En presencia de un payaso: muerte y locura

«Fanny y Alexander» (Fanny och Alexander, 1982) fue la última gran obra maestra de Ingmar Bergman. Tras su estreno y cosechar, entre otros galardones, cuatro Oscar, el director sueco centró su carrera en la dirección de obras de teatro y la redacción de guiones. En su libro autobiográfico «La linterna mágica» (Tusquets, 1995), publicado por primera vez en 1988, Bergman describe los aspectos vitales que marcaron su extensa producción fílmica y teatral. Por aquel entonces, se había acrecentado en él un profundo temor a convertirse en una sátira de si mismo. «Me retiro antes de que mis actores o mis colaboradores vislumbren al monstruo y los invada el asco o la compasión», recoge en sus memorias. Sin embargo, nunca llegó a abandonar por completo la que había sido su pasión desde que siendo un niño había descubierto la magia del cine.

En 1997 estrenó «En presencia de un payaso» (Larmar och gör sig till, 1997), un inquietante largometraje concebido para la televisión -y Cartelpresentado en 1998 en el Festival de Cannes dentro de la sección «Un certain regard»- donde retoma temas tan presentes en su obra como la muerte, las relaciones sentimentales o el arte como vía para exorcizar los propios fantasmas.

«En presencia de un payaso» recupera la figura de su tío Carl (Börje Ahlstedt), también presente en «Fanny y Alexander», «Las mejores intenciones» (Den goda viljan, 1992), de Bille August; y «Niños del domingo» (Söndagsbarn», de Daniel Bergman. Narra la traumática existencia de Carl Akerblom, un inventor de mediana edad entusiasta de la música de Franz Schubert. Transcurre el año 1925 y Akerblom se encuentra recluido en el hospital psiquiátrico de Uppsala –ciudad natal de Ingmar Bergman– tras intentar asesinar durante un ataque de furia a su compañera sentimental, Pauline Thibault (Marie Richardson). Allí conoce al profesor Osvald Vogler (Erland Josephson), con quien decide asociarse para dirigir y producir la primera película sonora de la historia, «Los placeres de una dama de la noche», dedicada a los últimos días de Schubert. Durante su internamiento comenzará a recibir la visita de un extraño payaso, Rigmor (Agneta Ekmanner).

El guión, redactado por Bergman, se basa en su obra de teatro homónima. Toma como punto de partida una historia hallada entre los papeles de su tío tras el fallecimiento de este. El título original sueco se refiere al quinto acto de la quinta escena de Macbeth, en la que el propio Macbeth señala: «La vida no es sino una sombra pasajera, un pobre actor que se contonea y consume su hora en la escena, y luego no se le escucha más».

Tal y como recoge el número 524 de Cahiers du cinema, publicado en 1998, Bergman sostenía que «En presencia de un payaso» sería su última película puesto que estaba absolutamente convencido de que el fin de sus días estaba próximo. El director manifiesta sus propios temores a través de Carl Akerblom, un hombre atormentado y acechado constantemente por la Muerte, representada a través de la figura del payaso Rigmor. Si en «El séptimo sello» (Det sjunde inseglet, 1957) la Muerte era encarnada por un hombre de mirada penetrante y vestido íntegramente con tejidos de color negro aquí Bergman ofrece una nueva interpretación y muestra a la muerte como un payaso desdentado y dotado de atributos sexuales femeninos.

Akerblom

La omnipresencia de la Muerte provoca la deriva y el desazón de la débil voluntad de Akerblom, quien incapaz de soportar la idea de su propio fallecimiento decide apoyarse en la obra de Franz Schubert para hacer más llevadera su inestable existencia. Es por eso que en su película incide en los últimos días del compositor, fallecido el 19 de noviembre de 1828 como consecuencia de la sífilis y que, según varios biógrafos, es posible que padeciese un trastorno bipolar. Bergman recurre constantemente a los primeros compases de «Der Leiermann» (El organillero), último lied del ciclo «Die winterreise» (Viaje de invierno) compuesto por Schubert sobre poemas de Wilhelm Müller. La música del compositor austriaco inunda la historia de melancolía y apuntala el drama a la par que se precipita poco a poco hacia la tragedia.

La película es, a parte de una parábola sobre la inexorable finitud de la vida, un homenaje al cine y al teatro, artes a las que Bergman consagró su existencia a partes iguales. Carl Akerblom recurre al cine tras dar un paso adelante en un intento por acabar con los miedos que le empujan a actuar como un niño y de un modo violento. Ni siquiera la enfermedad aplaca su entusiasmo derivado de la idea de convertirse en el primer director en llevar el sonido a la gran pantalla. Akerblom se lanza junto a su novia Pauline, su amigo Vogler, la actriz Mia Falk (Anna Björk) y su ayudante, Petrus Thibault PetrusLandahl (Peter Stormare), a presentar su nueva creación en las provincias de Suecia. Sin embargo, durante su proyección en Granäs –a la que tan sólo acude media docena de espectadores- la troupe de Akerblom se ve obligada a cambiar sus planes e interpreta una pieza teatral en la que se establece una difusa línea entre lo real y la ficción.

«En presencia de un payaso» está salpicada por numerosas pinceladas que dejan entrever a un Bergman con un exquisito sentido del humor, como ya había demostrado en la aclamada «Sonrisas de una noche de verano» (Sommarnattens leende, 1955). Las complicadas relaciones entre padres e hijos –otra de sus temáticas por excelencia- aparecen representadas por la tensa relación mantenida entre Akerblom y su madrastra, Anna Akerblom (Anita Bjork). También ofrece de nuevo su descarnada visión sobre el amor, cuya principal víctima en este caso es Pauline Thibault, enamorada del lunático inventor y compañera en sus empresas a pesar de sus violentos impulsos y sus infidelidades.

La atmósfera dramática que emana de «En presencia de un payaso» es en parte debida a las cualidades expresionistas que adquiere la luz de la mano de los directores de fotografía Irene Wiklund y Tony Forsberg. Desde el primer fotograma el aspecto de la fotografía denota que se trata de un producto destinado a la televisión. No en vano, el proyecto fue financiado como fruto de la colaboración entre varias cadenas televisivas y radios de Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania e Italia. Bergman, un auténtico genio de la economía de medios, ejerce como tal y realiza un film en cuyo montaje final sólo están presentes los planos necesarios. La cámara apenas se mueve y los encuadres gozan de una pulcra composición.

Este espartano modo de dirigir –y que entronca directamente con la faceta teatral del director sueco- se ve fortalecido por el brillante trabajo de los actores y por los sublimes diálogos. Börje Ahlstedt, muy presente en la filmografía de Bergman desde su aparición en «Fanny y Alexander», ofrece una interpretación cargada de fuerza y coherencia. Su papel en la historia, siempre de la mano de la locura, genera sentimientos encontrados. Por un lado, el hombre débil e infantil. Por otro, el ser violento decidido a arrebatar la vida a su compañera a pesar de que la sangre nunca llegue al río.

También es preciso destacar la presencia de Erland Josephson, conocido por sus colaboraciones con Bergman y Andrei Tarkovski. Josephson encarna al profesor Osvald Vogler, casado con una sordomuda y precipitado, al igual que Akerblom, al abismo de la locura. Una demencia alimentada por el abuso del alcohol y prendada de una equívoca lucidez.

Reparto

La majestuosa interpretación de ambos se ve reforzada por la presencia de Marie Richardson (Pauline Thibault) y Pernilla August (Karin Bergman). Asimismo, merece ser citada la participación en la película de Peter Stormare quien, apenas un año atrás, había protagonizado la genial «Fargo» (íd., 1996) de los hermanos Cohen.

A pesar de sentirse próximo a la muerte, «En presencia de un payaso» no fue el último largometraje de Bergman. En el año 2000 dirigió la obra teatral «Los creadores de imágenes» (Bildmarkana, 2000), concebida para la televisión y en la que se pone en escena el rodaje de «La carreta fantasma» (Körkarlen, 1921), de Victor Sjöström. Tres años después, estrenó el que sería su último film, «Saraband» (íd., 2003), secuela de «Secretos de un matrimonio» (Scener ur ett äktenskap, 1973).

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