La batalla de Argel, cuando la violencia engendra violencia

El filósofo y psiquiatra martiniqués Frantz Fanon defendía en su obra póstuma «Los condenados de la tierra» (1961) el derecho de los pueblos colonizados a emplear la violencia para luchar por su independencia. Para ello argumentaba que la violencia del régimen colonizador se equilibraba con la contra-violencia de los individuos sometidos. Sus teorías calaron hondo en el seno del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino durante la guerra que desembocaría, en 1962, en la independencia de Argelia. Uno de los episodios más dramáticos del conflicto fue la campaña de guerrilla urbana conocida como la batalla de Argel y desarrollada entre 1956 y 1957. Estos acontecimientos -que concluyeron con la Cubiertaderrota de los independentistas como fruto de una intensa operación de guerra sucia por parte de las autoridades galas- fueron narrados por el director italiano Gillo Pontecorvo en su obra más conocida, «La batalla de Argel» (La battaglia di Algeri, 1966).

«La batalla de Argel» es una producción italo-argelina que reconstruye los sucesos acaecidos en la capital argelina entre noviembre de 1954 y diciembre de 1957. Narra los acontecimientos desde la perspectiva de Ali la Pointe (Brahim Hadjadj), un boxeador, trilero y proxeneta que, tras pasar por la infame cárcel Barbarroja, acabó sumándose al FLN, donde militó como uno de los cabecillas. Tras una tormenta de atentados contra las autoridades y los civiles galos, el gobierno de París moviliza a la 10ª División de Paracaidistas, bajo el mando del coronel Mathieu (Jean Martin). Los militares ponen en práctica una política de torturas y asesinatos que concluye con la desintegración de las células independentistas en Argel pero no con el movimiento, que proclama la independencia del país en 1962.

Juan Agustín Mancebo Roca, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha, sostiene que, a lo largo de toda su carrera, Pontecorvo se mantuvo fiel al principio por el cual el cine debía ser una expresión ligada al hombre. Esta postura está presente en toda su filmografía –integrada por varios documentales y por tan sólo cinco largometrajes-, a lo largo de la cual fue capaz de conservar su independencia y de abordar un cine alejado de los preceptos estéticos de su época, aunque influenciado por el neorrealismo de otros italianos como Roberto Rossellini o Vittorio de Sica.

Nacido en 1919 en Pisa, Pontecorvo comenzó a estudiar Química antes de abandonar la tradición científica de su familia, representada por su hermanos Bruno, Guido y Paolo. Tras exiliarse en París en 1938, regresó a Italia para combatir al fascismo, llegando a ser nombrado líder de la Resistencia de Milán. Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial centró sus esfuerzos en el cine, estrenando en 1957 su primer largometraje, «Prisionero del mar» (La grande strada azurra, 1957), protagonizado por Yves Montand. Dos años más tarde, describió la crueldad de los campos de exterminio nazis en «Kapo» (Kapò, 1959), film que sienta las bases de su peculiar estilo, en el que se dejan a un lado los aspectos estéticos para centrar la atención del espectador en los hechos que se narran.

«La batalla de Argel», su tercer largometraje, es un claro ejemplo de este modo de hacer cine. Se trata de una película con alma de documental. Su guión fue co-escrito por el propio Pontecorvo y por Franco Solinas. Toma como punto de partida a las memorias de Saadi Yacef, militante del FLN que sufrió prisión y que en 1962 publicó el libro «Recuerdos de la batalla de Argel». Yacef -que co-produjo el film junto a Antonio Musu y que interpreta a Djafar– había redactado también un guión inicial carente tanto de diálogos como de argumento que fue rechazado por Pontecorvo y Solinas al considerar que ofrecía una visión sesgada de los acontecimientos. El director y el guionista consideraban oportuno abordar la historia desde un punto de vista aséptico, en el que se reflejase la crueldad y el sufrimiento tanto de los argelinos como de los franceses.

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Este es uno de los grandes aciertos de la película. Pontecorvo rehuye del posicionamiento a favor de un bando u otro. Narra los acontecimientos de un modo frío y objetivo. Las atrocidades cometidas por ambas partes son descritas por un igual. Por un lado, «La batalla de Argel» describe la lucha sin cuartel de los argelinos por alcanzar su independencia. Durante los primeros compases de su campaña, sus atentados se centran en gendarmes y otras figuras del orden establecido por las autoridades coloniales. Sin embargo, tras las primeras represalias de los galos en la kasbah, los civiles se suman a su lista de objetivos. Por otro lado, los franceses adoptan una estrategia basada en la guerra sucia. El coronel Mathieu, que representa al brazo ejecutor del poder colonial, trata de extirpar el problema independentista de raíz a pesar de que llega a reconocer que alaba la entrega del FLN.

A este respecto, Pontecorvo retrata a un ejército francés aún acomplejado por sus recientes fracasos en el Sudeste Asiático. El fantasma de Dien Bien Phu -que había sido tratado tres años atrás por Pierre Schoendoerffer en «Sangre en Indochina» (La 317e Section, 1963)- planea sobre la actitud de los paracaidistas franceses, que asumen su derrota pero que se niegan a sufrir un nuevo varapalo en Argelia. Mientras, Pontecorvo ofrece un perfil del FLN consciente de sus limitaciones frente a la maquinaria bélica francesa pero convencido de que el curso de la historia está de su lado. Esta lucha dota de un halo de vigencia al film. No en vano, el New York Times señaló en 2003 que el Pentágono proyectó la película de Pontecorvo en las vísperas de la invasión de Irak como un ejemplo de «cómo vencer la batalla contra el terrorismo y perder la guerra de las ideas».

Del mismo modo, Pontecorvo hace especial hincapié en el abismo social existente entre los habitantes de la kasbah o nativos y los colonos franceses residentes en el ensanche europeo de Argel. Más allá de las condiciones de vida de unos y otros, el director describe la categoría de ciudadanos de «segunda clase» impuesta a los argelinos quienes, como muestra el film, precisan de adoptar un aspecto europeo para alcanzar sus plenos derechos. Asimismo, Pontecorvo despoja a su descripción de los viejos romanticismos surgidos al calor de las exóticas odaliscas y demás atractivos preconizados por el orientalismo en el siglo XIX. Drogadictos, prostitutas, alcohólicos y gangsters de tres al cuarto son considerados un rédito del colonialismo por el FLN, que incluye en sus filas a mujeres como las insurgentes Hassiba, Zohra o Djamila.

«La batalla de Argel» posee un ritmo vertiginoso. Los hechos se suceden sin dar un respiro y son narrados a través de un flash-back descrito desde la perspectiva de Ali la Pointe. Pontecorvo recurre a un Cubierta 2planteamiento documental. Los sucesos son descritos mediante una voz en off y, en un afán por dotar a la película de un rigor periodístico, son antecedidos por títulos que sitúan al espectador en un contexto determinado. La fotografía, dirigida por Marcello Gatti, es rica en encuadres abiertos aunque también acude a los primerísimos planos para describir los gestos de los protagonistas. La película fue rodada en blanco y negro siguiendo esa solemnidad impuesta por Pontecorvo. Gatti experimentó con varias técnicas con el objeto de acentuar el aspecto de documental. Gran parte de la acción fue rodada con la cámara al hombro, al puro estilo del reporterismo, e incluso se llegó a acentuar el grano del film para alcanzar esa apariencia. Asimismo, fueron intercalados fragmentos del metraje de documentales de la época.

Este afán por aproximarse a la realidad empujó a Pontecorvo a seleccionar a varios actores no profesionales atendiendo a características tales como sus facciones. Esta tarea fue facilitada por el hecho de que el rodaje fue realizado en la misma kasbah de Argel. El único actor profesional del reparto es Jean Martin, quien encarna al Coronel Mathieu. Martin compartía con su personaje su condición de veterano de la resistencia francesa y de paracaidista durante la Guerra de Indochina, aspectos que contribuían en la construcción de su papel. Se ha señalado que el Coronel Mathieu está inspirado en la figura del General Massu, quien fue el encargado de suprimir la presencia del FLN en Argel. No obstante, también se ha apuntado hacía el general Marcel Bigeard como otra fuente de inspiración. Su descripción, como un militar elegante y fiel a su palabra, fue ampliamente criticada y el propio Solinas llegó a negar que fuese esa su intención.

La banda sonora es otro de los pilares sobre los que se sustenta la película. Por una parte, Pontecorvo emplea toda una suerte de efectos de sonido con los que trata de transmitir la atmósfera de los atentados y de los combates urbanos. Por otro lugar, emplea una música original compuesta por el mismo con ayuda de su amigo, el mismísimo Ennio Morricone.

«La batalla de Argel» fue estrenada el 3 de septiembre de 1966 en el Festival de Cine de Venecia, donde fue galardonada con el León de Oro, el primero de toda una serie de premios. Asimismo, fue nominada a tres Oscar en años no consecutivos. Su estreno generó una gran controversia. En Francia no llegaría a los cines hasta octubre de 1971. Por su parte, en España haría lo propio en junio de 1978. Mientras, en Inglaterra y Estados Unidos fue recortada.

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A pesar de que las pretensiones de Pontecorvo iban por otros derroteros, la crítica y las autoridades galas acusaron al director de ofrecer un punto de vista favorable a los independentistas argelinos. Entre las críticas vertidas, se señaló que Pontecorvo había omitido que, a principios de los sesenta, 236.000 musulmanes argelinos servían en el ejército colonial, cuatro veces más que en las filas del FLN. No obstante, cabe señalar que las autoridades del gobierno argelino tampoco aplaudieron abiertamente el film.

Su llegada a los cines coincide con un época en la que el proceso descolonizador se encuentra en su pleno apogeo y en la que surgen varios grupos terroristas de extrema izquierda. Por si esto fuera poco, se debe tener en cuenta que la pérdida del poder colonial en Argelia estaba aún muy fresca, propiciando un gran desencanto entre los sectores más recalcitrantes. En 1992 el director italiano abordaría de nuevo el asunto argelino con su documental «El retorno a Argel de Gillo Pontecorvo».

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