El que recibe el bofetón, el terrible circo de la vida

El nombre del director sueco Victor Sjöström comenzó a sonar con fuerza en Hollywood después del estreno de su magnífica película «La carreta fantasma» (Körkarlen, 1921). En 1923, tras dirigir «El bajel trágico» (Eld ombord, 1923), Sjöström se trasladó a los Estados Unidos a invitación del productor Louis B. Mayer, miembro fundador y, posteriormente, presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer. Su objetivo era conocer de primera mano los métodos de producción de la industria del cine norteamericano y dirigir algún rodaje. No obstante, su estancia se dilató hasta principios de la década de los treinta, cuando, incapaz de amoldarse a los cánones del incipiente cine sonoro regresó a su tierra natal. Bajo el seudónimo de Victor Seastrom, dirigió nueve películas durante su etapa en Hollywood. La primera de ellas, «Name the man» (íd., 1924), fue una exitosa adaptación de la obra teatral de Hall Caine. Ese mismo año, también llevó a los cines una de sus mejores obras, «El que recibe el bofetón» (He who gets slapped, 1924), protagonizada por un soberbio Lon Chaney.

Títulos como «La carreta fantasma», «La hija de la turbera» (Tösen från Stormyrtorpet, 1917) o «La voz de los antepasados» (Ingmarssönerna, 1919) merecieron a Sjöström ser considerado uno de los mejores directores escandinavos de su época junto a Mauritz Stiller y a Georg af Klercker. Hollywood, en su constante búsqueda de nuevos talentos allende los mares, no tardó en fijar su atención en el cineasta sueco para sumarlo a su esfuerzo. En abril de 1924, MetroEl que recibe Pictures, Goldwyn Pictures Corporation y Louis B. Mayer Pictures se unieron dando lugar a los estudios Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Por esas fechas, Sjöström ya había dirigido para la Goldwyn su primer título estadounidense, «Name the Man». Fue entonces cuando Irving Thalberg, al frente de las producciones de MGM, le invitó a dirigir el primer film de la recién creada compañía, «El que recibe el bofetón».

Esta película, cuyo guión fue escrito por Sjöström, es una adaptación de la obra de teatro homónima del dramaturgo ruso Leonid Andreyev, estrenada en 1914 y traducida al inglés por Gregory Zillboorg. En enero de 1922 fue puesta en escena, por primera vez en los Estados Unidos, en el Teatro Garrick de Nueva York, siendo aclamada por el público.

«El que recibe el bofetón» destila patetismo a cada minuto de su metraje. Su protagonista, Paul Beaumont (Lon Chaney), es un científico con escasos recursos económicos que trata de probar sus teorías sobre el origen de la humanidad. Esta tarea es posible gracias al mecenazgo del Barón Regnard (Marc McDermott), quien le ofrece su hogar para llevar a cabo su labor. Tras muchos sinsabores, Beaumont logra alcanzar su meta y está preparado para presentar sus resultados ante los académicos. Sin embargo, su mujer (Ruth King) –que mantiene una relación a sus espaldas con Regnard-, le roba sus escritos. El gran día de la presentación de sus conclusiones en la academia, es traicionado por su esposa y el barón. Avergonzado, su mundo se viene abajo. Beaumont acaba con sus huesos en un circo, donde adopta la identidad del payaso «El que recibe el bofetón». Su número estrella es ser abofeteado mientras, para sus adentros, revive una y otra vez la traición y la vergüenza vividos en el pasado. Allí conoce a Consuelo (Norma Shearer), una amazona cuyo padre, el empobrecido conde Mancini (Tully Marshall), quiere desposar con un hombre rico. Ella ama a Bezano (John Gilbert), un joven jinete, pero en su camino se interpone un viejo conocido de Beaumont. El sufrido científico, que también ama en silencio a Consuelo, hará todo lo posible para saciar sus ansias de venganza.

Sjöström, mimado por la Metro-Goldwyn-Mayer, gozó de una gran libertad de movimientos a la hora de afrontar la dirección de esta película. La compañía le permitió tomar decisiones en la aprobación del guión, elegir a los actores, seleccionar a su director de fotografía y a su asistente, así como supervisar el montaje. El guión escrito por Sjöström -previa adaptación de Carey Wilson– presenta diversas diferencias con respecto a la obra de Andreyev, cuyo final destila más dramatismo. No en vano, en el texto del director ruso, Consuelo fallece tras consumir veneno. La productora, reacia a incluir un final tan dramático, prefirió dejar una puerta abierta a la esperanza, manifestada a través de la relación entre la joven amazona y su compañero de acrobacias, Bezano.

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La historia del payaso interpretado por Lon Chaney encaja como un guante dentro de la temática a la que Sjöström estaba acostumbrado. Su cine existencialista –que tanto influiría en Ingmar Bergman– se recrea en este tipo de personajes atormentados y grotescos. Salpicada de simbolismos y prendada de una luz tenue, la película es quizá uno de los títulos sobre la infelicidad más crudos de la historia del cine. Su dramatismo roza la incómodo. El personaje de Paul Beaumont representa un fracaso convertido en una suerte de pantomima, un infortunio que nunca fue buscado y que, sin embargo, se ensaña con su figura con una crudeza inusitada, en parte debida a que nadie llega a saber nunca que, tras ese inquietante clown, se encuentra un hombre despojado de su bien más preciado: la dignidad.

La película fue rodada durante treinta y siete días en los estudios que MGM poseía en Culver City (California). Sjöström recurrió a los servicios del director de fotografía Milton Moore, cuya carrera se desarrolló sobretodo durante la década de los años veinte del siglo pasado. A él se debe el cuidado tratamiento de la luz que, en un principio, fue desaprobado por Mayer y Thalberg. Ambos, tras revisar las primeras tomas filmadas amenazaron con despedir a Moore al considerar que la película estaba subexpuesta como fruto de su incompetencia. Nada más lejos de la realidad. Sjöström había dictado que así fuese para intensificar la carga dramática y oscura del largometraje. Moore logró seguir adelante con su trabajo, quizá el mejor de toda su carrera.

El montaje también es una de las piezas clave de «El que recibe el bofetón». Sjöström se apoyó en la figura del primerizo Hugh Wynn, que años más tarde trabajaría como editor de obras capitales como «El gran desfile» (The big parade, 1925), «Y el mundo marcha» (The crowd, 1928), ambas de King Vidor; «El cámara» (The cameraman, 1928), de Edward Sedgwick; o «Las manos de Orlac» (Mad love, 1935), de Karl Freund. Una vez más, y como ya había demostrado en «La carreta fantasma», Sjöström demuestra su maestría en el lenguaje del cine silente y en su slappeddesarrollo llegando a alcanzar la perfección en recursos estilísticos como la doble exposición, técnica que emplea para dar lugar a escenas oníricas.

Sin embargo, si algo eleva a la categoría de indispensable a «El que recibe el bofetón» -amén del resto de atractivos descritos- eso es la soberbia interpretación de Lon Chaney, apodado con gran acierto «El hombre de las mil caras». Chaney, que en aquel momento trabajaba como un agente libre, fue contratado por MGM para interpretar este papel, confeccionado a su medida. Su caracterización es sublime. La atención está capitalizada por su personaje, Paul Beaumont. Grotesco, torturado, decepcionado, sin aspiraciones más allá de ser el último que ría, Beaumont diluye su identidad hasta ser llamado tan sólo «El» por sus compañeros. Chaney, que falleció en 1930 como consecuencia de un cáncer de pulmón agravado por una infección tras aspirar nieve artificial en un rodaje, volvería a interpretar a sujetos circenses en años posteriores en «Garras humanas» (The unknown, 1927), de Tod Browning, y en «Ríe, payaso, ríe» (Laugh, clown, laugh, 1928), de Herbert Brenon.

Chaney comparte protagonismo con Norma Shearer y John Gilbert en los papeles de Consuelo y Bezano, respectivamente. La actriz Shearer se encontraba en plena proyección tras una infancia complicada y unos inicios difíciles en el mundo del cine antes de que decidiese coger las maletas e ir a Hollywood durante la primavera de 1923 para entrevistarse con Irving Thalberg antes de la fundación de MGM. Su papel como Consuelo le dio el espaldarazo definitivo, interpretando para la nueva productora entre 1924 y 1927 trece películas. Por su parte, John Gilbert también era un joven intérprete en ciernes que con el tiempo llegó a rivalizar con Rodolfo Valentino. Gilbert estuvo a punto de rechazar el papel como Bezano al considerar que su presencia en la pantalla era apenas testimonial. Acabó cediendo y aceptando el papel, pasando a convertirse en uno de los rostros más carismáticos de MGM en la era silente.

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El reparto de actores cuenta entre sus integrantes con intérpretes como Tully Marshall, uno de los pioneros del Hollywood de la década de los diez; el prolífico actor australiano Marc McDermott, que fallecería apenas cinco años después; o Ford Sterling, conocido por sus papeles para Keystone y en especial por su trabajo como jefe de la incompetente banda de policías «Keystone Cops», que contó entre sus miembros con un novato Charlie Chaplin o con el malogrado Roscoe “Fatty” Arbuckle. Aunque no ha sido acreditado, se señala que Bela Lugosi interpreta a uno de los payasos de la banda de Tricaud.

A pesar de que «El que recibe el bofetón» fue la primera producción de MGM, no fue su primer estreno. Su proyección en las salas de los Estados Unidos se demoró intencionadamente durante varios meses. Su producción concluyó en julio de 1924 y fue estrenada en noviembre de ese mismo año aprovechando el tirón de la temporada vacacional. Durante su primera jornada en los cines recaudó la friolera de quince mil dólares, un récord por aquel entonces. En total, su recaudación se elevó a los 881.000 dólares, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta que su presupuesto fue de apenas 172.000 dólares.

Tras su éxito, Sjöström dirigió «El trono vacante» (Confessions of a queen, 1925), «La mujer marcada» (The scarlet letter, 1926) y la magnífica «El viento» (The wind, 1928), considerada junto a «Amanecer» (Sunrise: A song of two humans, 1927), las obras cumbre del cine silente occidental.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Henry Salas dice:

    Reblogueó esto en Henry Has a Notebook.

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