The trip: fascinados por el ácido

El gobierno de los Estados Unidos prohibió la posesión de LSD en octubre de 1968. Por aquel entonces, el consumo de esta droga –sintetizada por primera vez por Hofmann en 1938- se había extendido como la pólvora entre los jóvenes al calor de los escritos de Aldous Huxley, las teorías de Timothy Leary o al rebufo de las alocadas aventuras de Ken Kesey y su grupo de amigos, los Merry Pranksters. Un año antes de entrar en vigor esta prohibición, el director independiente Roger Corman estrenó su controvertida película «El viaje» (The trip. A lovely sort of death, 1967), en la que trata de describir las experiencias de un recién iniciado en el consumo de esta sustancia psicodélica.

Corman -conocido por sus películas de bajo presupuesto y en especial por sus adaptaciones de varios cuentos de Edgar Allan Poe– fijó su atención en el movimiento contracultural a mediados de la década de los sesenta. Su primer acercamiento fue la película «Los ángeles del infierno» (The wild angels, 1966), producida por American International Pictures. El film centra su atención en el ficticio presidente del capítulo de San Pedro (California) de los Ángeles del Infierno, interpretado por Peter FondEl viajea. Heredera directa de la legendaria «Salvaje» (The wild one, 1953), de László Benedek, «Los ángeles del infierno» contribuyó a revitalizar el subgénero de moteros fuera de la ley al que pertenecen otras obras como «Motorpsycho» (íd., 1965), de Russ Meyer; «Ángeles del Infierno sobre ruedas» (Hells Angels on wheels, 1967), de Richard Rush; o «Angels from hell» (íd., 1968), de Bruce Kessler.

«Los Ángeles del Infierno» reportó a Corman pingües beneficios y, tras dirigir «La matanza del día de San Valentín» (The St. Valentine’s day massacre, 1967), se embarcó en su siguiente proyecto: «El viaje», de nuevo centrado en el ambiente contracultural que se estaba cocinando, sobremanera, en la costa Oeste de los Estados Unidos.

Charles B. Griffith, quien ya había trabajado junto a Corman como guionista en «Un cubo de sangre» (A bucket of blood, 1959) o en «La tienda de los horrores» (The little shop of horrors, 1960), fue el encargado de escribir los dos primeros borradores del guión de «El viaje». No obstante, pronto fue sustituido por Jack Nicholson -también colaborador habitual de Corman por aquel entonces-, quien gozaría de plena libertad para redactar un guión que destaca por sus tintes surrealistas. Cabe señalar que, amén del vínculo profesional que le unía al cineasta, Nicholson fue seleccionado para este trabajo dado que conocía en profundidad los efectos del LSD tras haber experimentado con esta droga. Incluso el propio Corman había hecho lo propio con el objeto de que su nueva película fuese fiel a la realidad.

«El viaje» centra su atención en Paul Groves (Peter Fonda), un publicista que atraviesa una crisis de personalidad tras haber sido engañado por su esposa, Sally (Susan Strasberg), de quien prevé divorciarse. Paul Groves acude en busca de ayuda a su amigo John (Bruce Dern), un profundo conocedor del LSD que le suministra la droga con el objeto de que se encuentre a si mismo. El protagonista inicia de este modo un viaje hacia lo más profundo de su mente en el que se suceden una suerte de visiones aderezadas por todo un muestrario de luces estroboscópicas y efectos caleidoscópicos.

Jack Nicholson se inspiró en sus propias experiencias psicodélicas para dar luz a su guión. Peter Fonda y Dennis Hopper, que da vida a un vendedor de marihuana y LSD llamado Max, también habían consumido ácido con anterioridad. Corman aprovechó estas circunstancias para retratar los efectos del consumo de esta sustancia desde un punto de vista, hasta cierto punto, objetivo y alejado de otras aproximaciones más erráticas –y, por qué no decirlo, sensacionalistas- como es el caso de «The acid eaters» (íd., 1968), de Byron Mabe. A pesar de todo, Corman ofrece una visión que, vista desde la lejanía que aporta el paso del tiempo, adolece de inocencia y que es producto de una época y una mentalidad muy concretas.

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«El viaje» es desconcertante. La mayor parte del metraje está compuesto por una serie de alucinaciones en las que Paul Groves descubre, poco a poco, sus temores y facetas de su personalidad que le son desconocidas. Corman recurre para ello a escenas a caballo entre el terror gótico y ambientes oníricos. Se hace evidente la influencia de sus adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe, especialmente durante las secuencias correspondientes al mal viaje experimentado por el protagonista. Del mismo modo, también es palpable la impronta del cine de Ingmar Bergman y, en especial, de su película «El séptimo sello» (Det sjunde insglet, 1957), a la que Corman acude incluyendo en su film a un siniestro personaje que recuerda a La Muerte interpretada por Bengt Ekerot en el film del director sueco.

Roger Corman abordó el tema del consumo de LSD en el punto álgido de la contracultura. Esta decisión perseguía dos metas. Por una parte, atraer a los jóvenes, a quienes, en primera instancia, iba dirigida la película. Por otra, despertar la curiosidad del público ajeno a la revolución social y cultural que se estaba fraguando en ciudades como San Francisco o Los Angeles. Es evidente que esta estrategia respondía a un fin económico que pretendía aprovechar una temática que, además de estar en boga, generaba controversia y un gran debate entre los ciudadanos de la conservadora sociedad norteamericana.

A pesar de todo, Corman vierte con sutileza una crítica velada a la sociedad del consumo y a sus preceptos. En una escena, el personaje interpretado por Dennis Hopper acusa al protagonista -de profesión publicista- de ganarse la vida creando mentiras. Asimismo, durante la secuencia nocturna que transcurre en las calles de Sunset Strip el director bombardea al espectador con decenas de anuncios publicitarios y carteles de luces de neón dando lugar a un desconcertante conglomerado de imágenes. Años más tarde, Michelangelo Antonioni adoptaría una postura similar en su película «Zabriskie Point» (íd., 1970). Si bien, el cineasta italiano se posicionaría de un modo más combativo al respecto.

Como ya ha sido señalado, «El viaje» es el fruto de una mentalidad y de un contexto histórico muy concretos. No obstante, más allá de todas las referencias a la contracultura, a los hippies, a sus hábitos, al sexo o a su música, la película apenas hace mención a la delicada situación social que atravesaban los Estados Unidos en aquellos momentos. Resulta cuando menos paradigmática la escena en la que Corman intercala varias imágenes en las que se puede ver a Malcolm X, al Tío Sam, a Timothy Leary, a Jesucristo así como a Sofía Loren y en la que también se hace mención a Bahía de Cochinos, lugar donde en 1961 desembarcó un ejército compuesto por exiliados cubanos financiados y apoyados por los Estados Unidos con el objeto de derrocar a Fidel Castro. Del mismo modo, durante la secuencia en la que Paul Groves allana una casa, Corman introduce una voz en off que informa sobre los fallecidos y los heridos durante una batalla en los alrededores de Saigon, capital de Vietnam del Sur.

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«El viaje» es un valiente acercamiento a la cultura de las drogas pero falla estrepitosamente a la hora de construir una historia coherente. El trepidante montaje de Ronald Sinclair se aproxima más a la estética y a los principios de un videoclip musical que a la edición de un largometraje, propiamente dicho. Corman, que fue el encargado de editar la mayoría de las escenas nocturnas, se apoya en el uso compulsivo de luces estroboscópicas y de efectos caleidoscópicos con el objeto de dotar a la mayoría del metraje de una atmósfera psicodélica. Archie R. Dalzell fue el encargado de dirigir la fotografía, caracterizada por el empleo de colores vivos.

Quizá el punto fuerte de «El viaje» sea su banda sonora, interpretada por la banda de Mike Bloomfield, Electric Flag, bajo el nombre de The American Music Band. El conjunto ni siquiera había sido bautizado cuando Peter Fonda les propuso componer la banda sonora de la película. El grupo se trasladó a Los Angeles y sus miembros comenzaron a experimentar con el ácido lisérgico con el fin de plasmar lo mejor posible el mensaje que Corman quería transmitir. Asimismo, contrataron al organista Paul Beaver, pionero en el uso del sintetizador Moog. El trabajo de estudio se prolongó durante una semana y media. Como resultado, crearon una música cuyos estilos versan entre el jazz, el pop y el blues. Una de las canciones, «Flash, Bam, Pow», compuesta por Bloomfield, fue incluida también en la banda sonora de «Easy Rider (Buscando mi destino)» (Easy Rider, 1969).

Llegados a este punto, es importante señalar que Corman fijó primero su atención en el grupo seminal International Submarine Band, el primer conjunto country rock que surgió como fruto del talento del genial Gram Parsons. Electric Flag llegó incluso a ensayar por aquel entonces en la casa que Gram Parsons habitaba en Laurel Canyon, una de las localizaciones del film. Sin embargo, la música de Parsons nunca llegó a ser incluida en la película, a pesar de que se le puede ver junto a su banda actuando en un club durante los primeros compases del film.

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Peter Fonda es el protagonista indiscutible de «El viaje». Corman ya había fijado su atención en el actor durante la producción de «Los ángeles del infierno». Sus dos trabajos con Corman, además de su participación en «Easy rider (Buscando mi destino)» y en «La última película» (The last movie, 1971), ambas bajo la batuta de Dennis Hopper, le convertirían en uno de los iconos de la contracultura y en uno de los rostros de la rebeldía juvenil de la época. Fonda comparte varios minutos del metraje con Dennis Hopper a modo de antesala del legendario dúo de moteros que protagonizaría dos años después «Easy rider».

Bruce Dern, quién también había participado en «Los ángeles del infierno» y que, un año después también tomaría parte en el título contracultural «Pasaporte a la locura» (Psych-out, 1968), de Richard Rush, interpreta a John, el encargado de introducir a Paul Groves en el LSD. Jack Nicholson había creado a este personaje con el objeto se interpretarlo el mismo. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados después de Corman encomendara esta tarea a Dern.

Susan Strasberg, que interpreta a la ex mujer de Paul Groves, completa el plantel de rostros conocidos en «El viaje». Su aparición en la película se limita a un puñado de escenas en las que apenas llegar a pronunciar unas líneas.

A pesar de contar con un escueto presupuesto de apenas 450.000 dólares, la película logró recaudar la nada desdeñable cifra de diez millones de dólares. «El viaje» es un film que pasa de puntillas y muy alejado de poder ser considerado una obra clave de la época. No obstante, el atrevimiento de Corman abrió el paso a otros títulos centrados en el movimiento hippie así como en el consumo de alucinógenos y, en su mayoría, carentes tanto de contenido como de una buena dirección.

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