Mark Frechette, la superestrella del Valle de la Muerte

La vida de Mark Frechette fue tan breve como su carrera interpretativa. En 1975 falleció en extrañas circunstancias, a la edad de veintisiete años, mientras hacía pesas en la prisión estatal de Norfolk (Massachusetts). Cinco años atrás, había saltado a la fama tras ser seleccionado para interpretar el papel de un joven rebelde en la denostada «Zabriskie Point» (íd., 1970), de Michelangelo Antonioni. Sin embargo, el joven actor nunca llegó a cuajar en la industria del cine. Motivado por la filosofía del gurú Mel Lyman, Frechette acabó con sus huesos entre rejas tras un frustrado atraco a mano armada en el que perdió la vida uno de susZabriskie Point compañeros. Considerado uno de los iconos contraculturales del momento, su recuerdo no tardó en desvanecerse con la misma rapidez con que había alcanzado el estrellato.

De raíces franco-canadienses, apenas han trascendido datos referentes a su infancia. Frechette nació el 4 de diciembre de 1947. Tras abandonar sus estudios en el instituto de Fairfield (Connecticut), contrajo matrimonio en 1966 con Elizabeth G. Schmeling, con quien tuvo dos hijos. Por aquel entonces, Frechette se ganaba la vida mendigando por los alrededores de Harvard Square, en Boston, a donde llegó previo paso por Nueva York. Del mismo modo, ocupaba parte de su tiempo en la realización de trabajos ocasionales de carpintería en el área de Fort Hill -sita en el distrito de Roxbury– lo que le permitía mantener a su familia a duras penas. Este ambiente fue el caldo de cultivo idóneo para que cultivase un incipiente sentimiento de descontento y odio hacia una sociedad a punto de estallar.

Fue precisamente durante ese periodo cuando conoció las enseñanzas de Mel Lyman a través de la controvertida publicación underground, Avatar. Este encuentro sería determinante en su devenir. Lyman es una de las figuras clave en el ambiente contracultural de Boston. Nacido en 1938, pasó parte de su juventud recorriendo los Estados Unidos y empapándose de la música folk más enraizada. A principios de los sesenta se estableció en Nueva York, donde entró en contacto con otros artistas y creadores, como es el caso del cineasta Jonas Mekas. Asimismo, en 1963 -ya asentado en Boston- pasó a formar parte de la Jim Kweskin & The Jug Band, donde tocaba el banjo y la armónica, llegando incluso a actuar en el legendario Festival de Newport de 1965 en el que Dylan abrazó el sonido eléctrico para disgusto de sus fans más ortodoxos. Lyman no sólo estrechó lazos con la escena artística bostoniana, sino que también coqueteó con los seguidores del gurú del LSD, Timothy Leary. Tras un supuesto desengaño amoroso, Lyman comenzó a desarrollar su faceta como guía espiritual, que desembocaría en la creación en 1966 de la Familia Lyman, la cual llegó a contar con un centenar de miembros que rendían pleitesía al líder, quien llegó incluso a afirmar –entre otras lindezas- que era un extraterrestre.

El mensaje trascendental de Lyman caló hondo entre muchos jóvenes de Fort Hill y del resto del país gracias a la gran difusión de Avatar. Se sostiene que Frechette trató de unirse a la comuna en 1967. No obstante, parece ser que fue rechazado de plano. Su vida daría un giro inesperado en 1968, tras ser descubierto por la directora de casting de Antonioni, Sally Dennison, mientras protagonizaba una discusión en plena calle. A pesar de carecer de cualquier experiencia o formación interpretativa, su carácter rudo y lleno de odio lo convertía en el actor idóneo para interpretar al joven inconformista de «Zabriskie Point». Tras ser seleccionado de entre varios centenares de candidatos, las puertas de la Familia Lyman le fueron abiertas de par en par. El líder de la comuna halló en Frechette al portavoz idóneo para su mensaje ahora que el joven carpintero había sido llamado a la meca del cine. Frechette, abandonado por su esposa y sus hijos, emprendía de este modo su particular rumbo a la fama.

El rodaje de «Zabriskie Point» sufrió varios contratiempos. Por una parte, su guión despertó las suspicacias del FBI así como de las autoridades locales. A este hecho cabe sumar las asperezas originadas entre Antonioni y Frechette. Mientras que el director supo conectar con la intérprete femenina, Daria Halprin, fue incapaz de que esa química surgiese con el díscolo Frechette. Por una parte, el joven actor pretendía que el cineasta italiano abrazase la filosofía de Nyman. Al mismo tiempo, le acusaba de ofrecer una visión irreal de la juventud norteamericana. Antonioni se mantuvo fiel a su retrato de la contracultura hippie visto desde los ojos de un forastero. Frechette permanecería anclado en su postura incluso después de que el film fuese estrenado, llegando a tildar a «Zabriskie Point» de «una gran mentira».

1970, ZABRISKIE POINT

Lo cierto es que durante el rodaje Frechette no sólo trató de imponer su recién abrazada filosofía, sino que también fue capaz de encandilar a su compañera de reparto, Daria. Acompañado por ella, regresó a la comuna de Lyman. «Zabriskie Point» resultó ser un fiasco, tanto entre la crítica como en la taquilla. Antonioni nunca volvió a trabajar en los Estados Unidos. Cabe señalar que, de un modo indirecto, fue un éxito rotundo para la Familia Lyman. Y es que Frechette entregó los 60.000 dólares de sus honorarios para financiar las actividades de su líder espiritual. Mark Frechette y Daria Halprin se convirtieron en dos personajes de moda. Considerados la primera pareja contracultural, protagonizaron portadas en Look y Rolling Stone así como varias entrevistas entre las que cabe destacar su histriónica aparición en el show de Dick Cavett.

A finales de 1970 su relación ya estaba liquidada. Halprin fue incapaz de soportar el aire autoritario y misógino que supuestamente se respiraba en la comuna Lyman. La pareja ya había dejado entrever sus desavenencias en las diferentes entrevistas concedidas en los medios, en las que solía prevalecer el criterio de Frechette frente a las aspiraciones de Halprin, la cual regresó a su San Francisco natal, donde comenzaría una nueva relación sentimental de la mano del también icono contracultural Dennis Hopper.

Tras su ruptura, Frechette se trasladó a Europa donde rodó dos films de bajo presupuesto: la producción antibelicista franco-yugoslava «Many wars ago» (Uomini contro, 1970) y «La grande scofra nera» (íd., 1971).

De vuelta en Boston, Frechette se vio envuelto en un turbio episodio que supuso el principio de su fin. El 29 de agosto de 1973 él, junto a otros miembros de la comuna de Fort Hill, protagonizaron un intento de atraco a mano armada en la sucursal que el banco New England’s Merchant poseía en Roxbury. Uno de los seguidores de Lyman, Christopher «Hercules» Thien, fue abatido a disparos por la policía. Por su parte, Frechette fue detenido. Cuando los agentes les retiraron los revólveres que portaban comprobaron que carecían de munición. Tras esta intentona suicida se escondía un modo de manifestar su protesta frente a la política de Richard Nixon y, en especial, al escándalo Watergate, que había sido destapado meses atrás. «Hicimos esto como un acto revolucionario de protesta política. […] Ya que los bancos están federalmente asegurados, robar aquel banco era una manera de robarle a Richard Nixon sin hacer daño a nadie. No había modo de detener lo que iba a suceder. Alcanzamos un punto donde los tres al completo realmente queríamos atracar un banco. Sería como un ataque directo a todo lo que está ahogando a este país hasta la muerte. Y aparte…permanecer allí con un arma, desvalijando un cajero –eso es lo más jodidamente honesto que puedes conseguir, hombre», señaló Frechette a la prensa tras su detención.

1970_Zabriskie_PointFrechette fue sentenciado a una condena de entre seis y quince años en el penal estatal de mínima seguridad de Norfolk (Massachusetts). Habría cumplido tan sólo dos tercios de la mínima condena antes de alcanzar de nuevo la libertad. Si embargo, nunca más volvió a pisar la calle. El 27 de septiembre de 1975 su compañero de dormitorio halló su cuerpo sin vida en la sala de pesas de la prisión, donde una barra de ciento cincuenta libras de peso le había caído sobre el cuello provocándole la muerte. En apariencia todo había sido fruto de un accidente, nadie dudo de la versión oficial. Ni siquiera su abogado, Harvey Silverglate, quien desestimó la posibilidad de que su cliente hubiese sido asesinado aduciendo que Frechette gozaba de una buena relación con los otros reclusos, apenas había tenido roces con los funcionarios y, además, estaba dotado de la forma física necesaria para haber presentado frente a cualquier posible ataque.

Sin embargo, sus compañeros y amigos dentro de la cárcel señalaron que durante los últimos meses Frechette se había sumido en una profunda depresión que se había acrecentado a medida que se aproximaba el segundo aniversario de su fallido atraco en Boston. Como fruto de su estado anímico había descuidado su alimentación así como su forma física, perdiendo varios kilos de peso. Su abogado había tratado de obtener algún beneficio penitenciario apelando a los atenuantes de que su defendido había protagonizado aquel fatídico atraco con un arma descargada y de que no había presentado ninguna resistencia en el momento de su detención. Sus peticiones fueron desestimadas por el superintendente de la prisión, Larry Neacham, quien se opuso a ellas señalando que Frechette era inestable y que tan sólo reconsideraría su puesta en libertad una vez que el joven presidiario superase con éxito un permiso, el cual tuvo lugar el día 12 de agosto. Una vez más, la autoridades penitenciarias hicieron referencia a sus problemas emocionales que trataron de ser atajados con el apoyo de un psiquiatra. Su primera cita con el facultativo habría tenido lugar el 4 de octubre, una semana después de su fallecimiento.

Harvey Silverglate acusó al sistema penitenciario de haber actuado de un modo negligente con Frechette. El efímero icono de la contracultura había desaparecido para siempre hastiado por sus propios fantasmas y rodeado por un halo de malditismo. De este modo se ponía fin a la fugaz carrera de la superestrella del Valle de la Muerte. Su líder, Mel Lyman, seguiría sus pasos en 1978, falleciendo a la edad de cuarenta años en un lugar y como fruto de unas circunstancias que aún hoy día siguen siendo desconocidas.

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