El hombre de Chinatown, Wenders versus Coppola

El primer contacto de Wim Wenders con la industria del cine norteamericano acabó como el rosario de la aurora. «Demasiado bueno para ser cierto», llegó a comentar el director, uno de los abanderados del Nuevo Cine Alemán. En 1977, cuando se encontraba inmerso en el rodaje de su película «El amigo americano» (The american friend, 1977), Wenders recibió una interesante propuesta proveniente del otro lado del charco. Francis Ford Coppola -en la cúspide de su carrera- y Fred Ross, su brazo derecho, le habían invitado a dirigir un film basado en la figura del novelista Samuel Dashiell Hammett, creador del subgénero detectivesco conocido como «hard-boiled». El proyecto estuvo marcado por las disensiones entre Wenders y el binomio Coppola-Ross. Se prolongó durante cuatro años, a lo largo de los cuales, el guión fue re-escrito hasta la saciedad y el film fue grabado en dos ocasiones, cambiando casi por completo el reparto original. En 1982 vio la luz bajo el título «El hombre de Chinatown» (Hammett, 1982).

Ambos directores cruzaron sus caminos en un momento vital para sus carreras. Coppola trataba de salir airoso de su particular travesía al corazón de las tinieblas durante el accidentado rodaje de «Apocalypse Now» (íd., 1979) en Filipinas. Por su parte, Wenders había presentado sus credenciales a la audiencia norteamericana con su estupenda «El amigo americano», demostrando que en Europa también se gestaba cine negro del bueno.

«El hombre de Chinatown» es un homenaje al escritor Dashiell Hammett, a sus personajes y a los ambientes sórdidos en los que transcurren sus historias. Ambientada en el San FraCubiertancisco de 1928, presenta a un Hammett (Frederic Forrest) entrado ya en la treintena, aquejado de tuberculosis y aficionado a la botella. Distanciado de su etapa como miembro de la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, trata de subsistir mediante la publicación de relatos en las revistas pulp. Un buen día, recibe en su apartamento la visita de un antiguo colega de la Pinkerton, Jimmy Ryan (Peter Boyle). Ryan necesita su ayuda. Quiere resolver el caso de la desaparición de Crystal Ling (Lydia Lei), una joven prostituta china cuyo rastro se ha perdido en las corrompidas calles de Chinatown. Hammett se ve envuelto de este modo en una compleja trama que involucra a políticos, empresarios, hampones, policías corruptos y pornógrafos.

Se trata de una historia ficticia inspirada en el libro «Hammett», escrita por el ex detective Joe Gores. Hammett, autor entre otras novelas de «El halcón maltés» y de «Cosecha roja», adopta el rol de sus personajes literarios. Se convierte de este modo en un trasunto de Sam Spade o del Agente de la Continental.

La preproducción de «El hombre de Chinatown» se remonta a 1975, año en el que Gores publicó «Hammett». Ross leyó la novela y propuso a Coppola su adaptación a la gran pantalla. En su libro «Francis Ford Coppola. A film-maker’s life», Michael Schumacher señala que ambos estaban entusiasmados con la idea. Apenas un año atrás, Polanski había estrenado su afamada «Chinatown» (íd., 1974) y Hollywood había puesto su punto de mira en las historias de detectives de los años treinta y los cuarenta.

«El hombre de Chinatown» comparte algunos aspectos con la obra de Polanski. Ambas ofrecen una visión crítica y pesimista sobre los poderos fácticos que muGores1even los hilos de la sociedad norteamericana. Por ella pululan las vergüenzas y la doble moral de una clase dirigente ensimismada y protegida del ojo público gracias al tráfico de influencias mientras protagoniza escabrosos episodios. Asimismo, al igual que «Chinatown», la obra de Wenders moderniza los códigos estéticos del noir clásico y sus estereotipos. Rehuye de la mera copia y se confirma como un homenaje a una época pasada. Por otra parte, ambos films emplean el color, trazando una frontera con respecto al noir de la vieja escuela.

Lillian Hellman, compañera sentimental de Hammett y dueña de los derechos de su obra, se mostró reacia a colaborar con el proyecto y a conceder las pertinentes autorizaciones. Por su parte, los primeros guiones, escritos por Gores, resultaron ser un absoluto fracaso.

En un primer momento, Zoetrope -la productora de Coppola– contrató al británico Nicolas Roeg para dirigir la película que, previsiblemente, sería interpretada por Frederic Forrest. United Artists ofreció ocho millones de dólares a cambio de la distribución. Sin embargo, Schumacher señala que la distribuidora estableció como condición que Forrest fuese desestimado para el papel principal al considerar que «no era un intérprete a la altura del presupuesto acordado». Roeg, hastiado en su búsqueda de un sustituto, optó por abandonar el proyecto. El realizador galo François Truffaut manifestó su deseo de encargarse de la dirección, aunque nunca llegó a dar el paso. Asimismo, Robert de Niro se mostró interesado en interpretar a Hammett.

Finalmente, Coppola y Ross recurrieron a Wenders, quien aterrizó en los Estados Unidos en 1978. Mientras, la búsqueda del actor que encabezaría el reparto seguía abierta y el nuevo candidato era Sam Shepard. Paralelamente, la redacción del guión continuaba siendo fuente de quebraderos de cabeza para Coppola que, finalmente, optó por cesar a Gores en sus labores y contratar a Tom Pope.

Pope y Wenders unieron fuerzas para redactar un guión que Coppola consideró demasiado complejo para la mayoría de la audiencia. Tras confeccionar otro borrador, Coppola –que comenzaba a impacientarse- decidió realizar una prueba en la radio con Gene Hackman, Frederic Forrest y Ronee Blakley, que por aquel entonces era la esposa de Wenders. «El diálogo era bueno pero nadie logró seguir la acción», describe Schumacher. Acto seguido, Pope fue despedido y remplazado por Dennis O’Flaherty que, poco después, sería relevado en su puesto por Dennis Jakob.

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La carrera de Forrest ganó enteros gracias a su nominación al Oscar al mejor actor de reparto por su soberbia interpretación en «La Rosa» (The Rose, 1979), de Mark Rydell. Finalmente, se hizo con el papel de Hammett. El resto del reparto estaría integrado por Brian Keith, Sylvia Miles y Ronee Blakley, a petición de su esposo. Esta decisión propició varios roces con Coppola.

Una primera versión de la película fue rodada en San Francisco en 1979 en ausencia de Coppola, quien se encontraba entregado en cuerpo y alma a «Apocalypse Now». El rodaje se encontraba próximo a su conclusión cuando el realizador norteamericano logró por fin liberarse de sus tareas para cumplir con sus funciones como productor. Tan sólo estaba pendiente de ser rodada la escena final, que había sido re-escrita. La producción fue detenida de inmediato y Coppola ordenó a Wenders que procediese a editar todo el material con el objeto de efectuar una valoración que le permitiese comprender el significado de las modificaciones introducidas por el alemán.

En concreto, Coppola sostenía que Blakley -que interpretaba a una anciana- gozaba cada vez de una mayor presencia en la película, llegando incluso a cuestionar la autoridad de Wenders. Esta opinión no era compartida por Forrest, quien llegó a destacar la aportación de la actriz y la labor de Wenders en su intento por retratar a Hammett. «Francis era mi jefe. Él me había conseguido el papel. Wim era mi director. Respetaba y amaba su manera de trabajar», matizó.

Wenders se vio obligado a seguir las directrices de la productora y trabajó en la edición durante un año. «Tras diez semanas de rodaje estaba muy cansado, no me encontraba en mi mejor momento», espetó. A pesar de que Coppola manifestó sentirse atraído por el planteamiento del alemán, el estudio fue tajante en su decisión. A su juicio la película era demasiado lírica y centrada en la figura del escritor. Se encontraba a años luz de la historia de detectives que había sido propuesta inicialmente y era lenta. «Quería encontrar el balance entre la historia de detectives y la historia del escritor que comienza a confundir la realidad con la ficción», señaló el director alemán.

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La decisión de los estudios Zoetrope fue demoledora. Se contrató a un nuevo guionista, Ross Thomas, para re-escribir el principio y el final. La nueva propuesta fue considerada más atractiva pero requería grabar de nuevo casi la totalidad del film, trabajo que se emprendería en 1981 en las instalaciones de la productora.

El reparto sufrió profundos cambios. Frederic Forrest fue el único de los actores principales que conservó su papel. Brian Keith fue sustituido por Peter Boyle en el papel Jimmy Ryan. Sylvia Miles fue remplazada por Marilu Henner como Kit Conger y Sue Alabama. Del mismo modo, el personaje de Ronee Blakley –que se había separado de Wenders– fue suprimido.

Wenders tuvo tiempo para rodar otra película -«El estado de las cosas» (The state of things, 1982)- y estrenó un documental sobre los últimos días del director Nicholas Ray, «Relámpago sobre agua» (Lightnin over water, 1980). En ese lapso temporal Coppola se había dirigido con pasos firmes hacía su estrepitoso fracaso comercial, «Corazonada» (One from the Heart, 1982), interpretada también por Frederic Forrest. El actor había ganado unos kilos de más, los suficientes como para verse en la tesitura de adelgazar durante varios meses con el firme propósito de encajar de nuevo en el papel de Hammett.

Acuciada por las deudas, Zoetrope disponía tan sólo de un millón y medio de dólares para llevar a buen puerto el rodaje. Se ha rumoreado que Coppola, a pesar de figurar en los créditos como productor ejecutivo, fue el encargado de re-grabar el setenta por ciento del metraje, conservando tan sólo un treinta por ciento de la versión original de Wenders. Schumacher sostiene que el alemán fue quien se ocupó de rodar las noventa páginas del guión definitivo en veintitrés días.

El calvario había llegado a su fin. Forrest -de cuya valía se había dudado en los prolegómenos de la producción- demostró ser un actor de gran valía y firmó una interpretación soberbia compartiendo pantalla con Henner, con quien contrajo matrimonio durante el rodaje. Wenders quiso también incluir en el reparto a viejas glorias de la edad dorada de Hollywood como Royal Dano, Hank Worden o Elisha Cook Jr., quien también había estado presente en el reparto de «El halcón maltés» (The maltese falcon, 1941), de John Huston.

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Asimismo, merece ser mencionada la música original, compuesta por John Barry. Evocadora y cadenciosa impregna al film de un regusto nostálgico y, al mismo tiempo, le dota de un aura de misterio iluminado tenuemente por las luces de neón.

«El hombre de Chinatown» fue estrenada en el Festival de Cine de Cannes en 1982. Este proyecto había puesto a prueba la capacidad de aguante de Wenders que, ese mismo año, dirigió un cortometraje titulado «Reverse angle: ein brief aus New York» en el que ponía de manifiesto las tensiones vividas con Coppola.

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