Death, los profetas del punk

Detroit, principios de los setenta. En un garaje del East Side, tres hermanos afroamericanos –David, Bobby y Dannis Hackney– se pasan los días ensayando y soñando con abrirse paso de la mano de un rock & roll potente y desgarrado. David es plenamente consciente de que su música suena completamente diferente a la del resto de conjuntos coetáneos y de que es diametralmente opuesta al soul, funk así como R&B que profesan los miembros de su comunidad. En 1974 la industria les da la oportunidad de grabar su Death4álbum de debut. Sin embargo, su nombre, Death, no convence a los mandamases del negocio discográfico, que les invitan a cambiarlo por otro más positivo. El conjunto se cierra en banda. No hay trato.

Su decisión les condena al ostracismo y a permanecer en el más absoluto de los olvidos hasta que, en 2009, la compañía Drag City Records recupera en el disco «…For the whole world to see» la única maqueta que habían llegado a grabar en estudio, compuesta por siete cortes. Las consecuencias son impredecibles. De la noche a la mañana, Death pasa a estar más vivo que nunca e incluso pasa a ser considerado una suerte de eslabón perdido entre el proto-punk y el punk. En 2012, los directores Jeff Howlett y Mark Christopher Corvino estrenan «Una banda llamada Death» (A band called Death, 2012), documental en el que se vierte luz sobre este episodio oculto de la historia del rock recuperado para gloria de la buena música.

Para entender los orígenes de Death es preciso remontarse a mediados de la década de los sesenta. Hijos de un predicador baptista y de una madre apasionada por la música, los hermanos Hackney –al igual que millares de jóvenes de su generación- sucumbieron al embrujo del pop británico que comenzaba, por aquel entonces, a invadir los Estados Unidos. La noche del 9 de febrero de 1964 se encuentran en el salón de su casa, ante el televisor. La CBS retransmite la primera aparición de The Beatles en el show de Ed Sullivan. La actuación de los de Liverpool cala hondo en el mayor de los Hackney, David. Al día siguiente se hace con una guitarra determinado a tener, algún día, su propio conjunto musical. Paulatinamente, acaba sumando a su causa a Dannis, que comienza a tocar la batería, y a Bobby, que se ocupa del bajo y de las letras.

Los tres fundan su primer conjunto, Rock Fire Funk Express. Esta experiencia seminal está influida por el imperante sonido Motown. Los Hackney se suman al R&B que hace las delicias del resto de chicos de su barrio. Pero Detroit no sólo es la capital de la música afroamericana, también se ha convertido en el último reducto del garage rock, género de capa caída en el resto de los Estados Unidos desde 1968, en parte, como consecuencia de la desaparición de numerosas bandas amateurs cuyos miembros se encontraban de servicio militar obligatorio en Vietnam o estudiando en alguna universidad. El garage rock sigue vivo en la Ciudad del Motor gracias a una serie grupos que han sabido recoger el testigo de sus antecesores y le han dado un lavado de cara. Entre ellos destacan The Stooges y MC5, ambos caracterizados por un sonido agresivo que será antesala de la explosión punk.

Tras asistir a varias actuaciones de The Stooges, MC5 así como de Alice Cooper, David Hackney se empecina en dar un giro de ciento ochenta grados a su carrera musical. En 1973 abandona el R&B e invita al resto de sus hermanos a hacer lo mismo. Se trata de una catarsis musical que también requiere un nuevo nombre: Death. El grupo se encierra en su casa, ensayando de un modo obsesivo y explorando al máximo su nuevo registro, caracterizado por la potente guitarra de David, quien escudriña y disecciona el modo de tocar de uno de sus mayores ídolos, Pete Townsheed.

Death se lanza a la calle y comienza a actuar en garitos del East Side. Su música se topa con la indiferencia del público, que se pregunta quién demonios es aquel trío afroamericano que osa hacer música de blancos en el reino del funk. La fría acogida es insuficiente para hacerles abandonar. Están determinados a seguir adelante con su peculiar interpretación del rock e incluso llegar a grabar. Death elige al azar una compañía, Groovesville Records, subsidiaria de Stax y dirigida por el productor Don Davis. La discográfica acepta escuchar su propuesta y en 1975 Death comienza a grabar en los mismos estudios que Funkadelic o Gladys Knight.

Su música es brillante. Nadie hacía por aquel entonces algo que sonase igual. Con edades comprendidas entre los veintiuno y los diecisiete años, los hermanos Hackney tienen todas las papeletas para triunfar en el negocio. A pesar de todo, dos son los factores que juegan en su contra. El primero de ellos, las dificultades que se encuentran como grupo afroamericano para irrumpir en la escena rock. El segundo, un nombre de claras connotaciones nihilistas y que la discográfica encuentra inadecuado para dar el salto a las ondas de un país que, tras casi una década de conflictos sociales y guerra, pretende sobreponerse a la crisis en la que está sumido.

Su primera y única grabación de estudio está lista. Don Davis acude a las oficinas de Columbia Records en Nueva York con el objeto de mostrarle su trabajo a su superior, Clive Davis. El jerarca de la compañía acepta ofrecerles una oportunidad a cambio de rebautizar la banda. Pero David se niega. Sus dos hermanos, apelando a la unión de la familia, aceptan su postura y también rechazan la suculenta propuesta de Clive Davis. Son jóvenes, conscientes de su talento -quizá un poco arrogantes- y consideran que será sencillo encontrar otra discográfica dispuesta a grabar y editar su trabajo. Sin embargo, paradójicamente, su arriesgada apuesta por permanecer fieles a sus ideales condena el futuro de la banda, que nunca más volverá a gozar de una oportunidad de semejante naturaleza.

Aunque de un modo involuntario, éste es el origen de la leyenda que gira en torno a Death. No obstante, parece ser que los motivos que subyacen detrás de tan valiente decisión son más prosaicos. Y es que David Hackney se encontraba por aquel entonces inmerso en la composición de una ópera rock cuyo tema central era la muerte entendida desde un punto de vista positivo, de ahí que –amén de su fidelidad a sus principios- también se manifestase inamovible durante la supuesta negociación con Clive Davis, quien en su momento llegó a señalar que ese encuentro nunca tuvo lugar y recuerda que, por aquellas fechas, ya se encontraba al frente de su propia compañía discográfica, Arista Records.

El que habría sido el primer álbum de la banda se queda en agua de borrajas. Un año después, los Hackney rascan sus bolsillos –ya sin el apoyo de Groovesville Records– para autoeditar el single «Politicians in my eyes/ Keep on knocking», del que sólo se harán medio millar de copias que ni siquiera llegan a sonar en las radios de Detroit, donde la música disco comienza a acaparar todo el protagonismo. Los acontecimientos precipitan la desaparición de Death, que se disuelve en 1977 antes de que los hermanos Hackney trasladen su residencia a Burlington (Vermont), donde fundan un grupo de gospel rock, The 4th Movement, con el que publican dos discos durante los albores de la década de los ochenta.

Lejos de su ciudad natal, David siente la necesidad de regresar a Detroit en 1982, donde seguirá dedicándose a la música hasta el año 2000, cuando fallece como consecuencia de un cáncer de pulmón. Por su parte, sus otros dos hermanos deciden seguir viviendo en Vermont, donde fundan un conjunto reggae llamado Lamsbread, abren las puertas de su propio estudio de grabación y crean sus propias familias, tratando de dejar atrás para siempre su etapa como Death. El destino tiene otros planes.

Lo que en principio era un simple single autoeditado cobra fuerza durante tres décadas, llegando a alcanzar precios que rozan los mil dólares y convirtiéndose en un preciado objeto para los coleccionistas. Durante una fiesta en San Francisco, Julian Hackney –uno de los hijos de Bobby– descubre para su asombro la existencia de Death y reconoce la voz de su progenitor. Los hechos se precipitan a continuación. Bobby se ve obligado a recuperar su vieja maqueta de siete canciones, que acumula polvo en el desván familiar. Por su parte, Julian y sus hermanos se unen bajo el nombre de Rough Francis para crear un grupo de tributo a Death. En paralelo, el coleccionista Robert Cole Manis –que investiga el devenir de Death tras hacerse con una copia de su único single- entra en contacto con los Hackney para dar a conocer su legado a la compañía independiente Drag City Records.

En 2009, treinta y cuatro años después de su grabación, llega a las tiendas el único álbum de Death bajo el título de «…For the whole world to see» (Drag City, 2009). El disco recibe una cálida acogida entre los críticos que lo alaban en su conjunto. El trabajo de Death destila frescura, honradez y se alza como epítome del rock & roll más enérgico del Detroit de principios de los setenta. Se trata de un trabajo en el que la auténtica protagonista es la guitarra de David Hackney. Canciones como «Politicians in my eyes» , «Where do we go from here?», «You’re a prisioner» o «Freakin’ out» se anticipan a la eclosión punk de Londres o Nueva York.

El inesperado y atrasado éxito invita a los dos supervivientes de Death a retomar el proyecto, en esta ocasión, acompañados por Bobbie Duncan, guitarrista de Lamsbread. El grupo regresa a los escenarios y en 2011 publica un nuevo disco, «Spiritual-Mental-Physical» (Drag City, 2011) en el que recupera cortes anteriores a 1975. Del mismo modo, en 2014 llega a las tiendas su tercer álbum recopilatorio, «Death III» (Drag City, 2014). Ambos trabajos ayudan a entender la evolución de la banda, desde unos sonidos más próximos al R&B hasta el funk progresivo pasando por el proto-punk, la psicodelia o el hard rock.

Al igual que sucedió con el enigmático Sixto Rodríguez tras el estreno del magnífico documental «Searching for Sugar Man» (íd., 2012), de Malik Bendjelloul, Death ha gozado de una segunda oportunidad para la cual David Hackney ya había sido previsor. No en vano, convencido de que su música llegaría a alcanzar la fama algún día, había guardado con especial cuidado las grabaciones que, antes de fallecer, legó a su hermano Bobby. Sus presagios se cumplieron. Aunque siempre se diga que más vale tarde que nunca, no vivió lo suficiente para ver su trabajo reconocido.

-Fuente de las imágenes: Lastfm.com

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