Cuatro de infantería, el alegato antibelicista de Pabst

Los bombardeos con artillería, el barro de las trincheras, la inmundicia, el horror de los ataques con gas, las cargas suicidas contra posiciones fuertemente fortificadas, los combates cuerpo a cuerpo y el tedio, sobre todo el tedio, eran el pan nuestro de cada día en el Frente Occidental durante la Primera Guerra Mundial. El conflicto y todos sus males han sido ampliamente descritos tanto por la literatura, como por las artes plásticas y el cine. En 1930, casi doce años después del final de la contienda, se estrenaron dos películas antibelicistas clave en la filmografía de la Gran Guerra: «Sin novedad en el frente» (All quiet on the Western front, 1930), de Lewis Milestone, y «Cuatro de infantería» (Vier von der infanterie, 1930), de GeoWestfrontrg Wilhelm Pabst. La segunda -una de las obras fundamentales del director alemán- es un film que, en su momento, pasó casi desapercibido tras ser eclipsado por el trabajo de Milestone.

«Sin novedad en el frente» y «Cuatro de infantería» fueron estrenadas con apenas un mes de diferencia. La película de Milestone llegó a los cines de Estados Unidos el 21 de abril de 1930. Mientras, la obra de Pabst fue estrenada en Alemania el 23 de mayo. Ambas están ambientadas en el Frente Occidental y narran las penurias de un grupo de soldados alemanes. Sin embargo, Pabst ofrece un retrato más pesimista sobre las consecuencias del conflicto en la retaguardia y sobre el impacto de la guerra de trincheras en la moral de los combatientes.

«Cuatro de infantería» se ambienta en Francia en 1918. La guerra se encuentra en su etapa final. En las trincheras alemanas más próximas a la línea del frente los soldados alemanes resisten estoicamente las continuas embestidas del ejército galo y los constantes bombardeos con artillería. Mientras, la vida sigue su particular ritmo. Un joven estudiante llamado a filas (Hans-Joachim Moebis) se enamora de una lugareña. Por su parte, Karl (Gustav Diessl), un avezado veterano, descubre que su esposa se ha entregado a los brazos de otro hombre en su ausencia. Los franceses preparan un ataque a gran escala apoyado por tanques. Karl se ofrece junto a tres compañeros para tratar de frenar al enemigo con fuego de ametralladora. Las consecuencias serán nefastas.

La obra de Pabst se enmarca dentro de la corriente realista del cine alemán del periodo de entreguerras. Una gran parte de su trabajo tiene a la mujer como protagonista principal. En este contexto cabe destacar películas como «Bajo la máscara del placer» (Die freudlose gasse, 1925), con Greta Garbo en uno de sus primeros papeles; «El amor de Jeanne Ney» (Die liebe der Jeanne Ney, 1927); y «La caja de Pandora (Lulú)» (Die büchse der Pandora, 1928), protagonizada por la actriz estadounidense Louise Brooks.

«Cuatro de infantería», la primera película de sonora de Pabst, marca el inicio de una nueva etapa en su carrera marcada por el cine de tintes sociales. Este film será seguido por otros títulos capitales como «La comedia de la vida (La ópera de cuatro cuartos)» (Die dreigroschenoper, 1931), inspirada en los textos de Bertolt Brecht y la música de Kurt Weill; y como «Carbón (Camaradería)» (Kameradschaft, 1931), un drama minero que reconstruye un accidente acontecido en Courrières en 1906.

vlcsnap-117865El guión de «Cuatro de infantería» fue adaptado a partir de la novela homónima de Ernst Johannsen. Su autor es Ladislao Vajda, padre del famoso director y guionista de igual nombre que llegó a desarrollar gran parte de su carrera en España con películas como «Marcelino pan y vino» (íd., 1955) y «Mi tío Jacinto» (íd., 1956). Vajda -que inició su carrera en el teatro húngaro- mantenía un estrecho vínculo con Pabst, con quién también colaboró en otros films como «La comedia de la vida» o «La caja de Pandora». Del mismo modo, y aunque no aparezca mencionado en los créditos, Peter Martin Lampel también contribuyó en la redacción del guión.

El texto de Vajda adolece de cierta discontinuidad. La historia es contada a través de diversos episodios que, aunque relacionados entre sí mediante el nexo establecido por los protagonistas, carecen de un sentido lineal en el sentido estricto de la palabra. Tal es así que se pueden aislar fácilmente varios pasajes entre los que se encuentran, por ejemplo, el cometido del estudiante como enlace, la visita de Karl a su hogar materno durante un breve permiso o la ofensiva francesa sobre las posiciones germanas.

Por otra parte, y en consonancia con «Sin novedad en el frente» o la aclamada «El gran desfile» (The big parade, 1925), de King Vidor, Pabst huye del culto a la violencia. El director alemán despoja a sus protagonistas de cualquier atisbo de heroicidad y retrata a la muerte de un modo aséptico. Asimismo, Pabst va incluso más allá y abraza una visión desesperanzadora sobre los daños colaterales en la retaguardia. Mientras los hombres caen como moscas en tierra de nadie, las viudas, las madres que han perdido a sus vástagos, los ancianos y los niños forman colas interminables ante los centros de racionamiento, donde los alimentos escasean. Los soldados de reemplazo se dirigen al frente entonando himnos militares y algún que otro civil aún confía en la victoria de las tropas del kaiser Guillermo II. Pabst ni siquiera brinda un hueco al ideal romántico. Lo fulmina por completo en la escena en que Karl se encuentra con que su mujer (Hanna Hoessrich) se ha entregado a los brazos de un vecino con el objeto de cubrir sus necesidades alimenticias.

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Esta visión sombría convierte al film en un ejemplo, por pleno derecho, de la Nueva Objetividad surgida al calor de la crisis política y económica que azotaba a la República de Weimar. Asimismo, «Cuatro de infantería» adquiere, sobretodo en las escenas de combate, un aspecto próximo al documentalismo. Destaca la cuidada puesta en escena así como la fotografía, dirigida por Charles Mètain y Fritz Arno Wagner, uno de los cineastas más afamados del cine alemán de aquel entonces. No en vano, entre su nómina de trabajos se encuentran obras de la talla de «Nosferatu el vampiro» (Nosferatu, eine symphonie des grauens, 1920), de Murnau; «Las tres luces» (Der müde Tod, 1921) y «M, el vampiro de Düsseldorf» (M, 1931), de Fritz Lang; o «La comedia de la vida», con Pabst. Wagner recurre al uso del travelling largo con desplazamientos horizontales de la cámara que permiten mostrar sin cortes la acción que transcurre en las trincheras. Por otra parte, emplea avanzadas técnicas de iluminación expresionista. En 1937, varios fragmentos del metraje fueron empleados como fondo en la adaptación que la BBC hizo de la obra de teatro «Journey’s end», de R. C. Sherriff.

Por su parte, el sonido es otro de los aspectos más cuidados en «Cuatro de infantería». Su montaje y su grabación fueron realizados por W. L. Bagier y por Karl Brodmerkel, respectivamente. Su trabajo se situó a la vanguardia del cine sonoro, llegando a ser grabado en directo el sonido de las escenas de las trincheras. No obstante, Pabst sigue aportando una mayor importancia a la imagen y, en determinados pasajes, emplea los silencios para incrementar la sensación claustrofóbica que transmiten algunas escenas.

El elenco de actores está encabezado por el austriaco Gustav Diessl, quien antes de iniciarse en las artes interpretativas combatió en la Primera Guerra Mundial y fue apresado durante un año. Diessl comparte pantalla con el prolífico actor alemán Fritz Kampers, que interpreta a El Bávaro; con Hans-Joachim Moebis, que da vida a un joven estudiante; y con Claus Clausen, con cuyo papel como teniente, ofrece una de las interpretaciones más desgarradoras de la película.

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La película fue aclamada por la crítica. El crítico Siegfried Kracauer llegó a señalar que Pabst había ido más allá de la simple exposición cinematográfica y que lograba ofrecer una visión documental de los horrores y el tedio claustrofóbico de la Primera Guerra Mundial. Apenas tres años después de su estreno, Hitler llegó al poder liquidando definitivamente la tambaleante República de Weimar. Joseph Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich, incluyó a «Cuatro de infantería» entre las películas prohibidas por el gobierno nacionalsocialista. En concreto, acusaba al film de Pabst de estar prendado de un «derrotismo cobarde» y de ofrecer una visión sesgada del conflicto.

 

El final de la película resulta, hasta cierto punto, paradigmático. Tras el combate, los heridos de ambos ejércitos son conducidos a una iglesia desvencijada donde ha sido instalado un hospital de campaña. Allí, en medio de un clima de desolación, un soldado francés moribundo toma la mano de Karl y dice: «Estoy aquí, camarada. Estoy aquí». Como colofón, Pabst añade un interrogante al título final: «Ende?!». El tiempo le daría la respuesta nueve años después.

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