Jim Ford, el rebelde del country funk

A principios de los ochenta el compositor y cantante Jim Ford desapareció del mapa. Se desvaneció por completo sin dejar rastro. La indiferencia del público y de la industria hizo el resto. Parecía que la tierra se lo había tragado hasta que, un buen día de 2006, el crítico musical sueco L-P Anderson dio con su paradero. Ford se encontraba en Mendocino, California, donde malvivía en una caravana rodeado por los recuerdos del pasado y por una ingente cantidad de casettes que contenían grabaciones inéditas. Fascinado por su hallazgo, Anderson decidió dar a conocer al mundo la trágica historia del músico. Ese mismo año publicó en la revista sueca Sonic un reportaje en el que repasaba su vida. El enigma había sido resuelto.

Nacido en la pobreza, cubierto de miseria

Jim Ford vino al mundo el 23 de agosto de 1941 en Paintsville, una pequeña localidad situada en el corazón del Condado de Johnson, en Kentucky. Apenas cien millas al Sur se encuentra Harlan, enclave minero en el que Ford sitúa su infancia en la canción que da título a su primer álbum, Harlan County (JHS 1002). Si bien Ford pasó los primeros años de su vida en Paintsville, Harlan -según él- sonaba mejor a la hora de componer. Es harto probable que las condiciones en qué creció apenas hubiesen cambiado de haber sido uno u otro el escenario. «Born into poverty, bathed in misery / The times I went hungry you can’t count ‘em» (Nacido en la pobreza, bañado en la miseria / Las veces que pasé hambre son incontables) señala Ford, quien poseía ocho hermanastros, una madre que no daba abasto para alimentar tantas bocas y un padre que destilaba alcohol ilegal. Es por eso que, con tan sólo dos años, el pequeño Jim fue apartado del resto de su familia y se instaló en Butcher Hollow junto a su abuela, una mujer con una disciplina de acero y cuyo domicilio se encontraba próximo al de la cantante country Loretta Lynn.

Ford permaneció allí hasta los once años, edad a la que regresó junto a su padre, por entonces asentado en Coldwater, Michigan. Junto a él pasaría su adolescencia antes de «tomar prestado» su dinero y huir. Nunca más volverían a compartir el mismo techo. Tras realizar el servicio militar en Alemania, Ford regresó a los Estados Unidos en 1959 con el firme propósito de buscarse la vida en el mundo de la música. Las calles de Nueva Orleans fueron durante un tiempo su nuevo hogar antes de sentir la llamada de California a mediados de los sesenta.

No tengo nada que perder aparte de Baton Rouge

San Francisco se perfilaba como el lugar idóneo para los centenares de runaways que como Ford buscaban embriagarse con esos cantos de libertad anticipados por la Generación Beat. Sin embargo, los hermanos Pat y Lolly Vasquez, dos músicos de sesión, se cruzaron en su camino a su paso por Los Ángeles en 1966. Naturales de Fresno, habían cambiado su apellido por Vegas –en honor a La Capital de las Segundas Oportunidades– con el objeto de que su nombre sonase más cool dentro de la escena musical surf, donde cosecharon algún éxito menor. Años más tarde fundarían la banda de rock Redbone, pero eso es harina de otro costal. Volviendo sobre los pasos de Ford, éste abandonó su plan inicial y decidió instalarse en Los Ángeles. Por aquel entonces L. A. era el sitio perfecto para un tío con el talento de Ford y que pretendiese abrirse paso en la industria musical.

Jim Ford comenzó a trabajar codo con codo con Pat y Lolly. Juntos compusieron la canción «Niki Hokey», grabada por P.J. Proby para el sello Liberty en 1966. «Una noche Pat, Lolly y Jim Ford estaban sentados alrededor de mi salón, en mi casa sobre Saint Ives Drive, cantando y bebiendo cuando Lolly empezó a cantar. Ellos la escribieron en el momento y yo dije inmediatamente: ¿Puedo grabarla? […]. Al día siguiente ya estábamos en el estudio», recuerda P.J. Proby en el libro Bobbie Gentry’s Ode to Billie Joe, de Tara Murtha. «Niki Hoeky» llegó al número 23 de la lista Billboard. Con posterioridad fue versioneada por Aretha Franklin, Duane Eddy, Bobby Rush o por Bobbie Gentry, que en esa misma época mantenía una relación sentimental con Jim Ford.

«Niki Hoeky» llegó a los oídos de Bob Keane, productor y dueño del legendario sello de la Costa Oeste Del-Fi Records. Keane -entre cuyos descubrimientos se contaban el mismísimo Ricthie Valens, Chan Romero, Bobby Fuller, The Lively Ones o un joven Frank Zappa– había adoptado en su sello una política de puertas abiertas. Los músicos con nuevas propuestas eran bien recibidos en su casa. Ford consiguió un contrato con la Mustang/ Bronco, subsidiaria R&B de la Del-Fi, y comenzó a escribir canciones a la par que trataba de promocionar la carrera de su novia.

Ode to Billie Joe

Entre los principales activos de la Del-Fi Records se encontraba Barry Eugene Carter, conocido años más tarde como Barry White. Trabajaba como cazatalentos para Keane a cambio de veinte dólares semanales. Ford acudió a él acompañado de Gentry. «Un chico llamado Jimmy Ford entró en la oficina junto a su desaliñada chica. Me di cuenta al instante de que era un gran compositor, el auténtico –dotado incluso- con una canción que él, desafortunadamente, no podía cantar. Había demasiado acento sureño en su voz, así que quería que la chica la grabase por él. Llevé la canción, la cual me encantaba, a Bob Keane y le dije que teníamos que comprarla», explicaba Barry White. Keane la rechazó. Con posterioridad su negocio se fue a pique después de que su grupo estrella, The Bobby Fuller Four, desapareciese tras la muerte de su líder en extrañas circunstancias.

La canción a la que Barry White hacía referencia no era otra más que «Ode to Billie Joe», corte incluido en el disco homónimo que Bobbie Gentry publicó en 1967 y número uno en Billboard. Ford siempre aseguró ser el autor de la misma, a pesar de que desde un principio fue acreditaba a Gentry. «Yo y Bobbie estuvimos juntos un tiempo y cuando nuestra relación hizo aguas ella se adueñó de la canción. No me importa mucho. Ella nunca logró volver a grabar algo así», comentó Ford a Anderson en 2006. La pareja atravesaba por aquel entonces problemas económicos. Pasaban la mayor parte del tiempo en la piscina del Hollywood Hawaiian, un tugurio para músicos en apuros y forasteros. Tara Murtha recoge en su libro que Ford estaba tan desesperado por dinero para pagar su renta que incluso estaba dispuesto a vender los derechos de la canción por cincuenta dólares. Lo cierto es que Ford se estaba labrando una fama de granuja entre los sellos discográficos. Y es que L-P Anderson explica que tenía por costumbre vender la misma canción a varios postores.

Antes de que la Del-Fi se fuera al garete, Jim Ford tuvo tiempo de publicar dos singles con más pena que gloria: «Linda comes running/ Sing with Linda» (3025) y «Ramona/ She knows how to make me feel like a man» (3027), ambos para Mustang. Asimismo, escribió para Viola Wills «You’re out of my mind» (PT 154), acompañada en la cara B por «Anytime», tema compuesto por Barry White. En 1968 publicó, bajo el pseudónimo de Jimmy Forde, «Hangin’ from your love tree/ Crazy Cajun cake walk band» (Flick City 3000) y «Look again/ I’m so thankful» (Flick City 3001).

Harlan County

El éxito se le escapaba pero, a pesar de no haber cuajado aún, Jim Ford había tejido una red de conocidos entre los que se encontraba el disc jockey Jimmy O’Neil. Gracias a él entró en contacto con el empresario Jerry Perenchio, representante de Marlon Brando y de los Monkees. Fascinado por su talento, Perenchio le ofreció la posibilidad de grabar un álbum con absoluta libertad creativa, sin injerencias. Ford aceptó la propuesta y, de la noche a la mañana, se vio grabando en los famosos estudios de Wally Heider, ingeniero que entre sus clientes tenía a grupos de la talla de Grateful Dead, Jefferson Airplane, Santana o Credence Clearwater Revival. Junto a él se encontraban músicos de sesión como James Burton, Gerry McGee o Jim Keltner. Por otra parte, también contó con el apoyo de los Brothers Vegas y de Gene Page en los arreglos.

Harlan County fue publicado en 1969 por Sundown, subsidiaria del sello White Whale. Jerry Wexler, de la Atlantic, había manifestado su interés por el trabajo de Jim Ford. No obstante, el compositor y cantante incapaz de esperar optó por firmar con White Whale, una compañía mucho más humilde y con menos recursos.

En Harlan County confluyen el R&B, el soul, el funk, el rock and roll y el country. Su sección rítmica recuerda a los magníficos trabajos fraguados en los estudios de Muscle Shoals. Se trata de un álbum visionario donde se amalgaman todas las raíces de la música popular americana aproximándose a aquel híbrido que Gram Parsons se encargó de preconizar a finales de los sesenta y que bautizó como la Cosmic American Music. Mientras, Ford prefería llamarlo country funk.

El álbum está compuesto por diez cortes entre los que destaca con brillo propio la canción «Harlan County», en la que Ford describe las dificultades de crecer en el condado minero: «Where the cold winds blow and the crops don’t grow/ A man’s tired of livin’ when he’s twenty/ I was diggin’ hard coal at twelve years old/ Way down in Harlan County» (Donde los fríos vientos soplan y las cosechas no crecen/ Un hombre está cansado de vivir cuando tiene veinte años/ Yo estaba cavando duro carbón con doce años de edad/ Allá abajo en Harlan County).

En «I’m gonna make her love me» Jim Ford se torna pantanoso mientras que el funk cobra protagonismo en «Long road ahead», de Delaney & Bonnie. Ford también da una vuelta de tuerca al blues de Chicago con su personal versión del «Spoonfull» de Willie Dixon o se entretiene con un corte preciosista en «To make my life beautiful», del cantante country Alex Harvey. Por su parte, adopta tintes autobiográficos en «Working my way to LA», firmada a dos manos con Lolly Vegas. «Well I worked like a fool and I never went to school/ Never had a chance to make it/ But my hopes are high/ And so am I – you’d better look out, California» (Bueno trabajé como un loco y nunca fui a la escuela/ Nunca tuve una oportunidad de hacerlo/ Pero mis esperanzas eran elevadas/ Y yo también – mejor tienes cuidado, California), señala.

El trabajo de Jim Ford también se extendió a la portada del álbum. El propio músico la diseñó envolviendo el álbum en cartón, escribiendo los títulos a mano alzada y colocando a modo de sellos tres fotografías suyas. Harlan County, a pesar de ser un disco prodigioso, fracasó en su intento por llegar al público. Ni siquiera fueron suficientes las actuaciones promocionales de Jim Ford en American Bandstand. El disco estaba condenado al descalabro. «Tuve un gran presupuesto y libertad creativa cuando hice Harlan County. Por eso suena tan bien», comentó décadas más tarde. Los malos resultados lo sumieron en una depresión y poco a poco fue cayendo en las garras de la cocaína, lo que lastraría el resto de su carrera.

Sounds of our time

En 1970 Ford firmó un contrato con la Capitol para grabar el que sería su segundo LP. Contaba para ello con la colaboración de Bobby Womack, con quien mantendría durante más de una década un estrecho vínculo profesional. Junto a Womack escribe «Sounds of our time», una auténtica joya en la que se alude de un modo sucinto a la violencia que ahogaba a los Estados Unidos, sumido en la cruenta guerra de Vietnam. Ford adopta un registro más suave y melancólico que en Harlan County. El blues y el soul cobran protagonismo en su trabajo como fruto de su relación artística con Womack. Prueba de ello es su versión de «Chain gang», de Sam Cooke. Otras de las canciones grabadas durante esta etapa son «Go through sunday», «Point of no return» o «Big Mouth USA», una suerte de canción protesta en la que florece el lado más folk de Ford: «I was born in Gossip County, in Big Mouth USA/ Where the hypocrites preach in the streets all week/ And they all meet in church on Sunday» (Nací en el Condado Cotilleo, en Bocazas USA/ Donde los hipócritas predican en las calles toda la semana/ Y se dan cita en la iglesia el domingo».

Ninguna de estas canciones llegó a ser publicada. Tras varias desavenencias entre el compositor y su sello, los derechos de las canciones fueron retenidos y Jim Ford no las vería publicadas hasta 2007, año en el que la Bear Family Records las agrupó junto a todos los cortes de Harlan County en el álbum Sounds of our time (BCD 16777 AR).

La espantada londinense

Tras el despropósito con la Capitol, Perenchino llegó a un acuerdo con Liberty para que Jim Ford viajase a Londres en 1971 para grabar junto a Brinsley Schwarz, la banda fundada por Nick Lowe e Ian Gomm. Su propósito era que el grupo británico se diese a conocer en los Estados Unidos. Ford, cuya adicción a la coca se había agravado, llegó a la capital londinense ataviado como un cowboy, lo cual fascinó a propios y ajenos, en especial a Lowe, cuya posterior carrera estuvo marcada por el trabajo de Ford. No en vano, son muchos los que consideran que aquel encuentro en Inglaterra fue el germen del pub rock británico de los años setenta. Sin ir más lejos, Brinsley Schwarz versionearía «JuJu Man» y Nick Lowe haría lo propio con «36 inches high», canción recogida en su disco Jesus of cool (RAD I).

De todos modos, con independencia de cualquier tipo de influencia, las sesiones de grabación en los estudios Olympic acabaron como el rosario de la aurora. Tan sólo se llegaron a ensayar un par de canciones. Ford cambiaba constantemente los arreglos o el ritmo de las canciones y acabó rechazando a Brinsley Schwarz. Solicitó ser acompañado por la Joe Cocker’s Grease Band, pero tampoco funcionó. Lejos de haberse vuelto loco, resulta ser que el músico de Kentucky había actuado de un modo premeditado. Haciendo gala de su picaresca, había vendido previamente las canciones que debían ser grabadas a otros editores, lo cual lo situaba en un nuevo brete. Previa parada en Mallorca, regresó a Los Ángeles con más pena que gloria.

There’s a riot going on

Jim Ford comenzó a frecuentar la casa de Sly Stone cuando éste se encontraba inmerso en el proceso creativo de su obra maestra, There’s a riot going on (KE 30986). Ambos se admiraban mutuamente. «Sly no era el chico más sencillo con el que quedar pero amaba a Jim», explica Womack en su autobiografía. «Jim Ford es el hombre blanco más grande del mundo», enfatizaba Sly Stone. Compartían un gran talento y un culto por el exceso que los conducía irremediablemente hacia al abismo de la paranoia.

En 1973 Bobby Womack logró un éxito mundial con la canción «Harry Hippie», escrita por Jim Ford. Parece ser que la canción estaba inspirada en Harry Womack, hermano de Bobby que, apenas un año después, fue asesinado por su novia durante una pelea. Fue entonces cuando la canción adquirió tintes de solemnidad. A lo largo de la década, la relación entre Jim y Bobby se fue enfriando. A principios de los ochenta, después de colaborar con Womack en los discos The Poet (BG10000) y The Poet II (BG-10003) Jim Ford acusó a su amigo de haberle robado canciones añadiendo su nombre a los créditos. «Bobby mintió y dijo a todo el mundo que la canción (Harry Hippie) era sobre su hermano pero esto no es cierto […]. Bobby grabó muchas de mis canciones pero se incluyó como co-autor. Comprendo que compartir la mitad es mejor que nada, pero debo decir que Bobby Womack apesta», subrayó Jim Ford a L-P Anderson.

Por su parte, Womack comentaba que durante un tiempo trabajar con Jim Ford había sido estupendo. «Pero a medida que pasaban los años dejó de ser divertido. Jim Ford nunca consideraba una canción acabada», matizaba.

Soy un compositor, no un cantante

Por si esto fuera poco, a la mala experiencia con la Capitol y al desastre londinense se sumó un nuevo batacazo. En 1973 la Paramount ofreció a Jim Ford 35.000 dólares por adelantado a cambio de grabar un LP. Corrían malos tiempos para Ford. Compartía su vida con Movita Castaneda, ex mujer de Marlon Brando, y ejercía como padre de sus hijos, Miko y Rebeca, pero era incapaz de abandonar sus adicciones. Se había convertido en una máquina de despilfarrar dinero.

Para la Paramount grabó, entre otras, una nueva versión de «Big Mouth USA». Más ecléctico que nunca, Ford versaba entre la vanguardia del funk –gracias a la influencia ejercida por Sly Stone– en temas como «Mixed green» o «If I go country» y el honky tonk en canciones como «Big bouquet of roses». Como fruto de esas grabaciones sólo fue publicado el single «Risign sign/ Big Mouth USA» (PAA-0258).

Después de grabar tres discos y sólo publicar uno desde 1969, Jim Ford se concentró en la composición de canciones. «Soy un compositor, no un cantante», llegó a decir. Comenzó a trabajar para la Tamla Motown y escribió todas las canciones del LP Wings of Love (2541-5), de los Temptations, publicado en 1976. Entre ellas se encuentran «Up the creek (Without a paddle)», «Sweetness in the dark» o «Mary Ann».

Point of no return

Jim Ford se esfumó a principios de los ochenta. Pasaron más de dos décadas hasta que L-P Anderson lo localizó en el mapa. «Me harté de como funciona el negocio de la música y de toda esa mierda», le dijo. Llevaba tres años sobrio, alejado de la coca. Había encontrado la paz en compañía de Merrily Pence. La publicación de Sounds of our time contribuyó a sanear su situación financiera. Su trabajo había llegado por fin al público. Incluso se planeaba el lanzamiento de un nuevo álbum, Point of no return (BCD 16993 AR), así como un concierto que tendría lugar en Londres en 2008. Jim no llegó a ver cumplido ninguno de estos planes. El 18 de noviembre de 2007 fue hallado muerto en su caravana. Los vecinos habían dado la voz de alarma después de ver que su Peugeot descapotable permanecía al descubierto bajo la lluvia.

Point of no return fue publicado con carácter póstumo en 2008. Tres años después Bear Family Records volvería a la carga con Demolition Expert (BCD 17257 AH), un recopilatorio en el que se incluyen veintinueve canciones grabadas en acústico así como extractos de la entrevista que L-P Anderson había hecho a Ford. El reconocimiento había llegado demasiado tarde para él pero su legado estaba más vivo que nunca.

BIBLIOGRAFIA

Libros

  • LIPSITZ, George. Footsteps in the dark: the hidden histories of popular music, University of Minnesota press, agosto de 2007.
  • MURTHA, Tara. Bobbie Gentry’s Ode to Billie Joe, Bloomsbury, 2015.
  • WOMACK, Bobby. Midnight mover, John Blake Publishing, 2006.

Artículos de revistas y periódicos

  • ANDERSON, LP, Jim Ford, Sonic Magazine, 2006.
  • ERLEWINE, Stephen Thomas. Farewell to Jim Ford, Allmusic, 4 de diciembre de 2007.
  • ERLEWINE, Stephen Thomas. The sounds of our time – Jim Ford, Allmusic.
  • HOSKYNS, Barney. White soul from the black hills: whatever happened to Jim Ford?, Oxford American, otoño de 2005.
  • HOSKYNS, Barney. Looking at the devil, The Guardian, 19 de marzo de 2006.
  • KAMER, Gijsbert. Der tragische Jim Ford, de Volkskrant, 14 de agosto de 2010.
  • L. HUGHES, Charles. Country Soul: Making Music and Making Race in the American South, The University of North Carolina Press, 2015.
  • NUCHELMANS, Andrew. I’m a songwriter, not a singer. Jim Ford (1941-2007), Bits & Pieces, 2012.

Notas de álbum

  • Shute, Bill. The Sounds of our time, Bear Family, 2007.

Internet

  • Bob Keane, Wikipedia.
  • Jim Ford: Harlan County (1969), Aquarium Drunkard.
  • Jim Ford, Discogs.
  • Bobby Womack, Discogs.
  • The Temptations, Discogs.
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