Phil Spector y los Beatles: el largo y ventoso camino

La época dorada del rock ‘n’ roll duró de 1954 a 1959. A finales de los cincuenta, todo su empuje inicial había perdido fuelle. Durante cinco años las compañías independientes habían alimentado este fenómeno mientras que la respuesta de las grandes discográficas había sido lenta y tibia. El escenario, a finales de los cincuenta, era desesperanzador. En 1957 Little Richard había «recibido» la llamada de Dios. En marzo de 1958 Elvis Presley fue llamado a filas y no volvería a la palestra hasta dos años después. El 3 de febrero de 1959 Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper fallecían en un accidente de aviación. Ese mismo año, Chuck Berry fue acusado de mantener relaciones sexuales con una joven de catorce años, delito que pagó con dieciocho meses entre las rejas. Por si todo esto fuera poco, en abril de 1960 Eddie Cochran perdía la vida en un accidente de tráfico mientras se hallaba de gira en Inglaterra.

El productor Phil Spector vino a rellenar ese inmenso vacío existente entre la caída del rock’n’roll y el desembarco de las bandas británicas en Estados Unidos. En 1958 advirtió a todos de sus capacidades. «To know him is to love him», de los Teddy Bears, la primera canción escrita y compuesta enteramente por él, escaló hasta lo más alto del Hot 100 de Billboard. Este tema aúna todas las características que serán el sello de identidad del Sonido Spector: sencillez, frescura, ternura y unos arreglos exquisitos. Entre 1959 y 1961 Spector trabajó como productor independiente para distintas compañías y artistas en la grabación de numerosas canciones entre las que cabría citar el «Corrine, Corrina» de Ray Peterson; «Spanish Harlem», de Ben E. King; o «Pretty little angel eyes», también de Peterson. Con la lección aprendida –así como un profundo conocimiento sobre el funcionamiento de los estudios de grabación- Spector fundó en 1961 su propio sello, Philles Records. Tras una serie de lanzamientos convencionales, en 1962 comenzó a encadenar un éxito tras otro, lo que convirtió a su factoría en una maquina de generar ingresos. Vicente Escudero, autor de su primera biografía publicada en España señala: «Tiene sólo veintitrés años y ya maneja, con total control, los hilos de una maquinaria bien engrasada para hacer dinero. Phil Spector es ya un potentado que se traslada por Hollywood en Rolls Royce con chófer impecable. Cuando otros aún están empezando, Phil ya ha llegado más lejos y más arriba que la mayoría de las personas en toda una vida».

Nick Cohn, en su libro Awopbopaloobop alopbamboom, explica que «Phil Spector fue el primero en ver el pop como el refugio natural de los marginados». Su lema era «El sonido de mañana, hoy». Su sello inconfundible, «El muro de sonido» o lo que es lo mismo, una profusa instrumentación de fondo sobre la cual las voces cobran una fuerza extraordinaria. El propio Spector describía así su trabajo: «Yo buscaba un sonido tan fuerte que fuera capaz de convertir en algo potente hasta una composición mediocre. […] Mis discos tienen comienzos simples, pero terminan con fuerza dinámica, sentido e intención». Todas sus ambiciones fueron canalizadas a través de las voces de todo un elenco de artistas entre las que se encontraban Gene Pitney, Darlene Love o The Crystals, sin obviar a todo un ejército de músicos de sesión, al arreglista Jack Nitzsche y al ingeniero Larry Levine.

Eran años dorados para Spector y su activo más importante eran The Ronettes, paradigma del conjunto vocal femenino de la primera mitad de los sesenta. Escudero señala que, antes de que Spector las descubriera, se habían curtido sobre los escenarios de varios cabarets de poca monta en New York. Impresionado por sus actuaciones –y más aún por el atractivo de su cabecilla, Verónica «Ronnie» BennetSpector las contrató en marzo de 1963. En su Historia del Rock Charlie Gillett indica: «[…] las Ronettes ofrecieron una llamativa imagen visual al Sonido Spector. Con unos ojos espectacularmente maquillados, los labios muy pintados y el pelo cardado de forma grotesca, las Ronettes rezumaban una sensualidad endurecida en las calles que parecía decir ¿te atreves?». Y entonces llegó su gran éxito, «Be my baby», la obra maestra de Spector. Sumada a «Baby I love you», hizo que la popularidad de las Ronettes traspasara fronteras y dio pie a una gira por Gran Bretaña junto a los Rolling Stones, que en aquellos momentos luchaban por hacerse un hueco con el single «I wanna be your man».

Dave Thomas, autor de Wall of pain, subraya que Phil Spector era venerado por las bandas británicas. Por su parte, el individualista productor sabía de Gran Bretaña poco más aparte de lo que escuchaba en la radio. De entre las pocas bandas británicas que habían logrado hacerse un hueco en América tan sólo The Tornados habían acaparado su atención. Su productor, Joe Meek, era –al igual que Spector– un visionario paranoico que había dotado al rock instrumental de una dimensión intergaláctica. Mientras, los Beatles habían lanzado sus primeros cuatro discos en Estados Unidos sin apenas repercusión.

El 6 de enero de 1964 el tour británico de tres semanas de las Ronettes arrancó en Harrow on the Hill como segundas de un cartel encabezado por los Rolling Stones. Las neoyorkinas levantaron auténticas pasiones entre el público y entre sus compañeros de cartel. «Estábamos pasmados por sus looks, su sentido del humor y todo», subrayó Mick Jagger. Por su parte, Keith Richards explicaba: «Su actuación es realmente tremenda. No sólo cantaban. Ellas giraban y se sacudían como locas. Creo que todos los grupos americanos tienen un estilo similar, pero las Ronettes tienen algo adicional que las sitúa por encima del resto de la gente». «Fue realmente sorprendente descubrir que las Ronettes eran tan buenas como en sus discos», matizó Brian Jones. Sin embargo, frente a todo pronóstico, comenzaron a evitarlas. Ronnie, ofendida, pidió explicaciones a Andrew Loog Oldham, manager del conjunto inglés. Su respuesta fue: «Cariño, los chicos son tus mayores seguidores. A todos nos encanta charlar contigo, pero recibimos un telegrama justo antes de empezar la gira en que se nos prohíbe confraternizar contigo». Los celos de Phil Spector eran capaces de saltar el charco.

De todos modos, el encuentro que levantó más ampollas al «Magnate de la Música Quinceañera» fue el acaecido entre Ronnie y John Lennon. Las Ronettes fueron presentadas a los Beatles la misma noche en que pisaron Londres por primera vez. Albert Goldman recoge en su libro Las muchas vidas de John Lennon cuanto allí aconteció: «Una noche, durante una fiesta, aquellas jovencitas sexys habían intentado enseñar a los tensos muchachos ingleses los diez últimos bailes como el pony, el jerk o el nitty-gritty. […] George estaba más interesado en arreglárselas con Mary y John estaba que ardía con Ronnie. A última hora de la noche los Beatles ya hablaban de llevarse con ellos a las Ronettes a su próxima gira. Cuando aquella proposición llegó a oídos de Phil Spector, el productor discográfico de las Ronettes se volvió loco de celos». Y es que, a pesar de estar casado con su primera esposa, Anette, Spector ya tenía planes para convertir a Ronnie en su cónyuge.

A pesar de su aversión por las aviones, el 24 de enero Spector se plantó en Londres. Allí dio un ultimátum a la jovencita: o se iba de gira con los Beatles o grababa un nuevo single. «Él (John Lennon) amaba mi voz y el modo en que yo actuaba y Phil era lo opuesto – no le gustaban los chicos del público que me gritaban», afirmó Ronnie Spector, quien en 1968 se casó finalmente con Spector, pasando a vivir recluida en su mansión y alejada de los escenarios. Para cuando Spector llegó a Inglaterra la gira de las Ronettes ya estaba en su recta final. Instalado en el hotel Mirabelle y con un Rolls Royce a su disposición, trabó una estrecha amistad con Oldham, con los Rolling Stones e incluso con John Lennon.

Resulta curioso subrayar que, el 7 de febrero, Phil Spector regresó a New York en el mismo avión en el que los Beatles iban camino de su triunfante debut en los Estados Unidos. «Fue probablemente la única vez en que volé sin estar asustado, porque sabía que ellos no iban a morir en una avión. […] Lennon estaba con su primera esposa, y estaba muy callado. Paul hizo muchas preguntas, George era maravilloso. Fue un bonito viaje», comentó Spector. Según el productor la banda británica estaba aterrada después de lo sucedido con el asesinato de Kennedy. «Ellos realmente creían que era possible que hubiese alguien allí y que quisiese matarlos, porque estaban muy impactados», comentó. Sin ser conscientes de ello, en esa aeronave viajaban el presente (Spector) y el futuro de la música pop (Beatles). Una vez en el Aeropuerto JFK de New York, los músicos ingleses enfilaron la escalerilla del avión seguidos por Spector, aún en la cresta de la ola. La beatlemanía invadía América. Los Beatles dominaron ese año. A finales de 1964 habían logrado colocar unas treinta canciones en la lista Billboard.

Tras ellos, la invasión británica estalló con todo su esplendor. En 1963 tan sólo un disco grabado en Gran Bretaña había logrado estar entre los diez primeros de las listas estadounidenses. Por su parte, en 1964 lo lograron treinta y dos. Durante ese mismo periodo los éxitos producidos en los EEUU habían bajado en un cuarenta por ciento. De la noche a la mañana el Sonido Spector se había pasado de moda. Su «Muro del Sonido» había sido derribado gracias a los arreglos resultones y a la frescura de los conjuntos británicos. Era cuestión de renovarse o morir y la tarea se presentaba compleja después de que sus fieles letristas Ellie Greenwich y Jeff Barry decidiesen esfumarse y constituir su propio sello, Red Bird. Por si esto fuera poco, en Detroit Berry Gordy hacia que la «Joven América» enloqueciese con los cada vez más frecuentes éxitos de la factoría Tamla-Motown, cuyo último gran fichaje había sido el conjunto femenino The Supremes. Phil Spector dijo: «Desde luego, el sonido que estoy creando morirá algún día, me doy perfecta cuenta. Sí, morirá por la animosidad natural de la industria del disco. Imagino que les sienta mal que un tipo solitario funcione tan bien». El joven productor ya no estaba a la vanguardia del pop, pero aún conservaba talento y energía más que suficientes para producir su mejor trabajo hasta el momento, You’ve lost that loving felling (PHLP-4007), para los Righteous Brothers, número uno en EEUU, Gran Bretaña y Canadá.

Solitario hasta la médula, perfeccionista hasta rozar lo patológico, paranoico y tirano, Spector centró todos sus esfuerzos en dar sus pasos por nuevos caminos. En 1966 volvió a trabaja junto a Greenwich y Barry y produjo una obra cumbre del R&B, River deep, mountain high (SHU 8298), de Ike and Tina Turner. Se trataba de un trabajo sublime que, inexplicablemente, fue ignorado por las emisoras estadounidenses. «Demasiado negro para las emisoras pop y demasiado pop para las emisoras negras», diría Tina Turner. No obstante, no todo estaba perdido. En Gran Bretaña llegó a ser número tres de las listas. De todos modos, Spector encajo mal el golpe. Diego A. Manrique señala: «Spector se lo tomó como una afrenta personal. Convencido de que era víctima de un boicot, cerró el negocio y se retiró durante un par de años a su mansión de Hollywood». Tan sólo produciría tres temas más para Ike and Tina Turner y uno para las Ronettes antes de iniciar una suerte de periodo marcado por las tinieblas en torno a su figura.

Corre el año 1968. Ya han pasado cuatro años desde que los Beatles aterrizasen en América poniendo en jaque a la industria estadounidense. Las cosas habían cambiado y los buenos tiempos habían quedado atrás. Las disensiones en el seno de la banda eran palpables. Alejados de los escenarios desde 1966 se habían recluido en el estudio dando pie a su periodo de mayor experimentación pero también a un progresivo distanciamiento de su público. En medio de este clima habían comenzado a surgir los individualismos. A finales de ese año, la banda se cerró de nuevo para grabar, a petición de Paul McCartney, un nuevo álbum que perseguía el regreso de los de Liverpool a sus mejores momentos. Las sesiones transcurrieron con más pena que gloria, marcadas por las diferencias entre unos músicos cada vez más distanciados entre sí. Paralelamente, un equipo de grabación registró todo cuanto acontecía en un documental que, a pesar de ser editado con posterioridad por McCartney, fue fiel reflejo de la delicado momento que atravesaba el grupo. A finales de enero de 1969 la banda dio por finalizado el trabajo y una ingente cantidad de cintas acabó casi en el olvido mientras que ese mismo verano, el grupo grabó un nuevo disco, Abbey Road (PCS 7088). El 20 de agosto será el último día que trabajen juntos en un estudio.

Nadie se sentía con las ganas ni las energías necesarias para trabajar con ese centenar de cintas caídas en desgracia. Ni siquiera su productor, George Martin. Sin embargo, la industria era consciente de que los Beatles seguían siendo –cómo no- una suculenta fuente de ingresos. El 26 de enero de 1970 John Lennon rescató a Phil Spector –que se encontraba de visita en Londres– de su letargo para producir Instant karma (Parlophone 88 0084 7). El resultado entusiasmó al músico, cuya relación profesional con George Martin se había deteriorado a pasos de gigante. Spector dotó a la voz de Lennon de una gran densidad, anhelada desde hacía tiempo por el músico. «Creo que Phil es un gran artista y como todos los grandes artistas es muy neurótico», señaló. Spector vio este trabajo como una oportunidad de oro para introducirse en el círculo beatle y, como premio, Lennon le propone producir las cintas que todos evitaban. El resultado fue el álbum Let it be (PCS 7096). « […] siempre estuvo interesado en trabajar con los Beatles, y lo que consiguió al fin fueron las grabaciones más mierdas del mundo y encima de mala manera y, sin embargo, sacó algo decente. Hizo un trabajo buenísimo. Cuando lo vi no me dio tanto asco», dijo Lennon a la revista Rolling Stone.

El entusiasmo de Lennon contrasta con la reacción de McCartney, quien sintió que su trabajo había sido violado. A pesar de que años atrás los Beatles habían bebido, en cierto modo, de la influencia de Spector, McCartney desaprobaba la profusa orquestación de Spector y, en especial, sentía que su balada «The long and widing road» había sido ultrajada. Picado en su orgullo decidió abandonar el grupo, si bien, la barroca producción de Spector tan sólo era la gota que colmaba el vaso. La canción en cuestión alcanzó el número uno en los Estados Unidos y, el álbum, recibió el Oscar a la mejor banda sonora adaptada en 1970. A pesar de su desaprobación, McCartney acudió a la gala de entrega de los galardones en Los Angeles.

Tras la desintegración del grupo Spector trabajó también para George Harrison en su magnífico All things must pass (STCH 639), en The Concert for Bangla Desh (STCX 3385) -en el que el ex Beatle ejerció como maestro de ceremonias- y colaboró en Living in the material world (PAS10006). Así mismo, también colaboró con Lennon en el Plastic Ono Band (PCS 7124), en Imagine (PAS 10004), en Happy Xmas (War is over) (R 5970) y en el álbum revival Rock’n’roll (PCS 7169), cuya grabación acabará como el rosario de la aurora y con Phil Spector –cada vez más demente- descerrajando todo un cargador de su revolver contra el techo del estudio. Los Beatles habían precipitado el fin de su reinado. Ahora, era él quien había asistido al desmoronamiento de su grupo e incluso había contribuido en sus nuevos pasos como músicos en solitario. El resto es historia.

BIBLIOGRAFIA

Libros

  • COHN, Nick. Awopbopaloobop alopbamboom: Una historia de la música pop, Punto de lectura, 2004.
  • ESCUDERO, Vicente. Phil Spector, Los Juglares, Ediciones Júcar, 1994.
  • GILLETT, Charlie. Historia del rock. El sonido de la ciudad. Desde sus orígenes hasta el soul. Ma Non Troppo, 2003.
  • GILLETT, Charlie. Historia del rock. El sonido de la ciudad. Desde los Beatles hasta los años 70. Ma Non Troppo, 2003
  • GOLDMAN, Albert. Las muchas vidas de John Lennon, Lumen, 2010.
  • THOMPSON, Dave. Wall of pain: the biography of Phil Spector, Sanctuary Publishing, 2004.

Artículos de revistas y periódicos

  • S. WENNER, Jann. Phil Spector: The Rolling Stone interview, Rolling Stone, 1 de noviembre de 1969.
  • S. WENNER, Jann. John Lennon: The Rolling Stone interview, Rolling Stone, 21 de enero de 1971.
  • SULLIVAN, Caroline, Ronnie Spector: When I hear applause, it’s like I’m having an orgasm, The Guardian, 17 de abril de 2014.
  • VINNEYARD, Jennifer. Ronnie Spector on Phil, Court Case and New Record, Rolling Stone, 29 de septiembre de 2000.
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