Las calles de la ciudad, amor en tiempos de la Ley Seca

La incursión del cine sonoro pilló con el pie cambiado a más de uno allá por 1927. Muchos intérpretes y directores de la era silente vieron como sus carreras se desvanecían mientras otros profesionales de la industria abrazaban -con acierto- los cambios tecnológicos. El director de raíces georgianas Rouben Mamoulian es considerado uno de los pioneros de las nuevas posibilidades creativas que ofrecía el sonido. Formado en el mundo del teatro, en 1929 estrenó su primera película, «Aplauso» (Applause, 1929), una comedia musical producida por la Paramount que gozó de la aprobación de la crítica y que, por el contrario, apenas llegó a calar entre el público. Dos años más tarde, Mamoulian estrenó su segundo film: «Las calles de la ciudad» (City streets, 1931). Basada en un relato de Dashiell Hammett, esta obra es un antecedente del género noir así como la primera película estadounidense en hacer uso de la voz en off en un flashback.

Hijo de una directora teatral y de un banquero, Mamoulian comenzó su carrera como director de obras de teatro en Londres a principios de los años veinte del siglo pasado. Tras trasladarse a los Estados Unidos, donde impartió clases en la Eastman School of Music, aterrizó enLas calles de la ciudad Broadway debutando al frente del musical «Porgy», basado en la novela homónima de DuBose Heyward. Su fulgurante carrera llamó la atención de los directivos de Paramount, quienes le contraron para dirigir «Aplauso», obra en la que destacó por su innovador uso de los movimientos de la cámara y del sonido.

Tras el estreno de «Aplauso», la productora tardó un año en volver a ponerse en contacto con Mamoulian quien, durante ese periodo, siguió trabajando en Broadway y dirigió una ópera. En 1930, Paramount ofreció al escritor Dashiell Hammett la redacción de un guión. Jesús Ángel González López señala en su libro «La narrativa popular de Dashiell Hammett: pulps, cine y cómics» (Universidad de Valencia, 2005) que este fue el primer trabajo de Hammet como guionista. En concreto, Paramount solicitó al afamado autor que escribiera algo que encajase con el perfil de Gary Cooper, quien por aquel entonces era un joven intérprete que comenzaba a despuntar.

Hammett escribió un relato de apenas unas diez páginas titulado «After school» y por el que percibió 5000 dólares. La historia -recogida en el libro «El cazador y otras historias»- pasaría, con posterioridad, a llamarse «The kiss-off». Cuenta la historia de una pareja de adolescentes que, por causas del destino, acaban inmersos en el mundo del hampa en plena era de la prohibición. El relato fue adaptado por Max Marcin y pasado a guión por Oliver H. P. Garrett. Tomando como punto de partida el texto de Hammett, Garrett y Marcin redactaron un final diferente al planteado por el escritor, cuya aportación es más evidente durante la primera mitad del guión. Finalmente, «The kiss-off» llegaría a los cines con el nombre de «City streets».

«Las calles de la ciudad» es un melodrama basado en una historia de amor en el contexto del mundo del crimen. Nan Cooley (Sylvia Sidney) es la hijastra de Pop Cooley (Guy Kibbee), el hombre fuerte del hampón Maskal (Paul Lukas), con negocios en la producción y distribución ilegal de cerveza. Nan se enamora de The Kid (Gary Cooper), un joven feriante de una galería de tiro pero es encarcelada tras encubrir un crimen cometido por Pop. Durante su estancia en prisión, The Kid –un gran tirador- se une a la banda de Maskal con el objeto de que su amada salga lo antes posible de entre rejas. Tras ser puesta en libertad, Maskal se encaprichará de su belleza y la joven pareja se verá en aprietos para huir a las garras de sus matones.

El cine de gangsters fue iniciado a finales de la década de los veinte por «La ley del hampa» (Underworld, 1927), de Josef von Sternberg. A pesar de que esta obra fue producida por Paramount, sería su competidora, la Warner Bros, quien desarrollase durante esos años este nuevo género con títulos como «Hampa dorada» (Little Caesar, 1931), de Mervyn Leroy, o «El enemigo público» (The public enemy, 1931), de William A. Wellman. Estas obras se caracterizaban por contar con exiguos presupuestos, guiones trepidantes y actores versátiles. Centran su atención en la figura de personajes atormentados, conducidos por las circunstancias de la vida al crimen y condenados a morir sin opción de redimir todos sus pecados. Asimismo, incluyen referencias a temas tales como la sexualidad, el consumo de drogas o la infidelidad, además de retratar una violencia inusitada.

Por su parte, Paramount produjo durante esos años películas de gangster de marcado carácter melodramático. «Las calles de la ciudad» es un claro ejemplo de esta vertiente que halla sus raíces en otras películas como «La redada» (Dragnet, 1928), de Josef von Sternberg; «Una de tantas» (Ladies of the mob, 1928), de William A. Wellman; o «La horda» (The racket, 1929), de Lewis Milestone. Esta tendencia presenta a personajes que se han visto envueltos en situaciones que no han sido creadas por ellos. En cierto modo, se trata de historias de amor que se desarrollan en un contexto criminal.

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Todas estas películas, al igual que la magnífica «Scarface, el terror del hampa» (Scarface, 1932), producida por Universal Pictures y dirigida por Howard Hawks, se enmarcan dentro de la época Pre-Code, comprendida entre la introducción del cine sonoro y 1934, año en el que fue aplicado el Código de Producción de Películas mediante el cual se pretendía erradicar la supuesta amoralidad del cine de Hollywood.

«Las calles de la ciudad», que fue rodada en los Estudios Astoria de Nueva York, es considerado uno de los títulos precursores del género noir. Se trata de una de las películas de gangsters más sofisticadas de su época. No en vano, es preciso recordar que, cuando fue rodada, la industria se encontraba aún en pleno proceso de adecuación a las exigencias del cine sonoro. A este respecto, la aportación de Mamoulian es imprescindible. Como ya había demostrado con «Aplauso», era uno de los directores más propicios para desarrollar el nuevo lenguaje fílmico gracias a su audacia en el tratamiento del sonido, por ejemplo, tras demostrar que era posible el empleo de varios micrófonos a un mismo tiempo para simultanear la voz de los intérpretes.

Uno de los principales atractivos de «Las calles de la ciudad» es el uso de la voz en off en un flashback durante la escena en la que Nan Cooley, angustiada por la decisión de The Kid de sumarse al hampa, sufre una suerte de pesadilla en su celda. Si bien la Paramount se oponía al empleo de este recurso por miedo a que el público no lograse entenderlo -tal y como señala Cliff Aliperti en Immortal Ephemera-, Mamoulian logró salirse con la suya siguiendo la estela de Alfred Hitchcock, quien había empleado por primera vez en la historia del cine la voz en off en un flashback en «Chantaje (La muchacha de Londres)» (Blackmail, 1929).

También resulta cuando menos interesante la fotografía. Dirigida por Lee Garmes, está influenciada por el expresionismo alemán que, a través de directores como Murnau o Fritz Lang, había exportado todo su talento y peculiar tratamiento de la luz a la industria del cine norteamericano. Garmes, además, se encuentra tras los magníficos movimientos de cámara y el magistral tratamiento de escenas como, por ejemplo, aquella en la que los protagonistas se encuentran en una playa en medio de la noche.

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«Las calles de la ciudad» no es una película de gangsters al uso. Su retrato de las malas artes de los hampones es más comedido que el reflejado por otros títulos del género. Las escenas de asesinatos nunca son mostradas a los espectadores y siempre transcurren fuera del encuadre. Esto no quiere decir que Mamoulian ofrezca una imagen distendida del crimen que asolaba los Estados Unidos durante la Ley Seca. Su relato es crudo aunque adolece del ritmo trepidante que caracteriza a obras como «Scarface, el terror del hampa». El ritmo narrativo de Mamoulian adquiere intensidad a medida que los hechos se suceden. El metraje toca a su fin de un modo abrupto con una escena vertiginosa en la que The Kid conduce su coche a toda velocidad por una carretera sinuosa. Parece ser que Hammett nunca llegó a estar de acuerdo con este final, que había sido modificado por Garrett y Marcin para hacerlo más asequible al público.

El reparto está encabezado por Sylvia Sidney y Gary Cooper. El elenco se completa por otros intérpretes como Guy Kibbee, Paul Lukas, William “Stage” Boyd, Wynne Gibson, Stanley Fields, Betty Sinclair o Paulette Goddard.

El papel de Nan Cooley había sido pensado para ser interpretado por Clara Bow. No obstante, la legendaria actriz de la época silente –que había protagonizado «Una de tantas»-, fue desestimada como consecuencia de los problemas de salud que sufrió después de que su secretaria, Daisy de Voe, vendiese al diario «The Coast Reporter» supuestos detalles concernientes a su vida privada y sus prácticas sexuales con el objeto de extorsionar a la actriz. Mamoulian decidió entonces contar con Sylvia Sidney, con quien ya había trabajado durante la década de los veinte en el teatro, después de que Nancy Carroll rechazase el trabajo. Su personaje es una joven que, aunque el principio ve en la mafia una vía para alcanzar un mayor estatus social, acaba arrepintiéndose de conducir a su novio al mundo del crimen. Su excelente interpretación adquiere sus mejores registros en los momentos de mayor tensión, donde Sidney deja claro que es una de las mejores actrices de su generación, tal y como demostraría en títulos posteriores como «Furia» (Fury, 1936) o en «Sólo se vive una vez» (You only live once, 1937), ambas de Fritz Lang.

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Por su parte, Gary Cooper se encontraba en pleno despegue de su carrera. El intérprete combinó el rodaje de «Las calles de la ciudad» con el del western «Caravanas bélicas, camino al oeste» (Fightin’ caravans, 1931), dirigido por Otto Brower así como David Button y donde compartía pantalla con Lili Damita. Cooper interpreta a The Kid, un afable joven que trabaja en una feria de atracciones y cuya mayor pretensión es contraer matrimonio con Nan Cooley. The Kid se muestra contrario a los negocios de la cerveza pero al final decide sumarse a los mismos después de que su novia acabe con sus huesos en la cárcel. A partir de ese punto, se convertirá en un hombre ambicioso y confiado que no abrirá los ojos hasta que descubra como se las gasta su jefe, Maskal.

El tercer peso pesado del elenco de actores es Guy Kibbee, quien se mete en la piel del hipócrita Pop Cooley, quien ejerce como padre de Nan. Kibbee, que pasó a la historia como actor de comedia, se encuentra en esta película muy alejado de su registro habitual, si bien, se desenvuelve con soltura en el papel de hombre sin escrúpulos. No sucede lo mismo con el húngaro Paul Lukas, que no logra convencer en su papel de jefe de la mafia.

La película fue estrenada en abril de 1931 con un gran éxito tanto entre la crítica como entre el público. Logró recaudar tres millones de dólares en taquilla, frente a los apenas 300.000 dólares que costó su producción. Mamoulian -que ese mismo año «El hombre y el monstruo» (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1931)- se ganó la confianza de la productora, que le dio carta blanca para dirigir sus dos siguientes trabajos: «Ámame esta noche» (Love me tonight, 1932) y «El cantar de los cantares» (The song of songs, 1933). En 1936 Paramount intentó relanzar «Las calles de la ciudad». Sin embargo, la doctrina impuesta por Hays Code lo impidió al considerar que en todo el film se mostraba que las fuerzas del orden eran incapaces de lidiar con las actividades criminales de sus personajes. Esta decisión relegó al film a un segundo plano durante décadas.

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