Vampyr, el terror psicológico de Dreyer

Vampyr, la bruja vampiro” (Vampyr-Der Traum des Allan Grey, 1932) supone el fin de la época silente del director danés Carl Theodor Dreyer (1889-1968). La película resultó ser un varapalo económico para el realizador, que tardaría más de una década en volver a ponerse tras la cámara. Adelantada a su tiempo, “Vampyr, la bruja vampiro” supone un viaje a las profundidades de la psique y a la raíz del miedo. Un ejercicio surrealista que Dreyer solventó recurriendo a una exquisita técnica y dando una vuelta de tuerca al cine fantástico de la época. El film fue rescatado por la crítica décadas después y hoy día ostenta la categoría de obra maestra.

La interpretación de María Falconetti en “La pasión de Juana de Arco” (La pasión de Jeanne d’Arc, 1927) ha quedado grabada en la memoria colectiva. La película es una de las joyas de la filmografía de Dreyer. El film contó con una calurosa acogida, la cual catapultó al danés al Olimpo de los realizadores europeos de la época y de todos los tiempos. Precisamente ese mismo año, el cine mudo inició su particular viaje hacia el Averno. La Warner BROS estrenó “El cantante de jazz” (The jazz singer, 1927), que incluía una canción y varias secuencias con dialogo. La suerte estaba echada y Dreyer, consciente de ello, decidió sumarse al cambio en su siguiente película: “Vampyr, la bruja vampiro”.Vampyr La Bruja Vampiro

Tras el estreno de “La pasión de Juana de Arco”, Dreyer disfrutó de las mieles del éxito. La película le había reportado suculentos beneficios, lo que le permitió afrontar el rodaje de “Vampyr, la bruja vampiro” con absoluta libertad. Suele ser corriente que, en estas circunstancias, los realizadores aprovechen el influjo para firmar sus obras más personales y, por lo general, más denostadas por la crítica. El director danés no sería uno menos.

Para ello contó con el apoyo de un barón ruso –de ascendencia polaca y portuguesa- llamado Nicolas Louis Alexandre de Gunzburg (1904-1981). A cambio de financiar el proyecto de Dreyer, el noble solicitó el papel protagonista, que interpretó bajo el seudónimo de Julian West para evitar posibles roces con su familia. Esta sería su única incursión en el mundo del cine. Tras una vida de derroche en el París de los años veinte y los albores de los treinta, Nicolas Louis Alexandre de Gunzburg emigró a Estados Unidos, estableciéndose primero en California y, posteriormente, en Nueva York. Allí trabajó como editor de las revistas “Harper’s Bazaar”, “Town & Country” y “Vogue”. Gunzburg falleció en 1981 tras una agitada vida social en la jet set neoyorkina. Sus exiguas dotes para la interpretación no fueron problema para Dreyer, quien le solicitó que encarnase a su personaje con un aire de decadencia que roza lo onírico, actitud que encajó a la perfección en la vaporosa atmósfera de la película.

La película se inspira en los relatos del escritor dublinés Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873), considerado pieza clave en el desarrollo del género de terror durante la época victoriana. En concreto, el guión –escrito por Christen Jul y el propio Dreyer– se alimenta de la antología “In a glass darkly”, publicada por Le Fanu en 1872. Este volumen se compone de cinco relatos cortos entre los que se encuentra “Carmilla”, que cuenta la historia de una mujer vampiro y que se anticipa un cuarto de siglo a “Dracula”, de Bram Stoker.

Uno de los principales retos de Dreyer fue trasladar a la gran pantalla la atmósfera que impregna a los relatos de Le Fanu. En esta empresa fue determinante el trabajo del director de fotografía Rudolph Maté, quien también trabajó con otros realizadores de la talla de Fritz Lang, René Clair, Ernst Lubitsch o Charles Vidor. Cabe señalar que Maté dirigió varios títulos en los Estados Unidos entre los que se encuentra una de las obras más enigmáticas del género negro, “Con las horas contadas” (D. O. A., 1950).

 Vampyr, La Bruja Vampiro Carl Theodor Dreyer 1932 (5)Dreyer y Maté habían formado equipo durante el rodaje de “La pasión de Juana de Arco”. En “Vampyr, la bruja vampiro” su relación profesional alcanza su momento de máxima compenetración. El rodaje de la película, cuya localización se sitúa en Francia, se prolongó durante un año. Dreyer y Maté apuestan por un empleo de la luz cuya meta final es acentuar la capacidad de sugestión del espectador. La mayor parte de las escenas fueron rodadas durante las primeras horas del día. El resultado es una fotografía de aspecto etéreo que parece vista a través de un tul. Cabe señalar que esta apariencia, fue lograda a través del empleo de luces parásitas tamizadas con la ayuda de un velo. En su totalidad, la película bebe del influjo del expresionismo alemán y recurre al pictorialismo del cine impresionista.

A pesar de ser considerada la primera obra sonora de Dreyer, la película fue rodada sin sonido directo. Los diálogos fueron añadidos con posterioridad. Si bien, la palabra ocupa un papel meramente testimonial en todo el metraje del film y sirve, simplemente, como un apoyo de la acción. El realizador prefirió sacrificar este aspecto en beneficio de una interpretación más natural y libre de ataduras. Asimismo, su gran sentido de la narración hace que en ningún momento se eche de menos este aspecto cuya austeridad, al fin y al cabo, acrecienta la sensación de desequilibrio en el espectador. Por otra parte, la música de Wolfgang Seller contribuye a la consecución de las intenciones de Dreyer: ir más allá de la propia obra fílmica y dar luz a una película que pretende jugar con la percepción y los sentidos. Del mismo modo, “Vampyr, la bruja vampiro” conserva recursos propios del cine mudo, como es el caso de los títulos que articulan la acción.

En su particular viaje hacia lo sobrenatural, Dreyer se sirve de todo un elenco recursos formales -que sentarían cátedra- tales como dotar de vida propia a las sombras de los personajes, la sobreimpresión o el empleo de la cámara subjetiva. La secuencia en la que Allan Grey sueña con su propio entierro es un ejercicio sublime que ha logrado trascender al paso del tiempo como uno de los pasajes más angustiosos de la historia del séptimo arte.Vampyr, La Bruja Vampiro Carl Theodor Dreyer 1932 (10)

Dreyer, educado en el protestantismo, aborda al vampirismo desde el punto de vista de una posesión que anula la voluntad de la víctima y que la empuja al suicidio. Esta concepción se desmarca por completo de la ofrecida por Tod Browning, apenas un año antes, en “Drácula” (Id., 1931). La presencia de la bruja vampiro, encarnada por Henriette Gerard, se reduce a un puñado de sutiles apariciones en las que el mal nunca llega a presentar batalla directa al bien. Y es que, ni siquiera Allan Grey, una suerte de eterno aspirante al papel de héroe, llega a incidir de un modo determinante en el devenir de los acontecimientos. El protagonista se mantiene en todo momento como un espectador alucinado que contempla atónito lo que acontece a su alrededor. Mientras, la labor de acabar con la maldición de la bruja recae en el mayordomo de la familia que padece las calamidades, interpretado por Albert Brass. Todo forma parte de una maniobra orquestada por Dreyer para generar la confusión y hacer irreconocible el umbral entre la realidad y lo sobrenatural.

A medida que la trama avanza, la película acrecienta su ritmo hasta que, durante el desenlace, adquiere su mayor cota de dramatismo con la perturbadora muerte del misterioso médico (Jan Hierominko), que brinda su apoyo a la bruja vampiro. La victoria del bien sobre el mal supone una suerte de redención religiosa manifestada a través de la liberación del cuerpo y alma de la víctima, Léone (Sybille Schmitz).

Tras el estreno de “Vampyr, la bruja vampiro”, Dreyer no volvería a dirigir hasta 1942. Ese año rodó “Dies irae” (Id. 1943). En plena ocupación nazi de Dinamarca, el realizador se embarcó en una obra en la que se aborda la paranoia que rodea a la caza de brujas en una sociedad de marcado carácter teocrático. Dreyer recurre de nuevo al esoterismo y se zambulle en sus vínculos con la psique humana. Desde entonces, y hasta su fallecimiento, acontecido en 1968, Dreyer filmaría tan sólo tres largometrajes más.

-Crítica completa en Ultramundo.

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