The Soft Parade, disensiones en el seno de The Doors

A lo largo de 1968 la carrera autodestructiva de Jim Morrison se había acelerado irremisiblemente hacia el abismo. En julio, The Doors lanzó al mercado su tercer álbum, «Waiting for the sun» (Elektra, 1968). Sin lugar a dudas, el ambiente enrarecido que se respiraba en el seno del grupo -como fruto de los constantes excesos de su líder- había trascendido en el resultado final de su nuevo disco, bastante irregular. Dos meses después, el conjunto se embarcó en su primera gira fuera de los Estados Unidos. Durante tres semanas actuaron en varios puntos de la geografía europea, siendo objeto de un caluroso recibimiento por parte del público del viejo continente. Tan sólo hubo una excepción: dos shows fallidos en Ámsterdam durante la noche del 15 de septiembre en los que Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore se vieron obligados a subir al escenario solos, sin «El Rey Lagarto», quien se vio imposibilitado para tomar las riendas de la actuación a consecuencia de una de sus sonadas borracheras.

A su regreso a Los Angeles, las cosas fueron de mal en peor. Morrison centró sus esfuerzos en el cine y la poesía, obviando sus labores al frente de The Doors. La gira promocional de «Waiting for the sun» empezó con buen pie. Sin embargo, la actitud intimidatoria de Morrison en varios shows -especialmente el protagonizado el 7 de noviembre en el Veterans Memorial Coliseum de Phoenix– desembocó en varios altercados entre el público y la policía. El juego se le había ido de las manos.

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El 8 de diciembre, durante su vigésimo quinto aniversario, comentó: «Bueno, ya tengo veinticinco años, ¿creéis que llegaré a los treinta?». Contra todo pronóstico, apenas seis días después, The Doors protagonizaron en Los Angeles Forum una de sus actuaciones más recordadas y durante la cual, un Jim Morrison hasta el cuello de las circunstancias espetó al público: «¿Por qué habéis venido? Bueno, podemos tocar durante toda la noche si eso es lo que queréis. Pero eso no es lo que queréis, ¿verdad? Queréis algo más, algo diferente, algo que no hayáis visto antes. ¡Pues joderos! ¡Vamos a tocar!».

En medio de este clima, The Doors se embarcó en la tormentosa grabación de su cuarto álbum: «The soft parade» (Elektra, 1969). Las disensiones en la banda eran ya una auténtica realidad, más aún teniendo en cuenta el intento fallido de Morrison por abandonar el conjunto en mayo tras ser animado por los manager Asher Dann y Sal Bonafede. A todo esto cabía sumar la cesión de la canción «Light my fire» -que posteriormente sería ultrajada por José Feliciano– a la compañía automovilística Buick. Esta decisión había sido tomada por Manzarek, Krieger y Densmore sin contar con el apoyo de su carismático compañero, lo cual enturbiaría aún más su relación.

Uno de los síntomas más palpables de esa división es que, por primera vez en la historia de la banda, Morrison exigió que las composiciones fuesen firmadas a título individual. Hasta ese momento todas habían sido atribuidas a la banda en su conjunto. Bajo esta determinación subyacía un intento por distanciarse de las creaciones del otro compositor de la banda, Robby Krieger, especialmente de la canción «Tell all the people», que abre el disco.

La banda recurrió de nuevo a la producción de Paul Rothchild y al ingeniero de sonido Bruce Botnick. La grabación contó con un abultado presupuesto y fue llevada a cabo en los estudios de Elektra, en Los Angeles. Supuso un auténtico calvario, tanto para el conjunto como para todos los profesionales involucrados en el proyecto. Morrison adoptó como una práctica habitual el acudir al estudio borracho o puesto hasta las entrañas. El periodista RiCubiertachard Goldstein llegaría a decir en su artículo «The Shaman Superstar»: «En el estudio todos tratan de evitar la presencia de Jim. Pero su voz se impone, más grande y negra que la vida, por encima de los altavoces. (…) Está a tope de alcohol, pero todavía coherente, y dice en un murmullo que todos podemos oír: “Si tuviera un hacha, tío, mataría a todo el mundo…uh, menos a mis amigos…”».

El trabajo se dilató a lo largo de varios meses. Morrison y Rothchild compartían a medias la responsabilidad al respecto. Por una parte, el productor estaba obsesionado con la perfección, obligando al conjunto a repetir centenares de veces las tomas. El documental «The Doors: The Soft Parade-A retrospective» (íd., 1991), dirigido por Ray Manzarek, recoge algunas escenas del proceso de grabación. Por otra, Morrison solía ausentarse del estudio habitualmente, dejando toda la carga del trabajo en manos de sus compañeros y acudiendo tan sólo a poner la voz. Mientras, la frustración del batería John Densmore amenazaba con quebrantar la banda.

Las constantes ausencias de Morrison son palpables en el resultado final del disco. Krieger es el autor de cuatro canciones (Tell all the people, Touch me, Runnin’ blue y Wishful sinful), Morrison firma otras cuatro (Shaman’s blues, Easy ride, Wild child y The soft parade) y ambos comparten la autoría de una (Do it).

En diciembre salió a la luz el primer single del disco: «Touch me/ Wild child». «Touch me» (Elektra, 1968) recurre al uso de los instrumentos de viento y de cuerda e incluye un solo de Curtis Amy, afamado saxofonista tenor de la costa oeste. Asimismo, Manzarek adapta a los teclados el riff de guitarra del hit «C’mon Maryann», interpretado por Frank Valli & The Four Seasons. En origen, la canción iba a ser titulada como «I’m gonna love you» o «Hit me». Respecto a la segunda opción, Morrison temía que el público interpretase a la letra como una invitación para ser agredido por lo que invitó a Krieger a sustituir «hit me» por «touch me». El single fue objeto de una gran difusión e incluso fue promocionado por la banda en el programa The Smothers Brothers Comedy Hour, en el cual aparecieron acompañados por la orquesta de Nelson Riddle y Curtis Amy. Durante la actuación televisiva Krieger lució un ojo morado, supuestamente, como fruto de una pelea con Morrison. «Touch me» resultó ser todo un éxito de ventas y alcanzó el número 6 de las listas estadounidenses.

Por su parte, «Wild child» es uno de los cortes más brillantes del disco. Se trata de una canción que, en cierto modo, anticipa el estilo más sencillo y áspero que adoptaría la banda en sus posteriores trabajos de estudio. El contundente riff de la guitarra de Krieger se fusiona con la contundente voz de Morrison dando lugar a una de las composiciones más memorables de esta etapa de la banda.

En marzo de 1969, justo después del sonado escándalo protagonizado por Morrison en el Dinner Key Auditorium de Miami, llegó a las tiendas el segundo single, «Wishful sinful/ Who scared you» (Elektra, 1969). «Wishful sinful» sigue la estela de la estética general adoptada en el disco, marcado por la búsqueda de un nuevo sonido más melódico. «Who scared you» es una de las tres Caras B que nunca fueron incluidas en los álbumes de The Doors.

Tres meses mas tarde, llegaría el turno del tercer single: «Tell all the people/ Easy ride» (Elektra, 1969). «Tell all the people», que alcanzó un tímido puesto 57 en las listas norteamericanas, es otro claro ejemplo del nuevo sonido que pretendía adoptar la banda bajo la clara influencia de Krieger. En ella la voz de Morrison adquiere matices propios de un crooner. Cabe decir que, desde el primer momento, este corte fue motivo de las tiranteces entre Krieger y Morrison. Sin ir más lejos, el cantante no aprobaba la letra, especialmente el verso que reza «Can’t you see me growing, get your guns» (No ves como crezco/ Coge tus armas). Del mismo modo, «Easy ride» pasa por ser una composición bastante alejada de las grandes canciones con las que Morrison tenía acostumbrados a sus seguidores.

Finalmente, «The soft parade» fue publicado el 21 de julio. Al igual que su antecesor, es un disco en el que se combinan temas de una brillantez exquisita con otros ajenos al innegable talento de la banda. Sin el mínimo atisbo de duda, «Shaman’s blues» y «The soft parade» son los mejores cortes del disco. «Shaman’s blues» es una composición que destila todo el complejo imaginario de Morrison y que aporta un rayo de luz al álbum. Manzarek, al teclado de un órgano Hammond, parece fusionarse con la delicada guitarra de Krieger mientras Densmore, haciendo gala de sus dotes jazzisticas, se solapa al bajista Doug Lubahn, quien también había participado en la grabación de «Strange days» (Elektra, 1967) y «Waiting for the sun».

«The soft parade» pasa por ser el mejor corte del álbum. Se trata de una canción que, con sus ocho minutos y cuarenta segundos de duración, se suma a la selecta lista de composiciones morrisonianas en la que se incluyen las sublimes «The End», «When the music’s over» y «The celebration of the Lizard King». «The soft parade» se caracteriza por sus constantes cambios de ritmo y por el contenido poético de su letra. Arranca con una estrofa que ha sido dada en llamar como «Petition The Lord with prayer» en la que Morrison subraya categóricamente que «no se puede rogar al Señor con una oración». Acto seguido, se refiere a la situación por la que atraviesa su persona tras sus sonados escándalos llegando a solicitar un lugar en el que apartarse de la primera línea: «Can you give me sanctuary?/ I must find a place to hide/ A place for me to hide» (¿Puedes conseguirme un refugio?/ Debo encontrar un lugar para esconderme/ Un lugar para mí donde esconderme). Poco a poco, el ritmo se intensifica para culminar con un final apoteósico al que Morrison pone broche con unos enigmáticos versos «When all else fails/ we can whip the horses’ eyes/ and make them sleep/ and cry…» (Cuando todo lo demás fracase/ podemos azotar los ojos de los caballos/ y hacerlos dormir/ y llorar…).

Como colofón, el grupo publicó en noviembre el cuarto single del disco, «Runnin’ blue/ Do it» (Elektra, 1969). «Runnin’ blue» es un homenaje a Ottis Redding -fallecido el 10 de diciembre de 1967- que apenas fue capaz de alcanzar la mitad de las listas en Estados Unidos. Morrison inicia la canción cantando varios versos a capella e inspirados en la canción «Po’ Howard» del legendario Lead Belly. Asimismo, Krieger canta el estribillo y Jesse McReynolds así como Jimmy Buchanan aportan a la composición un marcado regusto bluegrass con su mandolina y su violín, respectivamente. Por lo que respecta a «Do it», se trata del corte más carente de contenido de todo el disco.

En 2009, con motivo del cuarenta «The soft parade» el albúm fue remasterizado. Se incluyó una versión más larga de la canción que da título al disco, se añadió «Who scared you» y fueron incluidos varios diálogos y cortes inéditos: «Whiskey, mistics and men», la jam «Push, push» y otra toma de «Touch me».

A pesar de ser considerado el álbum más flojo de la etapa de Morrison en The Doors, «The soft parade» se convirtió en el cuarto disco de oro consecutivo de la banda. De todos modos, supuso el primer traspiés creativo del conjunto que, en sus siguientes álbumes, lograría reencontrarse con el camino de la excelencia.

-Fuente de las imágenes: Lastfm.com

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