Janis. The way she was

El 4 de octubre de 1970 el mundo de la música se despertó inmerso en una pesadilla. En algún momento de la madrugada, una de las voces más influyentes de la escena rock y soul se había apagado para siempre en la habitación 105 del hotel Landmark Motor de Los Ángeles. La vida de Janis Joplin había tocado a su fin con veintisiete años, la edad maldita. Junto a su cadáver, tendido en el suelo de la estancia al lado de su cama, fue hallada una jeringuilla. La causa de su fallecimiento estaba clara: una sobredosis de heroína, en este caso, aderezada quizás por el consumo de alcohol. Janis se había ido sin ni siquiera completar su último disco de estudio, «Pearl» (Columbia, 1971). La soledad –a la que tanto temía- había sido su última compañera de viaje.

Su muerte cayó como un jarro de agua fría sobre sus seguidores así como sobre toda la comunidad musical, la cual aún trataba de encajar el fallecimiento de Jimi Hendrix apenas dieciséis días atrás también a la edad de veintisiete años. Incluso la propia Janis había llegaJanisdo a manifestar a sus amistades más cercanas su preocupación por ser la próxima en sumarse a la lista negra del club de los 27, consciente de los excesos a los que estaba sometida. Por desgracia, sus peores temores se precipitarían, parece ser, como fruto de una partida de heroína demasiado pura que no sólo provocó su muerte, sino que también se llevó por delante la vida de otros consumidores de Los Ángeles durante esos días.

Cuatro años después del aciago acontecimiento, el malogrado documentalista Howard Alk estrenó «Janis. The way she was» (íd., 1974), un documental financiado por la productora canadiense Crawley Films y en el que se analizan los aspectos que fraguaron la personalidad de la artista así como su manera de entender la música y sus sufrimientos. La obra de Alk es considerada uno de los mejores documentales musicales de la historia.

El periodista musical Tony Lofaro sostiene que el germen del documental «Janis» se remonta a la primera ocasión en que el productor canadiense Frank Radford «Budge» Crawley vio a Janis Joplin en directo. Su fascinación por la cantante texana se incrementó después de su fallecimiento, tras visionar una de las cintas en las que se recogían alguna de las actuaciones que Pearl -como Janis era concida por sus amigos- había protagonizado. Crawley era consciente del potencial de su corta pero intensa biografía y se involucró por completo en la idea de dar a luz a una película dedicada a su figura.

Sin ni siquiera tener la certeza de que su proyecto pudiese llegar a buen puerto, entre otras cosas por la complicada tarea de obtener los pertinentes derechos sobre las canciones de Janis Joplin, Crawley se lanzó a la búsqueda de financiación para hacer realidad su propósito. El canadiense no era el único productor interesado en sacar a flote un documental sobre Joplin. Paralelamente, en torno a medio centenar de productoras se batían el cobre con el objeto de obtener el beneplácito de la familia de la difunta estrella del rock. Tony Lofaro señala que, frente al resto, Crawley mantenía una buena relación con Dorothy Joplin, madre de la artista. Este vínculo fue indispensable para que «Janis» lograse ver la luz.

El siguiente escollo al que se enfrentó la productora fue la selección de un director. El documentalista Howard Alk, natural de Chicago, encajaba a la perfección con el perfil que buscaban. Nacido en 1930, Alk había fraguado los cimientos de su carrera a rebufo de la revolución cultural que supuso la Generación Beat. Con tan sólo catorce años de edad, se había matriculado en la universidad de su ciudad natal. Durante la década de los cincuenta fue miembro activo del cabaret «Compass players», fundado por David Sheperd y que basaba sus preceptos teatrales en la improvisación. A finales de esa década, Alk fundó junto a Paul Sills y Bernard Shalins el teatro «The Second City». No obstante, la faceta por la que más se le recuerda es por haber sido uno de los directores por excelencia de la contracultura. Entre su filmografía se cuentan títulos de corte político como «American revolution 2» (íd., 1969), dedicada a los sucesos acaecidos durante la Convención Nacional Demócrata de 1968, o «El asesinato de Fred Hampton» (The murder of Fred Hampton, 1971), centrado en la figura del activista de los Panteras Negras. De todos modos, el grueso de su obra se centra en la música, especialmente el folk. Alk mantuvo una estrecha amistad con Dylan, con quién colaboró en «Eat the document» (íd., 1972), «Hard rain» (íd., 1976) y «Renaldo and Clara» (íd., 1978).

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La elección de Howard Alk como director de «Janis» se escapa a la casualidad. Como resultado de su relación con Dylan, Alk se había convertido en amigo de su manager, Albert Grossman, quien también había trabajado para Janis Joplin. Grossman contribuyó desde el primer momento en el documental, prestando toda su ayuda y facilitando mucho las cosas.

«Janis» está integrado en su totalidad por fragmentos de películas conservadas en archivo. Analiza la figura de Janis Joplin sin atender a ningún patrón narrativo. Su metraje se divide casi a partes iguales entre directos de la cantante y entrevistas, como la concedida por la artista el 25 de junio de 1970 en el show de Dick Cavett. Howard Alk recurre a algunas de las mejores actuaciones ofrecidas por Joplin a lo largo de su carrera. El documental contiene pasajes de conciertos como los protagonizados en el Monterey Pop Festival (1967), en el festival de Woodstock (1969) o durante su gira europea en 1969.

Howard Alk se mantiene al margen de cualquier valoración subjetiva sobre la artista y sobre su fallecimiento. Sin ir más lejos -y a pesar de que parte del metraje recoge algunas de las últimas grabaciones de Janis Joplin– el director obvia realizar cualquier mención a su muerte. Una de las principales líneas seguidas por Alk discurre a través de la forja de la arrolladora personalidad de la cantante y se centra en exponer, sobre todo, su adolescencia en su localidad natal, Port Arthur (Texas). A lo largo del documental, Janis Joplin se refiere en varias ocasiones a la complicada relación con sus progenitores y, sobre todo, al rechazo al que fue sometida por parte de muchos de sus compañeros de clase, simplemente por perseguir otras metas vitales más allá de convertirse en un ama de casa al finalizar sus estudios. Resulta cuando menos interesante el episodio que retrata el regreso de Janis Joplin a su pueblo –ya convertida en una estrella mediática- para asistir al décimo aniversario de su promoción en el Thomas Jefferson High School.

Mediante pinceladas dispersas, Howard Alk reconstruye los primeros pasos de la carrera musical de Joplin, quien un buen día de enero de 1963 decidió abandonar su comunidad para instalarse, por primera vez, en San Francisco en busca de un ambiente más tolerante. Tras retornar a Port Arthur en 1965, regresaría en 1966 a la costa Oeste de la mano de Chet Helms, quien la introdujo en el grupo Big Brother & The Holding Company, donde ejerció como cantante hasta diciembre de 1968. Precisamente a este periodo pertenece la grabación de su legendaria versión de «Summertime», recogida en el documental por Alk e incluida en el disco «Cheap thrills» (Columbia, 1968). Con posterioridad, Janis se convertiría en la líder de sus propios conjuntos: Kozmic Blues Band y Full Tilt Boogie Band.

Janis3La pasión desplegada por Joplin sobre los escenarios queda patente en el documental.  «Siento tanta energía que es difícil parar, siempre tengo ganas de seguir», asegura durante la entrevista con Dick Cavett. Del mismo modo, Alk también incide sobre su estrecho vínculo con los seguidores, a quienes –durante su actuación en Frankfurt– llegó a invitar a subirse al escenario ante la ausencia de seguridad.

Cómo no podría ser de otro modo, «Janis» fue estrenado en el Festival de Cine de San Francisco. El público asistente al estreno aplaudió todas y cada una de las actuaciones recogidas en el documental. Cabe señalar que la cantante contaba con una auténtica legión de seguidores en la ciudad que la había visto llegar a lo más alto. Si bien, Lofaro señala que la crítica vio con malos ojos que Alk incluyese en el metraje tres versiones diferentes de la canción «Ball & chain». El director salió al paso aduciendo que su intención era mostrar la capacidad de Janis Joplin para adoptar diferentes registros a pesar de interpretar la misma canción.

A pesar de su carácter de leyenda del rock, la obra de Howard Alk continúa siendo el único largometraje dedicado a Janis Joplin. A lo largo de los últimos años se han sucedido varios intentos infructuosos por llevar su vida a la gran pantalla. En 1979, Mark Rydell estrenó «La Rosa» (The Rose, 1979), interpretada por Bette Midler e inspirada vagamente en la vida de la cantante de Port Arthur. Asimismo, en 2001 llegó a Broadway el musical «Love, Janis», basado en la biografía homónima escrita por la hermana pequeña de la artista, Laura.

Por casualidades del destino, la vida de Howard Alk concluyó de un modo similar a la de Joplin. En enero de 1982 su cadáver fue hallado en los estudios Rundown que Dylan poseía en Santa Mónica (California). La heroína había acabado también con su carrera.

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