El Golem, de la leyenda a la gran pantalla

La carrera profesional del actor y director Paul Wegener (1874-1948) está vinculada de un modo estrecho a la leyenda de El Golem de Praga. Wegener entró en contacto con esta historia durante el rodaje de «El estudiante de Praga» (Der student von Prag, 1913), co-dirigida por el propio Wegener y Stellan Rye. Apenas dos años más tarde, estrenó -junto a Henrik Galeen– su primera adaptación de este relato judío, «El Golem» (Der Golem, 1915). En 1917, llevó a la gran pantalla una nueva aproximación bajo el título «El Golem y la bailarina» (Der Golem und die Tänzerin, 1917), en esta ocasión haciendo equipo junto a Rochus Gliese. Por desgracia, ninguna de estas dos películas ha llegado hasta nuestros días.

En 1920, Paul Wegener estrenó con Carl Boese su última adaptación de la leyenda judía: «El Golem (Cómo vino al mundo)» (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920). Esta es la única película de la trilogía que se conserva. Gracias a ella, Wegener alcanzó gran prestigio. La película ocupa un lugar de honor en la historia del cine germano y es una de las piezas claves de la vanguardia expresionista.

«El Golem (Cómo vino al mundo)» se ambienta en el gueto judío de Praga en el siglo XVI. El rabino Loew (Albert Steinrück), tras estudiar el firmamento, predice que una amenaza se cierne sobre su pueblo. En concreto, el emperador Luhois (Otto Gebühr) planea la expulsión de los judíos. Es entonces cuando LoewCartel moldea con barro el cuerpo del Golem (Paul Wegener) y, tras invocar al demonio Astaroth, le concede la vida para que ofrezca su protección a la comunidad. No obstante, la criatura se escapa al control humano y siembra la destrucción en la ciudad.

Paul Wegener y Henrik Galeen –guionista de «Nosferatu» (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), de F. W. Murnauson los autores del guión de esta película. El texto es una adaptación de la novela «El Golem», publicada en 1915 por el escritor austriaco Gustav Meyrink. El libro de Meyrink se centra en un personaje llamado Athanasius Pernath, un joyero y restaurador de obras de arte que reside en el gueto de Praga. El narrador, un personaje anónimo, asume la identidad de Pernath durante un sueño. Se inicia de este modo un viaje alucinado a través de los rincones y los personajes del gueto, donde el Golem representa al espíritu y la conciencia de una comunidad marcada por el sufrimiento y la miseria. Meyrink cuestiona constantemente la realidad de lo que se cuenta, llegando a situar al lector ante la tesitura de discernir si ha sucedido o no algo de cuanto se narra.

La obra de Meyrink se inspira en la leyenda de El Golem de Praga, vinculada a Judah Loew ben Bezalel, quien ejerció como rabino en Praga a finales del siglo XVI. En el folklore judío, el Golem es una Meyrinkcriatura creada a partir de materiales inertes. La figura del Golem se remonta a los orígenes del judaísmo. Sin embargo, el texto más antiguo conservado en el que se describe el proceso de creación de este ser es «Sodei Razayya», de Eleazar ben Judah, un maestro talmúdico y místico perteneciente a la comunidad Chassidei Ashkenaz que habitó en la ciudad alemana de Worms entre los siglos XII y XIII.

El rabino Eliyahu de Chelmno (Ucrania), fue el primer personaje histórico vinculado a la creación del Golem, en el siglo XVI. Sin embargo, la leyenda que más ha calado con el paso del tiempo es aquella que se centra en la figura de Judah Loew ben Bezalel. El relato cuenta que Loew creó al Golem con el objeto de proteger al gueto de Praga de los constantes ataques antisemitas y de los pogromos basados en acusaciones tan descabelladas como el libelo de sangre, que afirmaba que los judíos cometían crímenes execrables con el objeto de utilizar sangre humana durante sus rituales. Determinados sectores del judaísmo ortodoxo defienden la veracidad de este relato impregnado por el misterio y que, según varios historiadores, es una invención de la literatura germana del siglo XIX.

La versión cinematográfica de «El Golem» estrenada en 1915 no había cubierto las expectativas de Wegener, que había sacrificado su idea inicial como consecuencia de diversos compromisos. Su segundo intento, en 1917, se aproximaba más a la leyenda que había conocido durante el rodaje de «El estudiante de Praga». Su tercera intentona debería colmar todos sus anhelos. Es por eso que se rodeó de alguno de los mejores profesionales del cine alemán por aquel entonces.

Entre esos profesionales se encontraba el arquitecto Hans Poelzig, quien se introdujo en el mundo del cine y del teatro en 1913 de la mano del director de cine y teatro Max Reinhardt, en cuya compañía actuaba Wegener. En 1919, Reinhardt le encargó la labor de convertir en teatro el interior de un viejo mercado de Berlín. Apenas un año después, Wegener le encomendó la dirección de arte de «El Golem (Cómo vino al mundo)». Su cometido fue recrear el gueto judío de la Praga medieval en los estudios que la Universum Film AG (UFA) poseía en Tempelhof (Berlín). Poelzig construyó una ciudad compuesta por cincuenta y cuatro edificios modelados –en aquel entonces su obra ya estaba influenciada por el trabajo de la escultora Marlene Moeschke– con malla de alambre y yeso.

La concepción de los decorados de Poelzig es absolutamente expresionista. La monumentalidad de algunos espacios, como la muralla o el portón que da acceso al gueto, contrasta con las pequeñas dimensiones de los interiores. La arquitectura del set destaca por la inclinación de las fachadas y de las cubiertas de las edificaciones, aspecto que dota al escenario de una apariencia que roza lo irreal. Por su parte, las estancias en las que transcurre la acción huyen de los fondos bidimensionales tan recurrentes en el cine expresionista y transmiten una gran sensación de profundidad.

Poelzig

El trabajo del arquitecto se refuerza con la cuidada fotografía del cineasta Karl Freund, conocido por sus posteriores trabajos en «Metropolis» (íd., 1927), de Fritz Lang; y «Drácula» (íd., 1931), de Tod Browning. Su labor es considerada una de las cúspides del cine expresionista. El tratamiento de la luz de Freund contribuye a realzar las arquitecturas de Poelzig. Del mismo modo, su maestría le permite componer escenas de gran intensidad visual como es el caso del pasaje –casi minimalista- en el que se representa la diáspora del pueblo judío durante el festival de la rosa en las dependencias del emperador Luhois. Por otra parte, los planos descriptivos adoptados en los interiores permiten al espectador recorrer con su mirada todo el encuadre. Asimismo, «El Golem (Cómo vino al mundo)» es prolija en fundidos que, mediante el viñeteado del encuadre, hacen que la atención se centre en determinados aspectos tales como las expresiones del Golem o las distintas composiciones.

Paul Wegener encabeza el reparto, dando vida al personaje del Golem. Su esposa, Lyda Salmonova, encarna a Miriam, cuyo amor es disputado por el remilgado caballero Florian (Lothar Müthel) y por el ayudante del rabino Loew, Famulus (Ernst Deutsch). Mientras, el prolífico intérprete alemán Otto Gebühr –a quien se le atribuye la participación en un centenar de películas entre 1917 y 1954- ocupa el papel del emperador Luhois. Gebühr se introdujo en la interpretación de la mano de Reinhardt después de combatir en la Primera Guerra Mundial como voluntario. Tras entablar amistad con Wegener, consiguió sus primeros papeles en el mundo del cine.

Fotograma

«El Golem (Cómo vino al mundo)» supone un hito en la historia del cine fantástico y, en especial, del subgénero dedicado a la figura del «monstruo» como protagonista. En la película es palpable la influencia de la obra de Wegener en otros títulos posteriores, especialmente en «El doctor Frankenstein» (Frankenstein, 1931) de James Whale. Este vínculo se hace cada vez más papable a medida que la película de Wegener se interna en el último tercio del metraje y alcanza el clímax durante la escena en la que una niña, inocentemente, priva de su vida al Golem.

En 1936, Julien Duvivier rodó en Praga una secuela del film, «Le Golem» (íd., 1936). Posteriormente, la leyenda de El Golem de Praga fue llevada de nuevo a la gran pantalla por Martin Fric en 1952 (El emperador y el Golem), por Rody McDowall en 1966 (It!) y por Piotr Szulkin en 1979 (Golem).

 

 

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Le debo una revisión a la película, porque tengo la sensación de que la vi en un momento en el que no estaba preparado para una obra así y terminé aburriéndome un poco. A ver qué pasa en la segunda oportunidad, que de leerte me han entrado ganas.

  2. Yo la vi por primera vez hace apenas unos días. Era una de las películas más representativas del expresionismo que tenía incluida en mi lista de pendientes. Personalmente, lo que más me gustó fue el trabajo de Hans Poelzig.

  3. Me ha gustado bastante más en esta segunda oportunidad. Inspira mucho pesimismo hacia el hombre (egoísta en su uso del golem, casquivana en el caso de la chica, estúpidos e irracionales en otros tantos), en comparación con ese despertar de autoconsciencia del golem. Cabe decir que quien profetiza la tragedia es, en cierto modo, la misma persona que termina desencadenándola indirectamente. Reminiscencias de Frankenstein e, incluso, King Kong en una película notable.

  4. Me alegro de que le hayas dado una segunda oportunidad. A mi juicio, se trata de una gran película. No sólo por todo lo que representa dentro del marco del expresionismo, sino que también por el mensaje y los símbolos que contiene.

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