Suspense, otra vuelta de tuerca

Sigmund Freud sostenía que cualquier frustración sexual vinculada a una fase del desarrollo psicosexual durante la infancia podía dar pie a trastornos mentales funcionales manifestados en forma de neurosis en edad adulta. Quizá la teoría freudiana pueda ser utilizada para verter luz sobre las numerosas interrogantes que plantea el celebrado film «Suspense» (The innocents, 1961), de Jack Clayton. La películaCartel -considerada la mejor adaptación de la novela «Otra vuelta de tuerca», publicada en 1898 por Henry James– destaca por su ambigüedad. Plantea al espectador un constante juego de significados ocultos en el que se diluyen los límites entre lo sobrenatural, el bien y el mal así como la locura.

Jack Clayton, quien había sido actor durante su niñez, dirigió su primera película (Nápoles es un campo de batalla, 1944) mientras cumplía con el servicio militar en la Royal Air Force (RAF). A mediados de los años cincuenta se proclamó como un director de cine con una especial sensibilidad para llevar a la gran pantalla adaptaciones de grandes obras de la literatura contemporánea.

«Suspense» es su tercer largometraje. La película está ambientada en la era victoriana. Cuenta la historia de una recatada institutriz, Miss Giddens (Deborah Kerr), que ha sido contratada por un hombre soltero para cuidar a sus dos sobrinos huérfanos, Flora (Pamela Franklin) y Miles (Martin Stephens). Los pequeños viven apartados en el campo en una inmensa mansión. A su llegada, la preceptora comienza a experimentar sucesos paranormales y atribuye estos hechos a los antiguos cuidadores de los niños, Peter Quint (Peter Wyngarde) y Miss Jessel (Clytie Jessop), ambos fallecidos de un modo trágico.

«Otra vuelta de tuerca», al igual que la película de Clayton, destaca por su ambigüedad y por ofrecer al lector la posibilidad de establecer varias interpretaciones respecto al origen del mal plasmado en su argumento.

Deborah Kerr

Truman Capote y William Archibald fueron los encargados de escribir el guión. En 1950, Archibald había presentado en Broadway el espectáculo «The innocents», basado también en la obra de Henry James y del cual deriva el grueso del guión de la película de Clayton. Del mismo modo, el Nobel de Literatura Harold Pinter y el autor teatral John Mortimer aportaron también su granito de arena a la adaptación al cine del libro. En concreto, Pinter recomendó al director no recurrir al empleo de flashbacks y Motimer se encargó de hacer creíbles los aspectos vinculados al contexto histórico victoriano.

Joaquín Vallet señala en el número 44 de Miradas de Cine que el guión de «Suspense» se sustenta sobre tres pilares. Por una parte, asimila y hace suya la ambigüedad que destila la obra de Henry James: ¿Los fantasmas son reales? ¿Son sólo fruto de una mente perturbada? ¿La prístina inocencia de los niños está siento alterada por el influjo de alguna presencia maligna?. Por otra, la historia disecciona los temores de Miss Giddens y se adentra en su psique. Finalmente, en el guión prevalece el punto de vista de la institutriz. El espectador se enfrenta a la disyuntiva de discernir qué es verdad y qué es fantasía mientras la frontera de lo natural se desdibuja cada vez más.

Se ha vinculado a Truman Capote con los pasajes relacionados con la concepción freudiana de la película, que incide en aspectos tales como la sutil presencia de símbolos fálicos en algunas escenas o la tensión sensual de algunos pasajes, especialmente cuando el pequeño Miles besa en los labios a la institutriz. Todos y cada uno de estos elementos apuntalan la interpretación según la cual se dejan entrever actitudes sexuales reprimidas que catalizan la consiguiente reacción de Miss Giddens, aterrada por la convicción de que los pequeños están poseídos.

Escena espectro

Las escenas que transcurren en exteriores fueron rodadas en la mansión Sheffield Park de East Sussex, en Inglaterra. Mientras, el resto del rodaje fue llevado a cabo en los estudios Shepperton de Surrey. La fotografía de la película fue confiada al cineasta Freddie Francis, quien también se encargó de recrear la atmósfera victoriana en la película «El hombre elefante» (The Elephant Man, 1980), de David Lynch. El trabajo de Francis es magistral. Recurre al empleo de una fotografía de alto contraste gracias al empleo de potentes focos. La productora, 20th Century Fox, insistió en rodar el film en Cinemascope frente a la voluntad de Clayton, quien consideraba a esta decisión un problema. A pesar de todo, Francis se adaptó a estas circunstancias y aprovechó el ancho del encuadre para ocuparlo con amplios espacios en penumbra y posicionar a los protagonistas en lugares opuestos. Joaquín Vallet señala que este recurso permite, por ejemplo, que en las escenas de conversaciones sea posible obviar el empleo del plano-contraplano obligando al espectador a centrar su atención en los aspectos que considere más oportunos.

Una de las principales aspiraciones de Clayton cuando se embarcó en la dirección de «Suspense» fue distanciarse del aspecto de las películas de la compañía Hammer, que por aquel entonces gozaban de una gran acogida entre el público. Para ello emplea recursos como modificar la distancia entre la cámara y los objetos. A este respecto, es de importancia capital el trabajo de Francis, que en varias escenas apela a la distancia hiperfocal para que todos los elementos del encuadre aparezcan enfocados, desde el primer plano hasta el fondo.

Deborah Kerr encabeza el reparto como Miss Giddens. La actriz escocesa protagoniza una de las mejores interpretaciones de su carrera, en la que destacan otros títulos como «Edward, mi hijo» (Edward, my son, 1949), de George Cukor; «De aquí a la eternidad» (From here to eternity, 1953), de Fred Zinnemann; «El rey y yo» (The king and I, 1956), de Walter Lang; o «Té y simpatía» (Tea and simpathy, 1956), de Vincente Minnelli. Su presencia en la película es memorable, ofreciendo un desgarrador retrato de una conciencia reprimida y atormentada tanto por el devenir de los acontecimientos como por sus inseguridades.

Por su parte, los niños Pamela Franklin (Flora) y Martin Stephens (Miles) se erigen como el otro pilar sobre el que se sustenta el grueso de la interpretación. Cándidos, pero a la vez dejando asomarse un atisbo de crueldad, aportan una gran interpretación que aviva aún más el carácter enfermizo que transmite lCartel2a historia. Con el objetivo de evitar que los pequeños manejasen más información de la precisa, Jack Clayton ocultó a Franklin y a Stephens diversos aspectos del guión. Esta decisión le permitió conservar un halo de misterio e inocencia palpable en sus interpretaciones. Cabe señalar que «Suspense» supuso el debut de Pamela Franklin en la gran pantalla, cuya carrera se prolongó hasta mediados de la década de los setenta. Mientras, Martin Stephens –que actualmente vive en Portugal y trabaja como arquitecto- había protagonizado apenas un año atrás su papel más conocido como uno de los siniestros niños de «El pueblo de los malditos» (Village of the damned, 1960), de Wolf Rilla.

El actor británico Michael Redgrave, que inició su carrera como actor durante el periodo de entreguerras, da vida al ocupado tío de los niños Miles y Flora. Su aparición en la pantalla tan sólo se limita al inicio de la película, durante la escena en la que entrevista a Miss Giddens como aspirante para ocupar el vacío dejado por la anterior institutriz. Redgrave es considerado una de las grandes figuras de una generación de actores representada por John Gielgud, Ralph Richardson y Laurence Olivier.

Megs Jenkins, Peter Wyngarde y Clytie Jessop completan el reparto. Jenkins encarna a Mrs. Grose, la ama de llaves que pretende quitar hierro al asunto y establecer un poco de cordura como fruto de su experiencia vital. Asimismo, defiende la inocencia de los niños, dos pequeños a los que adora. Wyngarde y Jessop personifican los miedos más ocultos de Miss Giddens e interpretan a Peter Quint y a Miss Jessel, respectivamente. Su presencia en la película es una suerte de visión espectral y, en ningún momento, se concreta si es sólo fruto de la imaginación de Giddens o algo más.

La película fue estrenada en noviembre de 1961. Aclamada por la crítica fue nominada a dos premios BAFTA. Del mismo modo, Clayton fue galardonado por The National Board of Review como el mejor director. Archibald y Capote también gozaron del triunfo gracias a su guión y fueron premiados en 1962 con el premio Edgard, concedido por el colectivo de escritores de misterio de América.

«Otra vuelta de tuerca» ha sido llevada al cine y la televisión en numerosas ocasiones entre las que se incluyen «Los últimos juegos prohibidos» (The nightcomers, 1971), de Michael Winner; «Otra vuelta de tuerca» (íd., 1985) de Eloy de la Iglesia; «El Celo» (Presence of mind, 1999), de Antoni Aloy; o «In a dark place» (íd., 2006), de Donato Rotunno.

Sin embargo, si algo diferencia al film de Clayton del resto de adaptaciones eso es la magistral combinación de una serie de genios en sus respectivos campos profesionales y cuyo resultado es una obra que invita a que el espectador establezca sus propias conclusiones y que destaca por su virtuosidad técnica e interpretativa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s