La vida privada de Sherlock Holmes, la obra mutilada de Billy Wilder

«Ha sido hecha una gran película con lo que usted no sabía acerca de Sherlock Holmes. Todo el mundo conoce su mente rápida como un rayo, su ingenio deslumbrante, su lupa. Pero, ¿qué sucede con los pequeños frascos de cristal que tan hábilmente mantuvo ocultos? Y, ¿qué sucede con la metedura de pata en seguridad que casi le costó al Imperio Británico su armada? Y ¿qué pasa con la mujer que estuvo esa noche con él?». Enigmático, ¿verdad?. De este modo se anunció la película «La vida privada de Sherlock Holmes» (The private life of Sherlock Holmes, 1970), obra paradigmática de Billy Wilder en la que se retrata la cara oculta del legendario personaje de Sir Arthur Conan Doyle. Concebido para ser proyectado tan sólo en uHolmesn puñado de grandes ciudades durante su estreno, el film fue recortado sin atender a las directrices del director, que nunca llegó a ver restaurada su creación.

Con un presupuesto de unos diez millones de dólares, «La vida privada de Sherlock Holmes» es la producción más cara de toda la carrera de Billy Wilder. Lector aficionado a las novelas de Doyle, el director obtuvo permiso para llevar a Broadway un musical sobre el detective cuando se encontraba en Londres rodando «Testigo de cargo» (Witness for the prosecution, 1957). Por aquel entonces, los herederos del legado de Doyle habían vetado en la gran pantalla diversos aspectos referentes al personaje. Wilder fue incapaz de recabar apoyos para llevar a buen puerto su producción, lo que obligó a cambiar de estrategia y darse un tiempo mientras dirigía otras películas como «Irma la dulce» (Irma la Douce, 1963), «Bésame, tonto» (Kiss me, stupid, 1966) y «En bandeja de plata» (The fortune cookie, 1966).

En 1968, Wilder co-escribió junto a I. A. L. Diamond el guión de «La vida privada de Sherlock Holmes». Ambos concibieron un libreto compuesto por doscientas sesenta páginas que darían como resultado una película de ciento sesenta y cinco minutos con un descanso intermedio. Su idea contemplaba el estreno -en varias ciudades- programado al modo de un roadshow. El film pensado por ambos se estructuraba en cuatro episodios de diferentes temática y título. Asimismo, la estructura inicial contaba con un prólogo y un epílogo.

«La vida privada de Sherlock Holmes» lleva al detective (Robert Stephens) hasta las tierras escocesas de Inverness. Allí, junto al doctor Watson (Colin Blakely), tiene que investigar la desaparición del marido de Gabrielle Valladon (Geneviève Page). El Club Diógenes, al que pertenece Mycroft Holmes (Christopher Lee), le advierte de que detenga sus indagaciones. No obstante, el detective sigue adelante con sus pesquisas viéndose envuelto en un caso de espionaje que pone en peligro la seguridad del Imperio Británico.

La historia arranca, cincuenta años después del fallecimiento del Doctor Watson, en los sótanos del banco Cox & Co de Londres. En sus anaqueles reposa una caja del médico que contiene varios recuerdos de su trabajo junto a Sherlock Holmes. La versión inicial escrita por Wilder y Diamond cuenta con la presencia del nieto del Doctor Watson, quien reclamaba las pertenencias de su abuelo. Del mismo modo, retrocedía hasta los años estudiantiles de Sherlock Holmes en Oxford con el objeto de ofrecer una explicación a su rechazo a las mujeres. Estos pasajes, al igual que gran parte del metraje original, fueron suprimidos. La película debía incluir dos episodios más aparte del caso del hombre desaparecido en Inverness y de la propuesta para que Holmes se convirtiera en padre de la descendencia de la bailarina Petrova (Tamara Toumanova) del Ballet Imperial Ruso. En concreto, esos dos capítulos desestimados se titulaban «El curioso caso de la habitación vuelta del revés» y «El horrible asunto de los recién casados desnudos».

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Pero, ¿por qué se decidió prescindir de estos fragmentos? La respuesta debe buscarse, en parte, en la situación económica de la industria del cine en aquel entonces. La producción de «La vida privada de Sherlock Holmes» se prolongó durante cuatro años. A lo largo de este tiempo, Hollywood sufrió numerosos varapalos como fruto de su estrategia para promocionar películas de tres horas de duración en roadshows con estrenos acordados tan sólo en importantes salas. La productora United Artists experimentó en 1969 varios batacazos en la taquilla y tomó la decisión de desestimar el formato roadshow para la película de Wilder. El rodaje había arrancado en mayo de ese mismo año y había concluido en diciembre. El equipo de Wilder había rodado tres horas y veinte minutos de película en bruto y United Artist quería que la edición final contase tan sólo con una hora y veinticinco minutos.

La estructura de la película facilitaba en apariencia las labores de edición. Sin embargo, y para colmo, la apretada agenda de Wilder –que se encontraba en Italia buscando localizaciones para su film «¿Qué ocurrió entre mi madre y tu padre?» (Avanti!, 1972)- le impidió dirigir los trabajos de montaje. El director confió está tarea a Ernest Walter, quien tomó sus propias decisiones sin seguir las pautas marcadas por Wilder. Tras finalizar su estancia en Italia, el cineasta se llevó una desagradable sorpresa a su regreso al ver que había desaparecido en torno a una hora y cuarto del metraje. «Cuando regresé, era un absoluto desastre, la manera en que había sido montado. El prólogo había sido suprimido al completo, media secuencia había sido cortada. Tenía lágrimas en los ojos mientras observaba…era la película más elegante que jamás había filmado», comenta Wilder en el libro «Conversaciones con Wilder», de Cameron Crowe.

La película había sido mutilada sin contemplaciones. El desacertado montaje tuvo sus repercusiones en la taquilla. El público interpretó que Wilder se estaba burlando de la figura de Sherlock Holmes y tan sólo el paso del tiempo fue capaz de reconocer a «La vida privada de Sherlock Holmes» como la gran película que es. El ritmo narrativo se vio resentido. El film está salpicado por varias referencias condenadas a una suerte de limbo después de ser suprimidos dos episodios indispensables para que la acción discurriese sin altibajos.

Éste no fue el único percance que sufrió la producción. La escenas en las que aparece el monstruo del lago Ness deberían de ser grabadas en la localización real. No obstante, durante una de las pruebas se hundió un prototipo a tamaño real de Nessie después de serle retiradas varias jorobas empleadas para camuflar los dispositivos de flotación. Fue imposible recuperar el ingenio y se optó por construir otro prototipo de menores dimensiones apto para rodar en un tanque de los estudios Pinewood de Buckinghamshire.

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Cuando Billy Wilder comenzó a fantasear con la posibilidad de dirigir una película sobre el detective de Baker Street pensó en Peter O’Toole para interpretar al carismático personaje y en Peter Sellers para encargarse del papel de Watson. Esta opción quedó desestimada en 1964 después de que Sellers se retirase del rodaje de «Bésame, tonto» tras sufrir ocho infartos de corazón en apenas tres horas, al parecer, después de consumir popper con fines afrodisíacos. Cabe señalar que, además, su relación con Wilder había sido tortuosa. El director optó al final por dar los papeles a rostros poco conocidos. Los elegidos fueron Robert Stephens y Colin Blakley. Con ellos compartieron reparto Christopher Lee y Geneviève Page.

Robert Stephens ostenta el privilegio de haber interpretado a uno de los Sherlock Holmes más sui generis de la historia del cine. Wilder le ofreció esta posibilidad y el actor británico supo aprovecharla. Su personaje nada tiene que ver con el detective al que estaba acostumbrado el público en general. El Sherlock Holmes trazado por Wilder destila flema británica, es inteligente y audaz pero, al mismo tiempo, sufre de los mismos males que el resto de la humanidad. El aburrimiento le empuja al consumo de cocaína para poder hacer más soportable su existencia, está expuesto al engaño y mete la pata como todo hijo de madre. Wilder pone en tela de juicio su sexualidad y, debido al nefasto montaje, se deja a la libre interpretación del espectador los motivos por los cuales huye de las mujeres. Stephens interpretaría de nuevo al detective en una obra de teatro de William Gilette. Asimismo, también aparecería en un capítulo de la serie «Los rivales de Sherlock Holmes».

El irlandés Colin Blakley da cuenta de su buen hacer interpretando al doctor Watson. Wilder lo presenta como un hombre que admira a su compañero. Tal admiración le empuja a adornar en demasía los relatos que publica sobre las andanzas del detective en la revista The Strand. Esta actitud permite que la figura de Sherlock Holmes sea entendida como más mundana, lejos de sus novelescas hazañas como impulsor de la investigación científica. Frente al esquivo carácter de Holmes, Watson es un hombre mujeriego y entregado a los placeres de la vida siempre que lo requieran las circunstancias.

Geneviéve Page representa, por su parte, a la mujer astuta capaz de engañar al más perspicaz de los detectives. Su personaje, Gabrielle Valladon, se presenta un buen día en el 221B de Baker Street solicitando la ayuda de Sherlock Holmes para averiguar cuál es el paradero de su esposo, un ingeniero belga desaparecido en Escocia. Mycroft Holmes, el hermano mayoHolmes 2r de Sherlock –interpretado por Christopher Lee-, se interpondrá en la investigación que, a pesar de todo, seguirá su marcha.

Amén de ser una obra despedazada, «La vida privada de Sherlock Holmes» es una muestra más del talento de Billy Wilder como director y guionista. Wilder firma un peculiar retrato del universo victoriano tantas veces representando en la literatura y en la gran pantalla. Se atreve con un personaje complicado así como muy estereotipado y le imprime su particular sello en un ejercicio de audacia. Su labor se ve apoyada por una lograda dirección de arte, bajo la batuta de Tony Inglis; una cuidada fotografía, dirigida por Christopher Challis; y una sublime banda sonora compuesta por Miklós Rózsa, quien incluso aparece en un cameo como director de orquesta. La industria del cine sigue en deuda con Wilder por este título. Mientras que el público ha sabido aplaudir esta obra con el paso de los años, aún no ha sido abordada una restauración que –hasta cierto punto- podría ser posible puesto que se conservan muchas escenas denostadas en origen.

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