Thirteen” y un par más de [canciones], y las aprendimos, y Chris tenía otras pocas, y las aprendimos. Siempre he sido un fan del material de Chris. Pero básicamente lo que hice fue unirme a la banda de Chris», explicó Chilton. «Alex y yo nos respetábamos mutuamente y aunque no teníamos por objetivo un sonido [específico] sí teníamos varios planes para una imagen y para el tipo de música que nos gustaba. Teníamos diferentes gustos musicales, pero respetábamos los gustos de cada uno», comentaba Chris Bell. Cabe señalar que ambos compartían intereses semejantes. Los Beatles eran su banda señera pero también se incluían otros grupos como The Rolling Stones o los Byrds. En definitiva, sus intenciones se centraban en hacer música semejante a la de mediados de los sesenta. «Chris y Alex hacían buen equipo. […] Se complementaban el uno al otro», subrayaba Richard Rosebrough.

La banda, que se bautizaría como Big Star, tomó prestado su nombre de una cadena local de supermercados. Su primer disco #1 Record (ADS-2803) salió a la luz en junio de 1972 con una gran acogida por parte de la crítica y de las emisoras FM underground. «No éramos grandes estrellas y llamarlo #1 Record antes de que fuese lanzado era un chiste. Pero, seguro, nosotros pensábamos que podría ser un gran disco», comentaba Chilton. Sus expectativas eran equivocadas. La distribución falló como consecuencia del caos en que se hallaba inmersa la Stax Records, que pocos años después se declaró en bancarrota. Aunque en su día #1 Record pasó inadvertido y apenas fue posible adquirir una copia fuera de los contornos de Memphis es una auténtica gema musical, una muestra de talento desbordado y un hálito de frescura en una época en la que el rock se desperezaba tras la era hippie. Compuesto por doce cortes de los cuales diez fueron firmados conjuntamente por Bell y Chilton –y los dos restantes por Bell-Eubanks y Hummel– se trata de un álbum enérgico y rico en texturas que versa entre el power pop de canciones como «Feel», «In the street» o «Don’t lie to me» y el pop melódico de «The Ballad of El Godo», «Thirteen» o «Give me another chance» pasando por el corte de inspiración oriental «The India song» o la folk «Watch the sunrise».

Los malos resultados de ventas originaron fricciones en el seno de Ardent Studios. Ese mismo verano, movido por el fracaso, Bell comenzó a consumir barbitúricos y tranquilizantes así como a beber ingentes cantidades de alcohol. Paralelamente, se comenzó a entablar una suerte de lucha por el liderazgo de la banda entre Chilton y Bell, que tampoco veía con buenos ojos que su compañero tocase en sus ratos libres con otros músicos de la ciudad. Del mismo modo, tampoco estaba a gusto con los lugares en los que habían sido contratados para tocar. Las tensiones en la banda iban en aumento. Bell estaba en desacuerdo con las prácticas de la Stax y acusaba a Ardent de no haber hecho lo suficiente por promocionar su álbum. Mientras, Chilton defendía la labor realizada por el sello. Por si esto fuera poco, las discusiones entre los miembros de Big Star se habían convertido en la tónica diaria.

Cuando Big Star ni siquiera había conseguido aún una gira nacional, todo saltó por los aires. Tras un concierto en Mississippi, Bell fue arrestrado por posesión de marihuana. Esa fue su última actuación con Big Star. El crítico musical Bob Mehr sostiene que Bell se había dejado la piel en el grupo y los malos resultados cosechados contribuyeron a perjudicar su salud mental. «Había puesto tal enorme cantidad de esfuerzo en la banda que el fracaso de la misma fue un golpe demoledor para él», señala su hermano. El conflicto llegó a su punto álgido después de que Bell se enzarzase en una discusión con Fry. Tras la trifulca abandonó el nuevo estudio de la compañía Ardent en la Madison Avenue y regresó más tarde para borrar las cintas multipista del #1 Record. Acto seguido se fue a su casa e ingirió un puñado de pastillas en un fallido intento de suicidio. Pasó los dos siguientes meses recuperándose en el Mid-South Hospital.

Durante su internamiento comenzaron a circular rumores sobre su continuidad en Big Star. Estos chismes acabaron confirmándose en noviembre de 1972. Sin embargo, volvió a unirse al conjunto para comenzar a grabar su segundo álbum, Radio City (ADS-1501). Los conflictos regresaron y, finalmente, abandonó la banda a finales de año. El resto de miembros harían lo propio poco después. Las ventas de Radio City fueron incluso inferiores a las de #1 Record. Tras declararse en bancarrota Stax, Columbia adquirió el catálogo del sello soul y rechazó distribuir el álbum. Chilton y Stephens se reunirían de nuevo en septiembre de 1974 para grabar el tercer y último disco de Big Star, Third/ Sister lovers (STXS-1078-1), mucho más experimental que sus antecesores.

I am the cosmos

Con apenas 22 años de edad, Chris Bell se encontraba sin banda y sin un estudio donde grabar. Su estado de salud era frágil. Pasó 1973 recuperándose de su ruptura con Big Star. Durante un viaje a Los Angeles fue animado por los críticos musicales a seguir en la brecha. Comenzó a trabajar en nuevas canciones, entre las que se encontraba la demoledora «I am the cosmos». En 1974 volvió a grabar en el pequeño estudio Shoe Productions. «Creo que quería comprobar que Ardent no era el único sitio en el que podía grabar», comenta su amigo el batería Richard Rosebrough. En enero de ese año se puso en contacto con Rosebrough y con el bajista Ken Woodley para grabar varios cortes, entre los que se encontraba «I am the cosmos», su auténtica obra maestra. «Fue la primera vez que la escuché. Recuerdo que el sonido de los cascos era espectacular, simplemente explosivo», recuerda Rosebrough. Durante esa misma sesión se grabó una versión seminal de «You and your sister» y «I don’t know».

A pesar de que las cosas comenzaban a cambiar de cariz, Bell seguía luchando contra la depresión y las adicciones. En un intento por apartarle de los malos hábitos y de relanzar su carrera musical, su hermano David Bell le llevó consigo a Europa. Durante dos años viajaron a través del viejo continente. Una de sus paradas fue el estudio Château de Hérouville, al Norte de París. Allí habían grabado, entre otros, Elthon John y Marc Bolan. A lo largo de una semana, Bell grabó allí tres nuevos temas: «Speed of sound», «Better save yourself» y «Make a scene». Además conoció allí al ingeniero de sonido Claude Harper, que había trabajado para el sello Apple. Harper le ayudó para que fuese recibido en los AIR Studios de Londres, donde trabajaba Geoff Emerick, ingeniero de los Beatles y con quien mezcló las cintas codo con codo. Durante esa visita a la capital inglesa también tuvo la oportunidad de conocer a su ídolo, Paul McCartney.

Tiempo atrás Bell había comenzado a explorar su lado más espiritual de la mano de un viejo amigo de la infancia, Earl Smith. Abrazó el cristianismo con profunda devoción y halló en la salvación la música que buscaba. Canciones como «Better save yourself» y «Look up» son testimonio de esta nueva fe a la que se adaptó su música. «La música de Bell era sobre una lucha emocional, una reacción a sentimientos que tenía dentro y que le llevaban a diferentes lugares. Algunos a lugares malos – como las drogas. Otros eran buenos – como la espiritualidad», matiza Rosebrough.

De regreso a Memphis volvió a pisar los Ardent Studios para continuar trabajando en las pistas grabadas en Francia. También se reunió con Chilton, que puso las voces de fondo en una nueva versión de «You and your sister». En 1975 decidió regresar al Reino Unido. Su hermano llamó a las puertas de varios estudios pero sólo obtuvo respuesta de Charisma and Rocket Records, los cuales manifiestaron interés en firmar un contrato para después echarse atrás. Bell pasó el resto de ese año ofreciendo numerosos bolos en Londres y Berlín, ganándose al público europeo, antes de retornar a los Estados Unidos ante las constantes negativas de la industria y la merma de sus ahorros.

Tras tocar con las bandas locales The Baker Street Regulars y Walk’n’Wall, Bell se fue de gira por la costa del Golfo de México con Keith Sykes e inviertió una gran parte de su tiempo en seguir trabajando en sus cintas. «Parecía que Chris era incapaz de encontrar la puerta abierta que buscaba. Creo que eventualmente lo aceptó. Y mientras que nunca dejó de tocar, empezó a alejarse de la idea de que [la música] era lo más importante del mundo», sostenía John Fry. Dio un giro a su vida. Experimentó una mayor inmersión en la religión que fue pareja a una mayor responsabilidad para con su familia. Durante dos años trabajó en los negocios familiares de Memphis y Atlanta pero su deseo por realizarse musicalmente siguió vigente.

Al otro lado del charco comenzaron a reverberar los primeros ecos del actual culto a Big Star. En 1978 EMI decidió reeditar en un estuche los dos primeros discos de la banda de Memphis para dar respuesta a la demanda de los coleccionistas y de los músicos británicos. A finales de ese mismo año, el renacimiento de Big Star aseguró a Chris Bell la firma de un contrato con Car Records para lanzar su single «I am the cosmos/ You and your sister» (CRR6). Con ánimos renovados, Bell retoma la composición de canciones junto a Tommy Hoehn. «Chris siempre solía decirme que [Chilton] era la única persona con la era realmente capaz de escribir. Pero parece ser que le iba realmente bien con Tommy», matiza David Bell.

Las cosas volvían a su cauce. La perseverancia de Bell parecía que finalmente iba a dar sus frutos. Sin embargo, el destino le tenía reservados otros planes. Dos días después de Navidad, a su regreso de un ensayo en el apartamento de Hoehn, Chris Bell perdió el control de su Triumph TR-7 y se estrelló contra una farola a escasa distancia de su domicilio en Germantown. Falleció en el acto. Tenía veintisiete años, la edad maldita del rock. «Yo mismo y mi hermana Sara teníamos una premonición de que iba a fallecer joven», diría años más tarde su hermano. Chris Bell fue enterrado con una copia del #1 Record, el disco en el que había puesto todas sus esperanzas y su esfuerzo. Nunca llegó a ver en vida un LP con su trabajo en solitario. No sería hasta 1992 cuando Rykodisc publicó bajo el título I am the cosmos (RCD 10222) una compilación con sus canciones. Para entonces Chris Bell y Big Star ya eran leyendas. Ya eran eternos.

Bibliografía

Libros

  • GEORGE-WARREN, Holly. A man called destruction: The life and music of Alex Chilton. From Box Tops to Big Star to Backdoor Man, Viking, 2014.

Internet

  • ANKENY, Jason. I am the cosmos, AllMusic.

Notas de álbumes

  • MEHR, Bob. Once I walked a lonely road. The journey of Chris Bell, I am the cosmos, Rhino Entertaiment Company, 2009.
  • PALAO, Alec. There’s something I want you to know, I am the cosmos, Rhino Entertaiment Company, 2009.

Filmografía

  • DENICCOLA, Drew y MORI, Oliva. Big Star: Nothing can hurt me, September Gurls Productions / Ardent Studios / The Group Entertainment, 2013.

 

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