Arrebato, fagocitados por el cine

«Arrebato» (íd., 1979) marca el punto álgido de la heterodoxa carrera del diseñador y cineasta Iván Zulueta. Este largometraje, que en su momento pasó desapercibido, es uno de los hitos del cine español. Antesala de la Movida y producto de unas circunstancias sociales muy concretas, fue el último gran proyecto de Zulueta que, tras su estreno, se internaría en una época de sequía creativa marcada por la adicción a la heroína y de la que sólo lograría salir, poco a poco, a través de una interesante obra fotográfica. Cine, drogas y vampirismo se dan la mano en este film innovador y difícil de clasificar.

La producción cinematográfica de Iván Zulueta se alza como una de las grandes desconocidas del cine hecho en España así como una de las más vanguardistas. Criado en el seno de una familia pudiente de San Sebastián, tuvo la oportunidad de estudiar, a principios de los sesenta, pintura y dibujo publicitario en Nueva York, donde entró en contacto con el Pop Art y el cine underground. A su regreso, ingresó en la desaparecida Escuela Oficial deArrebato1 Cinematografía (EOC). Allí se convirtió en el discípulo de José Luis Borau, su profesor de guión y el encargado de abrirle las puertas a su primer largometraje, «Un, dos, tres, al escondite inglés» (íd., 1969), en cuyos créditos no figuró como director al no pertenecer al sindicato de directores.

Además de diseñar numerosos carteles para directores como Luis Buñuel o Jaime Chávarri, durante la década de los setenta Zulueta desarrolla una interesante actividad experimental que discurre dentro de la marginalidad cinematográfica, explotando al máximo formatos como el Super-8 o los 16 mm, poco habituales dentro del ámbito profesional. Zulueta construye su particular mirada a través de cortometrajes como «Aquarium» (íd., 1975) o «Leo es pardo» (íd., 1976), en los que juega con el ritmo o la pausa dando lugar a un trabajo de marcada vocación estética y en el que la imagen emerge como un modo de expresión independiente.

Su evolución personal y creativa le conduce a embarcarse en la dirección de «Arrebato», cuya idea inicial nace con vocación de cortometraje. Sin embargo, Zulueta escribe un guión que adquiere el cuerpo suficiente como para dar lugar a su primer largometraje en diez años. Su argumento oscila entre dos temáticas claramente diferenciadas: por un lado, el cine y, por el otro, la droga. Zulueta cuenta con la colaboración del productor, Augusto Martínez Torres, y de su amigo, el periodista Antonio Gasset. Si bien, sus aportaciones al guión son meramente testimoniales.

«Arrebato» es un film difícil de catalogar y que puede incluirse –con ciertas reservas- dentro del género fantástico. Su protagonista, José Sirgado (Eusebio Poncela), es un director de cine de terror de bajo presupuesto que, tras haber terminado de rodar su segunda película, atraviesa una crisis tanto creadora como emocional jalonada por la ruptura con su pareja, Ana (Cecilia Roth). Sin embargo ella regresa y junto a ella lo hace también la heroína, en cuyas garras no tardará en caer José. En medio de una atmósfera enrarecida y confusa, José recibe un paquete de un viejo conocido, Pedro (Will More), un adulto de comportamiento infantil obsesionado con hallar la esencia del cine en sus grabaciones de Super-8. José trata de hallar en Pedro una respuesta a su angustiosa situación. Esta búsqueda le hace dirigirse hacia un desenlace de consecuencias imprevisibles.

Arrebato2

La película nace como fruto de un momento histórico muy concreto en la sociedad española y, por extensión, en su cine. A finales de los setenta, el país se encuentra inmerso en el proceso de estabilización democrática tras el fin del régimen franquista. A pesar de todo, los cambios no se traducen en un cine de mejor calidad, tal y como señala el profesor Francisco Javier Gómez Tarín, de la Asociación Española de Historiadores del Cine (AEHC) en su artículo «Arrebato: de la marginalidad al culto». Zulueta, que durante los años previos había adoptado una postura rupturista, es un hálito de aire fresco en medio de una producción cinematográfica que se debate entre el academicismo y un cine de claras intenciones comerciales que, sirviéndose de los nuevos aires de libertad, explota temas tales como la sexualidad (destape) o el mundo del crimen y las drogas (cine quinqui).

«Arrebato» surge de lo marginal y lo precario. Se trata de un ejercicio de virtuosidad artesanal que ahonda sus raíces en el dominio que Zulueta poseía de la cámara. El proyecto fue financiado por el arquitecto leonés Nicolás Astiárraga, quien había fijado un presupuesto de tres millones de pesetas y un calendario de rodaje de quince días. Sin embargo, a medida que la producción va tomando cuerpo, el trabajo se dilata en el tiempo y con él su precio. Finalmente, son precisos unos catorce millones de pesetas y seis semanas que dan como resultado una primera edición de tres horas y media de metraje.

Zulueta aborda el tema del cine dentro del cine de un modo sincero y angustioso. Para ello presenta a dos personajes cuyas relaciones con el séptimo arte son bien diferentes a pesar de que ambos son esclavos de una pasión de similar naturaleza. José Sirgado se encuentra estancado tras finalizar el rodaje de su segundo metraje. Este anquilosamiento le hace distanciarse de sus verdaderas pretensiones en el medio, de una postura más honesta consigo mismo. Como consecuencia, recurre a la heroína como una fuente de inspiración. Sin embargo, la droga tan sólo contribuye a sumirlo más en su desazón y sólo cree encontrar una salida a través de las grabaciones artesanales del inquietante Pedro, quien posee una mirada carente de filtros y que se refugia en sus cintas Super-8 en un intento por detener el tiempo, por captar el arrebato o ese momento sublime henchido de inocencia.

José y Pedro se complementan, son una síntesis del propio Zulueta. El primero aporta al segundo los medios técnicos necesarios para alcanzar su objetivo. Mientras, el segundo abre al director las puertas hacia una mirada límpida, propia de la infancia. A este respecto cabe señalar el culto a la imagen que se manifiesta por ejemplo a través de las colecciones de cromos –una de las grandes aficiones de Zulueta– o a través del regreso a los pasajes más ocultos de la niñez utilizando como medio un fetiche como sucede con el personaje de Ana, quien rememora su pasado tras reencontrarse con una vieja muñeca de Betty Boop. El director refuerza estas experiencias valiéndose de una banda sonora que lleva al espectador a un mundo de reminiscencias infantiles y ensoñadoras.

Por otra parte, ambos personajes están unidos a través de la cámara, objeto inanimado que en «Arrebato» cobra otra dimensión, llegando a adquirir la condición de un vampiro capaz de absorber la vida de Pedro y José así como de dotarles de otra existencia que logra trascender a la muerte. Son varias las interpretaciones posibles a este hecho que dota a la película de un marcado carácter fantástico. En primer lugar, puede ser entendida como el tributo que es preciso pagar para sacrificarse en pos de una postura creativa más sincera. En segundo lugar, es una suerte de metamorfosis en la que se suprime cualquier mediación y en la que el ojo humano y la cámara se convierten en un solo ser.

Arrebato3

Se ha señalado en numerosas ocasiones que «Arrebato» es un producto de la Movida. No obstante, es preciso tener en cuenta que la película es anterior a la materialización de este movimiento contracultural. De todos modos, la aportación de Zulueta puede considerarse no sólo como una de las más importantes, sino que también como una de las que ha envejecido mejor con el paso de los años. Su vinculación a la Movida se manifiesta tanto a través de sus temáticas como a través de la presencia de personajes tales como Alaska o de Pedro Almodóvar. El director manchego compartía una gran amistad con Zulueta y en «Arrebato» colaboró aportando su voz al andrógino personaje de Gloria, interpretado por Helena Fernán Gómez.

El film describe un nuevo escenario social en el que las drogas, en especial la heroína, cobran protagonismo. Zulueta, que por aquel entonces era adicto a este opiáceo, aborda este asunto de un modo aséptico y carente de juicios morales. Se trata de una apuesta arriesgada que huye de la censura y que se corresponde con un momento en que tanto la música, como el cine, la literatura e incluso el cómic underground habían centrado su atención en los estupefacientes y en esta droga dura que, con el paso del tiempo, se cobraría un alto precio tanto entre los protagonistas de esa época como entre la gente de a pie.

«Arrebato» fue y sigue siendo una película minoritaria. Elogiada por la crítica, recibió el azote de la taquilla. De todos modos, su carácter de obra única dentro de su contexto social-temporal sumado a su aura de marginal le ha valido la consideración de obra de culto. En este film prevalece el culto por lo visual antes que por lo literario como consecuencia de la formación eminentemente estética de Zulueta. Esto no impide que «Arrebato» invite a indagar en los entresijos de la creación y en el duro camino que supone la construcción de la propia mirada, un sendero que –al igual que sucede con los protagonistas- conduce de un modo u otro al retorno a la inocencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s