Los Ángeles del Infierno: violencia sobre dos ruedas

«En una nación de aburridos asustados, siempre hay una lamentable escasez de forajidos y los que alcanzan ese grado siempre son bienvenidos», sostenía Hunter S. Thompson en referencia a los Ángeles del Infierno. Durante la primera mitad de los años sesenta, este club motero one percenter gozaba del beneplácito de los gurús de la generación beat y eran habituales en las sonadas fiestas conducidas por los Merry Pranskters de Ken Kesey. Sin embargo, este idilio comenzó a hacer aguas después de incidentes como el acontecido en 1964 durante la celebración del día del trabajo en Monterey, durante el cual dos chicas fueron violadas por una turba de moteros. Apenas un año después, los beat y el incipiente movimiento hippie romperían casi por completo su vínculo con los Ángeles del Infierno después de que la banda irrumpiera violentamente en Berkeley en una manifestación en contra de la guerra de Vietnam.

La presencia de los Ángeles del Infierno en la prensa se encontraba en boga, en especial después de la publicación del libro «Hell’s Angels: la extraña y terrible saga de las bandas forajidas de moteros», del antes mencionado Hunter S. Thompson. En enero de ese mismo año, una fotografía perteneciente a un reportaje sobre un funeral de un miembro del club había llegado a la portada de la revista Life. Esta imagen llamó la atención del director Roger Corman, quien decidió proponer a la productora American International Pictures (AIP) la realización de un largometraje bajo el título «All the fallen angels». La propuesta fue bien recibida por la compañía. De este modo nació la película «Los Ángeles del Infierno» (The Wild Angels, 1966), una road movie que sentó las bases definitivas del subgénero conocido como bikexploitation.

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El germen de este subgénero se remonta a la primera mitad de los años cincuenta, cuando László Benedek dirigió la legendaria «Salvaje» (The wild one, 1953). Se trata del cuarto largometraje de Marlon Brando, quien interpreta a Johnny, el carismástico líder de una banda de moteros pendencieros que irrumpe en un pequeño pueblo californiano causando un gran revuelo. La película no sólo contribuyó a entronar a Brando como un icono de rebeldía sino que también estableció un look que pronto se asociaría a la emergente figura del rockero. Encuerado, a lomos de una Triumph Thunderbird, Brando serviría como fuente de inspiración a Elvis Presley, quién realizaría sus primeras grabaciones en la Sun Records ese mismo año.

Una década después, la película de Corman contribuyó a revitalizar la figura del motero fuera de la ley en la gran pantalla. Tal es así que «Los Ángeles del Infierno» pasó a ser considerada el prototipo de largometraje dedicado a esta temática a pesar de que nunca gozó de buenas críticas. A su sombra surgieron decenas de títulos de mayor y menor éxito, entre los que se encuentran «Ángeles del Infierno sobre ruedas» (Hells Angels on wheels, 1967), de Richard Rush; «Angels from hell» (íd., 1968), de Bruce Kessler; o «The Glory Stompers» (íd., 1968), de Anthony M. Lanza.

Bajo el elocuente eslogan «Su credo es la violencia, su Dios el odio y se hacen llamar los Ángeles del Infierno», Roger Corman presenta una historia protagonizada por Heavenly Blues (Peter Fonda), presidente ficticio del capítulo de San Pedro de los Ángeles del Infierno, y por su amigo, Loser (Bruce Dern). Ambos tratan de recuperar junto a sus compañeros una moto robada en la localidad de Mecca. Sin embargo, las cosas salen mal y Loser acaba con sus huesos en un hospital tras ser tiroteado y detenido por la policía. Heavenly Blues y sus secuaces se llevan a Loser de su habitación y éste fallece poco después. Su funeral es celebrado con una fiesta salvaje.

Roger Corman encargó la redacción del guión a su amigo Charles B. Griffith. Ambos tomaron como punto de partida varias historias reales que habían recopilado junto a los Ángeles del Infierno del capítulo de San Bernadino. El texto inicial entrecruzaba los caminos de un grupo de moteros y de un policía de la patrulla de carreteras. Corman estaba disconforme con Angeles2el argumento propuesto por Griffith y, a tales efectos, el guión sería reescrito durante la producción por su asistente, Peter Bogdanovich. En concreto, el proyecto contó con un presupuesto de unos 360.000 dólares. Su rodaje se prolongó durante tres semanas en localizaciones como Venice, San Pedro, Mecca, Hollywood y Palm Springs.

En un primer momento, la productora fijó su atención en George Chakiris para el papel de Heavenly Blues. Sin embargo, el intérprete –merecedor del Oscar al mejor actor de reparto por su trabajo en «West Side Story» (íd., 1961)- rechazó la oferta tras negarse a participar en la película sin especialistas y dobles. En vistas de su negativa, Corman ofreció el papel a Peter Fonda, quién había sido contratado para encarnar a Loser, trabajo que finalmente recaería en Bruce Dern. Asimismo, la cantante Nancy Sinatra se ocuparía de meterse en la piel de Mike Monkey, novia de Heavenly Blues. Por su parte, Diana Ladd –esposa de Bruce Dern– haría lo propio como Gaysh, la sufrida pareja de Loser. Cabe señalar que Corman completó el reparto con otros actores profesionales como Buck Taylor o Dick Miller así como con una veintena miembros reales de los Ángeles del Infierno, quienes cobraban treinta y cinco dólares al día además de otros veinte por acudir con sus motos.

Cabe señalar que, apenas un año después, Peter Fonda y Bruce Dern volverían a trabajar juntos bajo las órdenes de Roger Corman en la película «El viaje» (The trip. A lovely sort of death, 1967), otra carismática obra de el ambiente contracultural de lo sesenta.

Los Ángeles del Infierno impusieron su ley a lo largo de todo el rodaje. En ocasiones, después de cobrar abandonaban su trabajo y, a veces, ni siquiera regresaban y eran sustituidos por otros miembros del club. Entre el equipo de Corman cundió el miedo a una redada por posesión de marihuana, las patrullas de carretera estaban al acecho para arrestar a los moteros con causas pendientes con la justicia y Peter Bogdanovich recibió una auténtica paliza cuando colaboró como extra en una de las escenas de pelea. El cantante Frank Sinatra llegó incluso a manifestar su preocupación llegando a advertir a Corman de que no habría dinero en la tierra para pagarle si algo le sucedía a su hija, Nancy.

Tras sobreponerse a todas estas vicisitudes, Corman logró sacar adelante el rodaje. El estreno de la película, el 20 de julio de 1966, estuvo rodeado por la controversia dado su contenido violento y trasgresor, en el que se entremezclan tanto peleas como escenas de una violación y todo un muestrario de parafernalia nazi. «Los Ángeles del Infierno» fue atacada duramente por la crítica. Sin embargo, y a pesar de esta campaña de desprestigio, se recaudaron en taquilla seis millones y medio de dólares, una cifra desorbitada si se tiene en cuenta el tímido presupuesto del proyecto. No obstante, cabe señalar que los críticos europeos fueron más bondadosos y la cinta fue nominada al León de Oro en el Festival de Cine de Venecia.

vlcsnap-294008En su autobiografía «Cómo realicé un centenar de películas y nunca perdí un centavo», Roger Corman señala que entendía a los Ángeles del Infierno como una suerte de cowboys de los tiempos modernos. Las pretensiones de sus protagonistas no van más allá de montar sus motos, de escapar de las garras de la policía así como de empleos anodinos y de desfasar por todo lo alto en orgías de sexo, drogas y alcohol. En definitiva, mantenerse al margen del sistema establecido y abrazar un modo de vida contracultural. El retrato de Corman roza en ocasiones lo caricaturesco o banal. Muchos han querido ver en este film una denuncia social en la que se cuestiona el origen de esta violencia y, más aún, que sea protagonizada por una generación de jóvenes criados en la época inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, quizá los años más dulces y empalagosos de la llamada american way of life. Mientras que sus padres combatieron al fascismo en Europa, estos rebeldes se jactan de lucir iconografía nazi en su vestimenta como un símbolo de ruptura y provocación con todo lo que les antecede.

Su nihilismo contrasta con el culto a la máquina, producto inequívoco del feroz capitalismo estadounidense. La moto se convierte a tales efectos en un símbolo de libertad, tal y como sucedería también años después en la genial «Easy rider. Buscando mi destino» (Easy rider, 1969) -también interpretada por Peter Fonda– o, por ejemplo, en «Punto límite: cero» (Vanishing Point, 1971), donde el automóvil –auténtica joya de la por aquel entonces potente industria norteamericana- es en si mismo una cosificación del capitalismo, una pequeña burbuja de brillante metal donde la vida no sólo acontece, sino que también acaba de un modo brusco.

«Los Ángeles del Infierno» condensa todos los ingredientes propios de una película bikexploitation. Acción, violencia, sexo y problemática social se dan la mano en este film que sentó escuela en este subgénero que viviría su época dorada durante la segunda mitad de los sesenta. Asimismo, cabe señalar que, entre sus atractivos se encuentra una estupenda banda sonora escrita por Mike Curb e interpretada por los grupos Davie Allan & The Arrows y The Hands of Time.

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