Gonzo: vida y hazañas del Dr. Hunter S. Thompson (I)

El sonido de un disparo quebrantó la apacible tarde del 20 de febrero de 2005 en la granja «Owl» de Woody Creek (Colorado). Hunter S. Thompson acababa de apretar el gatillo de su revolver Magnun 44. descerrajándose un tiro en la cabeza. En una habitación contigua, su hijo, Juan, su nuera, Jennifer, y su nieto, Will, confundieron la detonación con el ruido de un libro cayendo al suelo. Apenas media hora después, Juan descubrió el cuerpo de su padre y tras llamar al departamento del sheriff disparó tres veces al aire en señal de duelo. «La vida para él era un desafío. Iba a morir a los treinta, de todos modos, y ahora vivía en tiempo prestado», señala su amigo e ilustrador Ralph Steadman en el documental «Gonzo: vida y hazañas del Doctor Hunter S. Thompson» (Gonzo: life and work of Dr. Hunter S. Thompson, 2008), dirigido por Alex Gibney y narrado por Johnny Depp.

El suicido de Thompson era la crónica de una muerte anunciada. Algo que todos se esperaban pero que nadie sabía cuándo tendría lugar. La victoria de George W. Bush en las elecciones presidenciales de 2004 le había sumido en una profunda desazón. Había supuesto el fin de sus últimas esperanzas en un sistema más justo, un sueño que perseguía desde mediados de los sesenta.

Las dos caras de Hunter S. Thompson

Sondi Wright y Anita Thompson, su primera y segunda esposa, respectivamente, conocieron en profundidad al escritor, un hombre cariñoso y generoso pero a la vez capaz de manifestarse como un ser cruel. «Creo que ambos lados se hicieron presentes en su vida cuando era muy joven», subraya Anita Thompson.

Hunter S. Thompson era hijo de Jack Robert Thompson, un veterano de la Primera Guerra Mundial y liquidador de seguros, y de Virginia Ray Davison, bibliotecaria. Se crió junto a sus hermanos, Davison y James, en un barrio acomodado de Louisville (Kentucky). Sin embargo, su situación familiar cambió drásticamente tras el fallecimiento de su padre, cuando Hunter apenas contaba hunter motocon catorce años de edad. Su madre se vio obligada a sacar adelante a sus tres retoños con el exiguo salario que le aportaba su trabajo.

Douglas Brinkley, biógrafo de Thompson, comenta que, durante su adolescencia, el escritor siempre se sintió como un intruso en su grupo de amigos, pertenecientes a familias acomodadas. Deportista e involucrado en la vida cultural de su instituto, tuvo algún que otro encontronazo con la justicia. En 1955 fue acusado de ser cómplice en el robo de un coche y fue encarcelado durante treinta y un días, lo que le impidió asistir a su graduación. Tras ser puesto en libertad se alistó en la Fuerza Aérea y comenzó a escribir en publicaciones deportivas firmando con un pseudónimo.

Hígado de alce

Thompson se licenció en 1958 y prosiguió con su carrera como periodista deportivo. Era consciente de su talento para la literatura. Brinkley sostiene que «Hunter se identificaba con Scott Fitzgerald más que con ningún otro escritor». Incluso llegó a copiar con su máquina de escribir «El gran Gatsby».

Durante la primera mitad de los sesenta trabajó como periodista en Puerto Rico, recorrió como autostopista la Autopista 40, vivió en el Sur de California y fue corresponsal del «National Observer» en Sudamérica. En 1963 contrajo matrimonio con Sondi Wright, y tras un breve periodo en Aspen (Colorado), se estableció, primero, en Glen Ellen y, con posterioridad, en San Francisco. Allí entró en contacto con la cultura hippie.Hunter joven

Sondi Wright comenta que en aquella época Hunter cobraba unos cien dólares por artículo. «Pero éramos muy pobres. Cuando estaba embarazada de mi hijo, Hunter cazaba alces y yo sólo comía hígado de alce, leche y ensalada», describe.

Dentro de los Ángeles del Infierno

Su carrera fue catapultada en 1965. Ese año, Carey McWilliams, editor de «The Nation» le encargó un artículo sobre la banda de moteros Ángeles del Infierno. Su trabajo fue aplaudido y decidió pasar el siguiente año viviendo con los miembros de la banda.

Se consideraba un periodista gráfico y como fruto de esa experiencia retrató el día a día de los Ángeles del Infierno. Acompañado siempre de una grabadora, recogió valiosa información sobre las costumbres y las correrías de la banda y plasmó su trabajo en el libro «Hell’s angels: la extraña y terrible saga de las bandas forajidas de moteros», publicado en 1966. «Es una de las muestras deAngeles del Infierno periodismo más valientes de todos los tiempos», asegura Tom Wolfe, considerado el padre del Nuevo Periodismo y que también utilizó las cintas de Thompson para escribir alguno de los pasajes más conocidos de su obra «Ponche de ácido lisérgico» (The Electric Kool-Aid Acid Test, 1968).

Los Ángeles del Infierno eran vistos por los gurús de la generación beat como una suerte de poetas de la libertad sobre dos ruedas. «En una nación de aburridos asustados, siempre hay una lamentable escasez de forajidos y los que alcanzan ese grado siempre son bienvenidos», afirmó Thompson. Los Ángeles del Infierno mantenían un estrecho vínculo con la incipiente contracultura. Eran habituales en las fiestas impregnadas de ácido lisérgico y conducidas por los Merry Pranksters de Ken Kesey. No obstante, el idilio concluyó estrepitosamente el 16 de octubre de 1965, cuando la banda se opuso violentamente en Berkeley a una manifestación en contra de la guerra de Vietnam.

Su relación con Thompson también concluyó de un modo abrupto. Tal y como señaló el tesorero de los Ángeles del Infierno, Skip Workman, durante una aparición en la CBC, el escritor fue golpeado por varios miembros –entre los que se contaba el fundador del capítulo de Oakland, Sonny Barger– tras increpar a otro motero, Junkie George, por golpear a su mujer. Del mismo modo, la banda le había exigido una parte de los beneficios obtenidos por su trabajo.

Una utopía llamada San Franciso

El libro sobre los Ángeles del Infierno fue aclamado por la crítica. A pesar de todo, Hunter S. Thompson estaba insatisfecho con los resultados económicos obtenidos. San Francisco vivía dentro de una burbuja. La música, el activismo universitario y las drogas habían convertido a la ciudad en un hervidero. Thompson recorría sus calles sobre una BSA Lightning y asistía a los conciertos ofrecidos por los grupos rock. Había trabado una gran amistad con los miembros de Jefferson Airplane. Sentía atracción por su cantante, Grace Slick.

La explosión cultural de la que era escenario la costa Oeste fue vista como una oportunidad por Jann Wenner y Ralph J. Gleason, que decidieron aprovechar la coyuntura y fundar la revista Rolling Stone. «Simplemente pensamos que era el momento para un nuevo tipo de política y que emergería de la conciencia del rock’n’ roll», afirma Wenner.

«La energía era fenomenal. Era como perder tu identidad y ser absorbido por lo que fuera. Era como algo mágico», enfatiza Sondi Wright. Thompson vivió intensamente esa utopía lastrada, según el periodista Tim Crouse, por dos grandes presiones morales: la guerra de Vietnam y los derechos civiles. Años más tarde, el escritor analizaría esta experiencia desde la distancia durante su búsqueda del sueño americano, herido de muerte tras los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King así como tras la cruenta represión policial registrada durante la convención demócrata nacional celebrada en Chicago en 1968.

Chicago

Brinkley sostiene que en 1968 Thompson comenzó a barajar la idea de escribir sobre la muerte del sueño americano. A tales efectos, comenzó a cubrir actos políticos. Su bautismo de fuego fue la convención demócrata nacional celebrada entre el 26 y 29 de agosto de 1968 en Chicago.

La convención se celebró en medio de un clima de violencia. Centenares de manifestantes contra la guerra de Vietnam acudieron en protesta y fueron violentamente disueltos por la policía, que actuó bajo directrices del alcalde Daley. «Fui testigo de al menos diez palizas peores que cualquier cosa que haya visto hacer a los Ángeles del Infierno. Me fui en estado de angustia histérica, convencido de que había visto que el sueño americano se estaba suicidando a golpes», aseguró Thompson.

Un sheriff para Aspen

Tras los sucesos de Chicago, Thompson adoptó una postura más activa. En 1970 se postuló como candidato a sheriff del condado de Pitkin, en Colorado. Asimismo, comenzó a colaborar con la revista Rolling Stone, donde publicaría sus mejores trabajos.Cartel campaña Aspen

El programa electoral de Thompson recogía, entre otros puntos, propuestas como levantar el asfalto de todas las calles y sembrarlas a un mismo tiempo, cambiar el nombre de Aspen por el de Fat City para evitar que «violadores de la tierra» lo capitalizasen y evitar que cualquier droga que «no mereciese la pena tomar» fuese vendida por dinero.

Su oponente, el sheriff Carrol Whitmire, era un hombre rudo que representaba todos los valores del conservadurismo más rancio. Tenía todas las de ganar. Mientras, la candidatura de Thompson era una suerte de experimento representado por una plataforma de intelectuales bautizada como «Freak Power» y que ya había pretendido, sin éxito, un asalto al poder un año atrás.

 Contra todo pronóstico, la propuesta de Thompson comenzó a crecer como una bola de nieve precipitándose ladera abajo. Por un momento, llegó a pensar que tendría opciones de cantar victoria. «Fue una de sus mejores etapas en lo personal. Tenía pasión para mover a la gente, cambiar su modo de pensar y hacerlos actuar», matiza Sondi Wright. Pero su absoluta transparencia, sobre todo en lo referente a las drogas, preocupaba a gran parte de los votantes. Ni siquiera fue suficiente registrar a individuos que nunca antes habían votado. Whitmire venció con 204 votos, frente a 173 de Thompson. «Cometimos un error al pensar que el pueblo estaba preparado para una campaña honesta», reconoció el escritor justo después de conocer los resultados.

(Continuará)

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