La patrulla perdida, muerte en Mesopotamia

La Gran Depresión no dejó títere con cabeza. A pesar de todo, John Ford supo esquivar el periodo de vacas flacas. En 1929, año del crack de la bolsa de Nueva York, cobró por su trabajo la nada desdeñable cantidad de 134.000 dólares. El realizador fue durante años una de las estrellas mejor pagadas de Hollywood, llegando incluso a superar el dinero percibido por el propio presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, la crisis le obligó a reducir su número de producciones anuales durante 1932 y 1933, años en los que llevó a la gran pantalla tan sólo dos películas, frente a las tres a las que tenía habituado al público. En 1934 recuperó su ritmo de trabajo. El día 16 de febrero estrenó «La patrulla pérdida» (The lost patrol, 1934), un remake del film homónimo que Walter Summers había estrenado cinco años atrás.

«La patrulla perdida» narra la historia de un grupo de soldados británicos perdidos en la inmensidad del desierto de Mesopotamia. SuLa patrulla perdida2 comandante, un hombre celoso de su cometido, fallece tras ser alcanzado por una bala enemiga y se lleva consigo a la tumba el plan de ruta de su unidad. El sargento (Victor McLaglen) se ve en la tesitura de tomar las riendas de la situación y tratar de salvar la vida de sus compañeros, a merced de una amenaza invisible.

La película se basa en la novela «Patrulla» (Patrol, 1927) del escritor británico Philip MacDonald. El autor, que durante la Primera Guerra Mundial sirvió en la caballería británica en el desierto de Mesopotamia, describe las vicisitudes y los terrores que padecieron los soldados durante la contienda en Oriente Próximo. El guión fue escrito por Dudley Nichols a partir de una adaptación del libro firmada por Garrett Fort, conocido por participar en la redacción del libreto de «Drácula» (íd, 1931) de Tod Browning.

La temática ha sido abordada en varias ocasiones por diferentes realizadores. El director británico Walter Summers fue el primero en llevar al cine la novela de MacDonald. Diez años después, en 1939, el realizador estadounidense Lew Landers trasladó la historia al viejo Oeste en «Malas tierras» (Bad Lands, 1929). En su film, Landers narra el periplo de un grupo de hombres encabezados por un renegado que encuentran una veta de plata en un oasis situado en territorio indio. En plena Segunda Guerra Mundial, Tay Garnett rodó «Bataan» (íd., 1943). Se trata de otra adaptación de «Patrulla» cuyo contexto es la retirada de los soldados estadounidenses tras la caída de Manila (Filipinas) en manos de los japoneses.

Por su parte, la versión de John Ford ha sido referenciada en otros films como por ejemplo «Centauros del desierto» (The searchers, 1956) o «Los siete samuráis» (Shichinin no Samurai, 1954) de Akira Kurosawa. La escena final de la película nipona, en la que se muestran las katanas clavadas en las tumbas de los guerreros fallecidos, es un guiño al plano en el que Ford muestra los sables de los soldados británicos marcando su lugar de descanso eterno.

John Ford realizó el rodaje de «La patrulla perdida» en las Dunas de los Algodones, situadas al sur de California. Asimismo, también fueron rodadas varias escenas en Yuma (Arizona). Acorde con el estilo de Ford, destaca la belleza con la que el realizador plasma los espacios abiertos. El desiertoLibro se convierte, en este caso, en una vasta extensión de tierra de la que los hombres son incapaces de escapar. Una suerte de tumba cuya única esperanza de salvación está representada por un oasis. El director de fotografía Harold Westrom ofrece una imagen cuidada, de composición equilibrada y fuerte contraste.

Victor McLaglen, uno de los actores fetiche de Ford, encabeza el reparto de «La patrulla perdida». Boxeador y veterano de la Primera Guerra Mundial, McLaglen interpreta al sargento de cuyo buen hacer depende la vida del resto de sus hombres. Cabe señalar que Cyril McLaglen, su hermano menor, interpretó ese mismo papel en la versión de Summers.

Boris Karloff es el actor más conocido de todo el reparto. Su personaje, Sanders, es un soldado de profunda devoción que apela a la religión en busca de un milagro para salvar la vida. Su etapa en el cine silente pesa mucho en su interpretación. Karloff sobre actúa sellando una actuación que, vista desde la distancia que aporta la madurez del séptimo arte, destila cierta inocencia y resulta poco creíble.

Wallace Ford, que interpreta al soldado Morelli, fue un conocido actor de westerns y de películas serie B. Uno de sus papeles más conocidos es el del payaso Phroso de «La parada de los monstruos» (Freaks, 1932), de Tod Browning. Se cuenta que durante el rodaje de «La patrulla perdida» propinó una solemne paliza a uno de los cocineros por negarse a servir la comida a un trabajador negro. Su vida estuvo marcada por la desdicha tras ser separado de su familia cuando apenas era un niño. Tomó su nombre artístico de un amigo fallecido tras ser arrollado por un tren mientras recorrían los Estados Unidos como vagabundos.

La patrulla perdida horizontal

Por su parte, el actor inglés Reginald Denny se mete en la piel del soldado Brown. Denny fue un conocido actor secundario que protagonizó su último papel en la película «Batman» (Batman: the movie, 1966), de Leslie H. Martinson, como Commodore Schmidlapp. No obstante, su faceta profesional más destacada está vinculada al mundo de la aviación. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como artillero en la fuerza aérea británica. Tras el conflicto ejerció como piloto de acrobacias y, posteriormente, se convirtió en uno de los pioneros de la aviación por radio control. Durante la Segunda Guerra Mundial, su compañía, Radioplane, fabricó quince drones. Marilyn Monroe trabajaba en su empresa cuando fue descubierta como modelo.

El resto del reparto se completa con actores secundarios como Joseph Michael Kerrigan, Billy Bevan, Brandon Hurst , Alan Bale o Douglas Walton.

A pesar de ser considerada una de las primeras joyas de la filmografía de John Ford, «La patrulla perdida» dista mucho de hallarse a la altura de las obras capitales del universo fordiano. No obstante, la magnífica capacidad de síntesis del director se pone de manifiesto. No en vano, Ford narra la historia en tan sólo setenta y tres minutos. En 1954, se realizaría un segundo montaje de apenas sesenta y seis minutos. Ford realiza una audaz radiografía de la condición humana expuesta a una situación extrema. A pesar de sus buenas intenciones, la interpretación de los actores resulta poco convincente. Asimismo, los diálogos carecen de chispa.

Uno de los puntos fuertes del film es su banda sonora, compuesta por Max Steiner. El compositor fue nominado por este trabajo al Oscar en 1934 y, años más tarde, realizó un arreglo de la pieza que acompaña los títulos con el objeto de ser reutilizada en Casablanca (íd, 1942).

-Publicada en Ultramundo.

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2 Respuestas a “La patrulla perdida, muerte en Mesopotamia

  1. Coincido en la poca credibilidad que destila la interpretación de Karloff , acrecentada aún más por unos ridículos monólogos con referencias bíblicas. Como ejemplo, he aquí una de dichas perlas fraseísticas:
    “Creo en muchas cosas: en un buen caballo, en el pastel de riñones y en un tipo llamado George Brown. En la estupidez de esta guerra, en el miedo, en emborracharme para ser valiente y ser valiente para emborracharme. En el frescor del mar cuando nadas y en la fortaleza del vino. En la más encantadora de las mujeres y la inenarrable alegría de matar árabes”.
    Buen artículo. Un saludo.
    Antonio.

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