De un castillo a otro, el exilio germano de Céline

El avance de las tropas aliadas sobre París tras el desembarco de Normandía dejó en cueros a los colaboracionistas de Vichy y a sus simpatizantes. La retirada progresiva de los alemanes había puesto las cosas muy crudas para la «corte» del mariscal Pétain, trasladada en julio de 1944 al castillo de Morvillars –en Belfort– y en septiembre a la fortaleza de Sigmaringen, en el estado alemán de Baden-Wurtemberg. Más de un millar de exiliados franceses dieron con sus huesos en territorio alemán. Entre ellos se encontraba el escritor Louis-Ferdinand Céline, cuyos panfletos antisemitas condenaron al ostracismo su fulgurante carrera en las letras. En 1957, hastiado por la miseria y el odio, Céline publicó una de sus obras más celebradas: «De un castDe un castillo a otroillo a otro» (Gallimard, 1957). En ella describe el exilio del gobierno de Vichy en Sigmaringen así como su paso por la cárcel en Dinamarca o la caza de la que fue objeto en su tierra natal.

Louis-Ferdinand Céline, veterano de la Primera Guerra Mundial y médico, goza de una posición eminente en la historia reciente de la literatura francesa. Considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX, alcanzó la fama en 1932 tras la publicación de su primer libro, «Viaje al fin de la noche», una novela de tintes autobiográficos en la que narra un particular descenso a los infiernos aderezado por una prosa violenta, contundente y de ritmo endiablado. A finales de la década de los treinta, Céline firmó varios panfletos manifiestamente antisemitas, entre los que destacan «Bagatelas para una masacre» y «La escuela de los cadáveres». Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se posicionó sin miramientos del lado de los colaboracionistas y manifestó su apoyo al régimen nazi, actitud que marcaría el resto de su vida y que le serviría para ser considerado una desgracia nacional en Francia, a donde regresaría en 1951 tras su exilio alemán y su cautiverio danés.

La novela «De un castillo a otro», traducida al castellano por Carmen Kurtz, fue escrita a mediados de los cincuenta, cuando Céline malvivía como médico a domicilio en el suburbio parisino de Meudon junto a su tercera esposa, Elizabeth Craig. Se trata de la primera entrega de una trilogía completada por «Norte» y «Rigodón», en la que habla sobre sus experiencias en el exilio. «De un castillo a otro», hace referencia a tres periodos de la vida del controvertido autor francés. Por una parte, Céline hace hincapié en su complicada situación tras su regreso a Francia. Por otra, describe con todo lujo de detalles su paso por Sigmaringen y ofrece varias pinceladas de su año en prisión antes de ser amnistiado.

Francia, en su mayoría, se negó a perdonar la postura de Céline tras la invasión nazi. Tras abandonar París con lo puesto en 1944, era consciente de que su regreso se antojaba cuando menos complicado. Sus incendiarios escritos antisemitas así como su apoyo a políticos colaboracionistas lo habían situado en el punto de mira de un pueblo enfurecido que –tras varios años de ocupación- se libraba de sus cadenas con ansias de venganza. Céline logró huir a Alemania pero su vivienda fue saqueada y con ella sus manuscritos. «Desde el momento que te lo han birlado todo…muebles, manuscritos, objetos, cortinas, ¡puedes esperarlo todo!…y más de los parientes, de los amigos…!los más infames bienhechores!…!más dañinos que el patíbulo!», subraya.

Céline se revuelve en su miseria. Emite un grito de odio lacerante contra la sociedad que le ha condenado y contra sus editores, con los que mantiene una relación tormentosa. Denuncia la situación de sus escritos, robados y cautivos en los sótanos de las editoriales. «!De golpe, una idea!… ¿me darían un premio Nobel?…!Qué bien me iría para el gas, las De un castillo a otro 2contribuciones y las zanahorias!…!pero los hijos de puta de allá arriba no van a dármelo! ¡ni su Rey!…!a todos los enchufados posibles!…!sí!»,enfatiza. El desprecio le ha condenado a subsistir realizando consultas a domicilio a un puñado de enfermos, en su mayoría pacientes de cáncer, a los que aplica cuidados paliativos. Mientras, su mujer imparte clases de baile. Estas dos actividades les proveen de los ingresos necesarios para mal vivir en un entorno que les es hostil. Francia le odia y lo sabe. Camina por Meudon acompañado por sus perros, teme represalias. Se refugia en la buhardilla de su vivienda, desde donde contempla el constante trasiego de las embarcaciones del Sena a la par que rememora con nostalgia los años de su niñez y su juventud parisina.

Su exilio ha dañado su ya delicada salud -mermada por las heridas sufridas en las trincheras de Ypres en 1914 y por la malaria contraída durante su periodo como comercial en las colonias africanas– y le ha convertido en testigo de excepción de la decadencia de Pétain. Su estancia en Alemania le permite presenciar la estrepitosa y dramática caída del gobierno de Vichy. «De un castillo a otro» es una suerte de crónica del confinamiento de los colaboracionistas en el castillo de Sigmaringen, donde conviven con refugiados de otros países y con soldados alemanes mientras las fortalezas volantes británicas y estadounidenses sobrevuelan sus cabezas preñadas de bombas y dispuestas a volar por los aires el III Reich.

Por el testimonio de Céline desfilan políticos, militares, advenedizos y otros artistas que, como el autor, han ido a parar a Sigmaringen arrollados por la tempestad desatada por sus propios ideales. Pierre Laval, primer ministro de Vichy; Paul Marion, periodista involucrado en la fundación del Partido Popular Francés (PPF); Jacques Doriot, miembro fundador de la Legión de Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo (LVF); o Simon Sabiani, también miembro del PPF y de la LVF, gozan de su cuota de protagonismo durante los episodios dedicados al confinamiento en el castillo alemán, regido por el comandante Von Raumnitz y convertido en refugio del mariscal Pétain, quien se negó a ejercer como jefe de estado en territorio germano. A la clase política se suman otros personajes, como es el caso del actor Robert Le Vigan, uno de los intérpretes más prolíficos del cine francés de los años treinta y que, tras la contienda, acabó sus días trabajando como taxista en Tandil (Argentina).

Miseria, mugre y excesos se dan la mano en el relato de Céline. Mientras Europa se desmorona, el exilio colaboracionista así como sus anfitriones alemanes son rodeados por una atmósfera decadente donde las jóvenes arias se entregan a los placeres carnales en brazos de curtidos soldados que vienen y van del frente, donde corre la cerveza, se codician las ampollas de cianuro y donde la traición así como el miedo al futuro más inmediato están a la orden del día a la par que las tropas de Leclerc avanzan con paso firme. «En verdad, un continente sin guerra se aburre…en cuanto suenan los clarines ¡la fiesta!…!vacaciones generales! ¡y sangrientas!…!viajes de nunca acabar!…!los ejércitos no cesan de moverse!…entremezclarse, rodar…», comenta.

Celine

«De un castillo a otro» retrata al hombre conducido al umbral de la locura por la marginación y el rencor. El lenguaje de Céline es descarnado, mordaz, soez, henchido de sinceridad y en ocasiones provisto de una pátina de humor negro. «El mundo solamente gozará de tranquilidad cuando todas las ciudades estén arrasadas ¡digo! ¡son ellas, las ciudades, las que ponen al hombre furioso, les hace montar en cólera! ¡no más music-halls, ni tascas, ni cines, ni envidias! ¡no más histerias!…!todos por el aire! ¡y los pies en el hielo! ¡imagínate que hibernación! ¡qué cura para la loca humanidad!», recalca. La naturaleza humana es desnudada, desprovista de aditamentos. Se ensalzan sus miserias.

El autor obvia emitir un mensaje de arrepentimiento. A lo largo de la novela expresa sin tapujos que sigue siendo un racista convencido. Sin embargo, no pretende convencer al lector, tan sólo le hace partícipe de su odio desmedido, ese aborrecimiento que, incluso en la actualidad, sigue otorgándole la categoría de personaje non grato en numerosos sectores de la sociedad francesa a pesar de que, junto a Marcel Proust, es el escritor francés más traducido del siglo XX.

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