Amanecer, el fin de una era

La noche del 23 de septiembre de 1927 el magnate del cine, William Fox, reunió a decenas de espectadores en el Times Square Theatre de Nueva York. Les había congregado allí por dos motivos. El primero, mostrarles los últimos avances tecnológicos en la introducción del cine sonoro mediante el sistema Movietone. El segundo, el estreno de la película «Amanecer» (Sunrise: a song of two humans, 1927), primera obra de la etapa estadounidense del director alemán Friedrich Wilhelm Murnau. Los asistentes a la velada -en cuyos prolegómenos se proyectó un noticiario cinematográfico sonoro dedicado a Italia (con saludo incluido del dictador Benito Mussolini al «noble Gobierno de los Estados Unidos» y a los italoamericanos)- se convirtieron de este modo en protagonistas de uno de los últimos grandes acontecimientos de la era silente del cine. Apenas dos semanas después, la Warner Bros cambiaría para siempre al séptimo arte con la puesta de largo de «El cantor de jazz» (The jazz singer, 1927), de Alan Crosland, la primera película sonora de la historia.

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Fox había perdido su carrera del sonido. A pesar de que «Amanecer» fue el primer largometraje estrenado con la tecnología Movietone, el sistema Vitaphone empleado en «El cantor de jazz» era mucho más avanzado. Sin embargo, batallas tecnológicas aparte, Murnau había creado una obra de carácter universal y con la que el cine silente alcanzó su máximo desarrollo. No obstante -y a pesar del abultado presupuesto de su proyecto- «Amanecer» fue un gran varapalo económico en la taquilla.

El acercamiento de Murnau hacia la industria cinematográfica norteamericana se remonta a la producción de «El último» (Der letze mann, 1924), film que fue financiado gracias al beneplácito de varios empresarios alemanes residentes en los Estados Unidos. Con posterioridad, Murnau y Fritz Lang viajarían a Norteamérica acompañados del productor Erich Pommer con el objeto de firmar un consorcio que integraba a las productoras Paramount, Metro-Goldwyn-Mayer y Universum Film AG (UFA). Como fruto del acuerdo se flexibilizó la distribución de películas entre ambos países y se rodaron dos superproducciones: «Fausto» (Faust, 1926) y «Metropolis» (íd., 1927).

«Fausto» fue la última película de Murnau rodada en la República de Weimar. En 1926 se instaló en los Estados Unidos tras firmar un contrato con los estudios Fox. En Hollywood dirigiría cuatro películas: «Amanecer», «Los cuatro diablos» (Four devils, 1928), «El pan nuestro de cada día» (City girl, 1930) y su obra póstuma, «Tabú» (Tabu: A story of the South Seas, 1931).

El argumento de «Amanecer» gira en torno a un triángulo amoroso. Un campesino casado (George O’Brien) se enamora de una mujer de ciudad (Margaret Livingston) que disfruta de unas vacaciones en el pueblo. Cartel 2Ésta logra convencerle para que ahogue a su esposa (Janet Gaynor). Sin embargo, él no es capaz de quitarle la vida y, finalmente, logra reconciliarse con su mujer durante una jornada en la urbe. No obstante, de regreso a su hogar una tormenta les sorprende mientras navegan y su esposa desaparece. Este suceso hará que afloren sus remordimientos.

El guión fue escrito por Carl Mayer, vinculado profesionalmente a varios proyectos previos de Murnau, entre los que se encuentran «La luz que mata» (Der gang in die nacht, 1921), «El castillo encantado» (Schloss vogelöd, 1921), «El último» y «Tartufo» (Herr Tartüff, 1925). Mayer fue invitado a trasladarse a los Estados Unidos pero prefirió permanecer en Alemania y realizar desde allí su colaboración.

Su texto se inspira en el relato «El viaje a Tilsit», incluido en el volumen «Historias lituanas» (1917) del dramaturgo y novelista alemán Hermann Sudermann. El pescador Ansas Balczus y su esposa, Indre, protagonizan la historia de Sudermann. Balczus es un hombre dado a la bebida y enamorado de su sirvienta, Busze, con la que planea el asesinato de su mujer durante un paseo en barca camino de la ciudad de Tilsit. El crimen nunca llega a tener lugar y Balczus se reconcilia con Indre antes de que un accidente les separe. Balczus fallece ahogado e Indre logra salvar la vida.

Como se puede comprobar existen numerosas diferencias con respecto al guión de Mayer. La más destacada de todas es que «Amanecer» despoja a sus protagonistas de una identidad y se refiere a ellos tan sólo como «El hombre», «La esposa» y «La mujer de ciudad». Detrás de este aspecto subyace la intención de dotar al film de una mayor carga simbólica. Asimismo, tampoco se hace mención a Tilsit por petición expresa de la productora. Mayer enfrenta al mundo rural con la ciudad, al amor con el mero deseo y al engaño con la inocencia. Esta tensión es aliviada mediante la concesión de diversos guiños durante las escenas que transcurren en la ciudad, lugar que, pese a ser el origen del mal que amenaza al matrimonio, también es el entorno en el que acaba reencontrando su amor. A este respecto, puede ser traída a colación la escena en la que el campesino y su mujer se funden en un beso provocando un monumental atasco ante la incomprensión de los estresados urbanitas.

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«Amanecer» es un claro ejemplo de lo que Murnau era capaz de hacer con un gran despliegue de medios a su disposición. Y es que William Fox no escatimó en recursos con el deseo de que el director pusiera todo de su parte. Sin ir más lejos, por ejemplo, se gastaron la friolera de 200.000 dólares tan sólo en la construcción del decorado de la ciudad en los estudios que la compañía poseía en el número 1401 de la Western Avenue de Los Angeles. Poco después, el set sería empleado durante el rodaje de «Cuatro hijos» (Four sons, 1928), un drama ambientado en la Primera Guerra Mundial y dirigido por John Ford. Por su parte, los exteriores fueron rodados en San Bernardino, Oregón y México.

Detrás de la majestuosa dirección artística se encuentra Rochus Gliese, quien -entre otros proyectos destacados- había colaborado en la dirección de «El gabinete del Doctor Caligari» (Der kabinet des Dr. Caligari, 1920), co-dirigido con Paul Wegener la desaparecida «El Golem y la bailarina» (Der Golem und die Tänzerin, 1917) y también había sido el encargado del diseño del vestuario de «El Golem, como vino al mundo» (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920). La relación entre Gliese y Murnau fue tensa pero fructífera. Uno de los aspectos más peculiares es que los decorados de los interiores fueron construidos con paredes y techos inclinados para crear perspectivas distorsionadas pero dentro de unos límites de credibilidad.

Fox también puso al servicio de Murnau los más punteros equipos de iluminación y las últimas tecnologías cinematográficas. El británico Charles Rosher y el estadounidense Karl Struss compartieron la dirección fotográfica. Su trabajó se ajustó como un guante a las siempre Amanecerestrictas directrices de Murnau, quien ya había preconcebido junto a Gliese los movimientos de la cámara así como los diferentes encuadres. Su labor se plasma en los trepidantes traveling y en un uso intensivo de la perspectiva forzada, sobre todo en las escenas de la ciudad en las que se juega hábilmente con las dimensiones de los sujetos situados en el primer plano y los dispuestos en el fondo para crear una mayor sensación de profundidad. Asimismo, Rosher y Struss tuvieron que exprimirse el coco con el fin de filtrar la luz en determinadas escenas dando lugar a una iluminación que roza lo pictórico, algo habitual en los trabajos de Murnau, gran estudioso del arte.

Por otra parte, muchas de las sobreimpresiones fueron creadas directamente en la cámara. Para ello se recurrió a una técnica consistente en grabar las imágenes en una zona concreta del fotograma mientras se bloquea el paso de la luz al resto. Acto seguido, esa película era revelada y se volvía a introducir en el cinematógrafo para volver a grabar, en esta ocasión, haciendo reservas sobre las zonas ya empleadas. Murnau, que detestaba el empleo de títulos, reduce su presencia en esta película a la mínima expresión, especialmente a medida que avanza la historia.

«Amanecer» se encuentra en la frontera entre el cine silente y el sonoro. Ha pasado a la historia como la primera película profesional estrenada con una banda sonora compuesta por música así como diversos efectos sonoros. Esto fue posible gracias a la tecnología de sonido óptico Movietone, cuya patente había adquirido Fox y que permitía sincronizar adecuadamente las imágenes y los sonidos mediante la grabación de estos como una pista óptica de densidad variable en la misma tira en la que se registraban las imágenes. Murnau incorporó al film la «Marcha fúnebre de una marioneta» del compositor francés Charles Gounod, que puede escucharse durante la escena en el estudio del fotógrafo. Cabe señalar que Frank Borzage había utilizado previamente este método en su película «El séptimo cielo» (7th heaven, 1927), sin embargo había sido estrenada con una orquesta en vivo.

George O’Brien encabeza el reparto de «Amanecer». Conocido por sus trabajos para John Ford, Murnau fijó su atención en él y solicitó a la productora su participación en la película. Su interpretación en el papel del campesino es, sin lugar a dudas, la interpretación más conocida de su carrera, que con la llegada del cine sonoro se centró en el género western. Su constitución física y sus rasgos fueron determinantes a la hora de ser seleccionado. Incluso se acentuaron estas características dotando al personaje de un aspecto desaliñado y colocando peso en sus botas durante los primeros compases de la historia con la intención de hacer más pesado su andar.

Janet Gaynor, que interpreta a la sufrida esposa, llegó de rebote a la producción. No en vano, Murnau había manifestado previamente su interés por otorgar este papel a la actriz alemana Camilla Horn, quien había interpretado a Gretchen en «Fausto». Gaynor fue propuesta por la productora, que movió sus hilos para que Murnau accediese a hacerle una prueba. La intérprete -que por aquel entonces se encontraba en plena proyección- aparece luciendo una peluca rubia que le otorga un aspecto completamente alejado del que tenía habituado al público, lo cual desató las críticas entre sus seguidores.

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Margaret Livingston completa el triángulo de actores principales encarnando a la mujer de ciudad. Livingston participó en medio centenar de películas durante la era silente del cine y en dos decenas más después de hacerse efectiva la transición al sonoro. Asimismo, también dobló a varias actrices, entre las que se cuenta Louise Brooks. En 1934 se retiró como actriz.

«Amanecer» llegó a las pantallas en mal momento. Aunque fue aclamada por la crítica, no gozó de una acogida calurosa entre el público. Los tiempos estaban cambiando y la audiencia clamaba por películas sonoras. El fracaso económico de «Amanecer» estuvo seguido por un mayor control de la Fox sobre los posteriores trabajos de Murnau quien, tras dirigir «Los cuatro diablos» y «El pan nuestro de cada día» abandonó la productora y se embarcó en un viaje al Pacífico junto al documentalista Robert J. Flaherty.

Durante la primera gala de los Oscar, en 1929, «Amanecer» fue galardonada con tres estatuillas: el Oscar a la mejor actriz para Janet Gaynor; el Oscar a la mejor fotografía para Rosher y Struss; y el Oscar a la mejor producción artística, galardón que sólo fue entregado en la primera edición.

En 1937 un incendio calcinó por completo la cinta original de la película, que ha llegado hasta nuestros días gracias a una copia. Dos años después, el director alemán Veit Harlan estrenó un remake del film titulado «El viaje a Tilsit» (Die reise nach Tilsit, 1939).

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