Onibaba, la muerte acecha tras los juncos

La sexualidad es, según el director japonés Kaneto Shindô, «la expresión de la vitalidad del ser humano, su ansia por sobrevivir». A mediados de la década de los sesenta, Shindô dio un giro a la temática social de sus primeros largometrajes y se centró en la naturaleza sexual de los protagonistas de sus historias. «Onibaba» (íd., 1964) es la primera película de esta etapa del director, en la que se incluyen otros títulos como «A scoundrel» (Akuto, 1965) y «Lost sex» (Honno, 1966). Ambientada en el Japón feudal, «Onibaba» es un relato difícil de clasificar y situado a caballo entre el terror y el erotismo.

Kaneto Shindô se dio a conocer entre el público occidental gracias a su película «Los niños de Hiroshima» (Gembaku no ko, 1952), obra en la que retrata las consecuencias del ataque nuclear norteamericano sobre su ciudad natal. Casi una década después, su buen hacer fue premiado en el Festival Internacional de Cine de Moscú de Cubierta 11961 gracias a su film «La isla desnuda» (Hadaka no shima, 1960), en la que narra las vicisitudes de un familia que reside en un pequeño islote del mar interior de Seto. Sus siguientes largometrajes «Human» (Ningen, 1962) y «Mother» (Haha, 1963) reflejan de un modo desgarrador la lucha por la supervivencia. El primero cuenta la historia de los tripulantes de una embarcación a la deriva. El segundo, la batalla de una madre por salvar a su hijo, enfermo de cáncer.

Llegado a este punto, Shindô experimenta un cambio en su modo de ver las cosas. Sostiene que «la conciencia de clase, la lucha de clases u otros aspectos de la existencia social provienen del problema del hombre solo». Este nuevo punto de vista da lugar a un nuevo film: «Onibaba».

Ambientada en el siglo XIV, «Onibaba» -«Vieja arpía» en castellano- cuenta la historia de dos mujeres, una campesina de mediana edad y su nuera (Nobuko Otowa y Jitsuko Yoshimura), que sobreviven en un terreno pantanoso próximo a Kyoto quitando la vida a samuráis perdidos, heridos y desertores de una guerra en la que se enfrentan las fuerzas leales al emperador Go-Daigo y el clan Ashikaga. Kichi, su hijo y marido, respectivamente, ha sido llamado a filas. Ambas entregan a un perista las pertenencias de los incautos que son asesinados –cuyos cadáveres son arrojados a un pozo- a cambio de mijo con el que alimentarse. Poco después de la batalla de Minatogawa, regresa a su cabaña su vecino Hachi (Kei Satō), quien ha desertado. Éste les anuncia la muerte de su ser querido. El regreso de Hachi despierta los instintos sexuales de la joven viuda que, contra la voluntad de su suegra, acude con nocturnidad a la vivienda del desertor. Temerosa de que peligre su supervivencia, decide amedrentar a su nuera haciéndose pasar por un demonio.

El guión, redactado por el propio Shindô es una adaptación libre de la parábola del budismo Shin «Niku-zuki-no-men», cuya traducción al castellano viene a ser «La máscara con carne adherida». El relato originario cuenta la historia de una anciana que se coloca una máscara de demonio para asustar a su hija y evitar que ésta acuda todas las noches a rezar a un templo. Buda castiga este comportamiento y propicia que la careta se adhiera a su rostro. Desesperada, y consciente de su actitud errática, emite plegarias en busca del perdón. Buda accede pero a cambio su rostro queda desfigurado.

El director sustituye a la figura divina y al fervor religioso por una tensión sexual que empuja todas las noches a la joven a entregarse a los brazos de Hachi. La parábola se transforma en un cuento de tintes eróticos y sobrenaturales que se desarrolla en medio de un paisaje desolador bajo la protección siempre cómplice de los juncos, los cuales ofrecen cobijo a los instintos humanos más bajos. Y es que, no sólo son el marco de la pasión carnal desatada entre el desertor y la viuda, también son el escenario de los horrendos crímenes cometidos por ambas mujeres.

Mascara

A pesar de estar ambientada en un periodo de guerra, «Onibaba» rehuye de los grandes escenarios bélicos. La lucha fraticida se deja tan sólo entrever a través de los combatientes heridos que se adentran en el claustrofóbico junqueral o a través de las luchas cuerpo a cuerpo protagonizadas por samuráis que han llevado demasiado lejos sus iras. Sin embargo, la consecuencias del conflicto ocupan un papel prominente en la película. Son precisamente esas circunstancias las que han conducido a la campesina y a su nuera a abandonar su granja y malvivir en una cabaña así como a convertirse en una suerte de seres sin escrúpulos capaces de segar la vida a un semejante o de devorar a un perro. En «Onibaba» la inocencia ha sido sacrificada en pos de la supervivencia. Nadie está libre de pecado. La película se alza como paradigma de la degeneración que es capaz de alcanzar la especie humana cuando es sometida a situaciones límite.

Todos estos aspectos confluyen para dar lugar a un ambiente enfermizo en el que pronto afloran el deseo sexual irrefrenable -casi animal- de la viuda y el temor al abandono de la mujer de mayor edad. Testigo de los encuentros sexuales entre su nuera y Hachi, la campesina llega a proponerse al desertor en un intento a la desesperada por salvar su pellejo y que, al mismo tiempo, puede ser interpretado como una reacción natural tras haber sido privada del derecho a amar y ser amada. A pesar de que Shindô omite cualquier tipo de explicación directa sobre el significado del agujero convertido en una auténtica huesera, muchos críticos han querido ver en él una metáfora del deseo sexual interpretado como un vórtice sin fin. Otros, en cambio, simplemente ven el hoyo como una representación de lo más oscuro del ser humano.

Conocido por ajustar al máximo sus presupuestos, Shindô retrata al Japón medieval con una economía de medios que nada tiene que ver, por ejemplo, con las producciones de su coetáneo Kurosawa. «Onibaba» fue rodada, por deseo del director, en las orillas del lago Inba-numa, en la prefectura de Chiba. El equipo de Shindô se instaló en viviendas prefabricadas que fueron levantadas en este paraje con motivo del rodaje, iniciado en junio de 1964. Décadas más tarde el director describió las condiciones en las que fue creada «Onibaba» en su película «By player» (Sanmon yakushaCubierta II, 2000), en la que narra la vida de uno de sus actores fetiche, Taiji Tonoyama.

La cuidada fotografía de «Onibaba» es obra del cineasta Kiyomi Kuroda, quien también trabajó junto a Shindô en «La isla desnuda», «Human», «Mother» o «El gato negro» (Kuroneko, 1968). Filmada en blanco y negro mediante la técnica del Tohoscope, «Onibaba» destaca por su peculiar iluminación en clave baja y por el marcado contraste de las escenas diurnas. Resultan cuando menos interesantes las partes de la acción que transcurren durante la noche. Para grabar las escenas nocturnas que acontecen en el interior de las cabañas se recurrió al empleo de barreras con el objeto de bloquear la luz del sol. Mientras, al aire libre, Kuroda emplea focos que apuntan su haz de luz sobre los actores contribuyendo a acentuar el carácter fantasmagórico, especialmente durante las «supuestas» apariciones del demonio.

Resultan del mismo modo dignos de elogio los movimientos de la cámara –entre los que destacan los travelling paralelos- y el montaje, dirigido por Toshio Enoki. La acción narrativa se intercala con escenas rodadas a cámara lenta, que rozan lo abstracto y próximas a la estética del summi e, en las que se muestra a los omnipresentes juncos batidos por el viento y aportando una nota poética a tanto horror.

La atmósfera opresiva que rodea a todo el metraje se acentúa con la música original, compuesta por Hikaru Hayashi. Su carácter tribal contribuye a reforzar la tensión durante las escenas clave. Antecede la tragedia y se solapa a los repetidos silencios que, lejos de ofrecer una tregua, añaden una mayor carga dramática.

Casi todo el reparto de actores está integrado por intérpretes habituales en la filmografía de Shindô y figuras clave de la New Wave japonesa. Nobuko Otowa, que años más tarde contraería matrimonio con el director, encarna a la campesina de mediana edad. Su carrera está intrínsecamente unida a la de Shindô, siendo su actriz de cabecera desde su película de debut, «Historia de una esposa amada» (Aisai monogatari, 1951). Por su parte, Kei Satō –que había alcanzado la fama gracias a la trilogía «La condición humana» (Ningen no jōken, 1959-1961), de Masaki Kobayashi– interpreta el papel del descarado y haragán Hachi. Taiji Tonoyama, cuyas apariciones en la gran pantalla se comprenden entre 1939 y 1989, se encarga del papel del perista Ushi. Jūkichi Uno, el señor de la guerra enmascarado, completa el elenco de artistas presentes en otros films de Shindô.

Mientras, Jitsuko Yoshimura –que interpreta a la joven viuda- es la única integrante del reparto que no había actuado previameCubierta IIInte en otros proyectos del director nipón. Cabe decir que esta sería también la última vez que lo haría, puesto que nunca más volvería a trabajar bajo las órdenes de Shindô. Yoshimura, que por aquel entonces contaba con apenas veintiún años de edad, saltó a la fama con la película «Cerdos y acorazados» (Buta to gunkan, 1961), de Shohei Imamura.

Estrenada en noviembre de 1964, «Onibaba» es considerada una película de culto así como difícil de clasificar. Interpretada por algunos sectores de la crítica como un drama histórico, ha sido descrita también como un clásico del terror erótico. Puede ser enmarcada en la misma corriente que otros títulos como «La mujer de la arena» (Suna no onna, 1964), de Hiroshi Teshigahara, o «El imperio de los sentidos» (Ai no corrida, 1976), de Nagisa Oshima. El acierto al dotar al film de una profunda carga psicológica así como su efectividad para transmitir terror con lo puesto ha sido aplaudido por otros directores, como es el caso de William FriedkinEl exorcista» (The exorcist, 1973), que llegó a considerar a «Onibaba» como la película más aterradora que había visto.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me sorprendió mucho. Sudorosa, opresiva como dices, repleta de pulsiones primitivas (el asalto a los samuráis convertido en una caza animal, el sexo primario,…). Según algunas interpretaciones, Onibaba contiene una vez más cierto contenido alegórico acerca del holocausto nuclear, principalmente a través de las huellas que la máscara produce en el rostro.
    Forma una extraña pareja con Kuroneko, otro terrorífico jidaigeki de Shindo, que me entusiasmó todavía más.

  2. Eso había leído también. Puede tener su significado, más aún teniendo en cuenta que Hiroshima fue la ciudad natal de Shindo. Gracias por tu aportación.

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