The Prisonaires, el auténtico rock de la cárcel

El alcaide James E. Edwards, de la prisión estatal de Tennessee en Nashville, confiaba en la rehabilitación de sus convictos. Entre sus estrategias se encontraba el despertar las inquietudes creativas de los reos. La música era una de las principales bazas a su favor. Cinco reclusos afroamericanos fueron los principales beneficiarios de sus políticas progresistas. Bajo el descriptivo nombre de The Prisonaires saltaron a la fama en 1953 con el éxito «Just walkin’ in the rain», tema que apenas tres años después se convertiría en un superventas de la mano del crooner Johnnie Ray.

La historia de The Prisonaires es breve a la par que pintoresca. Este conjunto vocal, en la estela de los legendarios Ink Spots, se formó en una época crucial para la música popular norteamericana. Corrían los primeros años de la década de los cincuenta. El público blanco había comenzado a manifestar un interés creciente por el rythm & blues –o música de raza, como era definido entonces- gracias a la labor de un puñado de disc-jockeys y al carácter visionario de varios productores de compañías discográficas independientes.

Johnny Bragg, líder de The Prisonaires, había dado con sus huesos entre rejas a la temprana edad de diecisiete años en 1943, tras ser condenado por seis cargos de violación. Aficionado al canto desde su infancia, no tardó en unirse a un quinteto de gospel que hacía sus pinitos en el presidio. Sin embargo, poco después, este conjunto se desintegró y Bragg se asoció a dos de sus miembros, Ed Thurman y William Stewart, los cuales cumplían sendas condenas de noventa y nueve años por asesinato. A ellos se sumaron dos recién llegados a las dependencias penitenciarias: John Drue, condenado a tres años por hurto; y Marcell Sanders, de uno a cinco años por homicidio involuntario.

Pri_1

Su gran oportunidad llegó cuando el locutor de la radio WSOK, Joe Calloway, visitó la prisión estatal de Tennessee para hacer un reportaje sobre las políticas de reinserción. Cómo no podría ser de otro modo, el alcaide jugó sus mejores cartas ofreciéndole una actuación de su querido grupo doo-woop. Fascinado por las dotes artísticas de The Prisonaires, Calloway sugirió a Edwards que les concediese un permiso para actuar en su emisora. Su respuesta fue positiva. Y es que Edwards halló en su propuesta el medio idóneo para dar bombo y platillo a los buenos resultados cosechados gracias a su programa de rehabilitación.

La actuación en la WSOK fue seguida por otras en recepciones y en actos cívicos de Nashville, lo que contribuyó a generar un aura de popularidad en torno al conjunto de reos. Paralelamente, Johnny Bragg dedicaba su tiempo en el trullo a vender canciones al editor musical Red Wortham quien, a su vez, envió una cinta con la grabación de The Prisonaires en la radio a Jim Bulliet, un pequeño accionista de la compañía Sun Records de Sam Phillips. La maniobra no cayó en saco roto. Phillips, entusiasmado por acercar la música negra al público blanco apostó por el conjunto de Bragg y acordó con las autoridades penitenciarias una jornada de grabación en su estudio de Memphis.

El 1 de junio de 1953 –apenas dos meses antes de que Elvis Presley grabase para la Sun su acetato «My happiness/ That’s when your heartache begins»- los Prisonaires llegaron a la Sun Records acompañados de una guardia armada. Bajo las órdenes de Phillips durante diez horas, perfeccionaron el que sería su único hit «Just walkin’ in the rain», co-escrito por Bragg y otro compañero de prisión llamado Robert Riley. La sesión sería completada con la grabación de «Baby please». El 8 de julio su trabajo ya estaba en el mercado. Sería la antesala de otras cuatro colaboraciones con la Sun.

La Sun Records llegó a vender 250.000 copias de «Just walkin’ in the rain», una cifra que debe ser tomada en consideración dada la espartana economía de medios con la que fue grabada la canción. Sin ir más lejos, los Prisonaires podrían ser considerados el paradigma del conjunto vocal de la época. Carentes de una sección rítmica, su formación se limitaba en exclusiva a un guitarrista-barítono (William Stewart) y a cuatro cantantes. A esto cabe sumar el hecho de que algunos historiadores apuntan hacia su fulgurante historia como uno de los detonantes que animaron al joven Elvis Presley a probar suerte en la compañía de Sam Phillips. Teorías aparte, lo único cierto es que Presley manifestó en varias ocasiones su apego por la música de los Prisonaires e incluso llegó a visitarles en la cárcel así como a actuar junto a Bragg en actos sociales.

Poco a poco la popularidad de The Prisonaires subió como la espuma. Requeridos en conciertos, emisoras y actuaciones televisivas el grupo llegó a ocupar un lugar prominente en la escena musical de Tennessee. Según recoge la prensa de la época, durante el año posterior a la publicación de su primer acetato, el conjunto efectuó setenta y cinco salidas de la cárcel para actuar acompañados tan sólo por un guardia así como empleando para sus desplazamientos un automóvil que el alcaide había comprado exclusivamente para ellos. El propio Edwards se jactaba ante los medios de prensa de que, en ninguna ocasión, ninguno de los integrantes del grupo había protagonizado algún intento de fuga a pesar de tenerlas todas consigo para abandonar la trena. El grupo incluso se convirtió en un habitual de las celebraciones que tenían lugar en el domicilio del gobernador del estado, Frank G. Clement. Como muestra de su agradecimiento grabaron el tema «What about Frank Clement (A mighty man)?», en el que además de darle jabón coqueteaban con la posibilidad de que un indulto llegase.

En agosto de 1953 publicaron un segundo single, «My God is real», que fue seguido por «I know», cuya cara B, «A prisoner’s prayer» era una canción de tintes autobiográficos. A pesar de su calidad, ninguno de estos temas logró alcanzar el éxito de «Just walkin’ in the rain». Sam Phillips reconoció años más tarde que había fallado su estrategia de difusión. Su experiencia con conjuntos vocales era meramente testimonial y fueron otras compañías las que lograron llevarse el gato al agua.

La fama de los Prisonaires fue efímera, al igual que su trayectoria. En 1954 Marcell Sanders alcanzó la libertad condicional. Johnny Bragg creó entonces una nueva formación integrada por Stewart, Thurman, Drue, Hal Hebb, Willy Wilson y el pianista Henry «Dishrag» Jones. El conjunto fue bautizado como The Sunbeams y apenas se mantuvo hasta 1955, año en el que Stewart alcanzó la condicional y fue sustituido por Alfred Brooks, ya bajo el nombre de The Marigolds.

The Marigolds alcanzó el número 8 de la lista rythm & blues con la canción «Rollin’ stone», grabada para el sello Excello, compañía con la que lanzarían al mercado otros cuatro singles entre 1955 y 1956 además de otro, titulado «Pork and beans», como The Solotones. «Rollin’ stone» gozó de una gran difusión por parte del disc-jockey Alan Freed, quien gracias a su popular show y a sus conciertos se convirtió en uno de los promotores más determinantes en la historia del rock’n’roll. Tanto «Rollin’ stone» como su cara B, «Why don’t you» habían sido escritas también por Robert Riley, el cual, aunque se encontraba alejado de los escenarios resultó ser una pieza clave como autor de varios de los éxitos de los conjuntos de Bragg.

Poco después Bragg alcanzó la añorada libertad. Grabó en solitario varios singles para Columbia Records pero, a pesar de todas las esperanzas puestas en su reinserción, quebrantó la condicional en 1960 y fue condenado a seis años y medio tras los barrotes. Elvis acudió en su ayuda pero Bragg nunca la aceptó. De nuevo en prisión organizó un nuevo grupo que nunca llegó a grabar. Tras ser puesto en libertad por segunda vez, grabó varios singles en compañías independientes antes de encontrar trabajo en un cementerio. A finales de los sesenta, volvería a ser arrestado y no pisaría la calle de nuevo hasta agosto de 1977. Durante todo ese tiempo, se vio beneficiado por los royalties de sus canciones.

En 1956 Gene Autry grabó con poco éxito una versión de «Just walkin’ in the rain». A finales de ese mismo año, la Columbia fijó su atención en la canción y encomendó a su superestrella Johnnie Ray la grabación de una versión que alcanzó el número dos en los Estados Unidos y el número uno en el Reino Unido durante siete semanas. Semejante éxito supuso una suculenta inyección para las finanzas de Bragg, quien acabaría sus días cantando en una iglesia hasta su fallecimiento, acontecido como consecuencia de un cáncer en 2004. Peor suerte corrieron algunos de sus compañeros, acuciados en algunos casos por la pobreza. Stewart falleció en 1959 como consecuencia de una sobredosis. Sanders murió en 1969. Thurman falleció en un accidente de tráfico en 1973 y un cáncer se llevó a Drue en 1977.

El legado de The Prisonaires se limita a unas veinticinco canciones de las cuales, en su momento, apenas fue editado un puñado. En 2012, Cass Paley recuperó su historia en un documental que cuenta, entre otros, con los testimonios de Bragg, Edwards y Phillips y que permite sumergirse en la fascinante historia del grupo que redimió sus pecados a través de la música.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s