El Valle: en busca del paraíso

El viaje –tanto en su vertiente física como en su lado más introspectivo- es el leitmotiv de los dos primeros largometrajes de Barbet Schroeder: «More» (íd., 1969) y «El Valle» (La Vallée, 1972). Mientras que en el primero el director galo retrata el lado más oscuro del movimiento hippie utilizando como hilo conductor la drogadicción, en el segundo, Schroeder recurre al género de la road movie para situar al espectador ante un escenario post-hippie así como para describir la brecha existente entre occidente y lasValle2 culturas más ancestrales que habitan en el mundo. A caballo entre la ficción y el pseudo-documental, «El Valle» pone sobre la mesa –aunque de un modo difuso- temas como el impacto del colonialismo, la búsqueda del paraíso o el saqueo de las tierras vírgenes.

Tras una etapa como productor, Barbet Schroeder dirigió en 1969 su primer largometraje, «More». Tanto esta película como «El Valle», distan de gozar del mismo interés que obras posteriores del director, como por ejemplo los documentales «General Idi Amin Dada» (íd., 1974) o «Koko, el gorila que habla» (Koko, le gorille qui parle, 1978). Si bien, cuentan a su favor –amén de otros atributos- con el trabajo del director de fotografía Néstor Almendros y con una cuidada banda sonora original a cargo de Pink Floyd.

Schroeder renovó el mito de Ícaro en su ópera prima y ofreció un retrato poco alentador sobre los excesos de una generación que a finales de los sesenta y principios de los setenta se cobró la vida de algunos de sus más destacados creadores. Tal es el caso de Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin o Jim Morrison. Para 1972, ese sueño hippie surgido en ciudades como Londres o San Francisco se había tornado cuando menos en una suerte de espejismo. Lejos de la tendencia banalizadora adoptada por las pequeñas compañías norteamericanas dirigidas a producir cine de explotación, el director francés optó por describir este fenómeno contracultural desde otro punto de vista más profundo. No obstante, tanto «More» como «El Valle» se quedan a las puertas de responder a todos los interrogantes de una época especialmente convulsa.

El director fue el encargado de escribir el guión de «El Valle» junto a su colaborador Paul Gégauff. La película está protagonizada por Viviane (Bulle Ogier), la mujer de un cónsul francés en Australia que llega a Papua Nueva Guinea en busca de productos exóticos para su posterior venta en una boutique parisina. Acostumbrada a una vida cómoda y burguesa halla su felicidad en lo material, actitud que cambiará poco a poco tras conocer a un joven excursionista llamado Olivier (Michael Gothard). Tanto él como sus amigos –Gaetan (Jean-Pierre Kalfon), Monique (Miquette Giraudy) y Hermine (Valérie Lagrange)- planean desde hace meses internarse en las montañas con el fin de encontrar un lugar inexplorado conocido como El Valle y de connotaciones paradisíacas. Movida por su interés en adquirir las delicadas plumas del pájaro kumul, Viviane se sumará a la expedición, a lo largo de la cual se descubrirá a si misma, entrará en contacto con los indígenas, consumirá sustancias alucinógenas y practicará el amor libre.

El choque entre occidente y las culturas indígenas es el eje que articula la historia que se cuenta en «El Valle», rodada in situ por un equipo compuesto por tan sólo trece personas. Por una parte, Schroeder presenta a un grupo de occidentales que movidos por su anhelo de encontrar el paraíso no dudan a la hora de internarse en zonas naturales de acceso restringido o de entrar en contacto con tribus aisladas casi por completo del hombre blanco. El director deja bien claro que detrás de las intenciones de estos jóvenes aventureros tan sólo se encuentra el deseo de abandonar un modelo de vida consumista y encontrar la paz interior abrazando tanto la naturaleza como el rechazo a los convencionalismos. No obstante, su postura hasta cierto punto laxa hace que este mensaje cojeé en cierto modo. En ningún momento llega a tomar partido de un modo rotundo al respecto sino que Schroeder vierte tan sólo una velada crítica en la que deja entrever su desacuerdo con esta suerte de intrusismo.

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Resulta clave para comprender su mensaje tanto la presencia de sujetos como los criadores de caballos y cazadores que dejan clara su falta de respeto por la naturaleza que les rodea como el desarrollo del personaje de Olivier. Éste, durante el tramo final del metraje, abandona por completo su actitud naïf y logra comprender las posibles repercusiones de adentrarse así como de pretender mimetizarse con una cultura que no le pertenece y que sobrevive bajo el miedo a las supersticiones. Su monólogo -en el que entre otras cosas habla de la inocencia que occidente nunca será capaz de recuperar o de la imposibilidad de regresar al paraíso, entendido no como algo exótico sino como una suerte de utopía- es clarificador a la par que desesperanzador. No obstante, está dotado de una madurez que, cuatro décadas después, sigue estando vigente en un mundo donde la supervivencia de los últimos indígenas pende de un hilo como consecuencia de la globalización y de los intereses espurios.

Bulle Ogier –esposa de Barbet Schroeder– encarna a Viviane, personaje que puede ser interpretado como una metáfora del propio occidente o incluso, guardando las distancias, de los males del colonialismo. Viviane se suma a la expedición en busca de El Valle motivada tan sólo por hacerse con plumas de aves exóticas que después venderá en París por un buen puñado de francos. Consciente de la ilegalidad de este comercio, no desfallece en su empeño, ni siquiera a la hora de aprovecharse de la bondad de los indígenas que utilizan dichos artículos como abalorios o como regalo en muestra de afecto. Schroeder muestra cómo este tipo de tráfico comienza a calar en la cultura prístina de los moradores de Papua Nueva Guinea, los cuales conscientes de los beneficios que reportará a sus poblados también negocian con las plumas, a la par que esta actividad ha sido prohibida por las autoridades australianas que rigen en la isla.

La convivencia con Olivier, Gaetan, Monique, Hermine y el pequeño Yann hace que Viviane revise todas sus concepciones morales. Schroeder aborda de nuevo en «El Valle» el tema del descubrimiento del propio individuo a través del viaje, la liberación sexual y el consumo de drogas. Si bien, en esta película abandona el tono pesimista de «More» y ofrece una visión más cándida. La ingesta de alucinógenos naturales es mostrada como un acto de conciliación con el entorno mientras que en su primera película el director galo anticipaba todo el drama asociado a la heroína. Esta experiencia introspectiva es paralela al conocimiento del medio y a la comunión con animales como la serpiente, vinculada a lo maligno en occidente. Asimismo, Viviane también abandona sentimientos encontrados como los celos, aceptando el amor libre con todas sus consecuencias. El cambio definitivo experimentado por su personaje coincide con el clímax de la película, en el que Schroeder retrata con un lujo de detalles próximo al documental antropológico un festejo de la tribu Mapuga y donde Viviane cree haber encontrado una respuesta a todas sus preguntas.

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El viaje tanto en automóvil, como a caballo o a pie articula la película y conduce a sus personajes hacía un punto de no retorno para después concluir de un modo abrupto. Su final deja muchas cuestiones pendientes de ser respondidas e invita a que cada cual extraiga sus propias conclusiones. Las críticas que Schroeder pretende verter fallan a la hora de cuajar. Asimismo, su carácter contemplativo adolece de un ritmo lento por momentos. De todos modos, la fotografía de Almendros, la descripción de las costumbres indígenas o el rock progresivo de Pink Floyd convierten a «El Valle» en un film que merece la pena ver.

Obscured by clouds

«More» (EMI Columbia, 1969), la banda sonora compuesta por Pink Floyd para el primer largometraje de Barbet Schroeder gozó de gran acogida entre el público británico. Con anterioridad, la banda ya había participado en otros proyectos cinematográficos como es el caso del cortometraje «San Francisco» (íd., 1968), de Anthony Stern, o el film experimental «The Committee» (íd., 1968), de Peter Skyes. Asimismo, en 1970, el conjunto también aportó su música a la película «Zabriskie Point» (íd., 1970), de Michelangelo Antonioni. Dos años más tarde, y como fruto de su primera colaboración, Schroeder volvió a requerir los servicios de la banda inglesa para poner música a «El Valle».

Por aquel entonces, Pink Floyd ya se encontraba trabajando en componer los cortes presentes en su magnífico disco «The Dark side of the moon» (Harvest, 1973). A pesar de todo, la banda aceptó la propuesta del director francés. Al igual que había sucedido previamente a la composición de «More», el conjunto visionó una edición previa de la película con el objeto de que su música se adaptase lo mejor posible.

Obscured«Obscured by clouds» (Harvest, 1972) es el séptimo álbum de estudio de Pink Floyd. Fue grabado entre febrero, marzo y abril de 1972 y está compuesto por diez cortes. Entre ellos destacan los instrumentales «Obscured by clouds» y «When you’re in», ambos empleados en varias ocasiones como introducción a sus conciertos. Asimismo, cabe mencionar «Free four», en el que Roger Waters hace mención a su padre, fallecido durante la Segunda Guerra Mundial; «Childhood’s end», la última canción de la banda con letras de David Gilmour; o «Absolutely curtains», un instrumental compuesto por Rick Wright y en el que se entremezcla la música de Pink Floyd con los cantos de la tribu Mapuga.

El álbum llegó a las tiendas el 2 de junio de 1972. Alcanzó el número uno en las listas de ventas de Francia y el número seis en el Reino Unido. Por su parte, en los Estados Unidos tan sólo logró posicionarse en la mitad del Top100 de la lista Billboard.

A diferencia de lo sucedido con «More», Pink Floyd solicitó a la productora bautizar al álbum como «Obscured by clouds», título del corte con el que da comienzo y que hace referencia a la escena de la película en la que Gaetan, mapa en mano, señala que el soñado valle se encuentra en una zona inexplorada y cubierta por las nubes. La compañía cinematográfica no sólo accedió, si no que incluso incluyó en nombre entre paréntesis junto al título original del film.

Por su parte, la portada fue diseñada por el estudio Hipgnosis. En ella se emplea una fotografía fuera de foco en la que se intuye la figura de un hombre subido a un árbol y que recuerda a la escena en la que Gaetan recoge frutos.

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