Muscle Shoals: la ciudad mecida por el río que canta

Los nativos norteamericanos Euchee llamaban al Tennessee «el río que canta», Nunnuhsae en su lengua materna. Durante la década de los años veinte del siglo pasado los cantos de sus aguas se vieron suavizados por la construcción de una gran presa a su paso por la pequeña localidad de Muscle Shoals, situada al norte de Alabama. Pero el mito nunca se desvaneció, sino que con el paso de los años se acrecentó gracias a una intensa actividad musical cuya semilla fue plantada por el productor musical Rick Hall. El director Greg “Freddy” Camalier recaló en esta ciudad de apenas 13.600 habitantes durante un viaje a Nuevo México. Allí quedó impactado por la magnitud de la historia que había tras las canciones allí grabadas y con las que había crecido. Durante los siguientes cuatro años se embarcó en la aventura de plasmarlo todo en el magnífico documental «Muscle Shoals» (íd. , 2013).

La vida de Rick Hall (1932) está marcada, a partes iguales, por la tragedia y por una férrea determinación: «ser alguien». Hijo de un aserrador, se crió en el campo en una humilde hacienda que carecía de cualquier tipo de comodidad. Tras el fallecimiento de su hermano como consecuencia de un accidente doméstico, su madre abandonó el hogar familiar y recayó en su progenitor todo el peso de sacar adelante al joven Rick, quien años más tarde pondría su historia en boca de Clarence Carter mediante la canción de tintes autobiográficos «Patches». Este tema también hace referencia al fallecimiento de su padre, ocurrido tras ser aplastado por su tractor.

Rick Hall se inicio en el negocio musical durante los años cincuenta como bajista del conjunto de R&B The Fairlanes y como compositor. A finales de esa década fundó en Florence su primer estudio de grabación –bajo el nombre de FAME– en compañía de su amigo Billy Sherrill y de Tom Stafford, dueño de un local sito en la primera planta de una vieja droguería. Esta aventura empresarial tocaría a su fin apenas un año después debido a desavenencias provocadas por el carácter perfeccionista y diligente de Hall. Decepcionado por la experiencia comenzó a trabajar en la Reynolds Metals Company y contrajo matrimonio con su primera esposa, Faye Marie, fallecida apenas dieciocho meses después en un accidente de tráfico.

El suceso cambió su vida por completo. Rick Hall se aferró a la música como única escapatoria mientras vagaba en su coche. Años más tarde regresó a Muscle Shoals en busca de revancha y de abrirse paso en la industria musical. El pionero del country-soul Arthur Alexander –que por aquel entonces trabajaba como botones en un hotel de Sheffield– le aportó su primer gran éxito, «You better move on», grabado en compañía de la primer sección rítmica de los estudios FAME, un conjunto musical compuesto por un grupo de jóvenes de Hamilton. La composición de Alexander resultó ser un hit en las listas estadounidenses en 1962 y, apenas dos años después, entre el público británico gracias a una versión de The Rolling Stones.

«You better move on» proporcionó a Hall los ingresos suficientes para construir un nuevo estudio de grabación. A mediados de los sesenta su sección rítmica se trasladó a Nashville y el productor fijó su atención en un grupo de músicos blancos que años más tarde serían bautizados como The Swampers. Este periodo se corresponde con la reafirmación del soul áspero preconizado por James Brown y Bobby Bland y que -a pesar de su tímida acogida en beneficio del uptown R&B- había logrado desarrollarse gracias al magnífico trabajo realizado en los estudios de Memphis y de Muscle Shoals, tal y como señala Charlie Gillett en su «Historia del rock». Fue entonces cuando una nueva generación de cantantes soul apostó por grabar en el profundo sur.

Entre ellos se encontraba Percy Sledge, nacido en Leighton y que en 1966 grabó en los Estudios Norala de Sheffield para la Atlantic –y con mediación de Rick Hall– su magnífica canción «When a man loves a woman», producida por el disc jockey Quin Ivy. El papel determinante de Hall para que el tema llegase a los grandes circuitos de distribución fue la base de un acuerdo con Jerry Wexler, de la Atlantic, mediante el cual el sello neoyorkino trasladaría las grabaciones de algunas de sus estrellas a Muscle Shoals, como es el caso de Wilson Pickett, Clarence Carter o Aretha Franklin.

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Los estudios FAME se convirtieron en una especie de remanso de paz en medio de los tumultuosos años de la lucha por los derechos civiles. Mientras que el gobernador demócrata George C. Wallace pretendía mantener el régimen segregacionista con sus discursos racistas e incendiarios, en la FAME una sección rítmica compuesta íntegramente por blancos trabajaba codo a codo con las grandes voces del soul negro en un clima de absoluta complicidad y enriquecimiento creativo que benefició a ambas partes por un igual. Por un lado, The Swampers se convirtió en una banda de acompañamiento sin parangón. Por otro, los cantantes que grababan bajo la tutela de Rick Hall no sólo convertían sus canciones en un éxito asegurado sino que incluso, en algunos casos, lograban reconducir sus carreras.

Tal es el caso de Aretha Franklin. Provista de una gran voz, sus anquilosadas interpretaciones para la Columbia carecían de una gran atención por parte del público y el éxito se resistía a llegar. Franklin fue invitada por la Atlantic a grabar con Rick Hall en 1967. Allí se fraguó su espaldarazo definitivo, «I never loved a man the way I love you», que alcanzó el número 2 en la lista Billboard. Sin embargo, el idilio entre Wexler y Hall se rompió de un modo abrupto precisamente durante una de las sesiones de grabación con la «Dama del Soul». El desencadenante fue un conflicto surgido a raíz una pelea entre el propio Hall y Ted White, el marido de Franklin en aquel entonces. Wexler se llevó a Aretha y prometió acabar con Hall, el cual siguió a lo suyo a pesar de este contratiempo. Llamó a las puertas de la Chess Records y relanzó en 1968 la carrera de Etta James con el tema «Tell mama».

Poco después su sección rítmica, The Swampers, se desvinculó de él y fundó su propio estudio, Muscle Shoals Sound Studio, por el que han pasado hasta nuestros días todo un elenco de artistas de la talla de The Rolling Stones, Bob Seger, Bob Dylan, The Staple Singers, Cher, Paul Simon, Boz Scaggs, Traffic o The Black Keys. Al equipo de producción compuesto por The Swampers se le debe, entre otros muchísimos éxitos, haber estado detrás de joyas como «Wild horses» o como las primeras grabaciones de los malogrados Lynyrd Skynyrd.

Por su parte, Rick Hall no sólo mantuvo una interesante producción junto a una nueva sección rítmica, The Fame Gang. Incluso fue nombrado por la revista Billboard el mejor productor musical del mundo en 1971. FAME firmó un acuerdo con Capitol Records y produjo, entre otros, a Candi Staton, Paul Anka, Little Richard, King Curtis, Tom Jones, Bobbie Gentry, The Osmonds o Jerry Reed. Asimismo, cabe recordar que entre sus músicos de sesión también contó con un joven Duanne Allman. «Skydog», como era apodado, incluso llegó a proponerle grabar a los Allman Brothers Band, invitación que Hall rechazó dejando así partir una gran oportunidad.

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Para realizar su documental Camalier contó con la estrecha colaboración de Rick Hall, de los integrantes de sus diferentes secciones rítmicas, de Jerry Wexler así como de otros protagonistas indispensables, cómo es el caso de Wilson Pickett, Aretha Franklin, Gregg Allman o Clarence Carter. Asimismo, Mick Jagger, Alicia Keys, Bono o Steve Winwood enriquecen con sus testimonios esta fantástica historia aderezada con una rica documentación gráfica entre la que se cuentan fotografías y películas de 8 mm procedentes del archivo FAME a las que cabe añadir metraje perteneciente a un equipo de grabación sueco así como al documental «Gime shelter» (íd., 1970) de los hermanos Maysles.

Ni duda cabe de que Rick Hall fue la pieza clave para convertir a la pequeña Muscle Shoals en un polo de atracción para las grandes voces del soul, el country y el rock. Además de ser en uno de los productores más lúcidos y visionarios de su generación, ejerció como mentor. The Swampers, sus alumnos aventajados, fueron capaces de crear un sonido funky y pegajoso que no hace más que alimentar el mito del «río que canta» en un área del que también son oriundos el imprescindible Sam Phillips o W.C. Handy, considerado el padre del blues. Y es que, mientras que para Steve Winwood el motivo de tanto talento concentrado en una zona tan pequeña es un enigma, para Jimmy Cliff responde a un campo de energía posiblemente irrepetible.

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