La magia de Chomón

Resulta un ejercicio de romanticismo el imaginarse el ambiente que se respiraba en aquellas proyecciones primigenias de los albores del cine. Detenerse a pensar en las reacciones del público que asistía a las barracas donde las películas se proyectaban bajo una carpa en las ferias de los pueblos o en los primeros cines, donde una pianola ponía música mientras un narrador describía al respetable cuanto acontecía en la gran pantalla. Es casi seguro que se trataba de una experiencia inolvidable, como indeleble debía de ser el primer contacto con el imaginario del realizador turolense Segundo de Chomón. Personaje inquieto donde los haya, es considerado uno de los pioneros del género fantástico y de animación. En 1908 publicó su cortometraje «Hotel eléctrico» (Hôtel électrique, 1908), al que se le atribuye el honor de ser el primer film de ciencia ficción español.

La vida de Segundo de Chomón es casi tan atrayente como sus películas. Nació el 17 de octubre de 1871 en Teruel en el seno de una familia cuya cabeza visible era un médico militar aficionado a la fotografía. Tras cursar estudios secundarios –posiblemente sin llegar a finalizarlos- se traslada a París en 1895. Allí conoce a las dos pasiones de su vida: el cinematógrafo recién inventado por los hermanos Lumière y la actriz de vodevil Julienne Alexandre Mathieu, con quien contraería matrimonio antes de embarcarse con destino a Cuba para luchar en la guerra contra los Estados Unidos.

Al final de la contienda, Chomón regresa a la «ciudad de la luz». Por aquel entonces, el cineasta francés Georges Méliès se encontraba en la cima de su carrera. Su esposa, Julienne, formaba parte de la nómina de trabajadores que el realizador galo tenía en sus talleres, donde se coloreaban a mano cada uno de los fotogramas de sus cortometrajes. El turolense se suma a la plantilla de Méliès, donde no tardaría en destacar por sus dotes y su entrega. Como fruto de su trabajo desarrolla un nuevo sistema de coloreado conocido como «pochoir», que empleaba unas plantillas de celuloide para aplicar las tintas de un modo más preciso. Su invento sería patentado tiempo después por la compañía cinematográfica «Pathé» bajo el nombre de «Pathécolor».

Empapado por los avances tecnológicos de los que había sido partícipe en Francia decide instalarse en Barcelona a principios del siglo XX. De inmediato abre las puertas de un taller de coloreado en el número 2 de la calle Poniente. La faceta profesional de Chomón era ecléctica y abarcaba desde la impresión de títulos en castellano para las películas que se importaban hasta las labores de realización. Pronto comienza a desarrollar una gran fascinación por el cine fantástico, los trucajes y los efectos especiales, siendo uno de los pioneros en el empleo de maquetas.

Se sostiene que en 1903 funda junto al empresario Lluis Macaya y al propietario de la sala «Edén Concert» y operador ocasional, Alberto Marro, la primera productora cinematográfica española: «Casa Macaya» o «Macaya-Marro», que a finales de la primera década del siglo XX dio lugar a la marca «Hispano Film».

Durante el primer lustro del nuevo siglo, Chomón realiza varias películas dedicadas a cuentos, entre las que destacan «Pulgarcito» y «Gulliver en el país de los gigantes». En ellas emplea la técnica del sobreimpresionado y el «paso de manivela» o «stop motion». El realizador también se suma a una curiosa propuesta promovida por el pintor Lluis Graner en la que, con el sugerente título «Visiones Musicales», se pretendía aunar la cinematografía, la música y la declamación. También dirige la película «El heredero de casa Pruna» (íd., 1904), una comedia que inaugura el género de la persecución en España.

En 1905 Chomón regresa a París tras ser contratado por Pathé. La compañía gala necesitaba a profesionales capaces de competir con el cine fantástico de Méliès y halló en el turolense a la persona adecuada. Provisto de todos los recursos necesarios para desarrollar todo su talento, Chomón experimenta con todo su repertorio de trucajes y aporta su sabiduría a obras de Ferdinand Zecca, Lucien-Lèpine, Nonguet y Capellani, entre otros. Cabe señalar que en este periodo perfecciona el «paso de manivela», las sobreimpresiones, las transparencias, el empleo de muñecos articulados, las sombras chinescas o el travelling.

Fruto de su colaboración con Pathé son los efectos especiales de obras maestras como «La gallina de los huevos de oro» (La poule aux oeufs d’or, 1905), de Gaston Velle, o «La vida y pasión de Nuestro Señor Jesucristo» (La vie et la passion de Nôtre Seigneur Jesuschrist, ?), de Lucien Nonguet. Asimismo, también dirige otros cortometrajes como «Satán se divierte» (Satan s’amuse, 1907), «La casa embrujada» (La maison ensorcelée, 1908) o la surrealista «La excursión incoherente» (Une excursion incoherente, 1909).  

En 1908 presenta la que quizá es su obra más conocida, «Hotel Eléctrico». Este cortometraje -de poco más de ocho minutos de duración- se inspira en la película de Vitagraph «El hotel encantado» (The Haunted Hotel, 1907), del norteamericano James Stuart Blackton. Cuenta la historia de Laure y Bertrand, un matrimonio interpretado por el propio Chomón y su esposa, que se hospeda en un hotel donde la electricidad permite que todas las tareas y objetos estén automatizados. Sin embargo, un criado borracho hace que el espejismo del progreso se torne en un desmadre.

«Hotel Eléctrico» es una obra maestra del cine primitivo. Fue grabada en una película de ciento cuarenta metros de longitud de celuloide virgen Pathé. En ella Chomón ofrece su mejor versión del «paso de manivela» y pone de manifiesto todo su talento en el empleo de toda una cartera de efectos especiales.

En 1910, Chomón regresa a Barcelona. Allí constituye una sociedad con el empresario Joan Fuster Garí. Como fruto de este acuerdo comercial rueda treinta y siete películas de carácter popular y desarrolla el género del cine zarzuelístico. Ese mismo año, pasa a trabajar como concesionario oficial de Pathé en España y tras romper con Fuster, se queda sin estudio. La compañía gala acude a su rescate y le dota con un nuevo estudio llamado «Ibérico», en el que trabaja hasta 1912. En esta etapa perfecciona su técnica narrativa. Investiga la continuidad cinematográfica e incluye el montaje paralelo así como el flashback y el flashforward.

En 1912 Chomón comienza a trabajar para la compañía «Itala Film». Allí trabaja como operador y técnico de efectos especiales a las órdenes de Giovanni Pastrone, conocido popularmente como Piero Fosco, a cambio de una jugosa cuantía económica. No en vano, el realizador turolense percibía por sus servicios 1.000 liras al mes, mientras que los operadores mejor pagados en aquella época en Italia apenas ganaban 150 liras mensuales.

Pastrone lo incluye en el equipo de rodaje de la superproducción «Cabiria» (íd., 1914), un film de dos horas de duración ambientado en el siglo III a. C. y cuyos títulos fueron redactados por el poeta Gabriele D’Annunzio. Chomón se ocupa de la realización y filmación de las maquetas, de los efectos de iluminación, de labores de positivado y revelado, de los movimientos de la cámara –entre los destaca el uso del travelling sobre rieles en interiores- así como de los efectos especiales.

El estallido de la Primera Guerra Mundial mina a la industria del cine europea y la imparable producción de Chomón se ve frenada repentinamente. Tras un breve periodo trabajando como socio del artista circense Luciano Albertini, Chomón se traslada de nuevo a París. Allí trabaja junto al ingeniero suizo Ernest Zollinger en el desarrollo de un sistema de cine en color por bicromía alterna. Sus investigaciones serán premiadas con la medalla de oro de la Exposición Internacional de Fotografía, Óptica y Cinematografía de Turín. Chomón prosigue sus estudios en la «Societé du Film en Couleurs Keller-Dorian» de París e interviene en sus últimos rodajes: «El negro que tenía alma blanca» (íd.1927), de Benito Perojo, y Napoleón (íd., 1927), de Abel Gance.

El 2 de mayo de 1929, el turolense fallecía en París. Su carácter cosmopolita y su buen hacer le han permitido gozar de un lugar prominente entre los pioneros del séptimo arte. Considerado una de las figuras más influyente en el desarrollo del cine, sus trucajes siguen causando asombro aún hoy día. Su magia sigue viva.

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